La regla de los tres objetos para describir un personaje

Hay muchas técnicas y consejos para crear buenos personajes que funcionan estupendamente, pero todos ellos, o casi todos, pueden completarse con esta regla que me gustaría compartir con vosotros hoy. Algunos quizás la conozcáis. Se trata de la regla de los tres objetos.

Es una regla que yo conozco gracias a Inés Arias de Reyna, la que fuera mi profesora y que hoy en día es mi compañera en las clases del Itinerario de literatura fantástica, ciencia ficción y terror en Escuela de Escritores, por lo que, si os funciona, el mérito es totalmente suyo.

Lo primero, antes incluso de entrar dentro de la regla de los tres objetos, es advertir que esta técnica no es una técnica única de creación de personajes. Tal y como he comentado al comienzo, se trata más bien de un complemento a cualquier otra técnica que empleéis usualmente para crearlos y que os terminará de redondear y dar profundidad al personaje. Yo, por ejemplo, suelo incluir esta regla como un apartado de la ficha de personaje que relleno solo para los principales y los secundarios. A los terciarios les dedico mucho menos tiempo y profundidad.

Voy a acercarme a esta regla a través de algunas preguntas: ¿qué es la regla de los tres objetos?, ¿para qué sirve la regla de los tres objetos? Y ¿debo emplear siempre que cree personajes la regla de los tres objetos?

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Leer y escribir sagas

El artículo de hoy es más bien una reflexión en voz alta que me gustaría hacerme, sin necesidad de que llegue a ninguna conclusión (spoiler). Y me gustaría hacérmela desde dos puntos de vista distintos: desde la lectura y desde la escritura. Creo que no implica lo mismo para un escritor y para un lector el acercamiento a una saga de libros. En cada uno de estos apartados trataré de analizar los pros y los contras que podemos encontrar en este tipo de escritos. Por supuesto, me centraré siempre en sagas de literatura fantástica, ciencia ficción o terror. Lo siento mucho, «En busca del tiempo perdido».

Es importante distinguir entre una saga o un libro dividido en varios volúmenes. Muchas veces el segundo tipo de libros son vendidos como sagas por las editoriales buscando enganchar a determinado público y aumentar el beneficio por venta. Pero, a la larga, se les suele pillar como se pilla a los mentirosos. Hay veces que aunque sea una sola historia se divide en varios libros por volumen o por el tiempo que se tarda en escribirse, como por ejemplo la saga de «Canción de hielo y fuego» de George R.R. Martin.

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Cinco beneficios de leer tus textos en voz alta

La lectura en voz alta es una técnica para repasar tus textos que se practica habitualmente y que puede resultar muy beneficiosa para terminar de pulir un relato o una novela.

En mi opinión, no debe ser nunca la primera revisión, puesto que en ella tendrás que parar cada poco tiempo para revisar erratas o incongruencias y para terminar de apuntalar el argumento. En la primera revisión es probable que cambies párrafos enteros y eso te haría perder mucho tiempo si tuvieras que releerlos en voz alta. Yo siempre realizo la lectura a partir de la tercera revisión, cuando sé, o intuyo, que el grueso del texto está ya fijado y que los cambios realizados serán generalmente menores.

Es indiferente si realizas la lectura en papel o en digital, pero es recomendable que sea un soporte en el que puedas subrayar o realizar marcas. En el caso de mis novelas, realizo una lectura en voz alta en el ordenador y otra en papel impreso. No sé la razón, pero hay erratas y pequeños despistes que solo veo al pasarlo a papel. Probablemente sea porque en el ordenador es en el lugar en el que he escrito la novela y mis ojos pasen por el texto como algo conocido, sin detenerse a analizar demasiado. Sin embargo, al pasarla a papel, y realizar la lectura en otro lugar diferente de la casa, mi cerebro lo toma como algo nuevo y es más sencillo detectar los pequeños fallos que normalmente nos pasan desapercibidos.

Pero vamos a lo que vamos. ¿Por qué os recomiendo que realicéis esta lectura en voz alta a pesar de haber repasado ya el texto al menos un par de veces? Porque este tipo de lectura va a otorgarle a vuestros textos estos cinco beneficios que detallo a continuación que la lectura en silencio a veces no tiene.

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Tu ambientación medieval no tiene por qué mostrar discriminación

Hoy me gustaría hablaros de las ambientaciones y de hasta qué punto pueden constreñirnos a la hora de crear una sociedad o un mundo.

Muchos autores de fantasía piensan que por el hecho de tener una ambientación medieval, están en la obligación de reflejar fielmente todos los comportamientos sociales que se presuponen a esa época, cuando no tiene que ser así.

Antes de aclarar eso, me gustaría precisar lo que yo entiendo por ambientaciones y a qué me refiero cuando hablo de ambientación medieval.

