Esta semana me gustaría hablaros sobre un asunto que suscitó debate el otro día en una charla que mantuve con un grupo de colegas escritores. Uno de mis amigos preguntó, inocente él, si creíamos que era mejor escribir con música o sin ella y en caso afirmativo, qué música empleábamos o pensábamos que debía emplearse.

Yo tengo una posición muy clara al respecto, puesto que siempre he escrito y he leído con música, pero me sorprendió observar lo horroroso que le parecía aquello a algunos de mis compañeros. No os voy a relatar, por vuestra salud mental (y la mía), toda la discusión, pero baste decir que más tarde, ya de vuelta a mi casa, me dio por reflexionar un poco sobre ambas posiciones y encontré que las dos tienen sus ventajas y desventajas y que, como casi todo en la escritura, quizás una posición intermedia podría ser recomendable.

Antes de comenzar con el tema en cuestión os voy a decir que también hablamos sobre si era recomendable leer o no con música, por lo que algunas de las cosas que iremos viendo veréis que pueden aplicarse tanto para la escritura como para la lectura.

Según mi experiencia como escritor de novela, tener una selección de música concreta a la hora de escribir puede ayudarnos mucho. Por ejemplo: Yo siempre me creo una lista de canciones justo al comienzo de la novela. Canciones que me evoquen aquello que quiero escribir. Es cierto que en una novela no todas las escenas van a ser iguales, pero también es cierto que el tono del narrador debe ser coherente en lo máximo posible estemos escribiendo la escena que estemos escribiendo, por lo que tener música similar durante todo el proceso de escritura nos hará mantener esa unidad y esa coherencia narradora de una manera más sencilla. Otra ventaja de escribir con música es que si tienes poco tiempo para escribir, el ponerte una lista de canciones que ya asocies a tu proyecto hará que entres en seguida en la historia y que te concentres al escribir. Sé que suena un poco al condicionamiento de la campana con el perro de Pavlov, pero a mí me funciona, aunque sea por sugestión. Suelo utilizar bandas sonoras para escribir y alguna vez me ha pasado que viendo la película a la que pertenece la canción me vienen muchísimos más detalles de mi propia historia que de la cinta que estoy viendo.

En cuanto a la lectura, creo que es recomendable si las canciones elegidas no tienen mucha letra y si la música sirve para evadirnos de otras distracciones como pueden ser charlas de otros pasajeros en el transporte público o ruidos en casa.

Sin embargo, soy consciente de que muchas veces la música que estamos escuchando no se corresponde con el ritmo que le queremos dar a ese fragmento concreto de la historia, lo cual nos perjudicará a la hora de escribir. El ritmo de la música se mete inconscientemente en nosotros y acabamos contagiados de él aunque no queramos. De hecho yo empecé a usar la música para escribir cuando detecté problemas de ritmo en mis historias. El problema de esto es que por cada escena o secuencia debes buscar una música concreta, por lo que el incordió y el despiste producido pueden ser más contraproducentes que otra cosa. Además, si estamos escribiendo relato, el usar siempre una lista de reproducción concreta puede hacer que sin quererlo le estemos dando a todos los relatos un tono demasiado similar o incluso un ritmo parecido, lo cual, si no es intencionado, no es nada recomendable.

Del mismo modo, leer con música puede provocar que no apreciemos adecuadamente el ritmo y la cadencia que el autor del texto le haya querido dar a sus palabras, produciendo así un disfrute mucho menor de la obra del que podríamos haber tenido. La música, al igual que el ruido, puede distraernos y provocar que no estemos percibiendo matices o incluso el propio argumento. Reconozco que alguna vez, mientras sonaba alguna canción que me gustaba mucho, me he descubierto teniendo que releer varias veces la misma línea o incluso la misma página.

Todos estos problemas que acarrea el escribir y leer con música se solucionan con el silencio. Es cierto. Tanto en la lectura como en la escritura podremos disfrutar a nuestro propio ritmo y sentir la cadencia que el autor haya querido darle a la obra, en el caso de la lectura, o poder manejar el ritmo a nuestro antojo, si estamos escribiendo. Del mismo modo que la música similar puede ayudarnos a concentrarnos y a sumergirnos antes en la obra que estamos escribiendo, también puede hacerlo el silencio, pues habremos acostumbrado al cerebro a concentrarse en ese tipo de ambientes.

¿Cuál es el problema? Para mí, que provengo de una familia numerosa, el problema principal es que tengo muy demostrado que el silencio no existe. O si existe, en una casa con más de dos personas, dura apenas unos minutos. El permanecer en silencio sin música hace que cualquier distracción sea más notable. En el silencio se escuchan más los ruidos de los vecinos, las conversaciones, etc. Y no solo se escuchan más, sino que como el contraste con el silencio es mayor, cuesta más no desconcentrarse y prestarles atención. La música amortigua ese efecto y hace que, aunque seamos conscientes de que ha aparecido un ruido/distracción nuevo, podamos ignorarlo y seguir con la tarea que teníamos entre manos.

Como podéis ver, ambas opciones tienen sus pros y sus contras. La solución está en encontrar el equilibrio que le funcione a cada uno, ya que no es lo mismo escribir relato en una casa silenciosa o en una biblioteca que tratar de escribir una novela en una casa abarrotada de gente. A mí, que soy sugestionable a más no poder y que me distraigo con el sonido de una mosca, me viene muy bien tener una lista de reproducción con canciones que ya conozca, sin letra, a las que pueda no prestar atención mientras escribo, pero que me amortigüen de otros ruidos indeseables.

¿Y vosotros?, ¿escribís/leéis con música o sin ella?