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Equipo de la Escuela: Javier Sagarna
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Dirección
Cursos presenciales: Proyectos narrativos avanzados, Técnicas, Leer para escribir
Licenciado en Farmacia. Finalista del Premio NH de relato breve 1999 y 2003, tiene
cuentos publicados en varias antologías, entre las que destaca Balas perdidas
(Ed. Adamar, 2005). En 2006 publicó la novela Mudanzas (Gens Ediciones,
2006) que recibió una excelente acogida de público y crítica.
Dirigió el Taller Literario Aldaba y, hasta 2007, el Taller de Escritura de
la Casa de la Cultura de Tres Cantos; asimismo, entre 1998 y 2007, fue profesor
del Taller de Escritura de Madrid. En la actualidad es el director de Escuela
de Escritores, en la que imparte cursos de Relato breve y Proyectos narrativos.
Es profesor de la Escuela de Escritores desde su fundación, en la que también
desempeña las funciones de director y jefe de estudios. Asimismo, colabora en diversos medios de comunicación entre los que
destaca el programa "Hoy por hoy" de la Cadena SER. |
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| Entrevista realizada a Javier Sagarna en junio, 2006 |
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¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender -y enseñar- a escribir? |
Yo estoy convencido de que los escritores, sobre todo, se hacen. Es cierto que uno puede nacer con una mayor o menor sensibilidad artística, pero eso vale de poco si no se moldea. Durante muchos años los escritores se moldearon solos –o casi, que las tertulias y los amigos escritores hacían muchas veces el papel que hace ahora un taller-, a base de leer y escribir como posesos. Ahora los talleres pueden allanarnos el camino. No es que nos vayan a liberar de escribir o leer una sola línea, al contrario, pero sí que van a orientarlas de forma que en menos tiempo podamos adquirir una formación más completa y estructurada. Yo siempre digo con orgullo y gratitud que aprendí casi todo lo que sé de mis maestros en talleres de escritura o en tertulias que funcionaban de forma similar. No nací tocado por la pluma de un ángel, no. |
¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase? |
Ser profesor para mí significa tener el mejor trabajo del mundo, poder devolver, de alguna manera, todo lo que otros maestros me dieron a mí, pero también disfrutar de cada comentario, de ver cómo los alumnos crecen poquito a poco, cómo van desarrollando sus capacidades y haciéndose escritores. Es un privilegio, la verdad.
Empecé a impartir clase hace ya casi 9 años. Había sido alumno de un taller de escritura y el profesor, Enrique Páez, pensó que tenía cualidades como profesor. Primero me ofreció unas clases a prueba, luego me propuso trabajar en su taller. Y así empecé a dar clases, primero compaginándolas con mi trabajo de entonces, los tres últimos cursos ya plenamente dedicado a ellas. |
¿Cuál es tu relación con el resto del equipo de la Escuela? |
Excelente, la verdad. Soy el jefe de estudios y eso podría suponer, sobre el papel, una distancia con el resto de profesores, una barrera. Pero no es así en absoluto, nos llevamos verdaderamente bien y nos apoyamos unos a otros en todo lo que podemos. Si hay algo divertido es una comida de profes o una de esas fiestas que organizamos con cualquier excusa: entregas de premios de nuestros concursos, presentación del libro de los alumnos, etc. |
¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico? |
La libertad de cátedra de los profesores –y aquí hablo como socio de la Escuela- es una de las banderas de Escuela de Escritores. Cuando empezamos con este proyecto, una de las primeras decisiones que debimos tomar Isabel Cañelles, la directora de la Escuela, y yo, como jefe de estudios, fue decantarnos por uno de los dos modelos docentes posibles: la escuela de los temarios, con todo el peso puesto sobre los materiales teóricos y con directrices sobre cómo comentar los textos impuestas desde arriba, o la escuela de los profesores, en la que, sin descuidar en absoluto la calidad de los materiales, el peso se pusiera sobre los profesores y su capacidad para comentar los textos y para transmitir su visión particular de la escritura, su entusiasmo y su amor por la misma. Nos decantamos sin dudar por este segundo modelo y estamos convencidos de que fue un gran acierto, pues permite a los profesores dar lo mejor de sí mismos.
