En anteriores semanas os hemos ofrecido algunas ideas o técnicas que os permitirán salir de la fase de bloqueo en la que todos los escritores se van a encontrar alguna vez a lo largo de su carrera. Por si esos consejos no fueran suficientes, hoy me gustaría hablaros de una técnica que es ideal para esos momentos y que yo suelo practicar con mis alumnos cuando veo que hay alguno que está un poco estancado o frustrado. Se trata del binomio fantástico.

El binomio fantástico es una técnica desarrollada por Giani Rodari en su libro Gramática de la fantasía (libro que aprovecho para recomendaros a todos aquellos que queráis comenzar en esto de la escritura y a los que aún no lo hayáis leído aunque llevéis muchos años en la profesión). Consiste básicamente en unir dos conceptos o ideas que aparentemente no tengan relación entre ellas y crear, así, una chispa creativa de la que surgirá, seguramente, una idea para un texto narrativo.

El cerebro humano siempre trata de buscar una explicación o una razón que justifique lo que percibe. Esa necesidad de explicación es lo que hará que nuestra cabeza trate de buscar una relación entre los dos términos aunque en un principio no la haya. El autor italiano usa de ejemplo las palabras perro y armario. Tened en cuenta que cuanto más separadas se encuentren las palabras (semánticamente hablando), más poderosa será la idea. Nuestra cabeza trata de ir desde el concepto perro hasta el concepto armario. ¿Por qué podrían ir esas dos palabras juntas? Pero no nos adelantemos, encontrar esas dos palabras es el primer paso del binomio fantástico.

Gianni Rodari usaba listas o tarjetitas de palabras en las que escribía aquellos conceptos que más dispares le podían parecer. Es cierto que puede realizarse con cualquier tipo de palabra, pero yo os recomiendo usar principalmente sustantivos concretos, cosas palpables o perceptibles por los sentidos. De ese modo, la idea será más visual y facilitará que aparezca la historia y, sobre todo, los personajes. Hoy en día no es necesario que le dediquéis mucho tiempo a la elaboración de listas de sustantivos porque hay páginas en internet que os ofrecen generadores aleatorios de palabras. Con una pequeña búsqueda en Google vais a encontrar muchísimas páginas. Tened en cuenta que es probable que la primera búsqueda no os arroje un resultado satisfactorio. Rodari nos anima a no quedarnos en la superficie y ahondar en los conceptos. No conformarnos con una idea simple. Por ejemplo: si encontramos la palabra camello y la palabra desierto, probablemente no sea una buena idea escogerlas. Al igual que palabras pertenecientes a la misma familia (cereza y naranja, por ejemplo).

Una vez tenemos las dos palabras y nos sentimos atraídos hacia ellas (aquí no hay trampa, haz los intentos que sean necesarios) únelas usando las preposiciones. Cogiendo el ejemplo de perro y armario que hemos usado antes tendríamos: Un perro a un armario, un perro ante un armario, un perro cabe en un armario, un perro bajo un armario, un perro durante un armario, un perro de un armario, etc. En estas combinaciones habrá algunas que sean menos interesantes que otras. Por ejemplo, que un perro quepa dentro de un armario no es algo que normalmente consideraríamos narrativo. Pero, por ejemplo: El perro de un armario sí que tiene pinta de ser el germen de algo. ¿El armario es el dueño del perro?, ¿es un perro hecho de trozos de un armario?, ¿qué pasaría en esa historia? Nuestro cerebro se despierta y va uniendo los puntos para explicarse esos conceptos tan separados. Mi recomendación es probar mentalmente con todas las preposiciones y anotar las cinco o seis que más os llamen la atención. No es necesario, aunque nació como tal (de ahí su apellido fantástico), pero es recomendable que ese binomio que hemos creado nos genere algo imposible o, al menos, insólito. De ahí que un perro que cabe en un armario no nos resulte atractiva para la narración.

Una vez tengas esas cinco o seis combinaciones de palabras, elige tres y desarróllalas en un párrafo. ¿Quiénes son los personajes?, ¿qué los ocurre?, ¿cómo acabaría el texto?, ¿por qué pasa lo que pasa? Solo con hacer este sencillo ejercicio te darás cuenta de cuál es la historia que tiene potencial. Mi recomendación aquí es que te dejes llevar, que anotes cualquier cosa que te surja sobre esas tres ideas, sin pensar demasiado. Una vez lo hayas hecho, elige la que más te apetece escribir. Esto es muy importante. Recuerda que estamos intentando despertar la creatividad. No te guíes por criterios de género o de lo que la gente va a querer leer. Escoge la historia que más ganas tengas de escribir aunque sea tópica o aunque pienses que ya se ha contado más veces. Nuestro objetivo es disfrutar escribiendo, no revolucionar la Literatura.

Si es un relato corto mi consejo es que te pongas a escribir inmediatamente. Si la historia ha crecido en tu cabeza demasiado, quizás debas hacer algo de planificación antes de ponerte, aunque te recomiendo que no sea algo muy largo o perderás ese impulso creativo del que quería que nos beneficiáramos Gianni Rodari. Escribe sin preocuparte de nada más, sin dejar entrar al censor o al corrector en la habitación (ya los llamaremos cuando hayamos acabado de jugar). Lo importante es disfrutar y dejarnos llevar, abrir la puerta del subconsciente y hacer que vuelva a fluir la creatividad, limpiar de maleza ese camino que lleva de la imaginación al papel.

El binomio fantástico es una técnica muy potente que funciona muy bien contra el bloqueo literario o para el síndrome de la página en blanco. También desengrasa alguna clase que pueda resultar demasiado pesada y es algo que el propio Rodari hacía con sus alumnos pues los inspiraba y los movía a ser imaginativos y a interesarse por la narración de historias.

¿Qué me decís?, ¿volvemos a ser niños por un tiempo?, ¿habéis probado alguna vez la técnica para vuestras propias historias?