Cinco beneficios de leer tus textos en voz alta

La lectura en voz alta es una técnica para repasar tus textos que se practica habitualmente y que puede resultar muy beneficiosa para terminar de pulir un relato o una novela.

En mi opinión, no debe ser nunca la primera revisión, puesto que en ella tendrás que parar cada poco tiempo para revisar erratas o incongruencias y para terminar de apuntalar el argumento. En la primera revisión es probable que cambies párrafos enteros y eso te haría perder mucho tiempo si tuvieras que releerlos en voz alta. Yo siempre realizo la lectura a partir de la tercera revisión, cuando sé, o intuyo, que el grueso del texto está ya fijado y que los cambios realizados serán generalmente menores.

Es indiferente si realizas la lectura en papel o en digital, pero es recomendable que sea un soporte en el que puedas subrayar o realizar marcas. En el caso de mis novelas, realizo una lectura en voz alta en el ordenador y otra en papel impreso. No sé la razón, pero hay erratas y pequeños despistes que solo veo al pasarlo a papel. Probablemente sea porque en el ordenador es en el lugar en el que he escrito la novela y mis ojos pasen por el texto como algo conocido, sin detenerse a analizar demasiado. Sin embargo, al pasarla a papel, y realizar la lectura en otro lugar diferente de la casa, mi cerebro lo toma como algo nuevo y es más sencillo detectar los pequeños fallos que normalmente nos pasan desapercibidos.

Pero vamos a lo que vamos. ¿Por qué os recomiendo que realicéis esta lectura en voz alta a pesar de haber repasado ya el texto al menos un par de veces? Porque este tipo de lectura va a otorgarle a vuestros textos estos cinco beneficios que detallo a continuación que la lectura en silencio a veces no tiene.

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La sobrecorrección del escritor novel

«Publico para dejar de corregir», Jorge Luis Borges

En realidad la frase de Borges, como la mayoría de las citas célebres que se recuerdan, no fue dicha exactamente así; sino que el argentino respondió «Para dejar de corregir» a la pregunta «¿Por qué publicamos?». Pero no vengo hoy a hablar de cómo la historia retuerce o embellece determinados discursos para adaptarlos a las ideas preconcebidas que se tienen de los escritores, que daría también para una publicación de las largas, sino para hablaros de un pequeño trastorno que padecemos muchos escritores hoy en día: la sobrecorrección.

No todos tenemos la suerte que tenía Borges de poder publicar lo que escribimos para dejar de corregirlo. El escritor novel no suele contar con un editor que le diga: «esto ya está, vamos a publicarlo» y debe valerse por sí mismo para decidir cuándo parar en las revisiones del texto y darlo por terminado.

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