Long life and prosper, Juan Pablo Almagro

El puente de mando se inundaba de azul a medida que la nave se escoraba más y más hacia el planeta. Los dos maltrechos tripulantes, acostumbrados a la negrura del espacio, entrecerraron los ojos mientras observaban la ominosa superficie.

—Es la Tierra, Spock, hemos tenido suerte.  Análisis de daños.

—Capitán, los propulsores de popa no responden y tan solo nos queda uno de proa. El escudo está destrozado. En el casco se han abierto dos grietas del tamaño de una ballena. La gravedad del planeta nos está succionando sin remedio. Caemos.

—Hum… ¿Y qué propones?

—Tiene que abandonar la nave, Capitán. Todavía queda una cápsula de emergencia. Yo me encargaré de calcular los parámetros de lanzamiento para que la cápsula siga una órbita en torno al planeta hasta que lo rescaten. También me encargaré de que la nave caiga en el océano sin ocasionar daños a la población civil.

—Señor Spock, está loco si cree que voy a abandonar la Enterprise. Se estrellará conmigo dentro. Debes ir tú, amigo.

—Kirk, ¿no estarás pensando en maniobrar para salvar la nave con un solo motor de proa?

—No nos queda otro remedio.

—Las probabilidades de sobrevivir a la reentrada con el casco en este estado son de una entre cinco millones. Se freirá antes de enderezar el morro siquiera.

—Asumiré el riesgo.

—Y aún así, si sobrevive a la reentrada, no tendremos medios para aterrizar. Probablemente, nos haremos papilla contra el mar.

—Bien, veo que ya hablamos en plural, así que lo haremos juntos. Con el motor de proa quizá podamos frenar antes del choque. Quizá podamos enviar alguna señal de emergencia y frenen nuestra caída con un rayo tractor.

—Está loco, mi capitán. Eso es prácticamente imposible…

—Dudas de mi pericia a los mandos, como siempre. Sabes, que hemos salido airosos de situaciones infinitamente peores.

—Es que… Aún hay otro factor que no hemos evaluado.

—¿Cuál es, mi querido Spock?

—Antes de entrar en el agujero de gusano —dijo Spock, mirando a un punto indeterminado y con el rostro totalmente inexpresivo—, mientras la flota Klingon nos disparaba los torpedos, calculé mentalmente nuestra dirección de escape. El agujero de gusano no solo nos ha arrojado en las inmediaciones de la Tierra, sino que hemos viajado al pasado. Nos encontramos en el siglo XXI, en los albores del viaje interplanetario.

—Bien, no creo que podamos enviar mensajes de emergencia entonces, no servirán de nada. En cualquier caso, intentaremos no aterrizar sobre ninguna superficie habitada. Que no haya bajas civiles.

—Realmente, ese no es el problema, capitán. Si la nave Enterprise es detectada, si queda algún circuito u ordenador salvable de entre los cascotes, la civilización terrestre podrá analizarlo y dará un salto tecnológico imprevisto, probablemente cambiará por completo el futuro.

—Hum… Eso es grave. Quizá nunca lleguemos a conocernos, Spock —Se quedó pensativo, como evaluando las consecuencias de tan terrible desencuentro. De pronto, se le iluminó el rostro—. Espera un momento… ¿En qué año exacto estamos?

estamos viendo la línea del terminator sobre Japón. Así que, según mis cálculos, hoy es 27 de Febrero de 2015.

—¡Fantástico! Bien, veo que no conoces al detalle la historia de la Humanidad.

—Como comprenderá, mi capitán, hay datos que escapan a mi conocimiento.

—Pues hoy en la Tierra es un gran día, Spock. Es el día en que los humanos mirarán al cielo con otros ojos. Es el día en que saldrán de su aburrimiento endémico y de su soledad absoluta. Mañana dejarán de pelearse en guerras inútiles, dejarán de estar angustiados y de tener miedo por todo lo que les rodea. Porque la Tierra dejará de ser una olla a presión que les comprime y les condena a la asfixia. Y comenzará a gestarse una ilusión en sus corazones. La ilusión de ver otros mundos bañados por otros soles más luminosos, de surcar nebulosas y bordear agujeros negros. Hoy es 27 de febrero de 2015, el día en que los humanos descubren el motor de curvatura.

—Pero ¿no fue el científico Zefran Cochrane quién desarrolló el motor de curvatura a partir de la trayectoria que había seguido un meteorito al impactar contra la Tierra?

—Eso es lo que él dice. Entonces, ¿qué me dices Spock? ¡Vayamos a estrellar la nave lo más elegantemente posible! Vamos a tener audiencia.

—Está claro que no hay ecuación posible para la osadía humana. Agárrese, capitán Kirk, esto se va a mover. Le deseo larga vida y prosperidad.

—Yo también, comandante Spock… Yo también.

Juan Pablo Almagro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *