Ya os hemos hablado aquí a veces de la importancia de trabajar bien el personaje protagonista para que la historia que estamos escribiendo sea coherente y funcione bien. Os hemos hablado de deseo y de conflicto. Todo esto lo estudiamos en la asignatura de Personaje Literario que impartimos mi compañera Mariana Torres y yo en el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores.

Teniendo en cuenta esos elementos de construcción de personaje, podemos encontrar distintos tipos de ellos que nos servirán para una historia o para otra en función de la intención que tengamos. Es decir, que esta clasificación no convierte a unos de los personajes en preferibles o mejores frente a los otros.

Cada tipo de personaje se asociará, en general, a un tipo de trama, pero hoy no vamos a entrar en ello para no liar demasiado la madeja. Considerad esta clasificación como información interesante que podéis emplear en la revisión o en la planificación de vuestras historias para comprender por qué funciona o no un protagonista. Es decir, que nada de esto es ley, como siempre os digo. Lo importante es que encontréis funcionalidad a esta clasificación y a estas herramientas y que os sean útiles para el desarrollo de vuestra actividad escritora.

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Si recordáis, cuando hablamos de los conflictos del personaje, nosotros los clasificábamos en tres categorías: internos, personales y extrapersonales. Los internos serían aquellos que el personaje tiene consigo mismo o, mejor dicho, aquellos en los que una parte del personaje (su cuerpo, su mente o su corazón) entran en conflicto entre ellos. Los personales y los extrapersonales serían, por otro lado, aquellos que el personaje tiene con otros personajes, con la sociedad, con el entorno (natural o urbano) o con conceptos abstractos (como el tiempo o la muerte). Para la clasificación de personaje, baste decir que los conflictos pueden ser internos o externos (sin necesidad de dividir estos en dos como hacíamos).

Basta ya de preámbulos y de avisos, vamos ya con la clasificación.

Según el tipo de conflicto que encontremos, los personajes pueden clasificarse en personajes activos y personajes pasivos.

Los personajes activos serán aquellos que actuarán por alcanzar su deseo de una forma visible y que afecte el entorno en el que se mueve el personaje. Lo más normal es que su deseo esté relacionado con otro personaje o con algo físico. Este tipo de personaje está relacionado con los conflictos externos, aquellos que podían ser personales o extrapersonales. Este tipo de personaje será el protagonista de historias enfocadas hacia el exterior del personaje, en el que haya acciones y resultados visibles en el mundo del protagonista. Son historias generalmente con varios personajes y en las que priman las escenas por encima de las digresiones o las reflexiones.

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Por el otro lado, los personajes pasivos serían aquellos que intenten alcanzar su deseo o resolver su conflicto de una forma menos activa, reflexionando en lugar de actuando. Son personajes más contemplativos. Como ya podéis imaginar, estos personajes tendrán, principalmente, conflictos internos. El tipo de historias que suelen protagonizar serán historias más intimistas, relacionadas con el interior del propio personaje. Además, serán historias estáticas y con poca acción.

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Hay muchas historias en las que los personajes serán de un modo o de otro en función del conflicto que prime en el momento concreto de la historia. Los personajes protagonistas, sobre todo los de novela, no tienen un solo conflicto y es habitual que un conflicto interno genere uno externo y viceversa. Por eso os decíamos antes que no se trata de elegir un tipo de personaje por encima del otro, sino de conocer sus características y potenciarlas o no llegado el momento.

Antiguamente, los personajes activos eran típicos de las historias de aventuras o de género, ya sea fantasía, ciencia ficción, terror o género negro. Por eso existe la tendencia a compararlos con los personajes planos, pero nada más lejos de la realidad (sin desmerecer a los planos). Los personajes planos son aquellos que no evolucionan a lo largo de la historia, que permanecen del mismo modo a pesar de la peripecia. Estos personajes pueden o no ser activos, pero los personajes activos también evolucionan, se ven afectados por la búsqueda de deseo y los conflictos a los que se enfrentan.

Además, hoy en día, la clasificación de personajes como planos o redondos se queda un poco corta ya que apenas podemos encontrar personajes protagonistas que sean planos (salvo que esa sea la intención de toda la historia) y cuando aparecen personajes planos son personajes secundarios o, más bien, terciarios. Hoy en día interesa mucho la evolución del personaje, por lo que los personajes planos no interesan como personajes importantes.

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Por su parte, los personajes pasivos eran típicos del realismo, sobre todo de las novelas de idea o novelas filosóficas. Estos personajes eran considerados antiguamente la encarnación de los grandes conflictos de la humanidad. Hoy en día no es necesaria tanta pompa para que un personaje pasivo sea el protagonista de una historia interesante. Los conflictos internos del personaje no tienen por qué ser grandilocuentes para engancharnos a una historia.

Cada uno de estos personajes será adecuado para la historia que queremos contar y puede que incluso nuestro personaje actúe como uno o como otro dependiendo del momento concreto de la novela. Ya sabéis que lo importante no es el tipo de personaje, ni siquiera que conozcamos su nombre, sino que sepamos emplearlo de forma eficaz para apoyar el argumento y el tema que queremos contar y que encarne de manera verosímil y empatizable aquello de lo que queremos hablar.

 Espero que esta clasificación un poco distinta a la que estamos acostumbrados os haga observar vuestras historias y vuestros personajes desde un punto de vista diferente. Quizás ese punto de vista os enseñe algo que no sabíais sobre el personaje y os ayude a redondear la historia de manera definitiva. Lo importante es que dejéis que el personaje y su deseo tengan el peso de la historia que estáis contando.