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Concursos de la Escuela: Relatos en cadena 2011-2012
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En esta página se irán publicando los resultados semanales de Relatos en cadena.
Cada jueves, a las 11:00 en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.
Navega por los siguiente enlaces para acceder a las bases, la frase de la semana y la información completa del concurso.
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| Ganadores y finalistas: JUNIO, 2012 |
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Ganador del 21/6, semana 29 |
Autor: Montaña Campón Pérez El niño grande
La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. Su madre solo le deja salir las tardes de tormenta, cuando el riachuelo espontáneo que se forma en la calle le permite flotar sus barquitos de papel.
-¡Mirad! –increpa a la cuadrilla que regresa del trabajo-. Hoy sí que va deprisa el mío, os voy a ganar... ¡Os voy a ganar!
Lo que él no comprende es que aquéllos, sus amigos de siempre, hace más de treinta años que ya no juegan a los barcos.
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Finalistas del 21/6, semana 29 |
Autor: Cristina Carballo Rubira Una breve descripción
—La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha... ¡Ahora te toca a ti!- se vuelve señalando al nuevo, el chaval delgaducho de las ojeras, que se pone como un tomate y no dice nada.
—¡Vamos, debes seguir la cadena! Dos o tres frases sobre tu padre— le apremia la maestra.
Se queda unos instantes pensativo: no sabe cómo es su risa ni si su barba pincha, su padre nunca le besa...
Por fin responde:
—Tiene un cinturón de cuero, se lo quita cuando le enseño las notas.
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Autor: María José Villarroya Durá Amores de pago
La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. Así es él. No es decir mucho pero es lo primero que Lola recuerda al pensar en él.
Sus compañeras se ríen porque está enamorada.
—¿Cómo te llamaba tu madre de pequeña? —nunca se lo habían preguntado—.
—Pues así te llamaré yo —le dice el hombre de la risa ronca.
Se ven cada día. Un ratito porque tiene que seguir trabajando. La Vero le ha dicho que ese amor le partirá el corazón. Pero para la Lola es lo único bonito de su vida, el único que la besa justo antes de que Lola tenga que cobrarle el servicio.
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Ganador del 14/6, semana 28 |
Autor: Mar Horno García Ave, María
—Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte. Ya sabes que si tienes las uñas sucias los ángeles no vendrán a visitarte mientras duermes. Ella obedece sumisa pero sabe que su madre miente. Aunque las tenga mugrientas, el ángel aparece cada noche. Tiene el pelo suave, las alas pequeñas, la risa un poco ronca y una barba que siempre pincha.
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Finalistas del 14/6, semana 28 |
Autor: Joaquín Villas Labrador Pecado de pensamiento
Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte, y nada de hacer cochinadas, que Dios también se entera de lo que ocurre bajo las sábanas, decía el padre Damián a Manolito, que guardaba fotos de chicas desnudas. Luego, dirigiéndose a mí añadía: y tú, Toñín, cuida con el pensamiento. Entonces todos se reían y yo, avergonzado, bajaba la vista a mis muñones.
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Autor: Rafael Bravo Arrizabalaga Sé bueno, cariño
Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte, no vayas a ensuciar las sábanas de sangre. Y reza a San Miguel Arcángel para que te libre de las pesadillas. Mañana tienes escuela, y necesitas dormir bien. Te dejaré el desayuno preparado; no tendrás más que
calentar la leche. Después, acuérdate de coger fruta para el recreo; te he traído esas manzanas que tanto te gustan. En la escuela pórtate bien, se bueno con tus compañeros; y al salir, vete directamente a casa de los abuelos. Por mí no te preocupes; el sitio es malo, pero sólo ha entrado media hoja.
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Ganador del 7/6, semana 27 |
Autor: Adrián Pérez Avendaño Manos
—Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.
—Pues te hago salmón a la plancha. Está fresquísimo.
—Sabes que me dan miedo las espinas.
—Entonces te preparo una macedonia de frutas, que eso sí te gusta.
—Tengo la barriga un poco...
—Tómate aunque sea un vaso de leche con galletas.
—No insistas, mamá. No tengo hambre.
—Está bien, hija. Si no quieres comer, no comas, pero por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte.
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Autor: Eduardo Martín Zurita Además
Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado mientras la lavadora se pone como loca y la plancha hace de las suyas cuando papá intenta alisar las camisas y los pantalones. Dice que es como si revolotearan pajarracos dentro de su cabeza y se pone casi tan desquiciado como la aspiradora y el turón. Además, estamos Arturo y yo, y lo de su empleo. Y los abuelos. El adoptado, además, le llama mamita en ese tono que sólo él sabe componer y papá se encierra en su habitación, cuenta los billetes y todos esperamos que vuelva mamá.
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Autor: Ismael Hevia Galicia Lecciones de historia
—Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado y se nos pega el olor en la ropa —explicó la madre.
El padre empujaba un carrito de supermercado. Dentro, entre cartones para dormir y cosas recogidas de la basura, los niños se quejaban de frío. De vez en cuando el padre levantaba la vista al cielo para observar con frustración los miles casas vacías, propiedad de bancos intervenidos, demasiado grandes para quebrar. Sin embargo las calles estaban abarrotadas de familias como ellos buscando un lugar donde dormir. El padre, para evadirse de tanta miseria, se preguntaba: "¿Cómo se dejaron llevar sin resistencia millones de judíos al matadero?".
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| Ganadores y finalistas: MAYO, 2012 |
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Ganador del 24/5, semana 26 |
Autor: Xavier Blanco Luque Patio interior
Cuando, como cada tarde, regrese su padre a casa, Pedro estará escondido en el armario. El portero aprovechará para tirar la basura; la vieja del ático bajará a comprar ese paquete de sal que siempre falta en el momento más inoportuno. Algunos vecinos subirán el volumen del televisor. María preguntará por qué la mamá de Pedro llora todos los días. A esa hora estaré liada con la cena y no será posible responder. La cogeré en brazos, cerraré la ventana de la
cocina y pondré en marcha el extractor: no soporto ese olor a pescado del patio interior, y además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.
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Finalistas del 24/5, semana 26 |
Autor: David Botija Ibáñez Todo bien
Cuando, como cada tarde, regrese su padre, encontrará todo en su lugar: el ordenador apagado; la pitillera en su estante; el suelo bien barrido de palomitas; el osito de peluche, aunque ahora tuerto, en su rincón; y el revólver, con una bala menos, en su cajón.
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Autor: Pepi Montero López Ojos que no ven la realidad
Cuando, como cada tarde, regrese su padre, se montará en el coche con él e irán a jugar al fútbol y se hará el fuerte cuando se caiga. Después, como cada tarde al regresar, se subirá
a su habitación, donde sacará el vestido de princesa de su hermana para probárselo por milésima vez, no sin antes haberse cerciorado de echar bien la llave de la puerta.
