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| F
U E R A D E T I E S T O |
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| LA
FELICIDAD |
domingo,
17 de febrero de 2002 13:14 |
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Decía
Guido:
Se
me olvidaba. Ayer tuve un par de horas de algo muy parecido
a la felicidad.
Y a mí
me ha recordado algo que quería contaros y no encontraba
tiempo (es que estaba por ahí, siendo feliz).
El viernes fui al oftalmólogo, y me acompañó
Germán. La tipa no me dijo nada nuevo. Que tengo una
miopía de camello, un astigmatismo de elefante y unas
córneas de mosquito. Y que no me puedo operar, por
las razones citadas anteriormente. Que si acaso cuando me
operen de cataratas, se puede aprovechar para lo otro.
-Pero no me van a operar de cataratas, ¿verdad? -dije
yo, algo asustada.
Y me contestó que ojalá me tuvieran que operar
de cataratas. Le pedí que matizara su respuesta. Me
dijo que si me operaban de cataratas, eso quería decir
que había vivido lo suficiente para que me operaran
de cataratas, aunque a los miopes ya se sabe que les salen
antes, a los cincuenta y pico años o así; además,
así ya se aprovechaba y me quitaban la miopía.
Vamos, que lo que quería decir la buena mujer es que
si me muero mañana, obviamente, no me tienen que operar,
ni de cataratas ni de nada. A eso le llamo yo tener tacto
y ser optimista, sí señor. Aunque peor fue aquella
del seguro, que después de ponerme en la banqueta y
hacerme recitar las pocas letras que podían enfocar
mis ojos, me dijo: "Bueno, ya sabes que no ves tres en
un burro, ¿no?".
El caso es que me dijo que aparentemente no se añadía
a mis múltiples problemas la enfermedad degenerativa
de la córnea que yo me temía (queratokonos o
algo así), que puedo pasarme todas las horas que quiera
delante del ordenador, porque eso no va aumentar más
mi ceguera, y que me tengo que hacer unas pruebas después
de una semana con gafas para estudiar mejor el estado de mis
córneas.
Aunque no os lo creáis, salí de allí
muy aliviada. Todavía me quedan unos añitos
de visión, parece. Era como la una, y Germán
y yo nos pusimos a pasear hasta la hora de comer, porque él
sólo trabajaba por la tarde. Estos días de febrero,
como ya dijo Berna, el cielo de Madrid -cuando está
despejado- tiene un color increíble, un azul compacto
e intenso que casi hace daño a la vista, y que se mezcla
con una luz suave y acogedora como los brazos de una madre.
Así que nos pusimos a pasear por el Barrio de Salamanca,
una zona que no solemos frecuentar. Íbamos andando
tranquilamente, deteniéndonos delante de las tiendas,
contándonos recuerdos y anécdotas... Pasamos
por un mercado que hay en la calle Hermosilla y Germán
quiso que entráramos. Le encantan los mercados, el
olor a bacalao ahumado y a pescado fresco, a frutas y al vinagre
de las aceitunas. A mí no me gustan los mercados, pero
disfruté viéndolo a él de puesto en puesto,
hablándome de los diferentes tipos de pescado, cómo
se comprueba si está fresco o no, y los peces que son
de criadero y los que son del mar... Salimos por otra puerta
y seguimos andando. Llegamos hasta la plaza de Colón,
y Germán me contó que el Manzanito quería
mover la estatua de Colón y plantarla en medio de la
plaza; y que habían puesto una bandera de España
allí que parece ser que es de las más grandes
del mundo. Y también me recordó una anécdota
con la que me muero de risa: los que sois de aquí sabréis
que en la plaza de Colón hay un banco inmenso, el Barclays.
Bueno, pues una vez que vino la madre de Germán desde
Asturias a visitarlo, estaban paseando por la Castellana,
y cuando se iban acercando a Colón, la madre de Germán
dijo: "Ay, qué cansada estoy. Vamos a tomar algo
ahí, al BAR CLAYS". :-DDDDDD
Seguimos andando, y llegamos a la plaza de Chueca. Nos metimos
en un bar que hay ahí, que hace esquina, con una barra
de esas antiguas, toda de metal reluciente y especialmente
preparada para tirar cañas. Nos pedimos dos cañas
y una de anchoas, y seguimos charlando muy animados. En el
bar había sobre todo gente mayor, y entraba el sol
por la puerta, dando justo donde estábamos nosotros.
