En casi cualquier lugar podéis escuchar que los personajes redondos son mejores que los planos y que son los personajes que han evolucionado con la profundización de la literatura en los grandes temas del alma humana. Bueno, esa afirmación es totalmente cierta, pero no siempre.

Un personaje redondo no es, por sí mismo, mejor que uno plano. Ambos personajes son necesarios para desarrollar nuestras historias y cada uno de ellos tiene una función diferente dentro de ellas. Algo así pasa con las palabras abstractas y las concretas.

Un personaje redondo está muy bien cuando estamos desarrollando una novela o incluso un relato que sea largo y estamos buscando un protagonista total que evolucione a lo largo de la historia, pero, ¿y si no es el caso?

Antes de continuar, me gustaría detenerme un momento para tratar de definir a qué me refiero yo cuando hablo de un personaje plano y un personaje redondo.

Un personaje plano es aquel que no tiene un carácter muy desarrollado, que no incurre en contradicciones y cuya evolución a lo largo de la narración no es muy grande. Su personalidad se suele construir a partir de un rasgo o una idea y girar en torno a esa característica constantemente.

Por otro lado, un personaje redondo será un personaje complejo, que se equivocará y que podrá cambiar de opiniones y de manera de ser a lo largo de la historia. Lo más normal es que tenga un cambio al final que marque las peripecias vividas durante la narración. Sus rasgos pueden ser contradictorios (las contradicciones son lo que más tridimensionalidad dará a los personajes), aunque hay que tener cuidado y no permitir que esas contradicciones sean demasiado extremas o nuestro personaje no será creíble y su personalidad se convertirá en errática.

Por supuesto, esta clasificación no es un sistema de cajas. Se trata más bien de una graduación y habrá personajes planos que solo serán un estereotipo de un rasgo llevado al máximo, mientras que habrá personajes redondos que estén poco desarrollados y cuya evolución sea mínima. Entre los extremos, caben distintos tipos de personajes.

Una vez aclarado esto, vamos a continuación a ver cuáles son las principales funciones que puede desarrollar un personaje plano en nuestras historias.

  • Al contrario que los personajes redondos, los personajes planos no atraen sobre ellos toda la atención del lector ni tienen tantas aristas y matices como para permanecer de manera nítida en su mente. Este rasgo nos vendrá bien cuando queramos rodear a nuestro protagonista de personajes secundarios que cumplan misiones complementarias a la del protagonista sin robarle su importancia. La historia tiene que tratar sobre los protagonistas, que es recomendable que sean personajes redondos, no sobre los secundarios. Cuando un personaje plano es útil y está bien construido, funciona porque nadie se da cuenta de que está allí. Es igual que los decorados en una obra de teatro. Si estamos constantemente mirando el fondo del escenario, no nos enteraremos de la obra que se está desarrollando delante.

 

  • Si todos los personajes que aparecen en una historia fueran redondos, ¿a cuál debería seguir el lector? Fijaos que un árbol se ve más en un campo de flores que dentro de un bosque (y todos sabemos que un árbol no tiene por qué ser mejor necesariamente que una flor).

  • A la hora de escribir un relato, sobre todo si es un relato corto, es recomendable que incluso el protagonista no sea demasiado complejo. Pensemos que en un relato no tendremos el espacio narrativo suficiente para desarrollar correctamente el carácter del personaje y esas contradicciones que hemos mencionado antes, pueden parecer incoherencias en lugar de profundidad. Fijaos que en casi todos los puntos utilizo a los personajes planos como sinónimo de los personajes secundarios, pero no siempre es así, como podemos ver en este mismo punto. Que coincidan en casi todas sus funciones no significa que sean lo mismo ni que siempre sean útiles para la misma función.

 

  • Los personajes planos van a servirte para dotar de verosimilitud la narración. Si estamos contando una historia sobre un adolescente en el instituto, lo más normal es que algunos de los personajes que le rodean no sean más que estereotipos que hagan que el lector se crea que se encuentra dentro de un instituto. Habrá profesores que serán profesores sin más, igual que habrá cerebritos y que habrá gente poco espabilada.

 

  • También sirven para ambientar la historia que estamos contando. Llevando el anterior punto un poco más allá, los personajes planos también ambientan nuestras historias. Si nuestra ambientación es medieval, por ejemplo, tendremos que rodear al protagonista de personajes cuyo único rasgo será el de sumergir al lector en el sueño de la ficción. Estos personajes planos, al igual que los del punto anterior, probablemente no serán más que estereotipos que cumplan una función de personajes terciarios y, por lo tanto, serían algo así como los extras de nuestra historia.

 

  • Un personaje plano también nos será útil cuando queramos hacer avanzar la trama y el argumento. Los personajes planos son buenos secundarios y, como tales, servirán para ayudar al personaje a conseguir su deseo o para obstaculizárselo.

 

  • Los personajes planos son muy buenos informantes y muy buenos oyentes. A veces darán información a nuestros personajes principales que hará que ellos actúen de una manera o de otra. Del mismo modo, a veces nos servirán como oyentes para que el lector pueda conocer lo que piensa el protagonista.

Espero que con este artículo haya dignificado un poco a los personajes planos y haya conseguido que no huyáis de ellos como del fuego cuando os aparecen en las historias. Al igual que los colores de una paleta, o que las herramientas de una caja, lo importante es que haya diversidad y que podamos hacer uso de cualquiera de los colores o de las herramientas siempre que necesitemos. Si conseguimos encontrar un rasgo distintivo para nuestros personajes planos, conseguiremos no solo que sea buenos, sino que sean inolvidables.