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Ganador del 17/5, semana 25 |
Autor: Carmen Quinteiro Moreno Nada
Y al otro lado de la ventana nada de nada: ni los columpios, la pelota o los amigos. Nada es tan importante como quedarse cerca de su madre para cuando, como cada tarde, regrese su padre.
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Finalistas del 17/5, semana 25 |
Autor: Rubén Rojas Miedo real
—Y al otro lado de la ventana, nada de nada. ¿Lo ves? Ni sueños de hadas ni dragones alados. No tengas miedo: solo hay farolas, semáforos, la carretera, los pisos altos de enfrente, coches aparcados, el camión de la basura...
—Mamá, dime que por lo menos hay un pequeño monstruo azul...
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Autor: Sara Barberá Sánchez Monstruo
Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Resignado, regresa a casa. Su madre, enfadada, espera en la entrada.
—He salido a buscar al monstruo— se excusa.
—¿Qué monstruo?— pregunta ella, curiosa.
—El monstruo que me observa por la ventana —responde el niño—. Le veo todo el rato, mirándome fijamente pero, cuando salgo a buscarle, se va.
Su madre palidece. Sin decir nada, se dirige hacia el armario de la ropa limpia donde coge todas las sábanas que encuentra. Luego, recorre la casa tapando cada ventana.
—Te dije —le dice por la noche, llorando, a su marido— que no bastaría con los espejos.
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Ganador del 10/5, semana 24 |
Autor: Gabriel de Biurrun Baquedano Montón
Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.
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Finalistas del 10/5, semana 24 |
Autor: Jovino Manuel Fernández Escudero Saltarse el guión
Ese maravilloso viaje que le habían prometido superó las expectativas. En el crucero, los camarotes bailaban en armonía con el oleaje. Durante el safari, cabalgaba en el Jeep al ritmo salvaje de los animales indómitos. Mientras hacía parapente, percibió el silencio del viento, atrayendo la montaña al campo en un fabuloso circunvuelo. Haciendo submarinismo, aleteaba burbujeando junto a las curiosas criaturas marinas. Finalmente, tras accidentarse en el balneario y saltándose el guión, la eficiente enfermera de la ambulancia le condujo al altar.
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Autor: Rubén Gozalo Ledesma Filibusteros
Ese maravilloso viaje que le habían prometido comenzó esa noche cuando el abuelo cogió un libro y se lo leyó al borde de la cama. Mientras hilvanaba vocablos con su voz ronca de marino viejo, Luis se zambulló en la historia. Se imaginó al malvado pirata del garfio, con un solo ojo, disparando trescientos cañones por banda sobre el navío inglés, mientras la bruma lo envolvía en un dulce sueño. Se despertó a media noche, sudando, y se puso a gritar. Todavía quedaban restos de pólvora en su pijama y tenía un loro subido a su hombro que no paraba de repetir mamá, mamá.
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Ganador del 3/5, semana 23 |
Autor: Natalia Viana Nebot Jugando con la realidad
Se entrenaban para estar muertos. Yo no me
lo podía creer cuando Pablo me lo contó.
Pero él me juró que era cierto. Hasta me
enseñó como se hacía.
Por eso faltaba tanto a clase y se le caía el
pelo.
Un día, en casa, quise probar, pero recibí
un bofetón, por asustar a mi madre con mis
tonterías.
Hoy Pablo tampoco ha venido al colegio. Ya
hace dos semanas, y sus padres ya no van a
la iglesia. Seguro que ha hecho el muerto
tan bien, tan bien, que le han regalado ese
maravilloso viaje que le habían prometido.
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Finalistas del 3/5, semana 23 |
Autor: Carlos Fernández Carbonell Haciendo camino
Se entrenaban para estar muertos y, así, estar preparados. Fue idea de él y a ella le pareció bien. Así, cada semana, uno de ellos se quedaba en casa de su hija y el otro se quedaba solo, dormía solo, desayunaba solo, paseaba solo. Terminado el día se reunían de nuevo y ponían fin a su mutua ausencia, satisfechos por ir haciendo el camino de la nostalgia futura. A los 98 años él murió. Faltaban pocos días para cumplirse las bodas de oro. Ella se quedó sola, durmió sola, desayunó sola, paseó sola y, cuando terminó el día, se dijo con profundo desprecio: "¡Idiotas!".
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Autor: Paloma Casado Marco Juegos tóxicos
Se entrenaban para estar muertos, aguantando cada día más tiempo sin respirar, o escondiéndose en la oscuridad de los armarios, donde sólo escuchaban los latidos de su corazón, o tumbándose muy quietos sobre la nieve, en los días de invierno. Pretendían evitar que la muerte les sorprendiera súbitamente, como a su hermano pequeño. Compartían sus pequeñas dosis diarias de adiestramiento en la disciplina letal.
"Quizás éste sea el día", pensaba uno de los gemelos, mientras apretaba la cabeza de su hermano, hundida bajo el agua burbujeante de la bañera.
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| Ganadores y finalistas: ABRIL, 2012 |
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Ganador del 19/4, semana 22 |
Autor: Joaquín Villas Labrador Silencio casi total
En un pueblo que se llamaba Visavis hablaban en voz muy baja, como si las palabras fueran piedras y costara mucho pronunciarlas. Estaba prohibido usar el claxon, el timbre de la bicicleta o un simple silbato. Las campanas de la iglesia carecían de badajo y en fiestas jamás hubo tracas ni petardos. No había llamadores en las puertas y el cine siguió siendo mudo. El único gallo era el de la veleta y los perros y los gatos ni ladraban ni maullaban. Desde el escape de la central nuclear, hasta los pájaros y el caño de la fuente se entrenaban para estar muertos.
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Finalistas del 19/4, semana 22 |
Autor: Rafael Camarasa Bravo Navegación inteligente
En un pueblo que se llamaba Visavis, un hombre conducía de vuelta a casa. Entonces el GPS del automóvil dijo. "Dentro de cincuenta metros entrará en la rotonda del paseo de Francia. Allí un coche le embestirá y usted morirá en el acto". El conductor apartó la vista de la carretera y miró sorprendido el aparato. Al devolver la mirada al frente, apenas alcanzó a ver el coche que se abalanzaba sobre su vehículo. Aun así, tuvo tiempo para escuchar la monótona voz que le decía: "Por favor, cierre sus ojos".
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Autor: Ángel Calvo Cuesta La cuadrilla
En un pueblo que se llamaba Visavis. "Toda la cuadrilla", dice el Letrado, y apura la copa de sol y sombra mientras los va mirando con esos ojos de hiena reidora que no dice todo lo que sabe.
"¡Cáspitas!”", farfulla el Melindres, removiéndose en la silla.
"¡Joder!", gime Xuan el de Elena, encorvándose sobre la
mesa, la mirada fija en algún lugar del suelo. "Toda la cuadrilla. Toda", chirria la voz. "Uno a uno". "Mierda!, ¡rediós!", exclama el Indalecio. Se levanta airado, saca la Astrona y le espeta
tres tiros en la cabeza. "Todos no, jodido cabrón. Todos no". Luego durante un segundo eterno, el
silencio.
