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Concursos de la Escuela: Relatos en cadena 2008-2009
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En está página se irán publicando los resultados semanales de Relatos en cadena.
Cada martes, a las 10:30 en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.
Navega por los siguiente enlaces para acceder a las bases, la frase de la semana y la información completa del concurso.
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| Ganadores y finalistas: noviembre, 2008 |
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Ganador del 18/11, semana 9 |
Autor: Mario González Gómez Ahora sólo se alimenta de ricachones, la muy víbora; aunque en tiempos tuvo que nutrirse de la basura
del extrarradio, de desperdicios como yo. Pero nunca la he olvidado, eso es algo con lo que
seguro que no cuenta. Desde hace años, desde que me dejó, la sigo; la observo, oculto en las sombras,
con el ansia y los celos comiéndome las entrañas. La he visto entrar acompañada en
cientos de hoteles, decenas de casas; y la he visto salir, siempre sola. Como ella me dejó.
Pero hoy todo se acaba. Su vida. Mi obsesión.
Ahí sale. La navaja tiembla en mi mano, mientras me abalanzo sobre ella.
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Finalistas del 18/11, semana 9 |
Autor: Jorge Daniel Romero Castillo Ahora sólo se alimenta de ricachones, la muy víbora. Veinte años atrás, éramos dos jóvenes que
sólo se tenían el uno al otro. Lo más valioso que yo poseía era el reloj de mi padre, y ella
un vestido de seda de su madre. Que nunca se ponía por miedo a estropearlo.
Ahora, es una nueva rica casada por tercera vez. Los fallecimientos de sus anteriores esposos
debieron alertar al tercero, pero casi parece pedirlo a gritos. Cuando muera, ella heredará
setecientos millones de euros, más otros tantos en bienes gananciales. Más del doble que de
los anteriores.
Y pensar que a mí me mató sólo por aquel reloj.
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Autor: Juan García Novoa Ahora solo se alimenta de ricachones, la muy víbora. La conocí el quince de agosto.
Todo el pueblo estaba en la plaza, bailando y bebiendo. Se acercó, le ofrecí un cigarrillo
y cuando nos dimos cuenta había llegado el otoño. Sin salir de la cama de día. De fiesta en
fiesta de noche.
“Me voy”, dijo mirándome a los ojos el día de los difuntos.
Era la historia de mi vida: una chica, amor, sexo, un mordisco. Y luego se marchaba,
dejando roto mi corazón muerto.
Muchas veces pienso en no ocultarme más, y dejar que el sol acabe conmigo.
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Ganador del 11/11, semana 8 |
Autor: Manuel Sánchez Vicente La serpiente me quedó más gorda de lo previsto después de servirle como aperitivo unos tigres
de bengala, así que tuve que imponerle un régimen a base de payasos, pero el maquillaje
le sentaba fatal y los regurgitaba. Opté por darle de comer trapecistas, ricos en proteínas
y cero en grasas. Una vez al mes le permitía un banquete de elefantes o rinocerontes, aunque
los hipopótamos los tenía prohibidos en su tabla de calorías. Se le quedó un tipín tan fino que
mudó de piel, me abandonó y se hizo actriz. Nunca pude domarla del todo. Ahora sólo se alimenta
de ricachones, la muy víbora.
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Finalistas del 11/11, semana 8 |
Autor: Victoria Trigo Bello La serpiente me quedó más gorda de lo previsto. Desde que comencé, aquello me resultó imposible.
El maestro me dio un regletazo que me hizo soltar la tiza. "Es usted un zoquete... ¡no sabe ni copiar
la serpiente del manual...! Y le voy a suspender también por embustero, porque esas láminas que
ha presentado no las ha podido hacer usted". Los chicos se reían y yo volví a mi sitio avergonzado.
¡Claro que yo sabía dibujar serpientes y lo que fuera! Y además con acuarelas, plumilla y tinta china.
Yo dibujaba muy bien, pero tenía que estar solo, para que no me riñeran por utilizar la mano izquierda.
