Para este artículo contamos con un invitado especial en nuestro blog. Se trata de nuestro alumno Francisco Rueda Correa, que durante tres semanas nos va a hacer un recorrido por las principales formas de batallar que ha encontrado el ser humano a lo largo de su historia. No pretendemos con esta serie de artículos hacer un tratado histórico, sino daros consejos generales sobre las batallas en función del tipo de ambientación que tengamos para nuestra historia, tratando de guardar lo más posible la verosimilitud para no romper el pacto con el lector. Por supuesto, si nuestra historia es de fantasía (y no histórica) todo esto será una base o una fuente de inspiración, nunca una hoja de ruta a seguir de forma obligatoria. Os dejo sin más dilación con las palabras de Francisco:

Es curioso el proceso que me ha llevado a escribir este artículo, con toda la cadena de acontecimientos que implica. Hace ya tres años que me apunté a mi primer curso de iniciación dentro de este mundo imponente que es la literatura, porque tenía muchas ganas de escribir y dar rienda suelta a todos los disparates que tengo en la cabeza. Por supuesto, me enrolé en Escuela de Escritores. Ahora estoy metido en el itinerario de Literatura Fantástica, y un compañero me ha hecho una petición muy particular: con el objetivo de enriquecer y hacer veraces las posibles escenas bélicas que aparezcan en sus textos, me solicita material y bibliografía para preparar los asedios y batallas que narrará en futuros relatos. Este compañero, al que por lo que se ve tengo muy engañado, me lo pide a mí en concreto porque me considera un “master and commander” en el tema.

Nada más lejos de la realidad. No soy historiador ni nada parecido. Sólo soy un aficionado entusiasta que se interesa por conocer nuestro pasado común. Así que, tirando de ese entusiasmo ingenuo y, sobre todo, buscando compartir las cuatro cosas que he podido aprender, voy a intentar satisfacer su petición, y de paso compartir el resultado con todos los que se atrevan a leerme. Me centraré más en la guerra arcaica y medieval de nuestro entorno geográfico más próximo, e intentaré ordenar mis ideas de forma coherente y cronológica. No cabe duda de que, si soy corregido por cualquiera que sepa más que yo (cosa fácil), estaré más que dispuesto a rectificar cualquier información que aquí exponga, y también muy agradecido de aprender todo lo que se me pueda enseñar. Vamos allá.

Edad del Bronce

En el levante mediterráneo (Egipto, Mesopotamia, etc.) se peleaba sobre todo en carros de guerra. Esto no quiere decir que no existiese la infantería. Existía, cómo no, y de hecho era numerosa, pero gozaba de menor relevancia que los carros. Por tanto, la guerra era aristocrática, pues no todo el mundo podía permitirse un carro y unos caballos decentes. Los magnates se lanzaban unos sobre otros en grandes formaciones, se arrojaban jabalinas y se disparaban con arcos. Primaban las maniobras bellas y los desplazamientos casi acrobáticos, el jogo bonito en el que se lucían los guerreros de alta alcurnia. Yo me lo imagino como el combate aéreo en la Primera Guerra Mundial.  Puede considerarse Megido la batalla más famosa de este periodo, o al menos una de las que mejor han quedado documentadas, a base de jeroglíficos en las paredes del templo de Amón, en Karnak.

Todo esto se acabó, de forma más o menos abrupta, con la llamada Crisis del Bronce, el primer gran colapso de la civilización humana occidental. Fue un cataclismo social casi apocalíptico, multifactorial, al que a día de hoy le dan muchas vueltas los estudiosos. Entran en escena los pueblos del Mar, piratas sanguinarios que hacen desembarcos relámpago e incursiones feroces en el territorio de los que fueron grandes imperios. No se sabe bien quiénes eran, algunos expertos aventuran que pudiera tratarse de anatolios desplazados por helenos en la guerra de Troya, que por cierto fue el gran asedio de esta época. Las reglas de la guerra cambian. Estos piratas y mercenarios constituyen hordas de Infantes violentos y despiadados, muy poco aristocráticos, que abaten y aniquilan sin ceremonia a los carristas. Esta vuelta de tuerca, tropas aristócratas montadas y bien equipadas abatidas por infantería que ataca sin caballerosidad ni pudor, se producirá de nuevo en fases posteriores de la historia bélica.