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Ganadores del 12/4, semana 21 |
Autor: Luis González Lasierra Vis a vis
Con nuestro mecánico de confianza, cuando tocaba la revisión del coche; con el carnicero del barrio, casi todas las semanas; con nuestro profesor particular, la víspera de los exámenes; con el casero, todos los finales de mes; pero cuando más guapa se ponía, era para visitar a papá en un pueblo que se llamaba Visavis.
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Autor: Francisco Javier Aguirre González Juguetonas
Con nuestro mecánico de confianza teníamos garantizada la diversión. Mi hermana y yo nos turnábamos para achucharle mientras conducía. No podía reaccionar si no se paraba, cosa que le teníamos absolutamente prohibido. Unas veces lo hacía Laura y otras yo. Nos poníamos en el asiento del copiloto y comenzábamos a manosearle. Hasta que no gritaba no cortábamos. Nos amenazaba con parar y nosotras con el despido. Además, nuestro padre lo denunciaría por acoso a menores. Cárcel segura. Seis o siete años, nos había dicho un amigo abogado. Por fin han sido nueve.
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Finalistas del 12/4, semana 21 |
Autor: Carlos García Burgos Delicatessen
Con nuestro mecánico de confianza hicimos un estofado; total ya nadie tiene ni una gota de combustible. No salió mal, aunque tenía un regusto aceitoso.
Con el panadero, que más que de confianza era bastante confiado, hicimos una empanada; que para mi gusto estaba pasada de harina.
Ahora, llevamos semanas escribiéndonos cartas a nosotros mismos sin remite, pero el cartero no aparece. Me pregunto si sabría al adhesivo amargo ese que viene para lamer en los sobres. De ser así, habría que ponerlo en remojo como si fuera una berenjena. Pero me da que el muy tunante sabe que no somos de fiar.
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Autor: Begoña Gutiérrez del Olmo Moreda Humo
—Con nuestro mecánico de confianza es imposible entenderse —le está diciendo Paco a Mateo mientras toman unas cervezas a la salida del trabajo, en una terraza—. Fíjate que se ha empeñado en colocarme, cada vez que llevo el coche a revisión, un abeto de esos con olor a eucalipto —y pone cara de asco al decirlo— ¡y todo porque dice que el coche huele a tabaco! ¡pero si ni Marga ni yo fumamos!—. Y, divertido, da un trago feliz a su cerveza. Y Mateo le sonríe mientras apaga nerviosamente el cigarro.
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| Ganadores y finalistas: MARZO, 2012 |
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Ganador del 22/3, semana 20 |
Autor: Luis Fernández de los Muros García El accidente
Aquella tarde, papá regresó a la tumba entristecido. Laurita y yo tratamos de convencerle de que era normal. Que después de aquel desgraciado accidente mamá debía rehacer su vida. Gracias a Dios ella no venía en el coche. Papá se sentó en una esquina cabizbajo, sin explicarnos que no le dolía que ella rehiciera su vida, sino que lo estuviera haciendo con nuestro mecánico de confianza.
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Finalistas del 22/3, semana 20 |
Autor: David Botija Ibáñez Solos
Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido.
—Es terrible —dijo— ahora los queman; a este paso ni siquiera vamos a poder jugar a la taba.
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Autor: Eduardo Mesa Leiva Verano
Aquella tarde, papá, regresó a la tumba
entristecido. El columpio todavía se movía,
arrastrado por una fuerza invisible, cuando
llegamos a casa. Una leve sombra cruzó la
frente de mamá, mientras abría la puerta. El
árbol de Navidad brillaba en la oscuridad. En
la chimenea dos leños se abrazaban
consumidos por el fuego. Hacía un calor
insoportable y otra vez las fotos descoloridas
estaban esparcidas por el sofá. Mamá las
recogió cuidadosamente y ya iba a
guardarlas en su caja cuando cayó una. La
de siempre. Esa en la que papá no dejaba de
sonreír.
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Ganador del 15/3, semana 19 |
Autor: Ana Santolaria Barrio Él
Y además nos hace daño con sus forzudas manos cuando nos alza para girarnos en el aire, pero aún así nos hace reír. La otra tarde, cuando vino a buscarnos al colegio, nuestra hermana rehusó ir con él. No le gustaba que nos tomaran por locos. Al principio fue divertido cuando creían que teníamos poderes, pero recelaron porque no hacíamos milagros. Ella intentó decirles que jugábamos con el hombre invisible, pero siguieron riéndose de nosotros. Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido.
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Finalistas del 15/3, semana 19 |
Autor: Gabriela Osuna Real Vergüenza
Y además nos hace daño —afirma Carmina mientras devuelve al cajón, un ya descolorido corazón de cartulina. Su marido no piensa igual. Cree que todo el sacrificio que ambos hicieron para que Ángela
estudiara en aquella prestigiosa universidad, mereció la pena. Él se siente muy orgulloso, ellos
apenas saben leer y escribir, en cambio su hija es una importante ejecutiva. Viven juntos en una
hermosa casa y todos los años, por su aniversario, les regala un viaje. Por eso a él no le incomoda
ponerse el uniforme y recibir a los invitados de su hija.
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Autor: Benita Isabel Campos Alcázar Una buena interpretación
—Y además nos hace daño a los dos.
—No sé cómo hemos podido llegar hasta aquí.
—Lo dejamos y punto.
Pablo dejó el desayuno en el suelo del pasillo, acercó la oreja a la puerta, contuvo la respiración y nada. Pero, cuando volvía a su rutina, escuchó:
—Vale, me iré, pero me llevaré a los niños.
—¡No! No quiero que crezcan contigo.
Abrió la puerta enérgicamente:
—Pero... ¿Qué hacéis? Todavía no os habéis vestido. Es tardísimo.
Disimuló la risa y la tristeza, mientras pensaba en lo bien que imitaba Claudia a papá y la pequeña a mamá.
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Ganador del 8/3, semana 18 |
Autor: Manuel Nicolás Andreu El puzzle
"Igual que lo hacen las ballenas, exacto, tienen pulmones como vosotros, y ahora a la cama", dice papá cerrando el libro. Todas las noches mamá nos reúne en el salón y hace que nos demos un fuerte abrazo, colocando a cada uno de nosotros en el mismo sitio. Dice que nuestra familia es como un gran puzzle de cuatro piezas en el que cada uno ocupa un lugar muy importante. Hoy es papá, por cuarta noche consecutiva, el que trata de organizar el mismo abrazo pero no quiere darse cuenta de que con tres piezas es imposible y además nos hace daño.
