Hace unas semanas os comentaba en este artículo sobre mis lecturas veraniegas, que me había leído el libro Ana no y que me había gustado mucho. Finalmente, he decidido hablar un poco sobre el libro en el blog ya que considero que es un libro, y un autor, poco conocidos y que merece mucho la pena intentar que se acerquen un poco más al público.

He de reconocer que yo tampoco sabía nada del autor hasta leer un artículo en alguno de los blogs que frecuento. He intentado dar con el artículo para enlazarlo, pero no lo he conseguido. Es una pena, porque en el artículo no solo se hablaba de esta novela, sino que hablaba de muchos otros títulos que quizás os puedan interesar si el autor os llama la atención.

Ana no es una novela escrita por Agustín Gómez Arcos. El autor nació en Enix, Almería en 1933 y murió en Francia en 1998. Desarrolló casi toda su carrera como dramaturgo, aunque tiene varias novelas muy interesantes. Se exilia en 1966, cuando sus constantes choques con la censura provocan que, tras haber ganado por segunda ocasión el Lope de Vega (la primera vez se lo revocaron), la dictadura prohíba la representación de la obra.

Escribió en francés muchas de sus obras, pero nunca abandonó la temática española y fue muy reconocido en el país vecino, mientras que aquí en España cayó en un olvido propiciado por las autoridades del momento. Después de la caída de la dictadura, regresó puntualmente a España e incluso representó alguna de sus obras, pero nunca llegó a obtener el reconocimiento que se merecía (y que había obtenido en Francia).

La única novela que he leído del autor, Ana no, fue publicada en Francia en el año 1976, ganando dos premios nacionales literarios franceses en los dos años siguientes. La novela recoge una leyenda que circuló por España después de la posguerra en la que se contaba que una mujer había cruzado el país andando desde Andalucía hasta el norte para visitar a su hijo en la cárcel y que había muerto por el camino.

Agustín Gómez Arcos nos cuenta así la historia de Ana, mujer de un pescador republicano que pierde a su marido y dos de sus hijos en la guerra y que pasa el resto de su vida esperando la salida de la cárcel del menor de ellos. Recibe cada año una carta de la cárcel que no sabe leer y que no quiere que nadie le lea. Finalmente, al comienzo de la novela, Ana prepara un bizcocho, cierra la casa y se marcha al norte para realizar una última visita a su hijo antes de morir.

La novela narra el viaje de Ana, pobre y envejecida, a través de un país devastado por la posguerra y que aún se lame sus heridas. Atraviesa la meseta castellana, llega a Madrid, donde llegará a ver de lejos al dictador, y finalmente ira caminando, siguiendo las vías del tren, hasta la cárcel donde tienen encerrado a su hijo. En cada parada del viaje (Ana llega incluso a unirse a un circo), Ana aprenderá algo nuevo y nos irá desvelando poco a poco su vida y su personalidad, fuerte, pero sencilla.

Más allá de la historia, y del interés obvio en saber si conseguirá o no llegar a tiempo a ver a su hijo, lo que más me gustó de la novela es el estilo elegido por el autor para narrar la misma. La novela tiene muchos dejes teatrales característicos del autor, abundando los diálogos o los soliloquios y el propio narrador parece muchas veces una voz en off o un narrador clásico de los de teatro. No es de extrañar que el libro se convirtiera en una obra teatral de mano del propio autor y que tuviera gran éxito en Francia.

De esos diálogos, yo destaco los que Ana tiene con La Muerte, compañera de viaje que la acecha y a la vez la impulsa cuando no encuentra fuerzas para seguir con su camino. Ana sabe que no va a morirse hasta que no llegue a la cárcel de su hijo y la muerte parece haber aceptado ese periodo de tregua porque en realidad, Ana ya esta muerta, de ahí la negación de su nombre, desde que toda su familia le fue arrebatada.

Además, toda la novela usa un lenguaje poético muy lírico y lleno de figuras retóricas. Eso provoca que la propia plasticidad y cadencia del lenguaje, junto al vocabulario empleado consigan una sensación de fantasía que muchas veces roza el realismo maravilloso. Hay escenas y pasajes muy bellos que reflejan el dominio que tenía el autor por la palabra escrita. Los sentimientos de Ana se reflejan de manera muy potente con ese recurso poético y el uso excesivo de las repeticiones, hace que la historia tenga un ritmo maravilloso que es una delicia leer. Es una novela hecha para leer en voz alta, sin ninguna duda.

También me gustaría destacar la fuerza del final. No es una novela fácil de leer, puesto que es una novela que narra hechos tristes y nostálgicos, pero a la vez te deja un poso de resiliencia y esperanza que es agradable.

Por ponerle alguna pega, creo que le sobran algunas páginas. El juego de las repeticiones con el nombre y con el bizcocho pueden llegar a hacerse pesado y creo que ambos recursos hubieran tenido mucha más fuerza si se hubieran eliminado algunos de los episodios que vive Ana en su viaje a través de la península.

Tengo varios títulos más pendientes del autor, recomendaciones de amigos y títulos que he ido ojeando yo mismo. También espero poder acudir a alguna representación de sus obras en un teatro. De momento este es el título que yo os recomiendo hoy. Esperemos que con el tiempo, el autor consiga tener el reconocimiento que, creo, se merece en su propio país.

¿Habéis leído algo del autor?, ¿lo conocíais? Si os animáis a descubrirlo, espero vuestras opiniones en los comentarios.