Este artículo continúa desde este otro de la semana pasada en el que hablábamos del deseo consciente de Frodo y de cómo Tolkien nos hace creer que en realidad es su deseo inconsciente (y viceversa). Esta semana nos vamos a centrar en el verdadero deseo inconsciente de Frodo y en los conflictos que eso provoca consigo mismo y con sus compañeros.

Decíamos que el deseo consciente de Frodo muta después del primer punto de giro hasta darse cuenta de que no quiere deshacerse del anillo. Sin embargo el hobbit sigue su camino y va hasta el Monte del Destino, tal y como la compañía quiere.

La maestría de Tolkien se nota también en hacer que Frodo vaya acompañado de Sam, cuyo deseo es siempre salvar a Frodo. Es un deseo consciente en toda regla que logra hacer que el deseo de Frodo no le consuma y le haga abandonar la senda que le han trazado los compañeros. Sam es el que hace que llegue al Monte del Destino, el que le hace seguir disimulando y fingiendo que quiere destruir el anillo y el que le hace conectar con el verdadero deseo inconsciente.

Tolkien nos deja bastantes pistas para saber que Frodo está disimulando y muchas de ellas nos las da el comportamiento de Gollum, al que vemos disimular de manera descarada y que sabemos que solo los acompaña para poder robarles el anillo en determinado momento. Es Sam el que llega al final, Gollum y Frodo solo lo acompañan como un medio para lograr sus fines. Ambas figuras, Frodo y Sam, funcionan juntas tan bien como las de Sancho Panza y Don Quijote.

Pero entonces, si Frodo se quiere quedar con el anillo, ¿por qué no abandona a Sam? El hobbit en ningún momento obliga a Frodo a seguir, solo ejerce de recordatorio de su misión. Frodo sabe que quiere quedarse el anillo, pero… ¿lo quiere en realidad?

Según mi opinión, la grandeza del conflicto de Frodo reside en que el deseo inconsciente del personaje es, precisamente, que sí que quiere destruir el anillo, lo que pasa es que no lo sabe. Y eso es maravilloso. El protagonista finge querer hacer una cosa para hacer la contraria cuando, en el fondo, desea precisamente eso que está fingiendo querer. De esta manera, el conflicto interno del personaje explota y lo martiriza de manera que lo hace actuar y tomar decisiones arriesgadas. Es decir, que nos tiene en vilo. La parte en la que Frodo y Sam caminan por Mordor hasta llegar al Monte del Destino tiene poca acción. Un par de encuentros con tropas enemigas, el ataque de la araña y el encuentro con Gollum. Todo el peso y el interés de esa parte reside en la lucha interna que está teniendo Frodo ante nuestros ojos. Lo grandioso de Tolkien es que la lucha no es la que pensábamos a primera vista. Es decir, Frodo al final de la novela no es que no quiera tirar el anillo, sí que quiere (inconscientemente), pero no puede. Está consumido por su poder. Por eso no abandona a Sam. Lo necesita para que le obligue a cumplir su deseo.

Y esto se ve en la parte posterior a la destrucción del anillo, cuando Frodo es capaz de reponerse a la ausencia del objeto, cosa que Gollum había sido incapaz de hacer. El deseo de Gollum en este caso es solo consciente. Quiere el anillo. Nada más. Frodo también lo quiere, pero quiere, además y muy dentro de él, destruirlo. Frodo es un antihéroe maravilloso precisamente por eso, porque no quiere salvar el mundo, aunque lo acabe salvando de forma inconsciente. Es el complemento ideal a Aragorn, que representa el héroe clásico con un propósito y un destino.

El conflicto de Frodo es, tal y como ya hemos dicho, eminentemente interno, aunque ese conflicto afecte (y de qué manera) al conflicto externo general de todos los protagonistas. De la resolución de un conflicto interno de un personaje tan común y ordinario como Frodo depende el destino de un mundo entero. De hecho, sospecho que el conflicto de Frodo es el que más podría interesar a Tolkien y que se sirvió de los otros personajes para sostener un conflicto interno con poca acción de manera que lo hiciera más atractivo. También se vale de Aragorn y el resto de la compañía para hablar de muchas cosas de las que habla el libro además de los temas principales. Es decir, aparte del poder, la codicia y las consecuencias de su abuso. Este último es el que considero el tema principal del libro (Saruman, Sauron, el Senescal del Gondor, Boromir, Gollum, etc. son ejemplos de esa consumición y de sus efectos negativos. Los personajes que se sobreponen a eso son los que triunfan, aunque, eso es para otro artículo).

Volviendo al deseo del protagonista, Frodo es un ejemplo claro de buen uso de los dos deseos. Si colocamos al personaje ante una contradicción entre el deseo consciente y el inconsciente, es más probable que nos surja una lucha interesante, algo digno de contar. Aunque es cierto que es recomendable hacerlo únicamente con un personaje protagonista, puesto que hacerlo con más puede complicarnos demasiado la trama y hacer de nuestra novela algo inabarcable. El resto de personajes de El señor de los anillos tienen también conflictos internos, pero en general solo tienen un deseo que expresan de forma consciente. Hacerlo de otro modo, con tantos personajes, hubiera sido un desatino. Sería complicado sostener un mundo como la Tierra Media y una trilogía como El señor de los anillos con personajes que tuvieran un conflicto tan hondo como Frodo.

Otro día también os hablaré de los tres niveles de conflicto y cómo podemos utilizarlos para ir sacando una historia desde dentro hacia fuera, quizás usando el ejemplo de Frodo también, pues su gran conflicto interno afecta y crea otros conflictos con Sam y con el mundo de la Tierra Media.

Por el momento creo que es suficiente con este breve análisis de sus deseos y del tremendo potencial que le sacó Tolkien, ejemplo de lo que podemos llegar a conseguir en nuestras historias si trabajamos a conciencia el trasfondo del personaje.