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Finalistas del 11/11, semana 8 |
Autor: Carmen Hita Iglesias La serpiente me quedó más gorda de lo previsto y esto pareció preocupar a mi profesora.
Un rato más tarde me pidió que pintara un árbol y yo pinté uno pequeño de ramas delgadas,
con sus hojas caídas al suelo. A continuación la profesora me dijo que pintara una casa y
yo la pinté sin tejado y con sus ventanas rotas. Finalmente me pidió que dibujara a mi familia
y yo dibujé al bebé llorando y a mamá. ¿Papá? Sí que tengo profesora, pero mi serpiente
tenía hambre y se lo ha comido. Cerré el cuaderno, sonreí a la maestra y salí a jugar al patio.
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| Ganadores y finalistas: octubre, 2008 |
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Ganador del 28/10, semana 7 |
Autor: Isabel González González No les digo por dónde saqué a la abuelita porque
seguro que no reeditarán el cuento. Y si no lo
reeditan, me muero. De sobra conocen ustedes la
precaria existencia de los escritores. Yo ya había
dispuesto el paraíso, la manzana, etc., cuando de
repente, tras unos arbustos, descubrí a la dichosa
abuelita. Allí estaba, tejiendo y mirando por encima
de sus gafas para controlar cada movimiento de la
pareja. ¿Se imaginan si llega a entrar en acción? No
les digo por dónde la saqué del versículo. Pero sí,
que la serpiente me quedó más gorda de lo previsto.
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Finalistas del 28/10, semana 7 |
Autor: Mercedes Palaín Díaz No les digo por dónde saqué a la abuelita porque seguro que no reeditarán el cuento,
les adelanto que desde luego no hay un final feliz.
La escondí en el sótano. La até a una silla y después la amordacé.
Jugábamos a indios y vaqueros, ella era mi rehén. La rocié de gasolina y encendí una cerilla.
No quería que sufriese, solo jugábamos.
Mi madre gritó desde arriba:
—Miguel sube ahora mismo. ¿Dónde esta tu abuela?
El grito me asustó. Tiré la cerilla al suelo y subí corriendo las escaleras. Pero no voy a
decir cómo saqué a la abuela de allí. Solo diré que rompí la hucha y compré un aspirador.
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Autor: Jesús Ignacio Pérez de Miguel No les digo por dónde saqué a la abuelita porque seguro que no reeditarán el cuento
ese de la justicia. Pero por si acaso, recuerdo que
nuestras vacas pacían su hambre en las cunetas, que
vestíamos pantalones con un tirante cruzado y que
nuestra casa tenía sólo una bombilla. También recuerdo
que éramos muchos hermanos y que a padre le mataron
porque era de UGT y su mujer era muy guapa. Luego,
un cobarde nos quemó la casa y tuvimos que sacar a la
abuelita por el payo. La anciana se murió en la huerta
viendo como ardía la casa de su hijo muerto. Ahora lo
cuentas y no te creen, ¿verdad? Parece increíble.
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Ganador del 21/10, semana 6 |
Autor: Álvaro Estallo Gavín La mujer que había dentro de mí se me estaba indigestando. Y presten atención porque esta parte
del cuento la desconocen. Me metí los dedos hasta la campanilla tratando infructuosamente de
vomitar a la abuelita. En realidad, ni siquiera tenía hambre. Pero Caperucita llegó de repente,
y para disimular tuve que arroparme en la cama con ese gorrito horrible con el que me han dibujado
tantas veces. El resto, todo invención de la niña. Sí, lógicamente me reconoció, pero ni cazador ni
leches. Ella salió pitando con sus pasteles, y yo no les digo por donde saqué a la abuelita porque
seguro que no reeditarán el cuento.
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Finalistas del 21/10, semana 6 |
Autor: VICTORIA TRIGO BELLO La mujer que había dentro de mí los días festivos era Montserrat Caballé y mi vecino era Plácido
Domingo. Al tender la ropa cantábamos romanzas y las carruchas hacían de orquesta.
