¿Qué puedo aprender de «Harry Potter y la cámara secreta» como escritor?

Aunque me considero un ferviente seguidor y defensor de la saga de Harry Potter, he de reconocer que este, el segundo de la colección, no es uno de mis preferidos. Es más, hasta hace poco se encontraba entre los dos peores de mi lista. Sin embargo, a medida que lo he releído y que he ido evolucionando como escritor y, sobre todo, como profesor, he sabido encontrarle el valor y ha ido escalando posiciones en el ranking.

Más allá de la peripecia en sí, que tampoco es tan espectacular como en El cáliz de fuego o en Las reliquias de la muerte, lo que hay que destacar de la novela es sin duda su estructura, su trama y su construcción como si se tratase de una novela de misterio.

En prácticamente la totalidad de la saga, J. K. Rowling nos presenta un misterio que Harry Potter (Hermione Granger casi siempre, para ser precisos) debe desentrañar.

Todas las pistas y los datos que se necesitan para resolver el misterio se encuentran al alcance de la vista del lector (igual que al alcance de Harry Potter); sin embargo, la autora sabe distraernos de tal forma que nuestra atención se centra en otra cosa distinta y con una relectura siempre acabamos diciendo: «¿Cómo no lo había visto». Que debe ser más o menos lo que piensa Harry Potter cada junio.

En esta novela en concreto, los protagonistas deben saber, principalmente, quién ha abierto la cámara secreta. También deben ir enfrentándose a otros retos distintos (si no, no habría manera de sostener el argumento durante nueve meses).

A lo largo de la trama, se nos presentan varios personajes sospechosos, entre ellos Draco Malfoy, en el que se centran todas las sospechas del protagonista. Mientras desarrollan su investigación, podemos asistir lateralmente al comportamiento extraño de Percy, uno de los hermanos mayores de Ron. Ese comportamiento llama un poco la atención, pero pasa desapercibido porque la atención de Harry está sobre Draco. La primera vez que leí la novela, estaba totalmente convencido de que era Percy el que había abierto la cámara y que la autora nos distraía con Malfoy. ¿Por qué si no esas ausencias inexplicables, ese cansancio, ese comportamiento extraño? Y, sobre todo, ¿por qué esa atención de la autora sobre el personaje secundario?

Es cierto que la autora dijo que en un principio Percy iba a ser el que abriera la cámara, por lo que toda esa atención estaba justificada. No estaría justificada solo por esa intención primera si la autora, al cambiar de personaje, no le diera una nueva función a su comportamiento extraño.

Sin embargo, en la segunda lectura lo entendí todo. Cada vez que se nombraba a Percy o que aparecía comportándose de forma extraña, Ginny estaba allí también, haciendo cosas raras y comportándose de forma extraña. Los protagonistas lo atribuyen a su enamoramiento con Harry Potter y el lector no le vuelve a dedicar otro pensamiento. Sin embargo está ahí, a la vista de todos, nerviosa, actuando de una forma extraña y muy, muy, sospechosa. Draco despista la atención sobre Percy, que a su vez distrae del comportamiento de Ginny.

Fijaos que hemos hablado de que la atención de la autora se centra en Malfoy y en Percy como personajes más sospechosos, sin embargo, cada vez que la trama de alguno de ellos dos avanza, cuela una pequeña pista que apunta en realidad hacia Ginny. Por ejemplo: Malfoy está presente cuando su padre se pelea con el padre de Ron, exactamente igual que Ginny. Es en ese momento en el que el diario se cuela entre los libros de la niña.

J. K. Rowling no da puntada sin hilo y en los dos primeros libros es en los que se puede comprobar mejor cómo funcionan esas pequeñas pistas que va dejando en comentarios y actos que parecen banales. Los dos libros son cortos y la autora necesita más mañas para no resultar evidente con los datos que nos proporciona. El cromo de Nicolás Flamel aparece la primera vez que Harry se sube al expreso de Hogwarts en La piedra filosofal, sin ir más lejos. En toda la saga, los hechizos que serán vitales a lo largo de la novela aparecen mencionados de forma casual al comienzo de los libros; por ejemplo accio usado por Molly al comienzo de El cáliz de fuego y que después le salvará la vida a Harry Potter.

Parece que el éxito de las novelas o los finales sorprendentes de Rowling son casuales y fáciles de imitar, pero no lo son. Cada uno de los libros, en especial La cámara secreta, es un pequeño reloj perfectamente engrasado y cuyas piezas encajan perfectamente.

¿Qué he aprendido de Harry Potter y la cámara secreta? A construir una buena trama y a trabajar con los indicios para sorprender al lector sin engañarle. Aparte de a vigilar los pasillos con un espejo por si aparece un basilisco, obviamente.

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