El buen elemento imposible o la justificación de la fantasía

La principal diferencia que existe en literatura entre el realismo y los géneros de lo imposible (fantasía y ciencia ficción principalmente) es que entre los primeros y los segundos existe al menos un elemento imposible que rompe con lo que comúnmente conocemos como realidad. Puede ser un elemento imposible de origen sobrenatural (por ejemplo un dragón o un fantasma) o de origen racional (una máquina del tiempo o una sociedad distópica). El caso es que ese elemento imposible romperá alguna norma física o social que es imposible que se dé o haya dado en nuestro mundo conocido.

En función del origen del elemento imposible y de sus efectos sobre los lectores, podremos clasificar los diferentes subgéneros de la fantasía y la ciencia ficción. Sin embargo no es de eso de lo que os quiero hablar hoy.  Lo recalco simplemente para que podáis apreciar la importancia que ese elemento tiene para la historia y el especial cuidado que, como escritores, tenemos que prestarle.

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Elementos para crear ambientaciones fantásticas o de ciencia ficción

Como ya sabéis, la ambientación es uno de los trabajos más importantes del escritor de literatura fantástica o de ciencia ficción. De una buena ambientación dependerá, en gran medida, que el lector se sumerja en la historia y se crea que lo que allí sucede; es decir, se crea el elemento imposible.

Hay una serie de elementos, herramientas podríamos llamarlas, que el escritor tiene a su disposición para que la tarea de ambientar sea lo más sencilla posible y el lector sepa siempre dónde y cuándo se encuentran los personajes.

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¿Para qué sirve un personaje plano?

En casi cualquier lugar podéis escuchar que los personajes redondos son mejores que los planos y que son los personajes que han evolucionado con la profundización de la literatura en los grandes temas del alma humana. Bueno, esa afirmación es totalmente cierta, pero no siempre.

Un personaje redondo no es, por sí mismo, mejor que uno plano. Ambos personajes son necesarios para desarrollar nuestras historias y cada uno de ellos tiene una función diferente dentro de ellas. Algo así pasa con las palabras abstractas y las concretas.

Un personaje redondo está muy bien cuando estamos desarrollando una novela o incluso un relato que sea largo y estamos buscando un protagonista total que evolucione a lo largo de la historia, pero, ¿y si no es el caso?

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Construir buenos puntos de giro narrativos

 

Lo más normal es que cada historia (sea novela o relato) tenga una sola línea argumental. Es decir: un protagonista que quiere algo, intenta conseguirlo, se enfrenta a fuerzas que se oponen a ello y finalmente lo consigue o no (con su consiguiente cambio). En esos casos encontraremos únicamente un punto de giro principal que separe el planteamiento del nudo y otro que separe el nudo del desenlace.

Un punto de giro será un acontecimiento que se desarrollará en la acción del argumento y que cambiará la dirección del protagonista, obligándole a tomar decisiones y que lo cambiará, algunas veces, un poco.

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El desencadenante y su importancia en tus historias

Muchas veces hemos escuchado (o leído) aquello de que un buen comienzo es lo más difícil y lo más importante para una historia. Si conseguimos un comienzo potente, que enganche al lector desde la primera línea, tenemos más de la mitad del camino hecho.

Esta afirmación es debatible, claro está, pero lo que es innegable, es que el comienzo de una narración determina el camino por el que va a ir la historia. Puede que la novela que estamos escribiendo remonte hacia la mitad, pero si un lector tiene que pasar por media novela para que le empiece a compensar, mal vamos.

No voy a hablar aquí directamente de las primeras líneas de nuestras historias, aunque sí que lo haré de manera tangencial. De lo que quiero hablaros esta semana es de otro elemento que compone el comienzo de la novela: el desencadenante.

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Consejos para escribir ucronías

Volvemos de las vacaciones con energía renovada y con muchas ganas de compartir con vosotros todo lo que hagamos durante este curso escolar. Durante el mes de septiembre publicaremos cada dos semanas, pero a partir de octubre regresaremos a nuestra rutina semanal.

Ha sido un mes de descanso merecido y espero que nos hayáis echado mucho de menos. Tenemos los grupos del Itinerario de Literatura fantástica, ciencia ficción y terror de Escuela de Escritores totalmente preparados para vosotros. Os dejo el link con la información de los cursos presenciales (Madrid) y virtuales por si os interesan y así no os doy la brasa más y voy directo al artículo de esta semana.

https://goo.gl/sKWGS5

Para este primer post me gustaría hablar de un subgénero que se engloba dentro de la ciencia ficción prospectiva y que a mí particularmente me gusta mucho: la ucronía.

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La metáfora de situación

En esta entrada me gustaría hablar de un recurso estilístico que está muy extendido y que muchas veces hemos usado y leído, pero que pocas veces hemos analizado. A veces incluso lo hemos usado sin saber que lo estábamos usando: la metáfora de situación.