Entre semana, yo era Lola Flores y mi vecino Manolo Escobar. Se nos daba bien el flamenco
y al terminar soltábamos un olé con las pinzas como castañuelas. Desde hace una semana, la
mujer que hay dentro de mí es Elvira Pérez, como rezan mis documentos y mi vecino es Arturo
García, como pone en su buzón. No cantamos en los tendedores, hemos engrasado las carruchas
y sólo nos decimos adiós. Es muy triste la cordura.
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Autor: Juana Cortés Amunárriz La mujer que había dentro de mí decía cosas. Su voz me irritaba, me sacaba de quicio, pero era incansable. Ese niño te joderá la vida, me susurraba. Eres tú quien me amargas, me defendía yo. Sabes que desde que llegó el mocoso, él te ignora. Ya no te toca. Tus pechos vacíos. Tu vagina sedienta. Volcaba en mi cabeza su veneno mientras bañaba al niño, mi mano sujetando su nuca para mantener la cabecita fuera del agua. Sería tan fácil… ¡He dicho que te calles! Y yo seguía enjabonando su pequeño cuerpo, una noche más. Una noche más.
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Ganador del 14/10, semana 5 |
Autor: Beatriz Alonso Aranzabal Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito, el cepillo de plata y la polvera dorada,
pero aún tenían que pasar algunos años. Y, mientras, mi abuela seguiría lamentando que los duendes,
o los ratones, descolocasen cada noche su tocador. Mi madre seguiría atosigando a mi padre para que
ingresara en una residencia a su señora madre, que daba ya demasiadas muestras de senilidad. Y
yo, el hombrecito de la casa, seguiría esperando cada noche a que todos estuviesen dormidos para
entrar en la alcoba de la abuela, y jugar a ser la mujer que había dentro de mí.
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Finalistas del 14/10, semana 5 |
Autor: Felipe Antonio Borrella Vaquero Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito. Y entonces ni Zeus me salvaría
de la furia de los troyanos. La recompensa, sin duda, compensaba el riesgo.
¿Quién descartaría la traición cuando a cambio podría obtener la soberanía sobre todos los futuros
territorios conquistados al este de Lidia? Sin embargo, me era imposible entender la actitud de estos
aqueos. Yo aquí, jugándomela con las señales en los momentos de mayor vulnerabilidad, y ellos
preocupados en hacer regalitos. ¿Cuándo se ha visto una guerra así? Decidido, hacia el ocaso les
quemo el caballo.
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Autor: Víctor Salgado Ferreiro Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito. Era nuestro juego preferido.
La abuela me perseguía alborozada mientras yo escondía el espejo. "¡Devuélveme el espejo, trapalín!".
Siempre estaba alegre, aunque dicen que murió de pena. Mis padres vendieron el viejo caserón
familiar. Muchas familias lo han habitado desde entonces, pero a ninguna le gustaba jugar con el espejo.
Gritaban histéricos al encontrarlo bajo las almohadas o entre las conservas de la despensa. Echo de
menos a la abuela. Ella no se enfadó conmigo cuando caí rodando por la escalera y se rompió el
espejo. Busco su sonrisa en el cristal quebrado, y sólo encuentro una mueca sombría.
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| Ganadores y finalistas: septiembre, 2008 |
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Ganador del 30/09, semana 4 |
Autor: José Delclaux Abad Los niños jugaban a atrapar la luz, dejándome de lado como siempre, agarrado a mis zapatillas negras. Qué contentos se les veía persiguiendo el reflejo por la pared. A veces de casualidad se fijaban en mí, y yo me apresuraba en esconder mi joya tras la espalda, y les observaba muy serio mientras se burlaban. Gafitas tontorrón tiene cara de melón. Pero pronto me olvidaban y regresaban a su juego, que al acercarse el final del recreo se volvía más exigente. Arriba de un salto, a pillarlo, venga. Y de nuevo abajo, chavales, de rodillas. Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito.
