Posible, improbable e imposible

Hoy me gustaría hablaros del elemento imposible y de su importancia en la literatura fantástica.

He decidido comenzar con este artículo el blog porque el elemento imposible es lo que va a definir el género de nuestro texto y a separarlo de la literatura realista. Por lo tanto, podemos decir que es lo que va a hacer que nuestro texto sea fantástico.

Pero vamos a empezar por lo básico: en narrativa podemos encontrar tres tipos de elementos. A saber: elementos posibles, improbables e imposibles. Cada uno de ellos tiene unas características diferentes y unas funciones concretas dentro de la narración. A medida que nos alejamos de la literatura realista, encontraremos más elementos improbables e imposibles; mientras que dentro en la propia realista no podremos encontrar ningún elemento imposible.

Veámoslo con un ejemplo. Si estamos contando una historia en la que aparece un libro, ese libro, a no ser que digamos lo contrario, será un libro normal y corriente, de los que podemos encontrar en cualquier librería o biblioteca. Es decir, será un elemento posible. Es posible que exista ese libro en nuestra realidad.

Sin embargo, si, en esa misma historia, el libro, en lugar de ser un libro normal, es un libro diminuto, hecho a escala microscópica, estaríamos hablando de algo que es posible, pero no probable. Por lo tanto, un elemento improbable. ¿Se podría fabricar un libro así? Con los microscopios e impresoras de hoy en día, sí, se podría, pero no es probable que nadie lo haga. Seguimos siempre dentro del realismo.

Vamos un paso más allá. ¿Qué pasaría si el libro tuviera dientes y mordiera como el libro Animales fantásticos y dónde encontrarlos que aparece en Harry Potter y el prisionero de Azkabam o fuera un libro superinteligente que contuviera un procesador en su interior con el que poder interactuar y que cambiara las historias en función del que las leyera? En ambos casos, seguro que ya sabéis la respuesta, hablaríamos de un elemento imposible. Ninguna de las dos opciones son posibles en nuestra realidad hoy en día. La segunda puede que en el futuro, pero de momento nada de nada. Las dos opciones, una representativa de la literatura fantástica y la otra de la ciencia ficción, ya no pertenecen al realismo.

¿Eso quiere decir que si quiero escribir literatura fantástica tengo que centrarme en los elementos imposibles y olvidarme de los demás? No. Para nada. De hecho, la mayoría de los elementos que aparecerán en el texto serán siempre posibles porque tenemos que crear un entorno reconocible para el lector aunque introduzcamos en él elementos imposibles. Es decir, que para que se crea el elemento imposible tenemos que rodearlo de elementos posibles porque de esta manera serán asociados al imposible inconscientemente. Además también otorgaremos asideros visuales al lector en los que anclarse para que pueda imaginarse el elemento imposible. Le estamos pidiendo al lector que se imagine algo que no existe, por lo que debemos hacer que sea capaz de verlo lo mejor que podamos.

Por ejemplo: hemos creado una raza de monstruos espaciales y para describirlos decimos que tienen cuatro extremidades nunca vistas y una forma que desafía la geometría. El lector se imaginará lo que él quiera (o no podrá imaginarse nada de nada) porque no tiene ninguna referencia con la que construir el aspecto de la criatura. Hemos usado dos elementos imposibles (formas que desafían la geometría y extremidades nunca vistas) para describir otro elemento imposible. Resultado: nula visibilidad. El lector no puede imaginar, «ver», nuestra historia. Y si no puede ver al monstruo, no se lo va a creer.

Sin embargo, si digo que las extremidades superiores parecen colas de ardilla anudadas y recubiertas de escamas y que la forma es parecida a un yogur cuando cae al suelo, estaremos ayudando al lector a que forme poco a poco la imagen del monstruo que nosotros tenemos clara en la cabeza. Hemos descrito el elemento imposible (el extraterrestre) usando elementos posibles. El lector ha sido, en esta ocasión, capaz de verlo. Estoy seguro de que este segundo monstruo que he descrito se parece bastante al que os habéis imaginado vosotros.

En definitiva, el elemento imposible es lo que conforma el género fantástico y de su origen depende si lo encuadramos en un subgénero o en otro, pero no es el único elemento que es relevante para la construcción de esas historias. Aunque su importancia es capital. De ahí que su construcción necesite una especial atención y unos puntos a tener en cuenta, por ejemplo el uso del extrañamiento y la mantención del pacto con el lector, pero de eso hablaremos otra semana.

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