Talleres de escritura Escuela de Escritores. Cursos de redacción y creación literaria
Bienvenido a Taller literario Escuela de Escritores - Comunicación escrita y escritura creativa
Talleres de escritura virtuales Talleres de escritura presenciales Cursos para empresas Servicio de corrección de textos

Cursos por Internet
Cursos a distancia de la Escuela de EscritoresYa puedes apuntarte a los cursos de verano
Mapa de los cursos
Cursos presenciales
Cursos en Madrid de la Escuela de Escritores
Cursos en Madrid, horarios y grupos
Cursos en Burgos
Cursos en Zaragoza
Cursos para empresas
Cursos para empresas de la Escuela de EscritoresComunicación escrita, redacción comercial para empresas
Saber más
 
 
Secciones
 
 
 
 
 
  Varios profes, un curso  
   
 
Libros recomendados
Libros recomendados
Máster de Narrativa
Máster de Narrativa
Nuestras palabras
Nuestras palabras
EdE en la Red europea
EdE en la Red europea
Entrevistas
Entrevistas

 
  Boletín de noticias  
   
 
 
  Buzón de sugerencias  
   
 
Cuentos:
De la admirable aventura..., por María del Testón
 
 
[ Enviar a un amigo | Versión para imprimir ]
Publicado el Domingo, 24 abril a las 21:00:00
Leer más artículos en:Cuentos

De la admirable aventura de Don Quijote con el Escudero del Corazón Salpimentado

Subía Febo en su arco, el cual, tensado, lanzaba muy punzantes saetas sobre el caballero y su escudero, fiero el astro, sin pena en castigar a la andante pareja y a sus cabalgaduras. Así pues, arribados a un verde prado con un sotillo de álamos, descabalgaron Don Quijote y Sancho, y a la fresca sombra dél se acomodaron.

Sexto finalista del II Concurso de Plagio Creativo de la Escuela de Escritores

Dieron en pacer las bestias las tiernas hierbas que el lugar criaba y sus dueños, con agua del arroyo que por el prado corría, algunos mendrugos y unas raspas de queso, dieron al cuerpo reparo.

Una vez consumido el refrigerio, adormidos quedaron Don Quijote y su escudero bajo la enramada, recibiendo las frescas caricias del liviano zéfiro, cuando un galope brioso y acompasado rompió el silencio, acordó a los durmientes y encendió la imaginación de Don Quijote, el cual ya quería ver en el que llegaba la ocasión de una nueva aventura. Llegóse pronto el jinete, que era un donoso mozuelo barbiponiente, de hermosos y regulares miembros, el cual traía un cofrecillo de plata finamente labrado apretado en su diestra contra el pecho.

-¡Viven los cielos donde más altos están, que a este lugar trajeron mancebo de tan principal linaje, prosapia y alcurnia! Nada habéis de temer en este apartado bosque, pues a fe de caballero andante que yo os defenderé de cuantos peligros os asedien, con más fiereza y lealtad que el mejor de vuestros vasallos.

Descubrióse el pasajero cortesmente y descabalgó al punto, diciendo:

-Gran merced me hacéis, señor caballero, mas no os engañéis, pues no soy príncipe ni me precio de linaje, no siendo sino un escudero cuyo señor feneció en tierra de moros, al cual vengo a cumplirle su postrero encargo.

Quedóse Don Quijote con esto harto desconcertado, viendo perdida su soñada aventura, mas, con todo, pensó en aprovechar la historia de la aventura ajena y así dijo al mancebo:

-Decid, pues, joven escudero, la razón de vuestra historia, y acomodaos de consuno con Sancho, mi escudero, y conmigo como con iguales, que no es vanidad pecado que le pueda avergonzar a este caballero, conocido en el orbe universo como Don Quijote de la Mancha.
v En oyendo esto el escudero y el nombre de Don Quijote, hincó la rodilla en tierra, diciendo:

-Gran honor es hallarme en vuestra presencia, Señor Don Quijote de la Mancha, Flor y Espejo de la Andante Caballería, y que buena fortuna tengáis vos y vuestra sin par señora Dulcinea.

Placiéronle al de la Mancha esta palabras, que como música celestial sonaron en sus oídos, pues ya veía su fama repartida por todos los confines de la tierra.

-Alzaos ya -dijo Don Quijote tocando el hombro del escudero-, pues mi natural modestia no gusta de tantos agasajos, y venid al soto, que largo departiremos.

-No os hizo justicia Don Avellaneda, el auctor de vuestra historia, que muy más valeroso y esforzado parecéis en persona que en escritura -dijo el escudero, a lo que Don Quijote, entre sobresaltado y ofendido, preguntó:

-¿Qué Avellano o Avellaneda es ese que decís? Errado estáis, pues es Cide Hamete Benengeli el autor del relato de mis días, y un Cervantes el tradutor dél.

-No es como decís, Señor Don Quijote, sino ese Avellaneda el autor de un libro que mi señor leía por las noches allá en Berbería, donde salían vuestras aventuras y las de vuestro escudero, tan sabrosas y bien compuestas que eran de ver y de escuchar.

Corrióse Don Quijote, que sin tardar empuñóse en la espada y con brío la blandió en el aire, al tiempo que decía:

-¡Ah, malandrines y felones, que tan sin honra y verdad queréis dejarme! ¿Donde estáis, endriagos y vestiglos, encantadores y hechiceros, que harto mal me queréis? Venga vuestro servidor Avellaneda, mi falso autor, si a enfrentarme osare, que no le di yo licencia para escribirme y no pienso consentirle el hurto de mis hazañas.

