¿Para qué sirve un personaje plano?

En casi cualquier lugar podéis escuchar que los personajes redondos son mejores que los planos y que son los personajes que han evolucionado con la profundización de la literatura en los grandes temas del alma humana. Bueno, esa afirmación es totalmente cierta, pero no siempre.

Un personaje redondo no es, por sí mismo, mejor que uno plano. Ambos personajes son necesarios para desarrollar nuestras historias y cada uno de ellos tiene una función diferente dentro de ellas. Algo así pasa con las palabras abstractas y las concretas.

Un personaje redondo está muy bien cuando estamos desarrollando una novela o incluso un relato que sea largo y estamos buscando un protagonista total que evolucione a lo largo de la historia, pero, ¿y si no es el caso?

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Tu ambientación medieval no tiene por qué mostrar discriminación

Hoy me gustaría hablaros de las ambientaciones y de hasta qué punto pueden constreñirnos a la hora de crear una sociedad o un mundo.

Muchos autores de fantasía piensan que por el hecho de tener una ambientación medieval, están en la obligación de reflejar fielmente todos los comportamientos sociales que se presuponen a esa época, cuando no tiene que ser así.

Antes de aclarar eso, me gustaría precisar lo que yo entiendo por ambientaciones y a qué me refiero cuando hablo de ambientación medieval.

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Lo que aprendí a NO hacer leyendo «American Gods»

Consten  antes de empezar dos cosas: la primera es que este artículo no es una reseña sobre el libro de Neil Gaiman, pero contiene spoilers porque necesito desvelar parte de la trama para argumentar por qué no debe hacerse algo en concreto. La segunda es que no me gusta hablar mal de los libros (a no ser que sean «Crepúsculo» o «La sombra del viento»), porque siempre es un esfuerzo y un trabajo el escribirlos y está claro que Gaiman ha dedicado muchas horas de documentación, escritura y revisión para escribir una obra de tales características. Vaya por delante que valoro ese trabajo y se lo reconozco y que aunque me centre aquí en los defectos, la obra tiene muchos puntos a favor, pero como esto no es una reseña, no entraré en ellos. Hoy voy a saltarme aquello que siempre digo: «Si no vas a decir nada bueno de algo, mejor cállate». Queredme por mis contradicciones. Entro en modo hater.

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