Respecto a mis peculiaridades como profesor, yo diría que me gusta mimar la forma particular de crear de cada alumno, estimular la lectura y el pensamiento libre. Mi trabajo es dar guía y consejo, iluminar el camino y acompañar a los alumnos por él, pero odio las recetas y las afirmaciones rotundas. Supongo que valen para otras cosas, pero no para la literatura. |
¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia? |
Ganas de escribir y buena disposición para aprender y aceptar la crítica, eso es todo lo que les pido. Respecto a mi nivel de exigencia tengo uno muy elevado para mí mismo, me exijo acertar siempre en mis comentarios, adecuarme al alumno de forma que lo que le diga le sirva y le ayude a crecer como escritor, a mejorar texto a texto. Me parece imprescindible graduar el nivel de mi crítica al del alumno, aunque ello suponga a veces manejar varios niveles en un mismo grupo. A los alumnos, por el contrario, no les exijo nada, mi trabajo es dar, no exigir, darles tanto como ellos demanden, un poco más siempre, de forma que quien quiera aprender y convertirse en escritor pueda hacerlo y quien tenga pretensiones más modestas y solo pretenda divertirse escribiendo pueda hacerlo también. |
¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo? |
Me parece esencial que haya un buen ambiente, con un intercambio fluido de opiniones y comentarios sobre los textos, la literatura, y me parece muy bien que, en algunas ocasiones, estos intercambios generen relaciones duraderas de amistad. Siempre sin perder de vista la tarea, eso sí, sin olvidarnos de que el objetivo del grupo es escribir y crecer como escritores. |
¿Consideras la enseñanza como un intercambio? ¿Qué te enseñan tus alumnos? |
Hombre, más que un intercambio la enseñanza es una relación vertical donde uno, el profesor, da y otros, los alumnos, reciben. Esa es su naturaleza y la razón, por ejemplo, de que cobremos por ello. Dicho esto, también está claro que un profesor aprende muchísimo de sus alumnos, tanto en el plano humano como muchas veces en el literario. Pero es más bien un beneficioso efecto secundario que no forma parte de la esencia de la relación profesor-alumno. |
¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de un taller? |
Amor por la literatura, amor por la enseñanza, ojo crítico más allá de trucos y recetas, respeto e interés por el trabajo de los demás y una base teórica y de análisis textual lo más amplia posible. También es conveniente ser escritor y haber asistido a talleres como alumno, pero no son requisitos indispensables, en mi opinión. |
Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar? |
Me gustan las estructuras y la precisión. Me encanta investigar las mil maneras de armar un relato, cómo estructurar la información, qué se cuenta y qué no se cuenta, cuándo un detalle ha de ocultarse y cuándo es esencial mostrárselo al lector. Un escritor tiene que ser preciso, tanto a la hora de elegir las palabras que cuentan sus textos como al seleccionar, entre todos los que podría contar, los hechos justos que formarán parte de su texto y que serán suficientes para contarlo todo. |
¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar? |
Los concursos literarios están bien (hablo siempre de los verdaderos, no de los que no son más que estrategias de marketing con ganador/a prefijado), siempre que a uno no se le suban a la cabeza. Quiero decir que es estupendo presentarse a concursos –algo que todo escritor debe hacer, pues forma parte de su oficio- y más estupendo aún ganarlos. De verdad que uno cuenta esos éxitos entre las grandes alegrías de su vida. Además el dinero viene muy bien y el ratito de gloria viene a compensar las muchas horas de soledad y trabajo duro que uno necesitó para escribir no solo ese relato, sino también los muchos que lo precedieron y lo hicieron posible y, muy probablemente, están en la papelera.
Pero los concursos no lo hacen a uno escritor. Un escritor se consolida en sus publicaciones, cada vez que uno de sus libros llega a las librerías, a los lectores. Si nos acercamos a la literatura con la única pretensión de jugar y pasar un buen rato, entonces publicar no es importante, pero si queremos ser escritores entonces es esencial tenerlo como horizonte. Eso sí, sin perder nunca de vista que habitualmente es algo que llega después de un largo periodo de formación, cuando nuestros textos tienen la calidad suficiente. |
¿Cómo compaginas la labor como profesor con tus propias creaciones? |
Bien. Se trata de abrir tiempos distintos para ambas actividades. Cuando escribo, trabajo como escritor. Cuando enseño, como profesor. Soy bueno para que no se me mezclen las cosas. |
¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad? |
Si digo Raymond Carver va a sonar poco original, pero es muy probable que sí, que lo sea. Me encantan su prosa precisa y su capacidad para la metáfora de situación, pero sobre todo me fascina su mirada, lo que este hombre era capaz de descubrir y luego contar del alma humana. Pero lo cierto es que tengo muchas otras debilidades, adoro a Joseph Conrad, a Salinger, a Isak Dinesen, me vuelve loco pasar una tarde de verano al ritmo lentísimo de un libro de Proust, pero también embarcarme en una trepidante locura de Cortázar o simplemente disfrutar de un relato de los de siempre, de Stevenson, de Jack London o Ray Bradbury, por citar solo a tres.
