Los nombres de los personajes en fantasía

El otro día, leyendo este artículo de Chiki Fabregat sobre la importancia del nombre de los personajes, recordé algo que siempre digo a mis alumnos en las primeras clases y que espero que poco a poco vaya cambiando con el tiempo. Y es que hay una tendencia a pensar que los nombres raros o exóticos, totalmente impronunciables o en otro idioma pueden valer para nombrar a nuestros personajes, pero no así los nombres en castellano o que suenen a nuestra lengua. ¿Por qué un mago puede llamarse Harry Potter y no Juan Alfaro?

En fantasía la respuesta es más o menos sencilla. Si me voy a otro mundo, me invento los nombres. Vale, después volveremos a esto, pero esta razón te la puedo comprar. Es necesario que los nombres de los personajes de un mundo inventado remitan en cierta medida a ese mundo y quizás nombres muy cercanos a nuestra realidad no consigan que el lector se sumerja del todo en la ficción.

Sin embargo, en algunos escritores realistas y en no pocos fantásticos, existe el pensamiento, la mayoría de las veces inconsciente, de que la verosimilitud será más fácil de alcanzar si alejamos la historia de nuestro entorno. Si la sitúo fuera de la ciudad donde vivo, del país, del mundo, ¿quién va a notar que me equivoco en algo? Además, así, nadie se dará cuenta de que, quizás, en realidad hablo de mí mismo o de algo personal. Y, puestos a alejar la historia, alejamos a los personajes cambiando sus nombres, por supuesto. He visto elfos llamados Peter en más de un ejercicio, muchos más que elfos llamados Pedro.

Que sí, que entiendo que Pedro no sea demasiado exótico para un elfo, pero entonces Peter tampoco debería serlo. Estamos impregnados de la tradición angloparlante de la literatura fantástica y, por lo tanto, hemos crecido leyendo a personajes con nombres típicamente ingleses o que remiten o suenan como ese idioma. Esa es la razón de que nos traguemos a un elfo llamado Peter y no a uno llamado Pedro. Pobre.

Para mí la solución no pasa por elegir entre Pedro o Peter. Para mí la solución consiste en ser consciente de por qué estoy eligiendo un nombre u otro. Si en la historia que estoy escribiendo existe la Tierra, es posible que Peter o Pedro sean nombres aceptables para elfos (cualquiera de los dos), pero si no es el caso, quizás ninguno de los dos sea verosímil.

Ahí es donde entramos en otro tema en el que también me gusta insistir con mis alumnos. Puestos a inventar nombres (aquí incluyo desde razas hasta personas o topónimos), ¿por qué no hacerlo con sonidos que nos recuerden al castellano?, ¿o al menos con vocablos que se puedan pronunciar? Es muy original hacer que nuestro protagonista se llame Grrthoz, pero lo cierto es que yo no sabría pronunciarlo. Y si resulta que lo pronuncio como si fuera Gritoz, y da la casualidad de que es un humano, es decir, alguien parecido a nosotros, quizás debería llamarlo así directamente, Gritoz, aunque no sea un nombre muy atractivo, ¿no? ¿Cuál puede ser la razón narrativa de poner un nombre que no se pueda pronunciar?

Bueno, pues lo cierto es que puede haber razones que lo justifiquen. Por ejemplo si el hecho de que sea impronunciable es parte de la esencia de ese personaje o de esa palabra. Por ejemplo Cthulhu. Se trata de un personaje que procede de un lugar antiguo más allá del entendimiento de los humanos, por lo tanto es normal que nosotros no podamos pronunciar su nombre a pesar de haber creado una representación gráfica de la palabra. No es un humano el que ha inventado el nombre, no tiene por qué saber pronunciarlo (ni poder hacerlo). Eso tiene sentido en la historia de Lovecraft y, por lo tanto, tiene una razón narrativa para ser así.

