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Equipo de la Escuela: Isabel Calvo
 
 
Cursos presenciales: Novela tutorial, Relato breve, Escritura creativa

Isabel Calvo es, además de profesora de relato y novela, redactora de temas y coordinadora de redacción de temarios de relato en la Escuela de Escritores.

Estudió Bellas Artes, pero atraída por la literatura desde siempre, se formó también como profesora de español en Costa Rica, país en el que residía. Después de trabajar allí como profesora de español para extranjeros, regresó a España donde se ha seguido formando de la mano de Víctor García de la Concha, Alessandro Baricco, Bernardo Atxaga y Ricardo Piglia entre otros.

Antigua alumna del Taller de Escritura de Madrid, ejerce como profesora desde 1999 y ha dirigido innumerables talleres, tanto en centros culturales públicos como privados. Presume de ser una apasionada de su trabajo y cuenta con una larga experiencia como profesora de escritura creativa.
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Entrevista a Isabel

Entrevista realizada a Isabel Calvo en septiembre, 2006
¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender -y enseñar- a escribir?
No sé quién la dijo pero es lo mismo que decir que el violinista nace, no se hace.

La escritura, como cualquier otro arte, requiere mucha práctica y una gran cantidad de conocimientos que no se adquieren por ciencia infusa. Lo que pasa es que hasta hace poco no había lugares específicos para aprender las técnicas de escritura, y los escritores se formaban en las lecturas, en el estudio exhaustivo de los clásicos, en el contacto con el ambiente intelectual… en fin, que a escribir se ha aprendido siempre.

Lo que sí se nace es con un talento o una sensibilidad especiales que pueden o no desarrollarse dependiendo de que se trabajen o no de forma adecuada.

¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
Me gusta ser profesora de escritura porque creo que dentro de cada alumno hay un buen escritor en potencia que está ahí, esperando crecer. En ese sentido mi labor es una mezcla de audacia y paciencia: audacia para ver en el alumno las mayores posibilidades latentes en su escritura, y paciencia para ayudarle a que saque lo mejor de si mismo.

Mis comienzos en las clases fueron fruto del azar. Yo vivía en Costa Rica y me dedicaba a pintar, pero me pidieron que diera clases de español para extranjeros en una escuela. Acepté porque me apetecía el reto; el trabajo me gustó, aunque enseguida me di cuenta de que había que estudiar muchísimo, pero el contacto con los alumnos, verles aprender, era a la vez muy gratificante.

De regreso a España me inscribí como alumna en Escuela de Escritores de Madrid porque me encanta escribir. Fui alumna de Javier Sagarna durante años (antes mi profesor, ahora mi jefe) y estaba feliz, cuando de nuevo el azar hizo que tuviera que regresar a mi tierra, Bilbao, y que allí me salieran talleres de escritura en centros culturales, así que di de nuevo el salto a la pizarra.

En aquella época viajaba a Madrid todos los viernes para continuar recibiendo formación con Javier a la vez que era profesora en Bilbao. Ahora trabajo por Internet y puedo hacer mi trabajo en cualquier lugar del mundo, incluso en Madrid, en mi propia casa.

¿Cuál es tu relación con el resto del equipo de la Escuela?
Excelente. Nos vemos poco pero nos comunicamos mucho por correo, el ambiente es muy divertido, además mis compañeros tienen un enorme gusto por su trabajo y una gran pasión por la literatura.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
No se trata de ningún método especial, aunque procuro ir de menos a más. Si al inicio hago una labor de quitar los errores comunes del principiante luego, cuando el alumno ya tiene una escritura limpia, trabajo sobre todo con la compresión de los elementos estructurales básicos, y cuando estos ya están asimilados procuro ir al fondo. Es entonces cuando puedo ayudarle a descubrir su propio discurso, su correlato.

Todo esto lo hago con total libertad, lo único que marca la pauta es el ritmo de aprendizaje que cada alumno sea capaz de seguir sin sentirse presionado.

¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Cuando comienza un curso hay un periodo de adaptación muy intenso donde los alumnos y el profesor se tiene que acomodar y delimitar el "terreno de juego" Esta es una parte muy importante donde se negocian y establecen posiciones de tipo emocional. En esta primera etapa hay que estar muy receptivo a la hora percibir la sensibilidad de cada alumno.

Una vez que el grupo ha cuajado, ya se puede empezar a trabajar con comodidad. Pido que trabajen y tengan confianza para comunicar sus dudas, sus inquietudes literarias y técnicas.

El nivel de exigencia se vuelve mayor al final, cuando ya el alumno ha tenido oportunidad de desarrollar un criterio óptimo.

¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
A mí me gusta el clima que se genera cuando se realiza con entusiasmo un trabajo intenso. Si todos están creciendo se sienten orgullosos de ellos mismos y del grupo. Me gusta también que los alumnos establezcan relaciones afables y cariñosas entre ellos, porque esto de la escritura es muy duro. También se agradece el buen humor, la energía positiva.

¿Consideras la enseñanza como un intercambio? ¿Qué te enseñan tus alumnos?
Sí, desde luego, la enseñanza es un intercambio. Yo les doy lo que tengo y lo que ellos quieran o puedan recibir. Es un camino en dos direcciones. Mis alumnos me enseñan que no se debe dar nada por sentado, me dan cantidad de sorpresas y son capaces de hacer cosas mucho mejores de lo que ellos mismos piensan. Me enseñan tolerancia, calidad humana, perspicacia.

