El buen elemento imposible o la justificación de la fantasía

La principal diferencia que existe en literatura entre el realismo y los géneros de lo imposible (fantasía y ciencia ficción principalmente) es que entre los primeros y los segundos existe al menos un elemento imposible que rompe con lo que comúnmente conocemos como realidad. Puede ser un elemento imposible de origen sobrenatural (por ejemplo un dragón o un fantasma) o de origen racional (una máquina del tiempo o una sociedad distópica). El caso es que ese elemento imposible romperá alguna norma física o social que es imposible que se dé o haya dado en nuestro mundo conocido.

En función del origen del elemento imposible y de sus efectos sobre los lectores, podremos clasificar los diferentes subgéneros de la fantasía y la ciencia ficción. Sin embargo no es de eso de lo que os quiero hablar hoy.  Lo recalco simplemente para que podáis apreciar la importancia que ese elemento tiene para la historia y el especial cuidado que, como escritores, tenemos que prestarle.

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Construir buenos puntos de giro narrativos

 

Lo más normal es que cada historia (sea novela o relato) tenga una sola línea argumental. Es decir: un protagonista que quiere algo, intenta conseguirlo, se enfrenta a fuerzas que se oponen a ello y finalmente lo consigue o no (con su consiguiente cambio). En esos casos encontraremos únicamente un punto de giro principal que separe el planteamiento del nudo y otro que separe el nudo del desenlace.

Un punto de giro será un acontecimiento que se desarrollará en la acción del argumento y que cambiará la dirección del protagonista, obligándole a tomar decisiones y que lo cambiará, algunas veces, un poco.

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Lo que aprendí a NO hacer leyendo «American Gods»

Consten  antes de empezar dos cosas: la primera es que este artículo no es una reseña sobre el libro de Neil Gaiman, pero contiene spoilers porque necesito desvelar parte de la trama para argumentar por qué no debe hacerse algo en concreto. La segunda es que no me gusta hablar mal de los libros (a no ser que sean «Crepúsculo» o «La sombra del viento»), porque siempre es un esfuerzo y un trabajo el escribirlos y está claro que Gaiman ha dedicado muchas horas de documentación, escritura y revisión para escribir una obra de tales características. Vaya por delante que valoro ese trabajo y se lo reconozco y que aunque me centre aquí en los defectos, la obra tiene muchos puntos a favor, pero como esto no es una reseña, no entraré en ellos. Hoy voy a saltarme aquello que siempre digo: «Si no vas a decir nada bueno de algo, mejor cállate». Queredme por mis contradicciones. Entro en modo hater.

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¿Qué puedo aprender de «Harry Potter y la cámara secreta» como escritor?

Aunque me considero un ferviente seguidor y defensor de la saga de Harry Potter, he de reconocer que este, el segundo de la colección, no es uno de mis preferidos. Es más, hasta hace poco se encontraba entre los dos peores de mi lista. Sin embargo, a medida que lo he releído y que he ido evolucionando como escritor y, sobre todo, como profesor, he sabido encontrarle el valor y ha ido escalando posiciones en el ranking.

Más allá de la peripecia en sí, que tampoco es tan espectacular como en El cáliz de fuego o en Las reliquias de la muerte, lo que hay que destacar de la novela es sin duda su estructura, su trama y su construcción como si se tratase de una novela de misterio. Continuar leyendo “¿Qué puedo aprender de «Harry Potter y la cámara secreta» como escritor?”