Durante los años que llevo siendo profesor de talleres de escritura creativa me he encontrado siempre con alumnos a los que les costaba mucho diferenciar entre autor y narrador. Estos dos conceptos deben estar siempre separados y, de no ser así, pueden llegar a producir problemas de evolución y aprendizaje en el escritor.

El autor es la persona real que escribe la historia. Es el creador, existe y tiene un número concreto en el carnet de identidad. Sin embargo no sucede lo mismo con el narrador. El narrador nunca existe. Nunca. Ni siquiera cuando estamos escribiendo una biografía o una autobiografía en primera persona. Siempre que escribamos un texto narrativo, estamos ficcionando. Aunque hablemos de la realidad.

Si yo, Alejandro Marcos, escribiera un relato sobre lo que me sucedió ayer en el autobús camino del trabajo, ese Alejandro Marcos que en el papel sería narrador y se subiría al autobús, no existiría. Sería un trasunto de mí mismo, todo lo parecido a mí que yo quisiera, pero no sería yo mismo.

¿Qué importancia tiene esta separación para un escritor? Mucha. Diferenciar entre autor y narrador nos permitirá realizar los cambios necesarios para que la historia mejore y sea todo lo eficaz posible con los objetivos que nos hemos planteado, por ejemplo. Me he encontrado alumnos que se aferraban a la idea de que: «eso sucedió así» o que «yo nunca haría una cosa así». Y es totalmente cierto, pero la ficción no es la realidad. Si mi narrador necesita bajarse del autobús dos paradas antes porque no soporta a un viajero a pesar de que yo en la vida real no lo hiciera, debe bajarse.

Del mismo modo, si no hacemos esta diferenciación entre autor y narrador, corremos el riesgo de tomarnos las críticas como un ataque personal. Si alguien dice que el narrador no funciona, puedes pensar que se está hablando de ti en lugar de un ente ficticio y totalmente inexistente. Poner distancia entre tú y tus textos te ayudará a tratarlos con objetividad y con la frialdad necesaria para poder eliminar partes superfluas o detectar cambios.

He tenido alumnos que han sido incapaces de hacer esa separación no solo con un narrador en primera persona, sino con cualquier texto en general. La literatura, como cualquier otro arte, nace y se nutre de la individualidad y la creatividad de una persona. Tiene muchas conexiones con nuestros sentimientos y nuestros estados de ánimo y, por lo tanto, siempre será algo subjetivo y muy cercano a nosotros, sus creadores. Es normal que en cualquier novela o relato haya partes de la vida del autor o personajes que reflejen rasgos de su personalidad, pues los escritores nos nutrimos de nuestras ideas y de nuestros recuerdos. Esto provoca que el escritor novel escuche: «eres un pedante» cuando se le diga que la idea o el narrador son un poco pedantes. Lo mismo pasa con las explicaciones, las exageraciones, los diálogos forzados, etc.

Es normal que al principio, a pesar de ser conscientes de que narrador y autor no son lo mismo, nos cueste no sentirnos dolidos cuando recibimos críticas. Hacer que inconscientemente también conozcamos esa separación lleva trabajo, pero facilita mucho el aprendizaje. La respuesta más fácil es pensar que la gente, el profesor o los lectores beta, no nos entiende. Puedes pensarlo. También he tenido alumnos que simplemente venían a las clases buscando el halago y que huían espantados cuando, además del halago, se encontraban con consejos para mejorar. Cada uno es libre de pensar y de evolucionar como escritor a su manera, pero si consigues hacer filtro a las críticas, cerrar la puerta a las emociones a la hora de corregir, vas a conseguir que tu calidad literaria aumente exponencialmente.

Con todo esto no estoy diciendo que haya que desconectarnos de nuestros sentimientos o que no debamos poner parte de nosotros mismos en los textos que escribamos. No. Nunca diré algo parecido. Al revés. Lo ideal es que seamos capaces de dejar que el texto ahonde todo lo necesario en nosotros mismos como para que haya verdad en él (creedme que se nota cuando un escritor ha realizado un texto desde fuera), pero después debemos ser lo bastante fríos como para ver el texto con objetividad, como algo totalmente ajeno a nosotros.

Esa es la principal razón de que muchas veces se recomiende dejar un tiempo desde la escritura a la revisión, para poder mirar con ojos externos un texto en el que estamos demasiado implicados (como los policías que no pueden investigar casos en los que hay familiares o amigos envueltos). Del mismo modo que también se recomienda separarse de determinadas situaciones para poder escribir sobre ellas y convertirlas en narrativa. Cuidado aquí, que no estamos diciendo que no se pueda escribir a modo de desahogo de lo que nos está sucediendo sin tomar distancia, estamos diciendo que va a resultar complicado que podamos revisar esas notas y trabajar con ellas con objetividad para convertirlas en literatura.

De todos modos, hay gente que prefiere aprovechar ese momento de intensidad emocional (un divorcio, la muerte de un ser querido, un abandono, un aborto, una enfermedad, un matrimonio, un viaje, etc.) para escribir e impregnar los textos con la emoción del momento. Es una posibilidad, pero yo creo que es algo que se reserva a escritores un poco experimentados, que posean la habilidad suficiente para separar la emoción del personaje o del narrador, aunque sea igual que la suya, de la propia.

Para terminar, también es importante que si escribimos sobre cualquier hecho o acontecimiento real, tengamos la suficiente objetividad como para modificarlo (modificar hechos, lugares o personajes (las personas que participaron se convierten automáticamente en personajes)) tanto como sea necesario para hacerlo narrativo. De otro modo, no pasará de ser una simple anécdota. Que una cosa ocurriera así, no significa que sea coherente o verosímil en literatura. Recordad que la realidad siempre supera a la ficción y, como yo siempre digo: que la realidad no os estropee un buen texto.

¿Qué os ha parecido el artículo?, ¿os ha resultado interesante?, ¿os cuesta separaros de vuestros textos cuando los revisáis?, ¿soléis escribir sobre vuestra propia vida? Dejadnos vuestras respuestas, como siempre, en los comentarios.