Me encuentro leyendo «Mientras escribo» de Stephen King y, a pesar de que no comulgo cien por cien con todo lo que cuenta en el libro (sobre todo con esa aversión que tiene hacia el argumento y su planificación, no planificación que, por otro lado, no me termino de creer), creo que tiene consejos muy interesantes que pueden servir para aquellos escritores en ciernes o los que aún no han encontrado una rutina de escritura que les funcione. Otro día hablaré de las cosas en las que no estoy de acuerdo con el escritor y las consecuencias que pueden acarrear para lectores incautos.

Hoy, por el contrario, os voy a hablar de algo que sí que considero acertado en el libro y un comentario que yo mismo he comprobado en mis propias carnes y sobre el que prevengo a mis alumnos constantemente: las obsesiones temáticas de los escritores.

Dice Stephen King en «Mientras escribo» (edición de Debols!llo, 2018, traducción de Jofre Homedes Beutnagel):

«Dudo que haya novelistas con muchas inquietudes temáticas, aunque hayan escrito más de cuarenta libros. Yo tengo muchos intereses en la vida, pero pocos lo bastante profundos para alimentar una novela. Entre esos intereses (que no me atrevo a llamar obsesiones) se halla la dificultad (¡o imposibilidad!) de cerrar la tecnocaja de Pandora después de abierta («Apocalipsis», «Tommyknockers», «Ojos de fuego»), la cuestión de por qué, si hay Dios, ocurren cosas tan horribles («Apocalipsis», «Desesperación», «La milla verde»), la fina divisoria entre realidad y fantasía («La mitad oscura», «Un saco de huesos», «La invocación»), y sobre todo el atractivo irresistible que puede tener la violencia para gente básicamente bondadosa («El resplandor», «La mitad oscura»). También he escrito hasta la saciedad sobre las diferencias fundamentales entre niños y adultos, y sobre el poder curativo de la imaginación humana.»

Según estas palabras, Stephen King piensa algo parecido a lo que cualquier escritor puede concluir cuando ya lleva unos cuantos años dándole al teclado: los temas, las cosas de las que hablamos cuando escribimos narrativas, siempre son las mismas. Hay un par o tres de temas que siempre rondan la cabeza del escritor y que se plasmarán de una forma o de otra en todas sus historias. Stephen King escribió este libro en el 2000, cuando ya llevaba más de una veintena de libros escritos, y logró identificar seis temas diferentes. Muchos de ellos, como los de la imaginación y la infancia (que aparecen desarrollado, como ya analizamos aquí, en «It») suelen ir unidos de la mano.

Yo me asusté mucho cuando me di cuenta de que casi todo lo que yo escribía giraba en torno a la percepción de la realidad y, sobre todo, a la identidad: a la diferencia entre la percepción que tengo de mí mismo y la que tienen los demás de mi persona, a la imposibilidad de llegar a conocer del todo a otra persona, a la imposibilidad de saber quién soy en realidad, etc. Me asusté y pensé que estaba tratando de engañar a la gente, de contarles siempre la misma historia. Después, cuando vi que efectivamente la mayoría de los autores repiten sus temas, entendí que era algo normal y que lo importante no es ser innovador con el tema (cosa que es prácticamente imposible desde la Grecia Clásica), sino ser capaz de darle un punto de vista personal a ese tema y añadirle una historia atractiva.

Eso es lo que dice Stephen King y es lo que ha hecho a lo largo de toda su carrera. Él reconoce saber cuáles son los temas que le obsesionan (pese a que se niegue a llamarlos obsesiones) y dice, algo más adelante, que no suele ser consciente de sobre qué está escribiendo hasta que la obra se encuentra con su primer borrador terminado. Ahí no estoy del todo de acuerdo con él. Creo que es importante ir reflexionando sobre la obra a medida que se va escribiendo y ser capaz de reorientar el tema si descubrimos que la obra no está hablando de lo que pensábamos que iba a hablar en un principio. No digo forzarla para que hable de lo que queremos, cosa que, quizás, aunque no siempre, podría matar la espontaneidad de la escritura. No. Hablo de ser consciente, de darse cuenta de lo que está pasando con la obra y decidir qué hacer. Stephen King aquí habla un poco de encontrar, yo hablo de explorar.

Sea como fuere, es importante para un escritor aprender a analizarse y a analizar lo que ha escrito desde un punto de vista objetivo y saber cuáles son sus temas principales. Puedes tener dos o tener diez, pero dudo mucho que un escritor sincero pueda tener más de esos. De hecho, diez temas me parecen demasiados.

¿Por qué es importante que un lector sepa cuáles son esos temas? Para poder manejarlos. Para ser consciente y para potenciarlo o cambiarlo según queramos o no que nuestros textos hablen de eso. Por ejemplo: yo me di cuenta de que en general tiendo a elegir dualidades de protagonistas que demuestran esa imposibilidad de conocerse mutuamente y la angustia que eso puede generar. En general siempre son hermanos (gemelos incluso), o mejores amigos, o padre e hijo. Es decir, relaciones de mucha cercanía. Ser consciente de eso hace que pueda controlar a mis personajes y decidir cambiarlos para no hablar siempre de lo mismo. O para que, al menos, los hermanos no sean siempre iguales. No creo que haya nada peor que repetirse sin ser consciente de que lo estás haciendo, creyendo que estás descubriendo la pólvora. Me gusta ser consciente de mis obsesiones porque así puedo explorarlas desde otros puntos de vista, analizarlas completamente y en cada historia ver un ámbito diferente que hasta ahora no había trabajado. ¿Te obsesiona la identidad?, bien, conviértete en un experto en ella, zambúllete.

Creo que un paso importante en la madurez de todo escritor pasa siempre por tener la sangre fría de conocer cuáles son sus temas fetiche. Pero, claro, la mayoría de las veces, para eso necesitas una cantidad de textos escritos que sea significativa, es decir, que no es algo que deba preocuparte cuando estás comenzando a escribir, de ahí que hable de un signo de madurez escritora.

¿Y vosotros?, ¿sois conscientes de esos temas fetiche o de esas obsesiones?, ¿las potenciáis o las intentáis evitar?