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Finalistas del 8/3, semana 18 |
Autor: Javier Puche Movimientos migratorios
Igual que lo hacen las ballenas, este verano fuimos al Polo Norte, huyendo del calor. Pero tuvimos mala suerte. Mis padres se pelearon como nunca (rompieron a gritos un iceberg). Mi abuelo, hombre práctico, aprovechó para morirse. Tras lentas lágrimas de hielo, mi abuela también. Yo me enamoré de una esquimal, que me congeló el alma. El último día, dos alces nos atacaron bajo la nieve. A mi hermana, que les tiró una bota, se le puso azul el pie y tuvieron que cortárselo con un serrucho. Ahora huimos del frío, en dirección al sur, igual que las golondrinas.
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Autor: Agustín Manzano Robles Pesca de bajura
Igual que lo hacen las ballenas, pensé, viendo su enorme masa corporal elevarse sobre la espuma de las olas para zambullirse de nuevo en las profundidades oceánicas. Luego, volvió a emerger, majestuosa, con sus fauces abiertas y repletas de peces de escamas plateadas. Fue entonces cuando el barco apareció por su flanco derecho a toda máquina llevando en la proa al arponero presto para el disparo. Ella, apercibida, nadó con toda la velocidad de que era capaz, salió a la arena tostada por el sol y se tumbó en la enorme toalla.
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Ganador del 1/3, semana 17 |
Autor: Carlos García Burgos La sirena justo antes de despertar
Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Los marco y resulta que empieza a sonarle un hombro. Se lo disloca, ¡cruej! La cabeza del húmero se le queda junto a la oreja, como un teléfono por el que escucho mi voz lejana. Y entonces me responde, con tono de contestador: "Son las seis en punto de la mañana, gracias por utilizar nuestro servicio despertador". Intento hablarle, pero se lo coloca en su sitio y sigue caminando por el embarcadero como si fuese una top sobre una pasarela. Al llegar al borde se tira al agua y se despide con la cola. Igual que lo hacen las ballenas.
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Finalistas del 1/3, semana 17 |
Autor: Marina de la Fuente Martín Sanguinem atramentum
Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Aparecen y desaparecen cada cierto tiempo, coincidiendo con los latidos de su corazón, junto a logaritmos, integrales y funciones cuadráticas. Matemáticos de todo el mundo, liderados por su padre, examinan a diario las ecuaciones que aparecen en su piel y que no consiguen descifrar ni mediante los cálculos más complejos. Durante horas, proponen nuevos axiomas, plantean cientos de teoremas y discuten sobre la notación empleada.
La niña, ajena a los significados de las incógnitas que plantea su cuerpo, se queda callada en un rincón, esperando pacientemente el momento en que alguien consiga resolverla.
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Autor: Rafa Heredero García Ramón
Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Me doy cuenta de que es un teléfono y le miro a la
cara. Lo reconozco, es el hombre de la foto, el del Alzheimer ese, el que lleva desaparecido varios días. Le
convenzo para que me acompañe a mi casa. Está hambriento y se come las sobras del arroz de esta
mañana. Aunque no se parece en nada a mi Ramón, que en paz descanse, me gusta ver de nuevo a un
hombre sentado a la mesa. Decido quedármelo y llamarlo también Ramón. Total, para el caso que me hacía
el otro... A ver cuánto me dura éste.
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| Ganadores y finalistas: FEBRERO, 2012 |
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Ganador del 16/2, semana 15 |
Autor: Joaquín Villas Labrador La historia del profesor
Se dibuja una sonrisa mellada en aquel profesor de Historia, de apellido impronunciable, cuando pregunto si existieron los crematorios. Viene hacia mí, me acaricia la cabeza y al retirar su mano, veo junto a su reloj unos números grabados en su piel.
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Finalistas del 16/2, semana 15 |
Autor: Ioan Urs Tarde en el patio
Se dibuja una sonrisa mellada y mezquina en su rostro cada vez que me encuentro su mirada. Lo sabe. Estoy seguro. Se ha dado cuenta de donde venían los gritos; quien daba alaridos, de quien era el llanto. Me entran ganas de tirarle la pelota a la cara. Si voy a subir ahora y dejo el juego, mañana en la escuela todos sabrán que mi padre pega a mi madre. No puedo dejar que se me vea que estoy preocupado. No puedo dejar que se me note. Marcos es un idiota y un bocazas. No se le puede pedir nada.
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Autor: Jaime Sastre Santamaría Noche sorda
Se dibuja una sonrisa mellada entre las cumbres de la sierra al anochecer. Se van escuchando uno a uno los cerrojos en las puertas del pueblo, los niños hace tiempo que simulan dormir y los adultos fingen normalidad, solo el silbido del viento resulta creíble. Un poco más tarde de que la esperanza se atisbe se oyen esos pasos lentos de pies vencidos. Esta noche no saben que sus familias ya no están. Nadie escucha darles el alto y más disparos de los necesarios retumban. Los niños lloran y los adultos se hacen los sordos. Mañana amanecerá y no habrá maquis en el monte.
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Ganador del 9/2, semana 15 |
Autor: Susana López Herreros Lógica aplastante
—...y castiga sin postre al gigante".
En ese momento suena el timbre que anuncia el recreo, los niños cogen las meriendas de sus mochilas y salen al patio.
—¿A los gigantes también los castigan? —pregunta Sara.
—Pues claro —dice Coque— las madres son todas iguales; da lo mismo que sean madres gigantas, madres monstruas o madres madres, cuando no haces lo que ellas quieren, se enfadan y te quitan lo que más te gusta.
Sara se queda callada pensando que a Coque siempre le castigan sin verla, y en su carita se dibuja una sonrisa mellada.
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Finalistas del 9/2, semana 15 |
Autor: Juan Martín Araujo Moraleja
—...Y castiga sin postre al gigante...
A mi hijita le encantan los cuentos, pero protesta indignada.
—¿Cómo?¿Se traga a todos esos niños y sólo lo castigan sin postre?
—El rey no puede hacer otra cosa. Es un gigante enorme, invencible, si lo irrita demasiado podría asolar su reino.
Sigue enfurruñada pero me pide que continúe.
—...pero el gigante hace caso omiso y se zampa al hijo del rey...
—Pero eso es terrible ¿y que hace el rey entonces?
Adoro los cuentos con moraleja. Me gusta pensar que la preparo para afrontar la vida real.
—...su majestad hace lo único que puede. Le castiga sin merienda.
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Autor: Xavier Blanco Luque El circo
Y castiga sin postre al gigante, que la mira embutido en su ridículo disfraz de conejo y su cara de niño grande. Blancanieves se ha enfadado, esta vez con razón, ella hace lo imposible por reflotar la compañía, pero el ogro no entiende que es el hazmerreír del público, que sus fauces desdentadas ya no
asustan a nadie. Intenta explicarle que son otros tiempos, que la grada quiere acción y necesita sangre. El gigantón sonríe esquivo y, moviendo las orejas blancas del disfraz, le promete que en la próxima función se comerá un niño. Ella disimula la risa y, acariciándole la nuca, le da golosinas.
