Llega enero y con él llegan las promesas que nos hacemos a nosotros mismos para tratar de mejorar un poco con respecto al año anterior. Entre los propósitos más famosos destacan el de hacer más deporte, perder peso o dejar de fumar, viajar más o incluso ahorrar algo de dinero.

Entre los escritores también encontramos estos propósitos y buenas intenciones que muchas veces se acaban desinflando a lo largo del año y hacen que terminemos diciembre exactamente igual que habíamos empezado enero. Los escritores suelen prometerse principalmente dos cosas: escribir más y leer más. En esas intenciones voy a centrarme durante este artículo. Y son dos propósitos maravillosos que siempre van a servir para nuestra evolución como escritores y nos van a venir genial, pero muchas veces hay que tener cuidado con ellos, puesto que pueden esconder algo de veneno entre tanta buena intención.

Que nadie me malinterprete, yo, como buena persona organizada que soy, creo en la planificación y la búsqueda de objetivos por encima de todas las cosas (sí, incluso por encima de los dioses de felpa), pero no sirve con simplemente buscar una intención y tratar de seguirla. Si nos proponemos sin más escribir más o aumentar el número de lecturas, así en abstracto, pueden suceder dos cosas: que lo logremos, pero no seamos consciente de ello puesto que no llevamos un registro, o que no lo logremos y nos frustremos.

La frustración es uno de los principales demonios de los escritores y puede aparecer cuando menos lo esperamos. Puede darse si no conseguimos publicar un texto que tenemos escrito y que creemos que merece la pena, si no conseguimos alcanzar nuestros objetivos como escritores, si no conseguimos ponerle un punto y final a nuestro proyecto, si no somos capaces de abandonar una lectura que se nos está haciendo cuesta arriba, etc. Y que un escritor se frustre es muy peligroso, puesto que puede hacer que se bloquee y que no consiga escribir absolutamente nada (creedme, conozco algún caso).

¿Cómo evitamos esa frustración y, a la vez, facilitamos la obtención de nuestros maravillosos propósitos de año nuevo? Con la planificación. La respuesta fácil sería decir que lo conseguimos rebajando nuestras expectativas y escribiendo y leyendo solo por el placer de hacerlo, pero vamos a presuponer que estamos intentando tomarnos la escritura de una forma algo más profesional y, por lo tanto, que nos interesa seguir mejorando y alcanzar determinados objetivos.

La planificación es fundamental para evitar frustraciones como la de poner punto y final a un proyecto. Conozco mucha gente (yo mismo en el pasado) que comienza proyectos sin ningún tipo de planificación, sin saber a dónde va a llevar la escritura. En mi caso, la mayoría de esos proyectos (salvo uno), duermen para siempre en un cajón sin terminar. Como profesor he visto proyectos que se han convertido en monstruos con ramificaciones interminables que hacen que el escritor, después de varios años con el mismo proyecto, se frustre y acabe abandonando. Eso no sucede con una buena planificación, pues de antemano podremos podar aquello que no nos interesa ya que sabemos dónde queremos llegar y, por lo tanto, podremos calcular de una forma más o menos adecuada, el tiempo y la energía que necesitaremos para ello.

Pues lo mismo sucede con los dos propósitos que hemos comentado anteriormente. No basta con decir que queremos escribir más. Necesitamos saber cuánto escribimos ya hoy en día. ¿Contamos como escritura la redacción de informes o de artículos de blog siempre que estén relacionados con la escritura?, ¿o solo contamos las horas dedicadas a proyectos literarios concretos? Mi sugerencia es hacer una contabilidad semanal. ¿Cuántas horas a la semana has dedicado este año a la escritura? Una vez las tengas, pregúntate por qué han sido esas horas y no más. Las razones tienen mucha importancia porque a ellas son a las que hay que atacar si queremos aumentar las horas en este nuevo año. ¿Hemos perdido mucho el tiempo?, ¿demasiados maratones de series?, ¿algún videojuego adictivo?, ¿obligaciones en casa o en el trabajo?… Una vez detectadas las razones habrá que sentarse y reflexionar sobre ellas. ¿Puedo arañarle tiempo a alguna otra actividad para aumentar mi tiempo de escritura? Y aquí os recomiendo ser todo lo realistas que podáis, tirando siempre por lo bajo. Tened en cuenta, siempre, el tiempo que tardáis en cambiar de actividad y lo que os cuesta entrar en la escritura. No sirve de nada arañar media hora a la semana si tardamos veinte minutos en ponernos a escribir. Esos diez minutos más a la semana no van a hacer la diferencia y puede que os generen más frustración que beneficio. Es posible que este año haya visto cincuenta series y que el año que viene quiera ver 40, pero es probable también que no puedas dejar de ir a recoger a los niños al colegio ni dejar de hacer la comida. Puedes dormir una hora menos los domingos, o sacrificar una siesta, pero no puedes saltarte una reunión con tu jefe. Sé sincero contigo mismo y de ese modo evitarás la frustración. Recuerda, además, que el tiempo de ocio es fundamental para relajar el cerebro. No es necesario escribir tres horas al día para tomarse en serio la escritura. También tienes que tener en cuenta si escribes mejor en muchas sesiones cortas o en un maratón los sábados. Mucho antes de hacer este propósito de año nuevo debes comprobar si es posible.

Y lo mismo con la lectura. En este caso es más fácil sacar ratos ya que una pequeña sesión de veinte minutos más a la semana ya marca una diferencia. Además es más sencillo cambiar un tipo de ocio por otro, mientras que en la escritura necesitas de un esfuerzo y concentración mayor (dentro de que la lectura probablemente sea una de las formas de ocio que más atención necesite, junto a los videojuegos). Yo, por ejemplo, he reducido el tiempo de visionado de series a las horas de la comida. Se me hace muy incómodo comer mientras leo, mientras que sí que funciona ver un capítulo de una serie. El resto de mi tiempo de ocio lo distribuyo en función de si ese día he conseguido leer algo o no. También me llevo el libro al gimnasio para aprovechar el tiempo de bici. Pero con la lectura debes hacer lo mismo que con la escritura y calcular cuánto has leído en el año que dejas atrás. Y después averiguar las razones y ver si puedes aumentarlo o no.

Si sigues estos consejos alejarás la frustración y, además, conseguirás unos objetivos realistas. Piensa que, si te has planteado unos objetivos bajos y los superas con facilidad, siempre puedes aumentarlos. Pero cumplir con los objetivos te dará una satisfacción que hará más sencillo que alcances otros en el futuro.

¿Qué te parece?, ¿te has planteado propósitos este nuevo año?, ¿los has planificado?