En la Europa continental éramos bastante menos sofisticados. Una cultura militar y nómada, fuertemente jerarquizada, capaz de domar caballos y utilizarlos para la guerra, y de fundir bronce para hacer espadas cortas y lanzas, se expande desde la actual Ucrania. En pocos siglos dominan a todos los agricultores neolíticos de Europa, de Asia Central, e Incluso de la India. Esos ucranianos somos nosotros, los europeos. Sientan las bases de nuestra cultura, lenguaje, mitología, economía y estructura social y, al mezclarse (o exterminar, como paso en la Península Ibérica, a toda la población masculina, para cruzarse extensamente con la femenina) con los neolíticos preexistentes, plantan la semilla de lo que luego serán mediterráneos, celtas, germanos, eslavos y bálticos. O sea, nosotros, como ya digo, los europeos. Esto ocurre, más o menos, hace  cuatro mil quinientos años. No hay palabra escrita en Europa por esas épocas (nos la traerán los fenicios más tarde), por lo tanto no hay registros de cómo hacían la guerra pero, sabiendo cómo la hacían pueblos esteparios de siglos posteriores (los escitas, por ejemplo, que tuvieron contacto con los griegos, y fueron estos últimos los que dejaron por escrito sus costumbres), podemos imaginar hordas de jinetes sanguinarios pisoteando, decapitando y tronchando todo lo que pillan, a ser posible cogiendo a los atacados por sorpresa para aniquilarlos con más facilidad. Dothrakis en toda regla.


Edad del Hierro hasta comienzo de la Edad Media

La era de las grandes batallas y los grandes generales. Aníbal, César, Alejandro, Darío, Vercingétorix, Teodorico y Odoacro. Grecia y los persas, Macedonia, Cartago, Roma y los keltoi. Los Hunos, y las primeras grandes migraciones germanas. Como se puede ver, el eje de la civilización ya se ha desplazado a Europa, y el Levante Mediterráneo jamás recuperará su gloria tras la Crisis del Bronce. Se puede hablar muchísimo acerca de la guerra en este periodo, pero prefiero resumir y sintetizar, porque el que mucho habla, mucho yerra.

Durante estos siglos priman los infantes pesados, como son, por ejemplo, el hoplita griego o el legionario romano. Formaciones de guerreros muy bien entrenados que se mueven como cuerpos de batalla compactos y disciplinados, eficaces en el ataque y la defensa. Es visible también el salto tecnológico, además de en el uso del hierro (el mejor, el romano hecho con mineral austríaco y germano, meteorítico, inspiración para el acero valirio), en la aplicación de protocolos de guerra moderna: material de asedio y fortificación, intendencia de campaña, ingeniería fluvial, y miles de cosas más. En todos estos temas, cómo no, los mejores son los romanos.

No todo va a ser infantería. Griegos y romanos usaban caballería, sobre todo para batir terreno, hostigar, escaramucear, y para perseguir al enemigo en retirada. Los celtas tienen magníficas tropas de caballería, los persas también, y los indios y los cartagineses tienen elefantes. Pero por norma general siempre caen contra la infantería. Hasta que llegan los Hunos, otra horda turco-mongola de dothrakis sanguinarios, y preparan un estropicio considerable, porque el Imperio ya no es lo que era (su declive es fruto de mucho estudio y debate).

De esta época es imprescindible leer La guerra de las Galias (ya sabéis, Galia est omnis divisa en partes tres), para aprender lo que nos cuenta el tipo que ha sido el número uno indiscutible en esto de la guerra. Cayo de la tribu Julia, aquel que llaman César, te lo explica todo, desde cómo tienes que cavar las letrinas (cosa importantísima, por cierto), hasta cómo tienes que llamar a todos tus hombres por su nombre en batalla para infundirles moral. Al leer a César te das cuenta de que en la guerra las batallas son lo de menos. Lo importante es el resto. Tener a tus hombres bien alimentados, bien pertrechados, descansados, motivados y con la moral alta; y al enemigo temblando de miedo.

En cuanto a batallas famosas, hay miles, y de todas se puede encontrar mucha información online. Las primeras maniobras en pinza documentadas de la historia se hacen en Maratón y en Cannas. En esta última, los cartagineses derrotan a los romanos en suelo italiano, ayudados por su caballería celtíbera y sus honderos baleares, que conste. Las batallas de Alejandro son gloriosas, con Queronea, Gránico y Gaugamela como ejemplos importantes. Para los romanos hay toma y daca, porque expandieron mucho su dominio en el tiempo, y atesoran victorias decisivas, como Alesia, o derrotas manifiestas, como la que les infligen los pueblos germanos en el bosque de Teutoburgo. La pugna por Siracusa, que forma parte de una guerra fría extrahelénica entre atenienses y espartanos (el general espartano se llama Gilipo, como curiosidad), es un despliegue maravilloso en sus fases de asedio y de batalla, tanto naval como por tierra, y además, según mi humilde opinión, inspira la Batalla del Aguasnegras en Canción de Hielo y Fuego.

Con estas dos etapas históricas dejamos el primer artículo, en los siguientes exploraremos la Edad Media y las etapas posteriores hasta llegar a la actualidad. Esperamos que encontréis provechoso el artículo y, como siempre, podéis dejarnos vuestras opiniones en los comentarios.