No pudimos menos que parar un momento la conversación,
quedarnos mirándonos, y decir: "Qué lujo".
Pasear tranquilamente por Madrid un día de diario,
tomarnos una cervecita antes de comer, disfrutar del sol que
nos saluda de soslayo. Qué felicidad, y qué
felicidad darnos cuenta, por un momento, de la felicidad.
Después nos fuimos a comer a un sitio que le llaman
el Comunista, en Augusto Figueroa. No sé si le llaman
así porque las puertas son rojas o por alguna otra
razón. El caso es que el local es vetusto, con mesas
de manteles a cuadros blancos y rojos. Nos sentamos también
en una mesa donde daba el sol, y seguimos charlando y bebiendo,
y luego llegó un amigo de Germán y comimos y
charlamos y tomamos el café y todas esas cosas.
Pero ese ratito, desde que salimos del oftalmólogo
hasta la comida, tuvo toda la magia de lo inesperado, de las
buenas sorpresas que te da la vida. Así, un día
cualquiera, porque sí. Y ahora tengo la sensación
de que se me ha recargado la batería para una buena
temporada. He recordado, de nuevo, que las mejores cosas están
ahí, a la vuelta de la esquina. Sólo hay que
doblarla sin miedo.
Besos:
Isa
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| LÍO
ONÍRICO-MENTAL I |
viernes,
06 de septiembre de 2002 21:39 |
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Dice er Nacho:
¿Toda
esta repercusión es por lo controvertido del concurso?
¿Es por qué es divertido y, sencillamente, original?
Pues yo
he sido la primera sorprendida por todo este pifostio. Creo
que el origen de la repercusión ha sido la mezcla de
lo que tú mencionas: polémica, originalidad, humor.
Y también, yo creo, porque es algo que invita a participar
(es decir, no es un ensayo, ni un artículo; es un certamen
que está diciendo a la gente: "no nos mires: únete").
Si sólo hubiera sido algo polémico, o sólo
algo original, o sólo algo humorístico, yo creo
que no hubiera funcionado así.
Pero vamos, es muy fácil hablar a posteriori. A priori,
nunca me lo habría imaginado. Lo h'uro.
De lo que sí que me he dado cuenta es de que he destapado,
sin querer, un pastel que olía a podrido desde hacía
muchos años. Esta mañana, cuando me han llamado
los de la radio valenciana, he estado un rato charlando muy
a gusto con el tipo. Jo. Esa entrevista sí que hubiera
molado. Pero claro, sólo era capaz de hablar así
porque sabía que no estaba en antena ni me estaban grabando.
Con el que hablado ni siquiera era la presentadora (la que me
va a entrevistar el martes). Cuando me ha dicho que para el
martes a las once y media, me he puesto a mirar los cinco post
it que tengo pegados al ordenador con las horas de las entrevistas,
y al final le he dicho que vale, pero que no se retrasen porque
a la una tengo otra. El tío se ha quedado extrañado.
Le he dicho que estaba teniendo bastante éxito la cosa,
y él me ha dicho: "Claro. Es que ya era hora de
que alguien se atreviera a decir lo que había que decir,
que alguien le quitara el cascabel al gato." Y yo le he
dicho: "Ya. Que esto es como el cuento del rey desnudo,
¿no? Todos lo vemos, pero nadie dice nada". Y nos
hemos reído un rato con eso.
Pero no sé. A mí hay algo que no me encaja en
todo esto. Por un lado, es mentira lo de que nadie se haya atrevido
a hablar del fenómeno de la de libros malos que se publican
actualmente. Hay gente que sí que habla de ello (nosotros
mismos en esta lista, y en nuestros trabajos, y yo en mi libro
sobre el personaje critiqué a Soledad Puértolas
y a José Ángel Mañas y a Belén Gopegui
y...). Pero no por eso hemos salido en la prensa ni en la radio.
