Las cinco claves del pacto con el lector

El pacto con el lector es ese acuerdo tácito que se establece entre el lector y la obra narrativa en el momento de ponerse a leer. En él, el lector, que sabe que se trata de una obra de ficción y que, por lo tanto, nada de lo que se cuenta ahí es «verdad», si no, a lo sumo, una recreación subjetiva; el lector, decía, acepta fingir que cree lo que le vamos a contar y se va a interesar por ello como si fuera cierto. Ese pacto es lo que hará que el lector suspenda su credibilidad y se sumerja en el sueño de la ficción. Si lo rompemos, sacaremos de golpe al lector de la lectura y provocaremos, muy probablemente, que pierda la confianza en nosotros. Consecuentemente, eso puede provocar que nunca más vuelva a acercarse a nuestros textos, pues hay millones de libros y de autores dispuestos a ser descubiertos.

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Adjetivos antepuestos y adverbios acabados en «-mente»

Cuando el escritor novel comienza su aprendizaje en las herramientas de escritura, es normal que cometa ciertos fallos o vicios de estilo que deberá pulir con el tiempo. Dentro de esos pequeños consejos que limpian mucho y adecentan un texto podemos encontrar cosas como eliminar cacofonías y repeticiones (como ya vimos aquí), utilizar palabras concretas y dar prioridad a las escenas o limitar al máximo los adjetivos antepuestos y los adverbios acabados en –mente. Sé que estos dos últimos de la lista no son los más importantes ni los primeros que deben enseñarse, sobre todo porque son consejos que son aplicables a la hora de corregir, no durante la escritura.

Podemos enseñar la diferencia entre abstracto y concreto a alguien que aún no se ha puesto a escribir, pero la limpieza de adjetivos y de adverbios, así como las cacofonías, debe realizarse solo después de haber acabado el texto (aunque es cierto que con la experiencia acabas reduciendo mucho la necesidad de revisar estos aspectos). De todos modos, son dos consejos muy importantes que no viene mal aprender lo antes posible porque nuestros textos, limpios de estos pequeños vicios, darán una impresión mucho más profesional.

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El buen elemento imposible o la justificación de la fantasía

La principal diferencia que existe en literatura entre el realismo y los géneros de lo imposible (fantasía y ciencia ficción principalmente) es que entre los primeros y los segundos existe al menos un elemento imposible que rompe con lo que comúnmente conocemos como realidad. Puede ser un elemento imposible de origen sobrenatural (por ejemplo un dragón o un fantasma) o de origen racional (una máquina del tiempo o una sociedad distópica). El caso es que ese elemento imposible romperá alguna norma física o social que es imposible que se dé o haya dado en nuestro mundo conocido.

En función del origen del elemento imposible y de sus efectos sobre los lectores, podremos clasificar los diferentes subgéneros de la fantasía y la ciencia ficción. Sin embargo no es de eso de lo que os quiero hablar hoy.  Lo recalco simplemente para que podáis apreciar la importancia que ese elemento tiene para la historia y el especial cuidado que, como escritores, tenemos que prestarle.

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Elementos para crear ambientaciones fantásticas o de ciencia ficción

Como ya sabéis, la ambientación es uno de los trabajos más importantes del escritor de literatura fantástica o de ciencia ficción. De una buena ambientación dependerá, en gran medida, que el lector se sumerja en la historia y se crea que lo que allí sucede; es decir, se crea el elemento imposible.

Hay una serie de elementos, herramientas podríamos llamarlas, que el escritor tiene a su disposición para que la tarea de ambientar sea lo más sencilla posible y el lector sepa siempre dónde y cuándo se encuentran los personajes.

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¿Para qué sirve un personaje plano?

En casi cualquier lugar podéis escuchar que los personajes redondos son mejores que los planos y que son los personajes que han evolucionado con la profundización de la literatura en los grandes temas del alma humana. Bueno, esa afirmación es totalmente cierta, pero no siempre.