Sobre la mesilla de noche ahora mismo tengo dos novelas de alumnos, que esperan mi comentario una vez terminadas, y además Desgracia, de Coetzee y Mujer con perro sobre fondo blanco, de Alfonso Fernández Burgos, una maravilla de libro de cuentos que estoy releyendo. |
Acabas de publicar tu primera novela, Mudanzas, en la editorial Gens, ¿qué puedes contarnos de ella?, ¿tiene un fondo autobiográfico, como dicen por ahí? |
En Mudanzas he tratado de combinar una acción trepidante con un tema de fondo que siempre me ha inquietado: los cambios a los que nos vemos obligados en muchos momentos de nuestra vida y la inutilidad de huir en esos casos. El protagonista, Ari, un chaval de unos 18 años, se encuentra con que la vida le pide un cambio y él elige la huída. Eso es lo que cuenta la novela, una larga huída por las calles de un Madrid que he procurado que no se pueda identificar con ninguna época en concreto. En la novela pasan muchas cosas: mochilas llenas de cocaína que cambian de lugar, peleas, problemas con los padres, chicas, perros que acaban dentro de piscinas de formol, partidos de rugby, pero yo diría que lo más importante es aquello que pasa dentro de Ari y que en buena medida debe construir el lector con las pistas que el narrador le va dejando.
Desde luego, Mudanzas, no es una novela autobiográfica en lo que se refiere a los hechos. Prácticamente todo lo que sucede en ella es inventado. Sin embargo, en la novela sí que se mueven muchas de las emociones del adolescente salvaje que fui. |
Eres Licenciado en Farmacia y durante más de doce años trabajaste como microbiólogo en diversas empresas farmacéuticas. Ahora, sin embargo, te dedicas a la enseñanza y a la escritura. ¿Tuviste mucha suerte o un cambio así está al alcance de cualquiera? |
En la vida siempre hace falta una pizca de suerte para que los planes encajen, pero yo diría que en general uno obtiene las cosas que desea de verdad, siempre que esté dispuesto a trabajar cuanto haga falta para ello. Personalmente, me encontré con 27 años, un trabajo teóricamente bueno en la industria farmacéutica y una depresión de caballo solo de pensar que mi vida iba a ser solo eso: ir a la fábrica y analizar medicinas. Entonces empecé a escribir, como rebeldía ante ese futuro que parecía inevitable, luego entré en un taller de escritura y descubrí dos cosas que me apasionaban: escribir y comentar textos. Así que, sin planteármelo siquiera al principio y con paciencia después, a lo largo de 10 años fui poco a poco dando la vuelta a mi vida. En ese camino tuve algo de suerte a veces y otras veces no tanta, pero no dejé de caminar.
Así que, desde mi experiencia, yo pienso que sí, que cualquiera que lo quiera de verdad puede dar un cambio radical a su vida. |
¿Sueñas con vivir de la escritura? |
Sueño con poder vivir siempre de enseñar a escribir. Vivir de la escritura no me interesa. Si algo te da de comer te impone a cambio unas servidumbres que, en el caso de la escritura, suelen tener que ver con escribir mucho, rápido y de cualquier manera, con hacer novelas mediocres para mantener el puchero lleno. Para mí la escritura es mi reducto de libertad total, donde me doy el derecho de escribir lo que quiero y al ritmo que necesito para dejarlo exactamente como a mí me gusta. No soñar con vivir de la escritura es el precio que pago gustoso por seguir siendo libre. |
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| Publicaciones en papel de Javier Sagarna |
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Primera novela publicada por Javier Sagarna, director de la Escuela y profesor de los cursos avanzados. Puedes conseguirla en las principales librerías de España. |
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Título: Mudanzas
Autor: Javier Sagarna
ISBN: 84-933706-5-7
Características: 176 pág. 22x14 cm
Precio de venta: 13,94 €
Editado por: Gens Ediciones
Colección: Guermantes, num. 7
Fecha: abril, 2005 |
| Sinopsis Una vespa a punto del desguace y sobre ella dos adolescentes que transportan una mochila cargada de cocaína. Esta imagen pone en marcha la trama de la novela, pero es también una metáfora de ese tiempo de cambio radical que es la adolescencia. Contada con una prosa ágil y descarada Mudanzas es la crónica de una huida, de un cambio inevitable, de las experiencias límite que a veces necesita el crecimiento.
