El otro día, leyendo Si me necesitas, llámame, de Raymond Carver, analizando cómo para mí el libro tenía una calidad algo inferior a otras obras del autor, quise asociar ese descenso de calidad al hecho de que los relatos que componen el libro fueron reunidos y publicados por su esposa y su editor después de su muerte. Quizás Carver nunca hubiera permitido la publicación de ese libro, al menos de esa manera.

Con esa reflexión me acordé de otro autor que tampoco pudo influir en la manera en la que se editaban muchas de sus obras.

En 1924 moría en Austria Franz Kafka y dejaba un claro mensaje a su amigo Max Brod: que destruyera todos sus escritos sin publicar. Max Brod, como todos ya sabemos, ignoró los deseos de su camarada y publicó no solo obras terminadas, sino muchos trabajos incompletos del autor.

También es interesante mencionar que algunos de sus escritos aún permanecen desaparecidos después de que la Gestapo los confiscara, ya que su compañera final, Dora Diamant, también decidió no destruir todo el material de Kafka que conservaba, por lo que es posible que aparezcan más textos del autor que son desconocidos para el público.

Siempre se celebra que Max Brod operara así porque gracias a él conocemos en su plenitud a uno de los grandes genios de la literatura del siglo XX, pero no sé hasta qué punto esa afirmación es cierta.

Me explico, no estoy poniendo en duda la calidad de los textos del autor. He leído varias obras de Kafka y todas a las que me he acercado me han resultado fascinantes y de una profundidad apabullante. Considero que sí que era un genio de la literatura y me alegro enormemente de haberlo leído porque creo que su lectura me ha enriquecido como escritor y como persona.

Quizás ese deseo de destruir sus obras fuera algo dicho con la boca pequeña, deseando en el fondo que nadie le hiciera caso. Si de verdad Kafka hubiera querido destruir su obra, es probable que lo hubiera hecho él mismo, exactamente igual que hicieron otros autores a lo largo de la historia, o lo hubiera destruido a medida que lo escribía o hubiera dejado de escribir, como se supone que hicieron Juan Rulfo y J. D. Salinger después de escribir sus obras maestras (ya se está preparando la publicación de los textos de este último que escribió durante su reclusión voluntaria). Aunque a este respecto diré que es complicado, como creador, deshacerte tú mismo de algo en lo que has puesto mucho empeño y dedicación. Quizás Kafka sentía que la destrucción de los textos era lo correcto, pero no tenía la fuerza necesaria para emprender dicha desaparición y por eso se la encargó a gente de confianza. Puedo entenderlo, pues le dedico muchas horas a textos que después, casi siempre, acaban en un cajón olvidados. Esos textos no van a publicarse, ¿por qué no los borro? Quizás por un absurdo sentimiento de pertenencia o de paternidad, aunque no sean textos de los que me sienta especialmente orgulloso.

Entonces, si admitimos que los textos de Kafka eran buenos y que quizás él no quería del todo que se destruyeran: ¿por qué no alegarme de que se ignoraran sus deseos finales?

Si nos ponemos en la situación de que Kafka verdaderamente no quería que sus textos se publicaran, ni siquiera que nadie los conservara, ¿con qué derecho los leemos? Nos hubiéramos perdido a un genio de la literatura, eso es cierto, pero no habríamos violado la intimidad y los deseos de una persona. ¿Y qué es más importante? Al final se trata de un conflicto moral por lo que cada uno tendrá una respuesta diferente. La mía no es clara, de ahí este artículo y la interrogación en el título.

Hay que tener en cuenta, por supuesto, las razones por las que el autor no quería que se conservaran sus escritos. Si es porque el autor consideraba que no tenían calidad suficiente, ¿quién somos nosotros para leer algo de lo que el autor no se siente orgulloso o no piensa que sea digno de él? Aunque su visión sea sesgada y muchos puedan opinar que no es cierto que carezcan de calidad (es cierto que no carecen de calidad). Pero hay muchas otras razones. ¿Qué pasaría si simplemente Kafka no quisiera que la gente leyera lo que había escrito porque no, sin ninguna razón aparente? Kafka ya estaba muerto cuando la mayoría de sus escritos se publicaron, pero no puedo dejar de imaginarme al escritor como un famoso perseguido contra su voluntad, obligado a revelar datos íntimos sin querer hacerlo. Me asquea la prensa rosa y los programas del corazón, del mismo modo que me incomoda leer algo que sé que su autor no quiso que nadie leyera, como si encontrara el diario de alguien por casualidad y le hiciera fotocopias.

Por supuesto, es absurdo pensar en ello ahora, cuando los textos ya están publicados y divulgados, pero ¿es justo que tengamos acceso a sus escritos?, ¿qué hubiera pasado si se hubieran respetado sus deseos y se hubieran destruido sus narraciones? ¿Qué hubiera pasado si Salinger o Rulfo, por poner los dos ejemplos que he mencionado antes, hubieran seguido escribiendo y publicando? Por desgracia nunca lo sabremos, aunque quizás puede ser un punto de partida interesante para una pequeña ucronía literaria.

Veo que este artículo, al final, contiene más preguntas que respuestas, pero creo que es lo correcto. Me gusta pensar y reflexionar sobre estos acontecimientos y quizás con mis reflexiones os haga pensar a vosotros también. Yo no tengo la respuesta correcta, no sé si respetaría el deseo de Franz Kafka a cambio de no leer sus obras. Lo único que puedo decir a ciencia cierta es que no me gustaría que me pasara algo así como escritor (salvando la infinita distancia entre mis escritos y mi dedicación y los que el autor tenía), aunque, como he dicho antes, tampoco sé si tendría la fuerza de deshacerme de absolutamente todos mis escritos por mí mismo.

Sé que no hay debate, que la corriente general ha aceptado, hace mucho además, esta publicación, pero ¿de verdad nos la merecemos?

¿Y vosotros?, ¿qué opináis?, ¿conocéis otros autores cuya obra querían que permaneciera sin publicar y acabó finalmente viendo la luz?