Parece una pregunta tonta, pero no lo es. Elegir con cuidado la selección de lecturas que nos acompañarán durante el largo proceso de la escritura de una novela es un tema importante y puede ayudar o entorpecer la escritura de la misma.

No estoy hablando aquí necesariamente de documentación. Esta semana os quiero hablar de cómo podéis emplear la lectura de ocio para enriquecer y tridimensionar vuestra novela de forma indirecta. Es por eso por lo que no me voy a centrar en la documentación, la investigación y en los libros de teoría literaria.

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Hay gente que no piensa mucho en esto y simplemente va leyendo lo que le apetece o lo que cae en sus manos. Bueno, siempre que esas lecturas sirvan para relajarse y desconectar de la novela (o en general para desconectar) no acaba de parecerme mal, pero creo que es desaprovechar oportunidades de retroalimentar el proyecto. Es más, no es que no me parezca mal, sino que voy a recomendar este tipo de lecturas cuando nos encontremos empantanados en la novela o bloqueados del todo. En este caso, mi recomendación es encontrar lecturas ligeras, entretenidas y que consigan que nos evadamos. De ese modo es más sencillo que despejemos la mente y que de forma inconsciente encontremos soluciones a los problemas a los que nos estamos enfrentando. Novelas de aventuras, con mucha fantasía y libros de humor son mis preferidas para estos casos.

Si, por el contrario, eres como yo y le das muchas vueltas a la selección de lecturas, sabrás que realizar una buena selección de libros es importante para acompañar el proceso de la escritura. En este caso, mi recomendación es elegir libros de dos modos diferentes:

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El primero de ellos es elegir libros que tengan alguna similitud con el que estamos escribiendo: ya sea temática, de género, de tratamiento de personajes, de uso de narrador, de ambientación, etc. Ver lo que han hecho otros antes, puede ayudarnos a perfeccionar nuestra técnica y a interiorizar soluciones que se anticipen a los problemas que nos puedan surgir al escribir. No se trata de plagiar, sino de imitar y adaptar.

Hace no mucho, leí un tuit de alguien que defendía justo lo contrario a esto que os acabo de decir (y otro tuit que le respondieron del que hablaré luego). Según el autor del tuit, había que leer cosas que no se parecieran en nada a aquello que estábamos escribiendo porque corríamos el riesgo de que nuestra novela se contaminara y que aquello original que estábamos creando se convirtiera en una mezcla como la que surge al juntar dos plastilinas de colores diferentes.

Yo no estoy de acuerdo con esta afirmación, o al menos no en su totalidad. Es verdad que es prácticamente imposible no influenciarse por aquello que estás leyendo, pero la mente humana tiene una capacidad asombrosa para asimilar esa percepción lectora y adaptarla a nosotros mismos, pasarla por nuestro propio tamiz. Nunca conseguiremos, aunque lo pretendamos, hacer una copia perfecta de un autor porque siempre estaremos influidos por nuestras propias vivencias y nuestro bagaje lector. De hecho, como siempre os digo, es ese punto de vista personal y único el que conseguirá que la novela sea original. Nada surge de la nada y, aunque haya autores que no quieran reconocerlo, sus textos están influenciados por otros textos, aunque no sean libros que estén leyendo coetáneamente a la escritura.

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Antes decía que no estaba de acuerdo en todo, pero sí que creo que hay algo aprovechable en esa afirmación del autor tuitero. Según mi opinión, puede aprovecharse cualquier lectura para nuestro proyecto. Lo cual sería el segundo métido. Si leemos algo opuesto a lo que estamos escribiendo, esa mezcla diametralmente opuesta puede proporcionarnos un punto de vista distinto desde el que aproximarnos a nuestra obra o un tratamiento novedoso y original, más personal. Es el mismo proceso que se realiza en nuestro cerebro cuando usamos el binomio fantástico: nuestro cerebro se ve obligado a crear una conexión entre dos elementos que aparentemente no tienen relación y en esa búsqueda surge algo novedoso e ingenioso. Por lo tanto, no creo que sea algo malo tampoco elegir lecturas que se alejen de aquello que estamos escribiendo, siempre que lo hagamos con intencionalidad de poder aprovechar lo que nos salga al camino.

De hecho, tener esa actitud abierta y receptiva es algo que os aconsejo siempre durante la escritura de una novela, no solo cuando estéis leyendo. Yo he encontrado ideas, inspiración e incluso soluciones a problemas narrativos mientras veía una serie o visitaba un museo. No sabes dónde puede esconderse la chispa creativa, así que muévete con ojos y mente abiertos.

Mi recomendación es que vayáis alternando entre libros que se parecen y libros que no para obligar al cerebro a mantenerse en búsqueda constante y que así sea más sencillo dejaros sorprender y seducir por los pequeños diamantes que podáis encontrar en vuestras lecturas. Además, esta búsqueda os va a servir también cuando no estéis escribiendo una novela y poco a poco habréis desarrollado un ojo de águila para encontrar casi de forma inconsciente maravillas, herramientas y mecanismos que aplicar en vuestra propia escritura.

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Para terminar, me gustaría aconsejaros que no hagáis una cosa. Al tuit anterior, había oro que respondía diciendo que él no leía nada de nada durante la escritura de una novela para que su idea y su estilo permanecieran puros. Como comprenderéis por lo que ya he escrito en este artículo, con esta afirmación no estoy para nada de acuerdo. Es imposible no estar influenciado. Para que tu estilo sea puro y original, no tendrías que haber estado en contacto con ninguna historia a lo largo de tu vida: sea de origen oral, audiovisual o escrito. Desde el momento en el que te hayan contado una anécdota y tus progenitores te contaran cuentos al dormir, ya estás influenciado en tu forma de narrar. Aprovechad, pues, esa influencia para dirigirla hacia donde queráis.

Eso sí, lo más importante, nunca os olvidéis de que se trata de lectura de ocio, debe resultaros en algún modo placentera o estará perdiendo su objetivo y no estaremos dejando que la mente se relaje y tenga su momento de esparcimiento.