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Ganador del 2/2, semana 14 |
Autor: Ignacio Rubio Arese Los zapatos sucios
—Joderme —repite Micky saboreando la palabra. El resto de niños patea unas latas sin prestarle atención; sin percibir que a cada exabrupto, el lameculos repipi se eleva varios palmos del suelo. A Micky le ruborizan las groserías, pero ahora está poseído; las vomita una tras otra, sin parar de crecer. Pronto debe agacharse para no chocar contra las nubes. Desde ahí contempla a sus compañeros, ridículas hormiguitas, y se echa a reír. Los pisotea en venganza por las humillaciones sufridas, se siente invencible. Al volver a casa, su madre lo mira con ojos glaciales. ¡Micky, otra vez los zapatos sucios! Y castiga sin postre al gigante.
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Finalistas del 2/2, semana 14 |
Autor: Iñigo Ortiz de Apodaka Corcuera Palomitas
—Joderme —repite Micky saboreando la palabra. Anoche mojó la cama y hoy al regresar del colegio se ha vuelto a encontrar la sábana cuidadosamente extendida colgando del balcón. Esta vez, en lugar de subir corriendo las escaleras para arriar su vergüenza, se dirige al garaje. Coge todas las sillas plegables y las coloca mirando a la fachada en 3 hileras. Silbando, desenrolla el cable por el césped, introduce el disco y conecta el proyector. Los vecinos comienzan a acercarse. El se prepara unas palomitas y se sienta jodidamente decidido a no dejar que el tono amarillento de la piel de sus padres le arruine la película.
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Autor: Fernando Vicente Galve Cosas que mamá nunca te contó
«Joderme —repite Micky saboreando la palabra».
—¿Estás estudiando, hijo?
—Sí, mamá.
«Micky saca la pistola del estuche»
—Más te valdría estudiar: si suspendes, no cogerás la moto.
—Estoy estudiando, mamá.
«y el olor a aceite y pólvora lo llena todo,»
—No mientas. Estás escribiendo otra de tus noveluchas.
—Olvídate de mí, mamá.
«Micky sopesa el arma en la mano,»
—¡No me hables así! ¿Tú quién te has creído que eres?
—Que me dejes...
«se la apoya en la sien»
—Ya podías tomar ejemplo de tu hermano, que nunca nos ha dado un disgusto.
«y dispara».
—Pues si queríais otro hijo perfecto, haberme adoptado también a mí.
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| Ganadores y finalistas: ENERO, 2012 |
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Ganador del 19/1, semana 13 |
Autor: Jesús Esnaola Moraza A papás y a mamás
—Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada —dice Micky agravando la voz, casi tanto que hasta se le arruga su carita imberbe.
—No podrás soltarte las cuerdas así que para ya ¿ha quedado claro? Si no... Ya estoy harto de ti y de tu madre, parece que solo vivís para joderme.
El grito de mamá anunciando la cena interrumpe el juego. Micky desata a Mónica que se levanta de la silla y seca sus lágrimas para no dejar rastro. Le sonríe a su hermano para que sepa que está bien.
—Joderme —repite Micky saboreando la palabra.
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Finalistas del 19/1, semana 13 |
Autor: Juan Martín Cristales rotos
—Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada —grita como una energúmena mi madre, mientras se acerca para arrearme una paliza por el destrozo.
Y aunque esta vez soy inocente el terror me paraliza, y soy incapaz de decirle que la ventana la rompió al entrar el hombre de las cicatrices que se oculta en el lavadero.
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Autor: Fernando Vicente Galve Escondida
«Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada». La voz de su padre atrona dentro del chalé y llega nítida hasta el rincón del sótano en el que la niña se acurruca. Al rato, de arriba le llegan voces y también gritos. No debe moverse ni hacer ruido si no quiere ser descubierta, aunque en el fondo sabe que no servirá de nada: su padre acabará por encontrarla. Así es el juego. Lo que todavía se le escapa a la niña es por qué, cuando propone jugar al escondite, su padre pellizca a su madre en el culo y esta sonríe y se pone colorada.
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Ganador del 12/1, semana 12 |
Autor: Joaquín Valls Arnau Ojo por ojo
Al diablo le he visto en mi vida ya un par de veces. La primera, de ello hará quince años, cuando mi primer marido osó levantarme la mano. La segunda, hace sólo un momento, después de que tú hayas hecho lo propio. Soy tan poquita cosa, que por aquel entonces nadie sospechó de mí, del mismo modo que nadie lo hará ahora. Es más, al igual que en aquella ocasión, el pueblo entero acudirá a darme el pésame, cuando lo que merezco es que me feliciten. Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada.
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Finalistas del 12/1, semana 12 |
Autor: Luis Serrano Lasa La mujer del predicador
Al diablo le gusta jugar los domingos, durante el oficio de la tarde. Comienza susurrándole palabras ardientes hasta que su aliento feroz le ruboriza las orejas por debajo del sombrero. Al empezar los salmos siente como unas pequeñas uñas afiladas resbalan espalda abajo mientras ella canta estremecida. Esquiva las enaguas, recorre sus nalgas pálidas con mordisquitos traviesos y cuando desliza por sus ingles una fina lengua rugosa, ella cierra los ojos y acaba con un sol sostenido interminable. Mientras todavía arrebolada se seca discreta la frente, escucha con desconsuelo como la voz atronadora de su marido anuncia la inminente derrota del maligno.
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Autor: Joaquín Villas Labrador El padre Nicolás
Al diablo no le tenemos miedo. En cambio, nos aterra pensar en ir al cielo y encontrarnos allí al padre Nicolás. Tres años después de muerto, algunos internos afirman que continúa metiéndose en sus camas.
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Ganador del 5/1, semana 11 |
Autor: Ernesto Ortega Garrido The show
La última alma humana se exhibía, impúdica, ante la mirada de los espectadores que, atraídos por los luminosos anuncios de las pantallas de estronio de los periódicos, acudían desde el valle en sus flamantes heliomóviles para verla: cena y espectáculo, veinticinco trones. Algunos la insultaban desde sus mesas, llamándola honesta, sincera o virtuosa; otros le arrojaban trones rogándole que llorase; los más atrevidos subían al escenario para dejarse acariciar y experimentar sensaciones como ternura, bondad o compasión, mientras ella, atrapada en aquel recóndito lugar, se preguntaba si no era mejor ceder de una vez y dejar que su dueño también la vendiese al diablo.
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Finalistas del 5/1, semana 12 |
Autor: Joan Anfruns Arenas Ingenua paciencia
La última alma humana, eso soy. Subo las escaleras de caracol con la llave dorada en
mis manos. Cuatrocientos escalones después abro la puerta y observo lo único que me queda después de ver al mundo marchitarse. ¿Por qué no he muerto yo también? No lo sé. Introduzco la llave en el mecanismo, le doy media vuelta y el faro se enciende ofreciendo su señal de socorro. Salgo a la balconada exterior y me siento con los pies colgando sobre el abismo a esperar a que alguien me vea. No tengo prisa, con solo diez años tengo toda la vida por delante para esperar.