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Finalistas del 30/09, semana 4 |
Autor: Isabel de Miquel Serra Los niños jugaban a atrapar la luz. La linterna de Fo dibujaba arabescos sobre la pared desnuda, Berta daba saltitos para capturarlos. Agarré a Lucas de la mano para que no fuera tras sus hermanos. Hacía frío en el garaje, pero los niños estaban demasiado emocionados para notarlo. Me pareció que su alegría era forzada. O tal vez no. ¿Qué sabían ellos? Abrí la portezuela del coche y les dije que entraran. Fo contestó que tenía deberes. Berta y Lucas miraban sin entender. Giré la llave de contacto, pero cuando Lucas apoyó la cabeza en mi regazo me eché a llorar.
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Autor: Antonio Toribios Los niños jugaban a atrapar la luz. Hacían cestillas con las manos, la aventaban, levantaban efímeras empalizadas, pero ella se les escabullía entre los dedos con astucias de minúscula alimaña. Los chiquillos se empujaban y reían con la fiereza dichosa de los cachorros sanos. La luz volvía a su ser y les embromaba fingiendo una quietud de eras. Los niños, cansados, salieron al jardín y quedé solo en la penumbra de la galería. El haz brillante partía de una rendija y moría a mis pies. En el charco de luz naufragaron de pronto mis buenos propósitos. Supe entonces que tarde o temprano volvería a matar.
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Ganador del 23/09, semana 3 |
Autor: Isabel González González Y se vistieron para la misa de doce. Jadeantes y
risueños después de tanto jugar. Ella se puso una
falda plisada y él se sentó sobre el balón para
anudarse los zapatos. En un rincón quedaron
arrumbadas las cometas y las caracolas. Pero al fondo,
todavía se escuchaba el rugido de los tigres. Las
peleas de los unicornios. El batir de unas alas
enormes como aeroplanos. Ya se disponían a salir
cuando un rayo de sol penetró por la ventana. Miles
de partículas danzaron en su haz. "¿A que no las
pillas?", propuso él. Y mientras las campanas sonaban,
los niños jugaban a atrapar la luz.
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Finalistas del 23/09, semana 3, que también participarán en la final mensual del día 7 |
Autor: Agustín Martínez Valderrama Y se vistieron para la misa de 12 confiando en que el engaño surgiera efecto.
Todo comenzó cuando vieron caer las primeras bombas y oyeron el eco cercano de las detonaciones.
Entonces el capitán ordenó reconstruir la iglesia, retirar la bandera tricolor y quemar los uniformes.
También escondieron las armas. Y registraron una a una todas las casas hasta encontrar ropa de
domingo. Entre los escombros de la sacristía hallaron una sotana, algunos cancioneros y una vieja
biblia. Después echaron a suertes quien haría de cura. Nada más entrar en la iglesia, escucharon
llegar a los blindados. Asustados, esperaron la señal antes de empezar a cantar el padrenuestro.
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Autor: María José García Barrio Y se vistieron para la misa de 12, con el ritual de siempre.
La sacristía tiene olor a rancio, la casulla reposa inmaculada sobre la vieja silla de madera oscura.
El monaguillo, de apariencia frágil y mirada triste, espera pacientemente a que el señor párroco
se la ponga, para colocarle los pliegues y las puntillas de forma primorosa, Don Fulgencio es
muy exigente.
Él hace tiempo que esta preparado, cada Domingo consigue hacerlo antes.
Mientras los feligreses saludan al cura, corre a enjuagarse la boca.
A Don Fulgencio no le gusta que lo haga, pero no se acostumbra al sabor.
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Ganador del 16/09, semana 2 |
Autor: Carmen Molina de la Torre Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar elecciones.
No era la primera vez que amenazaba con derruir el antiguo campanario.