Ari, el narrador de esta historia, nos traslada a un Madrid violento y obsesionado por la seguridad, una ciudad de ficción que mantiene tabiques comunes con el Madrid de la realidad. Los protagonistas, en la frontera de la adolescencia, se encontrarán con la necesidad del cambio y con los aspectos a veces dolorosos que ello implica.
Javier Sagarna, como aquellos personajes de Céline, ha inventado el movimiento perpetuo en esta novela. Apasionante por sus hechos, breves e intensos como canciones punk, Mudanzas es una novela de lo no dicho, sutilmente construida a base de sugerencias. Una novela, en fin, del siglo XXI. | Artículos relacionados
|
Ocho profesores de escritura creativa de la Escuela nos muestran, transformados en cuentos, sus proyectos personales como escritores. El prólogo es de María Tena, y la fotografía de Rafa Turnes. |
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Título: Balas perdidas (Antología de nuevos narradores)
Autores: Ignacio Ayerbe, Alfredo Caminos, Isabel Cañelles, Ángeles Lorenzo, Jesús Pérez, Daniel Saavedra, Javier Sagarna y Mariana Torres.
ISBN: 84-934056-8-X
Características: 248 pág. 21x14 cm
Precio de venta: 15 €
Editado por: Adamar Ediciones
Fecha: junio, 2005
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| Sinopsis Los cuentos que nos regala Javier Sagarna son cortos, concisos, redondos, efectivos. Un fusil dubitativo y
la vida de un Rey. Unos ratones y una riña de novios, un padre cobarde y un Parque de Atracciones,
un tullido y una decisión sin retorno, un niño que juega con unas cerillas, un velatorio y el inicio de la adolescencia
y el cuento de Caperucita le sirven para introducirnos en su mundo personal y que seamos siempre
sorprendidos por su intuición de narrador. |
Libro de relatos publicado por los Hoteles NH, ganadores y finalistas del premio NH de Relatos 2003.
Javier fue uno de los finalistas con su relato Un vampiro en la baldosa, publicado en esta antología.
Este libro ha sido traducido al inglés y al alemán. |
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Título: Noche de relatos (Número 23)
Autores: Varios autores: Ignacio Padilla, Lola Beccaria, Juan Pimentel, Ángel Olgoso,
Javier Sagarna, Javier Izcue, José Manuel Abad Liñán
Director de la colección: José Luis Martín Nogales
Editado por: NH Hoteles
Fecha: 2004
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| Sinopsis Sobre Un vampiro en la baldosa: Un vampiro dibujado con rotuladores sobre una baldosa la noche en que una llamada de teléfono
interrumpe la cena se convierte en una aterradora metáfora de la muerte y los estragos que causa
el dolor. |
Libro de relatos publicado por los Hoteles NH, ganadores y finalistas del premio NH de Relatos 1999. Javier fue uno de los finalistas con su relato Bichos, publicado en esta antología |
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Título: Noche de relatos (Número 11)
Autores: Varios autores: Gonzalo Calcedo, Ignacio García-Valiño, Ricardo Gómez, Francisco Javier López, Javier Sagarna y Roberto Enríquez
Director de la colección: José Luis Martín Nogales
Editado por: NH Hoteles
Fecha: 2000
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| Sinopsis Sobre Bichos: Una tarde de verano y un chaval que pega fuego a unos bichos: la culebra, las hormigas y el alacrán, no sabría decir por qué. Un minucioso estudio de los mecanismos de transmisión de la violencia |
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| Publicaciones electrónicas de Javier |
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| Premios literarios de Javier Sagarna |
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 2003: Finalista del Premio NH de Relato con El vampiro en la baldosa |
 1999: Finalista del Premio NH de Relato con Bichos |
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