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Autor: María José Majado Cuento de navidad
La última alma humana estaba en el último baúl de la abuela. En el último instante había conseguido colarse por la falsa chimenea de aquel adosado. La acompañaban el cuento de Cenicienta, la comba, una enagua, y cientos de postales. Allí estaban, quietos, agazapados, mudos. Cada cual recordaba con nostalgia su última vez. No se oía nada. Quizás se hubiesen olvidado definitivamente de ellos. La enagua se decidió y los arropó con sus preciosas puntillas blancas. Y allí, almidonados, calentitos, juntos, contando la última historia, se durmieron.
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| Ganadores y finalistas: DICIEMBRE, 2011 |
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Ganador del 15/12, semana 10 |
Autor: Marina Prieto Ferreiro La última
Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo, como he hecho tantas veces durante eones. Pero ésta es diferente. Antes las vidas de los hombres se extinguían y se renovaban continuamente. Cuando llegaba la hora de tomar sus almas yo lo hacía con la conciencia de que esa acción formaba parte de un equilibrio eterno y maravilloso. Pero un día dejaron de nacer y continuaron muriendo. El silencio cayó poco a poco sobre el mundo polvoriento, contaminado y agotado y ahora sólo queda una mujer. Una sola. La última. Si pudiera llorar, derramaría una lágrima al tomar la última alma humana.
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Finalistas del 15/12, semana 10 |
Autor: Jesús Soler Con una sonrisa de oreja a oreja
Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. Ella es toda amabilidad. Cuando se
prepara un té, ofrece al resto de compañeros. Con frecuencia pregunta por mis padres, sonríe con mis bromas y responde siempre con dulzura. Es atenta, cálida y cercana. Cada mañana sueño con acercarme y acariciar su pelo, suave y sedoso. Hacer un caminito con mis dedos jugando con su piel y rodearle el cuello. Apretar con todas mis fuerzas sintiendo como su respiración se apaga lentamente. Y dedicarle una de mis miradas más dulces, con una sonrisa de oreja a oreja.
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Autor: Carmen Quinteiro Moreno Complicidad
—Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. Vosotros, cagaos, esperadme en el garaje, al lado de las bicis. Hace rato que estamos esperando.
—El Chino no deja de repetir que igual lo han pillado.
—Pues si dice que somos cómplices o algo de eso, nosotros a negarlo —dice Nachito mientras se muerde las uñas.
Por fin entra Enrique con la pelota. La levanta como si fuese un trofeo: firmada por todo el equipo, de color rojo con estrellas amarillas y de cuero auténtico. Una pasada.
—Y hay que rifarla —sentencia Nachito arrancándosela de las manos—, porque en esto, no te olvides, somos todos cómplices.
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Ganador del 8/12, semana 9 |
Autor: Fernando Martínez Esteban La cena es a las nueve
El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso y se hace tarde. He dejado mi muñeca en el parque, con el resto de la mano y la mochila del colegio. Yo quisiera ir más rápido pero la
carne se me cae a trocitos. Los huesos del pie asoman desnudos entre excrecencias podridas. Raspan el suelo. Si el tío Lauro no hubiera reventado mi otra rodilla con su escopeta... Suerte que no duele, pero a rastras va ser difícil llegar a tiempo. Mamá estará esperándome con la cena puesta, enfadada. ¿De donde vienes? Preguntará. Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo.
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Finalistas del 8/12, semana 9 |
Autor: Ángeles Díaz Sánchez El arte del disimulo
El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso y ahí sigue acariciando su pierna por debajo de la mesa sin tener en cuenta que soy yo el que debo esquivar la mirada desconcertada aunque complacida que me lanzan esos grandes ojos negros; soy yo el que debo partir con naturalidad el entrecot a la pimienta a la vez que finjo escuchar con gran interés la aburrida conversación del marido; soy yo el que debo disimular evitando así que mi cara revele lo mucho que me agrada lo que mi desligado pie hace y lo que su hermano derecho, más osado, ha comenzado hacer.
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Autor: Iñigo Ortiz de Apodaca Corcuera A la pata coja hacia la luz
El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso otra vez, así que avanzo a la pata coja hacia la luz. No es la primera vez que sucede. A lo largo de mi vida me ha jugado muy malas pasadas. En cuanto me despistaba me zambullía en un charco. Espantaba a pisotones a mis parejas de baile. Tan pronto pateaba un perro salchicha como zancadilleaba a una anciana. La última fue ayer, apenas 3 meses después de que se declarase la guerra, cuando el capitán pidió voluntarios para una misión suicida y él dio un paso al frente.
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Ganador del 1/12, semana 8 |
Autor: Rubén Gozalo Ledesma Medidas disciplinarias
Por fin quietas. El viernes, mis manos se enfadaron y me declararon la guerra. Yo les daba órdenes, pero como si hablase con las piedras. Para dejarme en ridículo, me bajaban los pantalones en plena calle o se negaban a llevarme las bolsas del supermercado. Lo peor era cuando tenía que ir al servicio y no me quedaba más remedio que pedir ayuda al abuelo Blas, aquejado de parkinson. Anoche solucioné el problema y me corté las manos.
Hoy me he levantado tarde y el pie izquierdo no me quiere hacer ni caso.
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Finalistas del 1/12, semana 8 |
Autor: Ricardo Álamo Las sombras
Por fin quietas. Pero el hombre y la mujer que esperan el autobús aún siguen estupefactos después de ver copular a sus sombras.
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Autor: Rocío de Pedro Sánchez Ruido
Por fin quietas, suspiró, y recorrió de puntillas toda la habitación para evitar que se despertaran. En la puerta se dio cuenta de que todavía tenía un cuento entre sus manos y una sonrisa iluminó su cara. A pesar de lo revoltosas y agotadoras que eran, las adoraba. No quería estar sola, miró el reloj, marcaba las ocho; “Todavía es pronto”, pensó. Dejó caer el libro al suelo y esperó unos segundos. Después una dulce voz rompió el silencio:
—¿Mamá? —ella sonrió.
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| Ganadores y finalistas: NOVIEMBRE, 2011 |
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Ganador del 17/11, semana 7 |
Autor: Ricardo Hierro Las manos
—Muerto pero mío. Eso fue lo que chilló Marcela Quijano cuando irrumpió en la alcoba
y descerrajó tres tiros sobre el rostro asombrado de Eliseo Pellicer, su marido. De los
rincones de aquel dormitorio fueron saliendo entonces, como fantasmas, todas las
amantes con las que Eliseo había gozado. Abandonaron la habitación susurrando una
letanía de a mí no me mates, déjame marchar. La procesión de mujeres en camisón huía
a pasitos cortos, tratando de no interrumpir el duelo de Marcela que, volcada sobre la
cama, sostenía entre sus manos las manos desmayadas de su esposo. Manos grandes,
nudosas y quietas. Por fin quietas.
