Cada vez me gusta más planificar mis novelas. Antes solía decir que era más escritor de brújula que de mapa, pero con la experiencia he descubierto que lo que me pasaba era que era muy vago. Y es verdad, hay que reconocerlo. Cuando a uno se le ocurre una idea solo quiere sentarse a escribir y dejar que los personajes actúen y se desarrollen delante de sus ojos. Pero esa magia, si se planifica, es mucho más potente, mucho más visual.

La novela con la que estoy ahora es bastante compleja (maldito Alejandro del pasado) y es la novela que más he planificado de todas las que he escrito hasta ahora. He de decir, para que se entienda lo que quiero contar después, que tampoco soy un planificador extremo y que, por ejemplo, no suelo hacer escaletas. Cuando las hago son mínimas y muy superficiales. Tampoco me gusta hacer muchas fichas de personajes o hacerlas demasiado profundas. Lo que sí que planifico es lo que quiero contar en cada capítulo y el arco del personaje. Planifico el tema (cada vez más importante para mí porque es la brújula que me ayudará a dirigir la acción) y el final de la novela. Como ya sabéis los que me leéis a menudo, también me gusta mucho pensar en el deseo consciente e inconsciente de los protagonistas.

En esa planificación suelo hacer hincapié en varios conceptos. De alguno de ellos os he hablado, y os hablaré, en el blog: El desencadenante, el planteamiento, el primer punto de giro principal, el desarrollo, el segundo punto de giro principal, y el desenlace. Es cierto que no todas las novelas tienen que tener esta estructura, pero precisamente planificar con esta estructura te hará darte cuenta de si la novela necesita esa estructura o no. El ochenta por ciento de las novelas suelen tener esta estructura, por lo que lo más probable es que esta clasificación te sea muy útil.

Hoy, en concreto, quiero hablaros del paso del planteamiento al desarrollo, ese momento que incluye el primer punto de giro principal y que es muy, muy, importante para el escritor de una novela. ¿Por qué? Pues porque es el punto en el que ya tenemos novela. Ya está todo presentado, personajes, mundo, conflicto, y es el momento de que las piezas empiecen a jugar. Como si estuviéramos preparando un juego de mesa y, por fin, hubiera llegado el momento de jugar. Ese primer momento de abrir la caja y colocar las piezas puede ser el que más pereza dé, pero una vez está todo montado, ¿quién dice que no a una partida? ¿Después de este esfuerzo vas a abandonar?

Esta reflexión se me ha ocurrido porque es el punto en el que me encuentro con mi novela (probablemente esta tarde acabe el planteamiento) y porque Chiki Fabregat (todos a comprar sus libros porque es maravillosa), a la que estoy ayudando con su novela (aunque no creo que me necesite para nada), también se encuentra en el mismo punto. El otro día llegó a clase contenta y nos dijo que estaba feliz porque sentía que ya tenía novela, que lo de antes era un proyecto, pero que ahora ya tenía novela. Ella no dijo nada del planteamiento y el desarrollo, eso lo puse yo cuando leyó lo que había traído, pero en cuanto escuché sus palabras me sentí identificado y al comprobar que estábamos en el mismo punto creativo, entendí por qué. Estas son las cosas buenas de compartir lo que escribes con otros escritores, ese no sentirse solo y entender más sobre tu propio proceso.

Antes de encontrarme en este punto yo era algo escéptico sobre mi propia novela. Ya había tenido que cambiar varias veces la planificación y había llegado, incluso, a cargarme a varios protagonistas para simplificar la historia. Pero algo seguía sin encajar. Tenía claro lo que quería que pasara en el comienzo, en el medio y en el final, pero me faltaba algo, esa bisagra que lo une. Y en cuanto encontré lo que fallaba, ese primer punto de giro, sentí que todo encajaba. Tuve que hacer algo de reorganización (fue eso a lo que me dediqué durante toda la sesión de escritura de ayer), pero ya tenía la novela. Ahora tenía novela. Ya llevo más de 30.000 palabras escritas de esta historia, pero hasta que no he pasado el planteamiento, no he sentido que tuviera novela. Lo de antes eran pruebas, de voces, de personajes, de argumentos, etc. Ahora ya he encontrado el carril correcto, ya tengo novela. Antes era un quizás pueda ser y ahora es un será si lo quiero.

Por ponerme un poco técnico, os diré que ese primer punto de giro tiene que cumplir algunas funciones importantes que, de faltar, pueden arruinar una novela. Normalmente, en un primer punto de giro principal (lo llamo así porque dentro del desarrollo puede haber otros menos importantes, pero potentes) el protagonista asume el conflicto y decide lo que va a hacer. Las cosas a partir de ese punto ya no le deben venir dadas, sino que será él quien actúe para alcanzar su deseo. Ese primer punto de giro cierra las presentaciones (ya deberíamos conocer a todos los personajes importantes) y el lector ya sabe de qué va a ir la historia. El primer punto de giro principal puede ser un hecho (normalmente es una decisión o una acción tomada por el protagonista), pero también puede ser un capítulo completo (o más aunque es raro). Dependiendo del tipo de novela que hablemos, sobre todo de su longitud, el primer punto de giro puede encontrarse muy temprano o muy avanzada la historia. Por ejemplo, en «El señor de los anillos», el primer punto de giro se produce en el concilio de Elrond, cuando Frodo asume su papel de portador del anillo. Es muy avanzado ya «La Comunidad del anillo», pero hay que tener en cuenta que Tolkien concibió los tres libros como uno solo.

Esto es la teoría, pero en la práctica el primer punto de giro se parece más a esa sensación de empezar a jugar con las fichas en el tablero. Se decide quién comienza y se realiza el primer movimiento. Esa sería la sensación. Es importante llegar a ese punto para saber si una novela funciona o no, porque muchas veces las sensaciones que tenemos, aunque hayamos planificado, no van a solidificarse hasta que veamos la historia encarrilada. Y, cuando encontréis esa sensación, os aconsejo memorizarla y recordarla porque os hará falta durante la montaña que es el desarrollo de la novela. Pero en esa jungla me meteré en otro artículo.

¿Estáis de acuerdo conmigo?, ¿habéis sentido esa sensación de asunción de la novela al llegar al desarrollo?