¿Para qué sirve un personaje plano?

En casi cualquier lugar podéis escuchar que los personajes redondos son mejores que los planos y que son los personajes que han evolucionado con la profundización de la literatura en los grandes temas del alma humana. Bueno, esa afirmación es totalmente cierta, pero no siempre.

Un personaje redondo no es, por sí mismo, mejor que uno plano. Ambos personajes son necesarios para desarrollar nuestras historias y cada uno de ellos tiene una función diferente dentro de ellas. Algo así pasa con las palabras abstractas y las concretas.

Un personaje redondo está muy bien cuando estamos desarrollando una novela o incluso un relato que sea largo y estamos buscando un protagonista total que evolucione a lo largo de la historia, pero, ¿y si no es el caso?

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La sobrecorrección del escritor novel

«Publico para dejar de corregir», Jorge Luis Borges

En realidad la frase de Borges, como la mayoría de las citas célebres que se recuerdan, no fue dicha exactamente así; sino que el argentino respondió «Para dejar de corregir» a la pregunta «¿Por qué publicamos?». Pero no vengo hoy a hablar de cómo la historia retuerce o embellece determinados discursos para adaptarlos a las ideas preconcebidas que se tienen de los escritores, que daría también para una publicación de las largas, sino para hablaros de un pequeño trastorno que padecemos muchos escritores hoy en día: la sobrecorrección.

No todos tenemos la suerte que tenía Borges de poder publicar lo que escribimos para dejar de corregirlo. El escritor novel no suele contar con un editor que le diga: «esto ya está, vamos a publicarlo» y debe valerse por sí mismo para decidir cuándo parar en las revisiones del texto y darlo por terminado.

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Long life and prosper, Juan Pablo Almagro

El puente de mando se inundaba de azul a medida que la nave se escoraba más y más hacia el planeta. Los dos maltrechos tripulantes, acostumbrados a la negrura del espacio, entrecerraron los ojos mientras observaban la ominosa superficie.

—Es la Tierra, Spock, hemos tenido suerte.  Análisis de daños.

—Capitán, los propulsores de popa no responden y tan solo nos queda uno de proa. El escudo está destrozado. En el casco se han abierto dos grietas del tamaño de una ballena. La gravedad del planeta nos está succionando sin remedio. Caemos.

—Hum… ¿Y qué propones?

—Tiene que abandonar la nave, Capitán. Todavía queda una cápsula de emergencia. Yo me encargaré de calcular los parámetros de lanzamiento para que la cápsula siga una órbita en torno al planeta hasta que lo rescaten. También me encargaré de que la nave caiga en el océano sin ocasionar daños a la población civil. Continuar leyendo “Long life and prosper, Juan Pablo Almagro”