Por otro lado estoy acordándome ahora de la saga «El elfo oscuro» de R.A. Salvatore: el protagonista se llama Drizzt Do’Urden y su pantera Guenhwyvar. Es decisión de cada escritor elegir los nombres de los personajes, por supuesto, pero me gustaría ver al autor llamando a la pantera cada dos por tres (o incluso al protagonista). Yo leía la primera letra y pasaba de largo el nombre pensando: «la pantera». Y, no sé tú, pero yo no quiero que los lectores hagan lo mismo con mis personajes.

Mi consejo es que tratéis de encontrar un nombre pronunciable y que no sea demasiado largo. Si nos metemos en un mundo nuevo y vamos a inventarnos el nombre de pueblos, razas, personajes, armas, etc., le estaremos pidiendo al lector un esfuerzo grande por retener toda esa información y encima asociarla a los rasgos y características de cada uno de los elementos.

Por ejemplo, en mi primera novela, hay una ciudad, una bastante importante en la que se desarrolla el final de la novela, que está hecha en su mayor parte de hierro. No es que me rompiera mucho la cabeza, pero la llamé Ferro. Es un nombre corto, remite a la característica principal de la ciudad y es fácil acordarse de la palabra porque suena a una palabra que ya existe en nuestro idioma. Eso intento hacer siempre con los nombres de mis novelas. Es cierto que Ferro no es muy fácil de pronunciar para un inglés, pero tienes que pensar en tus lectores cercanos, que será con los que más probablemente empatices (es bonito soñar con que te van a leer en Inglaterra o Estados Unidos, pero ya es suficientemente bonito si consigues que te lean en España o en Latinoamérica). Piensa que lo más probable es que J.K. Rowling pensara en su propio idioma cuando acuñó Hogwarts, aunque no sea sencillo de pronunciar para nosotros.

Para concluir os dejo una advertencia: si el nombre inventado, encima de ser impronunciable, es largo, lo más probable es que el lector solo se acuerde de que es un nombre largo e impronunciable. Yo me he leído casi todos los tomos de la saga del elfo oscuro y he tenido que buscar en internet tanto el nombre del protagonista como el de la pantera. Y los habré leído más de mil veces. Imaginad ahora si hacemos lo mismo con los nombres de las ciudades o, peor, de los personajes secundarios que van a aparecer en contadas ocasiones. Lo más probable es que el lector se acabe haciendo un lío y no sea capaz de saber lo que está leyendo. No vas a querer que eso pase, créeme.

¿Hay algún nombre que os parezca terriblemente elegido en algún libro fantástico como me pasa a mí con el del elfo oscuro? O al revés, ¿alguno os parece especialmente acertado? Dejádmelo, por favor, en los comentarios para ampliar mi lista de ejemplos.

6 opiniones en “Los nombres de los personajes en fantasía”

  1. Muy acertado. Siempre he criticado la influencia anglo en la mayoría de los nombres (ciudades, personajes, animales) y, por esa razón, en mis relatos, trato de no usarlo, a no ser que sean adecuados al entorno.

    Me gustó mucho.

    1. Me alegra ver que cada vez somos más 🙂 Yo creo que es una tendencia que irá cambiando con el tiempo (espero). Muchas gracias por compartir.

  2. Fíjate lo harto que estoy de nombrecillos exóticos que en mis novelas los he reducido al máximo y uso muchos nombres patrios: Román, Gerardo, Virginia, Felipe, Natalia…

    Y para los pueblos y ciudades, ni una k, ni una h intercalada, ni apóstrofes ni vocales dobles.

    La yegua de mi héroe se llama Cicuta.

    1. Qué maravilla. Además hay un montón de nombres castellanos que parecen fantásticos. Yo intento usar también nombres que ya existen en mi idioma, creo que funcionan muy bien.

  3. Excelente!!! Yo escribo acerca de los elementales y los nombro según su elemento y origen, o sea, agua, aire, fuego y tierra en distintos idiomas. Es harto trabajo pero es consistente y bonito. Siempre tengo nombres muy origínales ser impronunciables.

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