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Finalistas del 17/11, semana 7 |
Autor: Enrique Mochón Romera Sombra aquí, sombra allá
"Muerto pero mío, descansa bajo mi
amparo". Martín dice cosas así mientras
maquilla a los muertos, cuando no les
pellizca la mejilla o los besa en la frente.
Dice que eso les hace bien. Procura siempre
peinarlos sin tirones y cuando acaba los
perfuma como si fueran de fiesta. Luego,
camino de casa, continúa pensando en ellos.
A veces cuando llega le toca maquillar a su
mujer. Es algo que le exaspera. Y no es
porque esté cansado, ni porque sepa con
certeza que hace tiempo que no es suya. Lo
que ocurre es que no hay manera de que se
esté quieta.
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Autor: Ignacio Rubio Arese Matriarcado con almuerzo
Muerto pero mío. Todas lo deseaban con locura, sí, pero él no se dejaba
seducir por cuerpazos voluptuosos. Allá donde fuese lo seguían mil
pretendientes, lanzándole insinuaciones lascivas. Yo en cambio me mostraba
distante y misteriosa, nunca intenté provocarlo y aguardaba mi oportunidad
en la sombra. Quizás por eso se me acercó el día en que ya no pudo más,
confiando en que sería diferente a con el resto. Me mostré muy complaciente,
dejándolo disfrutar de mí, hasta que sentí un poderoso espasmo recorrerlo y
su simiente que me inundaba. Entonces empecé a devorarlo por la cabeza,
como haría cualquier mantis bien educada.
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Ganador del 10/11, semana 6 |
Autor: Carolina Rangel Gané
Y nada más existió hasta el próximo tren. Desde que obtuve la orden del
juez hasta que vi bajar a mi esposo de aquel vagón, estuve en suspenso.
Treinta años es mucho tiempo, pero siempre supe que ese día llegaría, se lo
quité a la barragana. Pregunté si le podíamos abrir los ojos, quería que él
también me viera. Nadie me contestó y yo no insistí, porque en realidad lo
importante era que volvía a ser mío, muerto pero mío.
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Finalistas del 10/11, semana 6 |
Autor: Héctor De Paula Los ignorados
Y nada más existió hasta el próximo tren, cuando el jefe de la estación dijo: "Otra vez completo, la semana siguiente se detendrá", guardó su silbato y colgó la gorra en la boletería. Los que siempre esperaban volvieron a sus casas, al bar, a los naipes, al hastío. Los niños miraban con asombro la moneda que habían puesto sobre la vía, aplastada, como sus ilusiones de subirse al tren. Una muchacha con su valija permaneció sentada en el banco del andén dispuesta a seguir esperando. Mientras tanto, el guarda recorría los vagones asegurándose que todos los maniquíes estuviesen en su sitio, antes de pasar por la siguiente estación.
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Autor: Jesús Urbano Sojo Adolescentes
—Y nada más existió hasta el próximo tren— terminó de decir Jorge, mientras la linterna le seguía iluminando su rostro. Varias chicas se abrazaban entre ellas, asustadas. Algunos chicos se hacían los valientes, haciendo chistes. Yo también sentí un escalofrío. No por lo que acababa de escuchar, sino
porque notaba la mano de Carlos rozando suavemente la mía, bajo mi manta. Descubrir aquella emoción era como una montaña rusa. Mi cuerpo entero se decantaba por abalanzarme sobre él y besarlo. Pero qué pensarían los demás. Yo...
—Antonio, ahora te toca a ti.
Y entonces me pasaron la linterna.
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Ganador del 3/11, semana 5 |
Autor: Jorge Garcés Garrido El próximo tren
Como tantas veces había hecho de niño, vio llegar el tren con infinito asombro.
La gente bajó y subió, se demoró en el andén, y el Mudo llenó sus ojos de sonrisas,
abrazos, de zapatos y maletas. Se enganchó a un reencuentro, a un paraguas, un recado
escueto y un beso apresurado. Sostuvo sobre el acalorado bullicio la misma emoción de
entonces. Al momento el silbato, el pitido, y un adiós boquiabierto como de no entender
nada. Tras el último vagón lo sacudió un golpe de aire vacío, la vía quedó muerta y nada
más existió hasta el próximo tren.
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Finalistas del 3/11, semana 5 |
Autor: Paloma Hidalgo Díez Y creo que tiene razón
Como tantas veces había hecho de niño simulé dormir cuando mi madre entró en la
habitación. Ella me arropó, me besó en la frente y salió cerrando la puerta tras de sí.
Entonces mi mujer emergió de entre las sábanas, se acercó a mi oído y susurró:
—Cariño, estoy convencida de que nos equivocamos, teníamos que haber alquilado aquel
piso, aunque fuera un ático sin ascensor.
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Autor: Lourdes Fernández-Pacheco Jugando
Como tantas veces había hecho de niño, se hizo el dormido. Ni cuando su mujer le
besó en la frente, ni cuando su hijo quiso abrazarlo?, ni siquiera cuando su madre
gritando se le echó literalmente encima movió un solo músculo de la cara. Estaba
contento, esta vez sí lo había conseguido. Una lágrima, salada, escapó de sus ojos, pero
ya habían puesto la tapa.
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| Ganadores y finalistas: OCTUBRE, 2011 |
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Ganador del 20/10, semana 4 |
Autor: Mauricio Ciruelos Gutiérrez La patinadora
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, con la misma pintura verde
mate de hacia veinte años, pero ahora le pareció ridículamente pequeña y endeble.
Al llegar al final del pasillo le dio una calada al cigarro y se giró para volver
a mirarla. Recordó a la niña con patines y coletas que cada tarde atravesaba el
umbral tras volver del colegio. Exhaló el humo despacio, apagó el cigarro y volvió
a recorrer el pasillo, sin prisa. Al pasar junto a la puerta verde la rozó con la
punta de los dedos, como tantas veces había hecho de niño.
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Finalistas del 20/10, semana 4 |
Autor: Fernando Vicente Galve Historia de vampiros
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento. Por el momento aguantaba,
pero era cuestión de minutos que cediera. Habían atacado el edificio en cuanto se puso
el sol y durante la noche masacraron a todos sus vecinos, piso por piso. Ahora solo
quedaban ellos: ya no se oían gritos, solo los golpes en la puerta. Comprobó la hora
y trató de dar esperanzas a sus hijos. "Dentro de poco amanecerá, dejaremos que la
luz entre por la ventana y todo habrá acabado. ¿A que vais a ser valientes
hasta entonces?". Les sonrió. Los niños, pese al miedo, le devolvieron una
sonrisa que mostraba sus colmillos diminutos.
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Autor: Pablo José Malagón Manzaneque Tirando la toalla
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, le pareció ver una sombra.
