Cinco trucos para combatir el bloqueo literario

El bloqueo literario es un mal que siempre acecha a los escritores detrás de cada página en blanco. Suele detectarse porque evitamos de cualquier manera acercarnos al ordenador (o al cuaderno) para escribir. Siempre hay algo más importante o más apetecible que hacer. Sí, incluso limpiar las cortinas o la parte de atrás de la nevera. Muchas veces puede darse estando ya sentados frente a la página. No somos capaces de empezar y la blancura de la pantalla o de la hoja nos ataca y nos insulta sin que seamos capaces de defendernos.

¿Por qué se puede bloquear un escritor? Por muchas razones, aunque la principal suele ser por pensar que lo que se va a escribir no es lo suficientemente bueno, que nunca va a responder a la idea perfecta que teníamos en la cabeza. Si no vamos a llegar a expresar exactamente esa idea, ¿para qué ponerse a escribirla? Mientras no lo intente, no habré fracasado. Se parece mucho a este post que publicamos hace poco y a estos dos, uno de Gabriela Campbell y otro de Víctor Selles, en los que se reflejaba la importancia de dar por finalizado un trabajo y no eternizarse en correcciones. En este caso no es que no queramos finalizar un proyecto para no asumir que no es tan perfecto como pensábamos, sino que no nos atrevemos ni a empezarlo. Es importante darse permiso para equivocarse.

Otras veces el bloqueo vendrá porque no tengamos ideas o porque las que se nos ocurran nos parezcan aburridas o similares a otras antiguas. Yo tomo nota de todo lo que se me ocurre, pero muchas veces no escribo sobre ello. A veces junto dos ideas en una sola o las introduzco dentro de mis novelas. Pero es importante tener siempre ideas frescas y diferentes entre las que elegir.

En cualquiera de los dos casos en los que os encontréis, los siguientes cinco consejos pueden ayudaros a eliminar de la mente esos nubarrones negros que planean sobre la escritura y a despejar la imaginación. Ya sea para coger aire y volver a acabar ese proyecto que tanto os está haciendo sufrir o para encontrar un chispazo nuevo de inspiración con el que comenzar a escribir. Estos son solo unos ejemplos, los que a mí mejor me funcionan, de hecho, pero hay más.

Juegos con palabras:

Estos juegos son muy estimulantes ya que suelen conectar objetos, ideas o palabras que normalmente no están conectadas, lo cual, al obligar al cerebro a buscar una conexión entre ellas, va a estimular la creatividad (porque es mentira eso de que la inspiración no puede buscarse). Mis preferidos son:

  • Story Cubes: Se trata de una serie de dados que en cada cara tienen un pequeño dibujo esquemático que representa un objeto o una idea (una tortuga, un avión, una nube, una flecha, una interrogación, etc.). Yo los descubrí en este post y desde entonces los empleo bastante cuando quiero darle un toque original a alguno de mis relatos. Las combinaciones son numerosísimas y muchas veces surgirán ideas muy divertidas.
  • Listas y dado: Otra manera de despertar la creatividad es hacer varios listados de palabras del uno al seis. Yo uso este sistema a veces para intentar crear personajes originales en relatos de fantasía. Por ejemplo: Hacemos un listado con seis razas, otro listado con seis rasgos de personalidad, otro con seis oficios, otro con diferentes estados (adulto, niño, soltero, viudo, etc.)… así tantos como queráis. Después lanzáis un dado normal de seis caras y vais rellenando las características de vuestro personaje. Así me salió a mí un elfo viudo herrero que acabó protagonizando uno de mis relatos.
  • Papeles o fichas con palabras: Para este ejercicio de desbloqueo hay que hacer fichas o papelitos en diferentes montones. Uno para los sustantivos (de este podemos hacer dos, uno para objetos y otro para seres vivos; tres, uno para personas, seres vivos y objetos; o los que sean), otro para los adjetivos (en el que podemos hacer las divisiones que queramos), otro para lugares, etc. El límite es vuestra imaginación. Después cogemos un papel de cada montón y tratamos de asociar esas ideas y empezar una historia: ¿Qué os sugiere una planta azul en el desierto?, ¿nada? Pues a volver a sacar papelitos hasta que la chispa aparezca.
  • Frase de un libro al azar: Otra opción más rápida es abrir un libro por una página al azar y buscar el inicio de una frase, mejor si no lo hemos leído porque así no podremos contextualizar el significado. Después intentar continuar una historia a partir de ahí. Podéis hacer algo parecido con palabras al azar de un diccionario.