En esto vio el escudero la falta de razón de Don Quijote, como ya puesta venía en el libro avellanado, y no quiso tornar a mentarle Avellaneda alguno, antes bien, por aquietarlo, manifestó el propósito de dar prestamente noticia de su negocio.

-Quiero, señor, por cortesía, dar cuenta de mi encomienda y así deciros que vengo de Berbería, donde falleció mi amo en batalla contra moros, el cual, estando perdido de amor por una Doña Mencía, noble dama toledana, me encargó que, en muriendo, le abriese los pechos, le sacase el corazón y lo llevase a su dueña, con un billete muy sentido y enamorado que él mismo escribió con los últimos alientos de la vida.

-Triste encargo traéis, a fe mía, buen escudero -dijo Don Quijote. Mas decid, ¿no vendrá corrompido y descompuesto el dicho corazón, tras tan largo viaje?

-No vendrá, que antes de partir de Berbería tomé precaución de ponerlo en sal y pimienta, para que no pudriese, mas algo va hediendo ya, y así, por no dar lugar a que peor acabe, de vos pido licencia para proseguir viaje y llegar cuanto antes a Toledo, donde Doña Mencía recibirá tan funesto presente.

-Idos, pues, escudero fiel, a cumplir el encargo y entrega de ese triste corazón salpimentado.

Montó el escudero su caballo y picó espuelas a Toledo, sin que los lectores destas aventuras tengan por agora ocasión de conocer el fin de su historia. Quiso también Don Quijote seguir camino, que ya el calor aflojaba y, aparejadas las cabalgaduras, cabalgaron un buen trecho sin decir palabra, tan tristes y pesarosos los había dejado el escudero del corazón salpimentado. Mas siendo Don Quijote más dado a la elocuencia que al silencio, al poco comenzó a decir:

-Ese tal Avellaneda, que en malhora tomó recado de escribir, no cuente con nuestras personas ni aventuras para esa su obra apócrifa de caballerías, arteramente hurtadas al sabio Cide Hamete Benengeli. Quiero, Sancho, por esto, ver de encontrarme con el tradutor desta historia, ése que dicen Miguel de Cervantes, por ver si de su conocimiento es el paradero de Don Cide Hamete, que no pondré reparo alguno en irme a los arábigos reinos en busca del ilustre sarraceno, a quien quiero prevenir deste desaguisado.

Habló luego Sancho y dijo:

-Mire vuesa merced, Señor Don Quijote, que eso que vuesa merced dice de embarcarnos en aventuras moriscas mucho habrá de desviarnos del negocio en que andamos, cual es cobrar la ínsula que vuesa merced me tiene prometida. Déjese, señor, de buscar autores ni trasladadores, que nada de provecho sacaremos dello, y vaya vuesa merced acomodando el modo y manera de proveerme desa ínsula o península que dijo, que más vale pájaro en mano que volando un ciento y más vale un toma que dos te daré...

- Bien se vee - respondióle Don Quijote-, Sancho, que no fue hecha la miel para la boca del asno y que las aventuras e istrución que sobre el noble oficio de escudero te vengo dando no calaron en tu alma de labriego. Sabe que no es cortesía recordarme lo prometido, que buena cuenta llevo yo con ello, y que en ningún libro de caballerías leí yo que un escudero osase recordar a su señor los gajes acordados ni dudar un ardite de su palabra.

Quedó muy corrido Sancho con esto y así trató con Don Quijote:

-Así pienso yo dudar de las palabras de vuesa merced como pensar ahorcarme, mas eche de ver, señor, que hijos y mujer tengo, de quienes me despedí con lloros y lamentos, y todavía no me fuera posible desenredarme de sus muchas lágrimas y abrazos si no es porque gobernador me verían de allí a poco venir a ellos para llevarlos a mi ínsula, y esto es, Señor, por lo que no quisiera verme en tierras beleriscas, alejado de mis deudos y así desgobernado.

-Está bien, Sancho, eso que dices- respondióle Don Quijote-, pues es propio de cristiano mirar por sus semejantes, cuanto más por sus hijos y esposa, mas todo lo habremos de andar e ínsula o ínsulas tendrás, te lo aseguro. Y vaya sobre esto dicho este otro sujeto y es que no has de decir "tierras beleriscas", sino "berberiscas", pues no le es propio a un futuro gobernador corromper los vocablos como con tanta frecuencia sueles, y con ser tú enemigo natural de la castellana gramática deberás en adelante, Sancho, poner continencia en esos tus vulgarismos y cuidado en decir propiamente los términos y referencias.

-Así haré como me decís, señor, pues en lo tocante a libros, órdenes, donaires y enmiendas de holgarismos y benquerencias a buen seguro que no hay nadie en estos reinos de España que a vuesa merced alcance.

No quiso Don Quijote perfecionar esta vez los términos corrutos y viendo ya a Sancho vuelto a su cabal ánimo apacible, siguieron camino sin más pesares y así fue como toparon con lo que luego se verá.
 
 
 
   

Taller literario de escritura creativa, redaccion, relato, periodismo, guion, novela, poesía, literatura infantil, literatura de viajes, etc.
Cursos para aprender a redactar cartas, cuentos, novelas...
Escuela de Escritores ® Mucho más que un taller literario
Ponte en contacto con nosotros al teléfono 91 758 31 87

Escuela de Escritores S. L. B84364181
Domicilio S. L. - Francisco de Rojas 2, 1º dcha. (28010) de Madrid

Sitio Web basado en PHP-Nuke