Durante este verano ya pasado he podido sacar tiempo, por fin, para ponerme al día con uno de los clásicos de terror fantástico moderno con el que tenía una deuda pendiente: «It», de Stephen King. Lo adquirí hace mucho tiempo en una de esas ofertas que a veces encuentras en las librerías digitales, pero hasta que no vi la nueva versión cinematográfica no me entraron verdaderas ganas de acercarme al libro. Ahora me arrepiento de no haberlo leído antes.

Reconozco que el género de terror fantástico es el que menos me llama la atención dentro de la literatura fantástica y la ciencia ficción. Y lo es únicamente por prejuicios míos, que gracias a los dioses de felpa me voy quitando poco a poco con las lecturas. A pesar de que la traducción que cayó en mis manos de la novela de Stephen King no es de las mejores, desde el comienzo del libro ya tenía claro que me encontraba ante una obra maestra, así, en general, no solo de la literatura de terror. De hecho, dueño de mis prejuicios como soy, estoy seguro de que este libro tendría aún mucho más reconocimiento si se eliminase la parte de terror sobrenatural. Aunque por supuesto es una parte importante del libro.

¿Por qué afirmo eso? Pues porque, como la buena fantasía, la aparición de Eso en el libro no es más que una excusa o una metáfora para hablarnos de otra cosa más profunda. «It» es un libro que trata sobre la maldad humana, sobre los comportamientos sociales más oscuros y, por encima de todo, sobre lo acostumbrados que estamos a convivir con la violencia y con la oscuridad humana, como algo inherente a nosotros. También habla de la pureza de la inocencia infantil, del maltrato, de la discriminación, el racismo, la homofobia, el bullyng, los abusos sexuales; cualquier tipo de violencia ejercida por el ser humano se encuentra recogida en el libro.

Además, King, con una intención clara, sitúa la acción en un pequeño pueblo de Estados Unidos, dándole a esa maldad, un sentido inherente a la sociedad estadounidense. Nunca me había encontrado con una novela que plasmase de una manera tan directa y tan clara la idiosincrasia de los Estados Unidos. Además de una forma sutil y nada pretenciosa. El autor no pretende dar moralinas sobre el comportamiento humano, nos muestra las acciones y nosotros sacamos nuestras propias conclusiones, como debe ser.

Durante toda la lectura me sorprendía ver que los niños protagonistas (y más tarde los mismos personajes de adultos) tenían más miedo de las personas que del payaso Pennywise. Los matones que los persiguen, los padres sobreprotectores, ausentes o directamente maltratadores son mucho más aterradores que cualquier forma que pueda adoptar el payaso. Y lo son no solo para ellos, sino también para el lector. Ese mal existe. En el libro se justifica su existencia con la entidad sobrenatural que impregna Derry desde las alcantarillas (no es casual tampoco que el payaso habite en el sistema circulatorio de la ciudad), pero todos los casos que aparecen en el libro podían ser perfectamente reales y pertenecen al acervo cultural que todos hemos adquirido viendo las noticias.

También es de destacar la intención innovadora del autor al ir alternando tiempos (jugando muy bien con las anticipaciones) y al introducir maneras atípicas de narrar, mezclando narradores y probando distintos puntos de vista.

Por supuesto el libro tiene sus cosas malas. Por ejemplo: Considero que la misma historia se podría haber contado con bastantes páginas menos. Los ejemplos de maldad del pueblo y las historias laterales de los personajes secundarios se alargan de manera innecesaria y nos apartan sin justificación de las peripecias de los siete protagonistas. Tanta longitud en tan poco tiempo (fue escrita en pocos meses durante la adicción del escritor a la cocaína) hacen que el final sea lo más flojo del libro, quizás no respondiendo a las expectativas generadas a lo largo de tantas páginas.

También hay que reconocer que en algunos aspectos se ha quedado un poco anticuada (objeción que salva magistralmente la nueva versión cinematográfica). Los monstruos en los que se transforma Eso durante su persecución a los niños no nos provocan el terror que podían provocar durante los años ochenta y algunos trucos del terror ya se han quedado muy atrás. A pesar de que se nota la intención modernizadora en algunos aspectos (feminismo e inclusión de personajes homosexuales, por ejemplo), se nota que en esos puntos la literatura de género está avanzando mucho desde los años ochenta.

Por último, también encuentro un poco desfasada la teoría de Eso y la Tortuga que da explicación a la creación del universo y la aparición de Eso. Me parece rebuscada y demasiado cercana al terror cósmico de Lovecraft y sus antecesores y seguidores. Es innegable que estoy juzgando la novela desde el punto de vista actual y que, además, estoy obviando que esta teoría después le servirá al autor para desarrollar un universo literario común a toda su obra, soy consciente, pero no por ello deja de ser algo que considero que me saca de la historia a día de hoy aunque en su momento funcionara.

Ninguna de estas pegas hace que deje de recomendar el libro a cualquiera que quiera explorar la sociedad humana en sus formas más oscuras. Eso sí, debe ser alguien que tenga las ganas y el tiempo de adentrarse en esta historia durante las mil páginas que dura, lo cual no es sencillo. Creo que es un libro que todos deberían leer algún día, no solo los amantes del terror. No me cabe ninguna duda de que si King hubiera decidido prescindir del payaso, estaríamos hablando de uno de los grandes clásicos de la literatura norteamericana del siglo XX. Por muchos libros presuntamente malos que haya podido escribir el autor después, es innegable su pericia como escritor y como generador de historias. En este caso, además de esa habilidad de oficio, se junta un interés estético innegable y que funciona perfectamente.

Este tipo de novelas son las que hay que plantar delante de la gente que desprecia la literatura de género por superficial o frívola. «It» es aterradora porque Eso es real, porque habla de nosotros como sociedad y como individuos, como debe hacer la buena literatura.