Inspírate en obras de otros:

Aquí me vale cualquier representación artística. Desde cuadros, fotografías, dibujos, poemas, series, películas, cómics, esculturas, exposiciones, etc. Si estás bloqueado, quizás es buena idea dedicar media hora a leer un capítulo del libro que tienes entre manos o de tu serie favorita. Cuidado. No hay que confundir esto con posponer. Es decir, lees el capítulo o ves la serie BUSCANDO una idea o algo que te inspire, no para perder el tiempo y no escribir. Eso no vale.

En este apartado podemos incluir la lectura de artículos o incluso alguna noticia curiosa e interesante.

También podéis sacar ideas de Pinterest, Instagram o de algunos juegos de mesa como son el «Dixit» y el «Èrase una vez» (juegos que todo escritor debería tener en casa, por otro lado).

Haz deporte:

Hacer deporte es una muy buena manera de despejar la mente. Mientras estaba escribiendo mi última novela, yo me bajaba al gimnasio a la cinta de correr o a la bicicleta cuando me bloqueaba y no sabía por dónde seguir. Fue en esa cinta de correr donde, de pronto, supe cómo iba a terminar mi historia. El hacer deporte hace que nos sintamos bien, que el cuerpo y la mente se relajen y que estemos más receptivos. En ese momento la imaginación y la creatividad pueden tomar el control.

Sal a pasear:

No he incluido este apartado en el anterior por dos razones: lo principal del paseo es caminar fijándose en el paisaje, en la gente con la que te cruzas, en tiendas, parques, etc. Nunca sabes dónde puede surgir la inspiración. Además el aire fresco también te va a ayudar a despejar la mente. No se trata, como con el deporte, de cansarte, sino de prestar atención.

La otra razón es que también incluyo aquí paseos en transporte público. Hay gente a la que le inspira conducir, pero yo no soy tan valiente y puede que si se os ocurre alguna historia demasiado interesante, os despistéis demasiado. A mí personalmente me gusta ir más de copiloto, si puede ser sin hablar, o en autobús o tren. De nuevo el objetivo es relajarse y observar a las personas, los paisajes, etc.

Los paseos a la cocina para abrir, por décima vez, la nevera no cuentan. Aunque sí me valen otros paseos por la casa. Por ejemplo cambiar el lugar en el que escribo si estoy bloqueado. O hacerlo sentado de otra manera diferente a la habitual, o en otro soporte o con música… Vale, no son estrictamente paseos, pero es un cambio de lugar así que a mí me sirve.

Escribe:

Menuda obviedad, ¿no? No. No lo es.

Es tremendamente importante escribir para desbloquearse. No sirve de nada hacer todas esas cosas que he propuesto arriba si después no escribimos. Hay que sentarse y, a veces, forzarse un poco al principio. La escritura debería ser algo estimulante y divertido, no algo con lo que sufrir o a lo que obligarse. Escribe de lo que quieras, pero escribe. Date derecho a jugar con las propuestas de arriba. Hazme caso, una buena rutina de escritura, del tiempo que sea (me valen diez minutos al día), puede contra cualquier bloqueo.

Estas son mis técnicas de desbloqueo preferidas, pero, ¿tienes algún truco que no haya incluido aquí y que quieras compartir con nosotros? Sé que me dejo muchas en el tintero. ¿Cuál es tu favorita? Déjamela en los comentarios. Siempre estoy deseando probar maneras nuevas de inspirarme.

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