Empezaremos recordando la definición de metáfora que nos da la RAE en su versión digital a día de hoy: «Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.». Tranquilos que yo traduzco: Transvasar de un término a otro de la metáfora alguna de sus características comunes. En el ejemplo de las perlas del rocío, estamos trasladando el brillo y el valor estético de una perla a una gota de rocío.

Partiendo de esa definición, una metáfora de situación será aquella metáfora en la que los elementos comparados sean situaciones. Muchas veces la comparación no será explícita, sino que el lector realizará esa conexión mediante la cercanía de las dos situaciones. En el relato «Conservación» de Raymond Carver, por ejemplo, se habla de la situación sentimental de una pareja y su posterior deterioro hasta la ruptura utilizando como metáfora de situación una nevera que se estropea. La nevera nunca se compara con la relación de manera directa, pero es la nevera que la pareja comparte en la casa, por lo que la metáfora en este caso funciona por continuidad o proximidad. Yo escribí un relato en una ocasión utilizando el regalo de una cámara de fotos para hablar también de la situación sentimental de una pareja.  Continuar leyendo “La metáfora de situación”

Razones para hacer fichas de los espacios de tus narraciones

Muchos de vosotros conoceréis y utilizaréis fichas para crear vuestros personajes, es una técnica muy extendida y cuyo uso es bastante común. Sin embargo, no está tan extendido el hacer lo mismo con los espacios por los que se desarrollará el argumento de vuestra historia.

En este caso no quiero hacer distinción entre la literatura fantástica y la realista, puesto que considero que es útil en ambos casos, aunque es cierto que lo va a ser mucho más en la fantástica y la ciencia ficción, sobre todo en las historias en las que el mundo de la narración sea totalmente inventado. ¿Por qué? Pues precisamente por eso. Los personajes actuarán y se moverán a través de un espacio que no existe realmente, por lo que tenemos que tener muy claro cómo es ese espacio. De esa manera podremos hacérselo real al lector en su mente y aumentaremos la verosimilitud del texto. Ya hablaremos otro día de la importancia de los espacios en la ambientación, pero básicamente quedaros con que es más sencillo hablar de algo que se conoce que de algo que no. Además, en ese tipo de novelas es habitual hablar de muchos espacios: ciudades, pueblos, montañas, ríos, caminos, hogares, países, planetas, castillos, naves espaciales, estaciones interplanetarias, etc. Y cada uno de esos espacios tendrá que ser diferente entre sí. Si no tenemos una guía, corremos el riesgo de confundir unos con otros o de cambiar o mezclar elementos que solo pertenecían a uno de ellos, con el riesgo tremendo que eso puede producir en el pacto de verosimilitud.

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La regla de los tres objetos para describir un personaje

Hay muchas técnicas y consejos para crear buenos personajes que funcionan estupendamente, pero todos ellos, o casi todos, pueden completarse con esta regla que me gustaría compartir con vosotros hoy. Algunos quizás la conozcáis. Se trata de la regla de los tres objetos.

Es una regla que yo conozco gracias a Inés Arias de Reyna, la que fuera mi profesora y que hoy en día es mi compañera en las clases del Itinerario de literatura fantástica, ciencia ficción y terror en Escuela de Escritores, por lo que, si os funciona, el mérito es totalmente suyo.

Lo primero, antes incluso de entrar dentro de la regla de los tres objetos, es advertir que esta técnica no es una técnica única de creación de personajes. Tal y como he comentado al comienzo, se trata más bien de un complemento a cualquier otra técnica que empleéis usualmente para crearlos y que os terminará de redondear y dar profundidad al personaje. Yo, por ejemplo, suelo incluir esta regla como un apartado de la ficha de personaje que relleno solo para los principales y los secundarios. A los terciarios les dedico mucho menos tiempo y profundidad.

Voy a acercarme a esta regla a través de algunas preguntas: ¿qué es la regla de los tres objetos?, ¿para qué sirve la regla de los tres objetos? Y ¿debo emplear siempre que cree personajes la regla de los tres objetos?

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Leer y escribir sagas

El artículo de hoy es más bien una reflexión en voz alta que me gustaría hacerme, sin necesidad de que llegue a ninguna conclusión (spoiler). Y me gustaría hacérmela desde dos puntos de vista distintos: desde la lectura y desde la escritura. Creo que no implica lo mismo para un escritor y para un lector el acercamiento a una saga de libros. En cada uno de estos apartados trataré de analizar los pros y los contras que podemos encontrar en este tipo de escritos. Por supuesto, me centraré siempre en sagas de literatura fantástica, ciencia ficción o terror. Lo siento mucho, «En busca del tiempo perdido».

Es importante distinguir entre una saga o un libro dividido en varios volúmenes. Muchas veces el segundo tipo de libros son vendidos como sagas por las editoriales buscando enganchar a determinado público y aumentar el beneficio por venta. Pero, a la larga, se les suele pillar como se pilla a los mentirosos. Hay veces que aunque sea una sola historia se divide en varios libros por volumen o por el tiempo que se tarda en escribirse, como por ejemplo la saga de «Canción de hielo y fuego» de George R.R. Martin.

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