En nuestro recorrido a través de los distintos narradores, esta semana nos gustaría acercarnos al narrador en primera persona. Recordemos que ya hemos visto el omnisciente y el equisciente. Aún nos quedan un par de ellos que ver, pero no podía centrarme en ellos dejando de lado uno tan importante como es el narrador en primera persona.

Este narrador, para diferenciarlo de los narradores en tercera persona, también se conoce como narrador interno. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que, al contrario que los narradores en tercera persona, los narradores en primera persona siempre van a estar dentro de la historia, van a participar de ella de alguna manera, no la van a contemplar desde fuera, sin intervenir, sino que van a estar internos en ella.

Un narrador en primera persona es aquel narrador en el que la voz que escuchamos al leer la historia pertenece a alguno de los personajes que actúan en la narración. Dependiendo del tipo de personaje que tome la voz, nos encontraremos dentro de un tipo de narrador en primera determinado.

Las principales ventajas que tiene este narrador frente al narrador en tercera es que es mucho más cercano para el lector. El narrador en primera nos cuenta la historia de un modo similar al modo en el que lo haría un amigo contando una anécdota.

Y aquí encontramos otra de sus ventajas. La cercanía con el lector hace que la verosimilitud aumente y, por lo tanto, que el lector esté más predispuesto a entrar en la narración y creer y confiar en la historia. En la propia vida real es más probable que nos creamos algo contado por una persona que conocemos que escuchado de oídas.

Habrá veces en que precisamente la primera persona hará que desconfiemos de lo que nos está contando porque sospechemos que el narrador está mintiendo o que está equivocado. Al ser un narrador en primera persona, no tomamos lo que dice como algo más o menos objetivo, sino que comprendemos que todo está impregnado por la experiencia y la opinión del narrador. Esto sucede con muchos narradores poco fiables o deficientes como niños («El príncipe destronado», de Delibes o «Rabos de lagartija», de Juan Marsé), gente con problemas psicológicos o de percepción de la realidad («El guardián entre el centeno», de Salinger) o personajes introducidos en un entorno que no conocen (desde extraterrestres a seres que entran en otros mundos como «Sin noticias de Gurb» de Eduardo Mendoza). Estos narradores son muy complicados de emplear porque tenemos que transmitirle al lector información que muchas veces no conoce el propio narrador. Además hay que manejar muy bien la tensión porque el lector siempre va a tener más información o va a ser más consciente de lo que sucede que el propio narrador y puede resultar carente de interés.

El tipo de narrador más común es el primera persona cercano, en el que el propio narrador va opinando de lo que sucede y lo integra con sus sentimientos y experiencias. Nos da una visión totalmente parcial y sesgada de lo que está sucediendo. Sin embargo, cuando el personaje es más frío y simplemente actúa como cronista de la historia, podemos encontrarnos con un primera persona alejado como el de «El extranjero» de Camus.

Tenemos que tener en cuenta que si el personaje que narra la historia no es el protagonista, sino que se trata de un personaje secundario o terciario que cuenta las peripecias de otro personaje más importante para la narración que él, hablamos de un narrador testigo. El más conocido es Watson, en las novelas de Sherlock Holmes. Es muy bueno si queremos guardar algo de misterio acerca del protagonista y aun así conservar la cercanía y la empatía con el lector. Además podemos aprovechar el narrador para poner en entredicho las acciones del protagonista o para juzgarlo desde el punto de vista del narrador. Con esto último hay que tener mucho cuidado, ya que nunca debe mezclarse la opinión personal del autor, con la del personaje narrador. Algo que puede suceder a los escritores primerizos cuando se acercan a la primera persona.

Para terminar, podemos hacer mención aquí al narrador en segunda persona, que se encuentra próximo al narrador en primera, pero que no pertenece exactamente a esta categoría. El narrador en segunda persona presupone que hay una voz que le cuenta al protagonista de la historia lo que ha hecho o lo que hace, de manera que se encuentra entre los narradores externos y los internos. Se supone que es un personaje que participa en la historia, como un testigo, pero que le cuenta la historia a otro de los personajes. Aunque no siempre es así, razón por la que se encuentra fuera de los narradores en primera persona; a veces el narrador no participa en la historia y se encuentra totalmente ajeno a ella y aun así narra en segunda persona. Este caso es más excepcional, dentro de lo excepcional que es ya de por sí el narrador en segunda persona. Un buen ejemplo sería «Aura» de Carlos Fuentes.

Lo más normal es que también se confunda con el narrador epistolar, que no tiene nada que ver. En el epistolar el narrador es un narrador en primera que escribe para un receptor que puede aparecer o no en la historia como personaje. En el narrador en segunda persona no siempre se escribe para ese receptor, pero siempre se le cuenta a él su propia historia. Un ejemplo de narrador epistolar podemos encontrarlo en algunos fragmentos de «La dama de blanco» de Wilkie Collins o en «Drácula» de Bram Stoker.

Como veis, el narrador en primera persona es muy rico y presenta muchas variantes. Esto se debe a que es uno de los narradores más empleados habitualmente en narrativa y que mejor funcionan. Es fundamental para cualquier escritor dominar su uso, por lo que yo os aconsejo acercaros a él aunque no sea vuestro favorito para que podáis hacer uso de él cuando lo necesitéis. Podéis contarme vuestras experiencias con el narrador en primera persona en los comentarios.