¿O quizá era un reflejo? Sonó el teléfono y cuando fue a contestar comprobó que
lo había dejado descolgado. Escuchó un murmullo en la habitación y vio la cama vacía.
Sobre el estante del salón había dos trofeos; "Campeón del mundo". Cerró los ojos
y subió al ring. El aire zarandeó la barandilla del balcón y escuchó la campana.
Se quitó la bata y golpeó el espejo.
El rival se rompió en mil pedazos y apuró de un trago la botella de güisqui.
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Ganador del 13/10, semana 3 |
Autor: Joaquín Suárez Guerra Un hombre solo
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
El hombre colgó con un fuerte golpe. Repetía el mismo mensaje desde hacía más de
dos horas, aunque al menos este teléfono respondía. Era el único. Miró la pantalla
del televisor, cubierta de nieve electrónica. Desechó la idea de acudir al aparato
de radio: sólo emitía un pitido enloquecedor. Se acercó a la ventana cerrada y,
mientras se mordía las uñas, vigiló la calle desde sus tres pisos de altura: vacía.
Meditó. Con agua corriente y la nevera casi llena, podría aguantar muchos días. Antes
de volver al sofá, no pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento.
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Segundo ganador del 13/10, semana 3 |
Autor: Montse Aguilera Vives Toc
Son las doce horas, un minuto y quince
segundos.
Se lava las manos. Coge las llaves con dedos
temblorosos. Cuando caen al suelo saca una
toallita húmeda, las recoge con ella, abre
otra toallita y limpia las llaves y la anilla que
las mantiene unidas.
Mira el reloj.
Son las doce horas, tres minutos y veintidós
segundos.
Vuelve al cuarto de baño, se quita toda la
ropa (está sudando) y se da la tercera ducha
del día.
Necesita orinar.
Mira el reloj.
Son las doce horas, diecisiete minutos y
cuatro segundos.
No puede ser.
Sabe que llegará tarde a la terapia.
Pero lo peor es que aún está sucia.
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Finalistas del 13/10, semana 3 |
Autor: Rosa Maria Calzado Naranjo Prácticas de Anatomía
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos. Esta práctica supone el cincuenta
por ciento de la nota. Pueden comenzar.
Era mi primera práctica de medicina y también sería la última. Los cuerpos estaban
blancos, totalmente rígidos y frescos. Julio, cogió la mano de un cuerpo y se la puso
en la cabeza a modo de sombrero. El profesor le echó de clase, claro.
Era el momento. Un señor mayor. Había que darle la vuelta para hacer la disección.
Catorce años han pasado, y aún me da náuseas. No sabía que mi abuelo, había donado
su cuerpo a la ciencia.
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Autor: Carmen Rosique La espera
Son las doce horas, un minuto y quince segundos, bueno, ya dieciséis... El tiempo
no perdona, pasa y no espera, yo sí; yo espero tu llamada una noche más, pero sólo
hasta las doce y cuarto. Me dijiste que llamarías a las doce y no lo has hecho.
Perdonaré tu mentira si me llamas antes de las doce y media, bueno, antes de la una.
Después ya no volveré a perdonarte. Quizá, si me llamas mañana, lo olvidaré todo
y podemos volver a empezar. Te esperaré hasta el viernes y luego seguiré con mi vida.
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| Ganadores y finalistas: SEPTIEMBRE, 2011 |
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Ganador del 22/09, semana 2 |
Autor: Alberto Corujo Corteguera Principio de incertidumbre
—Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado.
Todos los días, a la misma hora, Carlos hace su llamada, pronuncia una frase romántica
y recibe una réplica exacta:
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
Todos los días menos hoy. Hoy, por primera vez, le ha respondido el silencio. Carlos
se pregunta si no habrá marcado un número equivocado.
—Podríamos ir mañana —escucha decir al fin. Es ella, la misma voz sensual de siempre.
Carlos siente que el tiempo se detiene, y cuenta hasta diez antes de contestar:
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
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Finalistas del 22/09, semana 2 |
Autor: Paco Gijón Peñas Los muertos nunca mienten
—Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado.
—Perdona, pero no te creo. Has dicho tantas mentiras.
—Lo siento Al, pero ellos me dijeron que estabas muerto.
—No, Berta, sólo estaba fuera de la cuidad.
—Bueno, yo les creí cuando me lo dijeron.
—Es mejor que sigan pensando que no estoy aquí.
—Pero yo te he visto, y si me preguntan…
—Tú no dirás nada.
—Pero yo no quiero mentir.
—No te preocupes, Berta. Los muertos nunca mienten.
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Autor: Ismael Hevia Galicia Infantil
—Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado, papá —comentó señalando con
su pequeño dedo una fotografía nocturna de las pirámides de Egipto.
Asentí deseando que fuera así. Cerró el National Geographic y lo colocó sobre el montón
de revistas de la sala de espera. Volvió a sentarse a mi lado a esperar. Balanceaba
despreocupada las piernas mientras leía los carteles de las paredes.
—Papá. ¿Qué significa oncología in…?
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Ganador del 09/09, semana 1 |
Autor: Sara Barbera Sánchez Reflejo
La noche es una estrella en tu cucharilla, la que atrapas
cada noche en su reflejo metálico. La observas titilar hasta
que el sueño te vence y caes sobre la almohada, agotada. Yo,
alertado por el sonido de la cuchara al caer al suelo,
me acerco sigiloso para arroparte. Te beso en la frente,
aflojo la cadena de tu tobillo y te susurro al oído que,
cuando aprendas a quererme, tú y yo podremos pasear juntos
bajo ese cielo estrellado.
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Finalistas del 09/09, semana 1 |
Autor: Gabriel Luis Gálvez Cañete Adicto a la noche
—La noche es una estrella en tu cucharilla —le dije con
voz de terciopelo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella con indiferencia.
—Es una metáfora.
Hubo un instante de silencio y sentí que me miraba
con ojos de serpiente, esperando una explicación. Entonces
continué con voz pausada.
—Quiero decir que la noche es como una estrella que
te lleva a calentar el caballo en la cuchara.
—Oh vaya, el niño se ha puesto poético —respondió
con una sonrisa burlesca.
Entonces se desvaneció mi alma de escritor frustrado
y volví a la realidad.
—Pásamelo.
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Autor: Juan Manuel Rodríguez Gayán Cita en la tarde
La noche es una estrella en tu cucharilla,
decía el proverbio oculto dentro de la
galleta de la suerte. El hombre de la mesa
número trece echó un vistazo a su
alrededor. En la calle el sol abrasaba, el
local dormitaba en la penumbra y en la mesa
sólo había un par de palillos sobre un plato
de arroz humeante. Una cucaracha correteó
hasta esconderse bajo las piernas de la
pareja que se besaba en la mesa de al lado.
Tocó el bulto que se escondía bajo su
chaqueta. Permaneció inmóvil mirando hacia
la puerta de salida. Probó suerte, y volvió a
abrir otra galleta.
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