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de un taller?
Paciencia, empatía, intuición, concentración y una gran capacidad de estudio.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
En el discurso último de los textos, el correlato, el hueso del escritor.

¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Cada uno es un mundo. Hay a quien le encanta participar en concursos y me parece muy bien. También me parece muy bien que haya a quien no le interese para nada este campo. Yo creo que, de forma intuitiva, todo escritor sabe qué hacer con su obra. No se pueden dar consejos. También en el caso de publicar cada escritor conoce sus aspiraciones y la energía con la cuenta para llevarlas a cabo. Es un camino individual que debe escoger y recorrer cada cual según sus deseos.

¿Cómo compaginas la labor como profesor con tus propias creaciones?
Mal. No doy abasto durante el curso para sacar adelante mis propios textos. Rasco horas y minutos para escribir algún relato pero luego no tengo oportunidad de concentrarme en él. Este trabajo del taller es muy absorbente, por eso aprovecho las vacaciones para escribir.

¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?
Tengo un montón de escritores favoritos. Tal vez los de la generación beat me llegan de forma especial: Bowles, Kerouak… Pero también Nabokov, Tabucchi, Dostoyevski, Flaubert, Homero, Henry James, Lewis Carroll, Wilkie Collins… y mis primeras lecturas, las que sacaba de la biblioteca de mi padre y me marcaron: Josep Conrad, Stevenson, Jack London, Upp Degraft. Máximo Gorki…

Hay una infinidad de escritores que leo con auténtico placer. Tal vez son mis favoritos porque tengo una tendencia a la épica, la pasión y la aventura. Me identifico en esa búsqueda de los límites que aparece en sus obras.

Ahora mismo estoy leyendo los "Cerca del corazón salvaje", de Clarice Lispector.

Eres vasca, has vivido, trabajado y enseñado en Costa Rica, vives en Madrid, te refugias en Almería, te pierdes de vez en cuando en el desierto mauritano, ¿influye este cambio de escenarios en tus cuentos?, ¿andas buscando exteriores para una novela?
Ando buscando exteriores para la vida. Me gustan las selvas, los desiertos, los lugares vírgenes donde la lógica se retira y deja paso a lo imprevisible que sólo puede ser vivido desde una cierta inocencia: una especie de estado de gracia.

Soy muy inquieta. Cuando vivía en la selva de Costa Rica volaba todas las semanas a la capital en una avioneta que había que tener mucho valor. Cuando vivía en Bilbao venía todas las semanas a Madrid. En Almería tengo el mar al frente y el desierto en la espalda, un paisaje desprovisto, de una belleza brutal. Viajo al Sahara muchas veces, probablemente uno de los lugares más hermosos del mundo.

El movimiento externo me produce un movimiento interno muy liberador e influye en mis relatos en la medida que me encanta escribir en un autobús, en un avión, aislada de las preocupaciones cotidianas. Cuando escribo en estas circunstancias también mis personajes están en movimiento, viajan.

Has sido alumna de Víctor García de la Concha, de Alessandro Baricco, Bernardo Atxaga, Ricardo Piglia y de otros importantes maestros. ¿Puedes regalarnos algo que hayas aprendido de ellos y te parezca especialmente importante?
Infinidad de cosas. Sobre todo el brillo de los grandes profesores, su pasión por lo que hacen y su pasión al transmitirlo. A Víctor García de la Concha le aplaudíamos al finalizar las clases, a Baricco, que es muy tímido, le hicimos también enrojecer con los aplausos del último día. Ha aprendido que los grandes son sencillos, accesibles y no tienen problemas a la hora de dar todo lo que saben. Estar cerca de ellos es como estar cerca de una luz intensa.

Puedo transmitiros, para terminar esta entrevista, algunas cosas que dijeron cada uno de ellos:

Baricco: "Lo único que debería juzgarse es la fuerza de lo que se hace. Una canción de los Beatles ha marcado más a nuestro mundo moderno que una novela de Sartre."

"El arte produce placer en el cerebro, es un mecanismo puramente animal, aunque luego hagamos, de forma posterior, una observación intelectual."

García de la Concha: "Los sueños pertenecen a la realidad de quien los sueña. La realidad es infinita; lo que los ojos ven y lo que la conciencia sueña."

"Pensar que la novela realista es una novela mimética es una convención falsa. El novelista crea la ilusión de realidad"

Piglia: "Narrar es construir un sentido a la existencia, en el sentido de somos que lo que recordamos: si cambio mi memoria soy otro"

"Para Borges narrar es poner orden. Es una manera de ordenar la experiencia, es decir; darle un sentido. De ahí la noción de laberinto en Borges: Es preferible un orden que no se comprende a la certidumbre de vivir en el caos."

Bernardo Atxaga: "Todas las cosas nos interesan en función de su ritmo. El concepto más sencillo de ritmo es la repetición. A mí me parece mejor la repetición de acciones que de la de palabras."

"Escribir es una acción. Para escribir hay que tener algo ya escrito. Sin un primer folio del que tirar no se escribe. Hay que escribir escribiendo, de nada sirve meditar mucho una obra si no se ha escrito una letra."


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El río
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Premios literarios de Isabel Calvo
2003: Finalista del concurso del Diario de León con el relato Mac Gyver, publicado en el suplemento dominical del Diario de León
1998: Primer Premio de Poesía del Ayuntamiento de Basauri (Vizcaya)

 
 
 
   

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