Gruesos lagrimones resbalaban por sus mejillas y paraban en su inmensa barriga,
"Maruja, baja" —sollozaba— "Maruja, por dios, sal". La mujer lo miró a través del portillo,
se cerró la bata y se volvió al capellán. "Dame un beso". Cerró el enorme portón detrás de sí y
se acercó despacio a su marido, "deja eso, cariño, que te vas a hacer daño",
secándole las lágrimas lo tranquilizó con suaves palabras de amor, fueron a casa,
donde desayunaron juntos, y se vistieron para la misa de 12.
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Finalistas del 16/09, semana 2 |
Autor: Lourdes Aso Torralba Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar elecciones.
Estaba a punto de comprobar que dentro, había estado viviendo en silencio, alimentándose del
óxido de la forjadura, una criatura capaz de acabar con todos nosotros. Al menos,
eso decía la leyenda desde que se abandonara el castillo a su suerte y al cañón no se
acercara ni el mismísimo Dios. El alcalde rió antes de meter la mano.
Notó un frío extraño en la punta del dedo meñique. Lo vio convertido en oro.
Lejos de extrañarse, continuo un brazo, el otro… No abandonó. Valoró el agujero de las
partidas presupuestarias. Nosotros y el nuevo alcalde se lo agradecimos.
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Autor: Carlos Burillo Mellado Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar elecciones.
Su mano se acercaba peligrosamente a la anilla del estopín, y el arma apuntaba temerariamente
hacia la multitud congregada en la plaza. Las caras de pánico de los que nos encontrábamos
más cerca competían con los rostros fanáticos de los que se agolpaban más atrás.
Como en toda revuelta, los menos exaltados saltaríamos los primeros por los aires.
El ensordecedor estruendo dio paso a la fiesta mayor y el disparo llenó la plaza con el
confeti lanzado por la artillería, fue su último mandato pero esta vez la puesta en escena
había sido exquisita.
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Ganador del 09/09, semana 1 |
Autor: Adolfo Sanz Anchelergues El serenatero gustaba de enseñar equilibrios
a las cabras. El boticario prefería el trapecio
para sus piruetas mientras el tendero
sacaba conejos de la chistera.
Todos los trastos del circo aparecieron, una
mañana, desperdigados por la Plaza Mayor.
El cartel, con sus leones, sus payasos y su
espectacular hombre bala, estaba en el
centro. Pero no había rastro de los artistas.
Con mucha cautela, poco a poco,
aprendimos a manejar esos aparatos. Fuimos
mejorando. Pero cuando el alcalde se
acercó al cañón, supimos que deberíamos
convocar elecciones.
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Finalistas del 09/09, semana 1 |
Autor: Margarita Sierra Mejias El serenatero gustaba de enseñar equilibrios a las cabras. Nos llevaba por los
barrios y los niños disfrutaban mucho. A mis hermanas les gustaba, pero yo
sabía que existía otra vida desde que oí aquel refrán del monte y la cabra.
Decidí escaparme, pero no lo encontré. Quise volver empujada por el hambre,
pero no lo conseguí, hasta que un muchacho muy amable se hizo cargo de mí y
me llevó a una casa donde había muchos como él, con la camisa desabrochada y
un gorro de dos picos, y gritó: "¡Traigo mascota de repuesto!". Desde entonces
desfilo por la Castellana y me aplaude hasta el rey.
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Autor: Ángela Torrijo Arce El serenatero gustaba de enseñar equilibrios a las cabras. Las entrenaba en el
patio de su casa. Una pata arriba, otra más. Levanta la cabeza, bonita. Da la
vuelta entera, Lunera, guapa. Su mujer lo miraba desde la cocina. El amplio
ventanal desvencijado daba al espectáculo por el que luego cobraba. Al rato
entraba, y con un gruñido pedía la comida, que engullía haciendo ruido.
Dejaba algo del segundo plato y, sin mirarla, escupía algún improperio.
Luego salía hacia la calle, y con sólo un dulce silbido, conseguía que
Lunera y Blanquita se pusieran en marcha.
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