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Lo hizo un mago, el deux ex machina en la fantasía

Esta semana me gustaría tratar el tema de los deux ex machina. El otro día en tuiter leí una conversación en la que se afirmaba que en la literatura fantástica se podía ser más permisivo con estos fallos de coherencia porque existían elementos imposibles. No quise entrar en la discusión, sobre todo porque no conocía a todas las personas implicadas, pero no estoy para nada de acuerdo.

No sé si estáis familiarizados con la expresión latina deux ex machina. Es una expresión que literalmente significa «dios en una máquina» y que hace referencia a los aparatos que, en el teatro griego, hacían bajar al escenario a una deidad para que resolviera el argumento.

Hoy en día, la expresión se usa para referirse a otro tipo de situaciones, sobre todo en la literatura y en el cine. Dicha expresión viene a decir que un elemento externo aparece en la obra, rompiendo su coherencia interna, para resolver el final o para introducir un elemento necesario en la trama o en el guión. Es decir, sacarse un as de la manga. Algunos ejemplos son que el héroe llegue en el último momento a salvar a la doncella, que un coche atropelle al protagonista para terminar un relato, que le caiga un rayo, que le toque la lotería, etc.

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Ventajas y desventajas de leer el mismo género que escribes

¿Debo leer únicamente libros relacionados, o del mismo género, que al que se adscribe lo que estoy escribiendo en este momento? Es decir: ¿si escribo fantasía debo leer solo fantasía?, ¿o terror?, ¿o realismo? A priori, puede parecer que esta pregunta es sencilla de responder, o incluso simple o banal, pero no lo es en absoluto. Yo mismo me encuentro siempre ante esta disyuntiva a la hora de seleccionar lecturas mientras desarrollo un proyecto narrativo. Quizás no todos os lo planteéis y ahora mismo estéis pensando en abandonar el blog como locos, pero correré el riesgo.

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Los nombres de los personajes en fantasía

El otro día, leyendo este artículo de Chiki Fabregat sobre la importancia del nombre de los personajes, recordé algo que siempre digo a mis alumnos en las primeras clases y que espero que poco a poco vaya cambiando con el tiempo. Y es que hay una tendencia a pensar que los nombres raros o exóticos, totalmente impronunciables o en otro idioma pueden valer para nombrar a nuestros personajes, pero no así los nombres en castellano o que suenen a nuestra lengua. ¿Por qué un mago puede llamarse Harry Potter y no Juan Alfaro?

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Cinco trucos para combatir el bloqueo literario

El bloqueo literario es un mal que siempre acecha a los escritores detrás de cada página en blanco. Suele detectarse porque evitamos de cualquier manera acercarnos al ordenador (o al cuaderno) para escribir. Siempre hay algo más importante o más apetecible que hacer. Sí, incluso limpiar las cortinas o la parte de atrás de la nevera. Muchas veces puede darse estando ya sentados frente a la página. No somos capaces de empezar y la blancura de la pantalla o de la hoja nos ataca y nos insulta sin que seamos capaces de defendernos. Continuar leyendo “Cinco trucos para combatir el bloqueo literario”

Lo que aprendí a NO hacer leyendo «American Gods»

Consten  antes de empezar dos cosas: la primera es que este artículo no es una reseña sobre el libro de Neil Gaiman, pero contiene spoilers porque necesito desvelar parte de la trama para argumentar por qué no debe hacerse algo en concreto. La segunda es que no me gusta hablar mal de los libros (a no ser que sean «Crepúsculo» o «La sombra del viento»), porque siempre es un esfuerzo y un trabajo el escribirlos y está claro que Gaiman ha dedicado muchas horas de documentación, escritura y revisión para escribir una obra de tales características. Vaya por delante que valoro ese trabajo y se lo reconozco y que aunque me centre aquí en los defectos, la obra tiene muchos puntos a favor, pero como esto no es una reseña, no entraré en ellos. Hoy voy a saltarme aquello que siempre digo: «Si no vas a decir nada bueno de algo, mejor cállate». Queredme por mis contradicciones. Entro en modo hater.

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La sobrecorrección del escritor novel

«Publico para dejar de corregir», Jorge Luis Borges

En realidad la frase de Borges, como la mayoría de las citas célebres que se recuerdan, no fue dicha exactamente así; sino que el argentino respondió «Para dejar de corregir» a la pregunta «¿Por qué publicamos?». Pero no vengo hoy a hablar de cómo la historia retuerce o embellece determinados discursos para adaptarlos a las ideas preconcebidas que se tienen de los escritores, que daría también para una publicación de las largas, sino para hablaros de un pequeño trastorno que padecemos muchos escritores hoy en día: la sobrecorrección.

No todos tenemos la suerte que tenía Borges de poder publicar lo que escribimos para dejar de corregirlo. El escritor novel no suele contar con un editor que le diga: «esto ya está, vamos a publicarlo» y debe valerse por sí mismo para decidir cuándo parar en las revisiones del texto y darlo por terminado.

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