Un personaje redondo no es, por sí mismo, mejor que uno plano. Ambos personajes son necesarios para desarrollar nuestras historias y cada uno de ellos tiene una función diferente dentro de ellas. Algo así pasa con las palabras abstractas y las concretas.

Un personaje redondo está muy bien cuando estamos desarrollando una novela o incluso un relato que sea largo y estamos buscando un protagonista total que evolucione a lo largo de la historia, pero, ¿y si no es el caso?

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Construir buenos puntos de giro narrativos

 

Lo más normal es que cada historia (sea novela o relato) tenga una sola línea argumental. Es decir: un protagonista que quiere algo, intenta conseguirlo, se enfrenta a fuerzas que se oponen a ello y finalmente lo consigue o no (con su consiguiente cambio). En esos casos encontraremos únicamente un punto de giro principal que separe el planteamiento del nudo y otro que separe el nudo del desenlace.

Un punto de giro será un acontecimiento que se desarrollará en la acción del argumento y que cambiará la dirección del protagonista, obligándole a tomar decisiones y que lo cambiará, algunas veces, un poco.

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El desencadenante y su importancia en tus historias

Muchas veces hemos escuchado (o leído) aquello de que un buen comienzo es lo más difícil y lo más importante para una historia. Si conseguimos un comienzo potente, que enganche al lector desde la primera línea, tenemos más de la mitad del camino hecho.

Esta afirmación es debatible, claro está, pero lo que es innegable, es que el comienzo de una narración determina el camino por el que va a ir la historia. Puede que la novela que estamos escribiendo remonte hacia la mitad, pero si un lector tiene que pasar por media novela para que le empiece a compensar, mal vamos.

No voy a hablar aquí directamente de las primeras líneas de nuestras historias, aunque sí que lo haré de manera tangencial. De lo que quiero hablaros esta semana es de otro elemento que compone el comienzo de la novela: el desencadenante.

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Consejos para escribir ucronías

Volvemos de las vacaciones con energía renovada y con muchas ganas de compartir con vosotros todo lo que hagamos durante este curso escolar. Durante el mes de septiembre publicaremos cada dos semanas, pero a partir de octubre regresaremos a nuestra rutina semanal.

Ha sido un mes de descanso merecido y espero que nos hayáis echado mucho de menos. Tenemos los grupos del Itinerario de Literatura fantástica, ciencia ficción y terror de Escuela de Escritores totalmente preparados para vosotros. Os dejo el link con la información de los cursos presenciales (Madrid) y virtuales por si os interesan y así no os doy la brasa más y voy directo al artículo de esta semana.

https://goo.gl/sKWGS5

Para este primer post me gustaría hablar de un subgénero que se engloba dentro de la ciencia ficción prospectiva y que a mí particularmente me gusta mucho: la ucronía.

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La metáfora de situación

En esta entrada me gustaría hablar de un recurso estilístico que está muy extendido y que muchas veces hemos usado y leído, pero que pocas veces hemos analizado. A veces incluso lo hemos usado sin saber que lo estábamos usando: la metáfora de situación.

Empezaremos recordando la definición de metáfora que nos da la RAE en su versión digital a día de hoy: «Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.». Tranquilos que yo traduzco: Transvasar de un término a otro de la metáfora alguna de sus características comunes. En el ejemplo de las perlas del rocío, estamos trasladando el brillo y el valor estético de una perla a una gota de rocío.

Partiendo de esa definición, una metáfora de situación será aquella metáfora en la que los elementos comparados sean situaciones. Muchas veces la comparación no será explícita, sino que el lector realizará esa conexión mediante la cercanía de las dos situaciones. En el relato «Conservación» de Raymond Carver, por ejemplo, se habla de la situación sentimental de una pareja y su posterior deterioro hasta la ruptura utilizando como metáfora de situación una nevera que se estropea. La nevera nunca se compara con la relación de manera directa, pero es la nevera que la pareja comparte en la casa, por lo que la metáfora en este caso funciona por continuidad o proximidad. Yo escribí un relato en una ocasión utilizando el regalo de una cámara de fotos para hablar también de la situación sentimental de una pareja.  Continuar leyendo “La metáfora de situación”