Ya lo hablábamos un día. Joder, si los medios
son los primeros que están metidos en esas mafias y propician
la confusión en los lectores... Entonces, ¿a qué
viene ahora sacar como el gran notición que alguien se
meta con sus propios protegidos? No sé. Igual nos lo
puede explicar Vaz. Da la impresión de que los medios
fueran una cosa como eso -como medios- y otra como las personas
individuales que los componen. Porque, por lo menos el tipo
con el que he hablado esta mañana, se notaba que estaba
encantado con que alguien hubiera dicho: "La Puértolas
escribe de pena".
Bueno. Me he liado. No sé muy bien a dónde quiero
llegar. Pero me da la impresión de que hay algo perverso
en todo esto. Tengo una sensación parecida a la que debió
de tener Melchor Mirayes cuando tuvo que defender su vídeo
(que desvelaba lo que ocurría con la prensa del corazón)
en "Crónicas marcianas". De pronto sale algo
que es noticia. Los periodistas están ávidos de
noticias. Se lanzan sobre la buena nueva. Y la absorben, se
la tragan, la dejan convertida en cenizas. Fffff. Yo qué
sé.
Sí,
está claro que tiene una parte provocadora e inconformista
con la que (creo) a los colísteros nos gusta sentirnos
identificados, pero las ideas surgen como una forma de diversión
propia para nosotros mismos.
Eso trato
de recalcar yo todo el rato en las entrevistas. Por mucho que
diga Germán, a mí no me apetece nada meterme en
una guerra con Lucía Etxebarría, ni con Manuel
de Prada ni con nadie, y me jodería que me metieran en
un careo con ellos o algo similar; no es mi terreno, y no me
gustaría tener que actuar en el circo con los leones.
Yo lo que digo todo el rato es que la idea surgió como
algo lúdico, y que luego, cuando me puse a redactar las
bases, se me ocurrió meter unos ejemplos, y al elegir
los ejemplos fue cuando preferí sacar fragmentos de libros
publicados que de gente del taller o de la lista. Así
es como ha sido, y así lo digo. Y además, le intento
quitar hierro. No es tan original. Sale de una propuesta del
taller. Y escribir relatos malos es muy útil en el aprendizaje
de la escritura. Me jode que traten todo el rato de magnificar
una iniciativa que es tan -o incluso menos- buena como la del
Concurso-Exposición de Relato Fotográfico.
Pero también tienes tú razón. Que un poquito
provocadores sí que somos. Pero en el mismo terreno juguetón
en que a los niños les gusta llamar la atención.
Es fantástico
sentirse así, parte de algo que es bonito y divertido,
y que acaba en una una noticia que se escucha en la radio o
se lee en un periódico y hace sonreír. Hay muy
pocas noticias así y creo, Isa, que, sin ser muy conscientes
(al menos yo no lo era), has conseguido que una buena parte
de España escuche/lea una noticia y sonría. Eso
es un gran triunfo.
Sí,
es curioso. Pero lo que realmente importa de todo esto es hacer
lo que nos gusta y pasarlo bien, como cuando montamos lo del
Surbitón. Ir el día del fallo con camisetas, reírnos
mucho y pasarlo de miedo. Y luego, seguir a lo nuestro, escribiendo
nuestras cositas, y charlando como si nada. Eso es lo más
bonito de todo esto, realmente. Cuando me llamaron para la primera
entrevista, estuve dudando si decirlo en la lista o no. De pronto
pensé que podía parecer muy vanidoso. Pero luego
dije: Qué hostias, si me apetece decirlo, pues lo digo.
Y entonces empezamos a compartirlo, y salieron ideas nuevas,
y... Bueno, pues eso es lo que importa, y no la noticia en sí,
que es más un invento de los medios que nuestro.
Uf.
Se nota que tengo un poco de lío mental, ¿no?
Besos
Isa
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| LÍO
ONÍRICO-MENTAL II |
sábado,
07 de septiembre de 2002 9:16 |
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Dice Nat:
Lo
primero que le salta a la vista a un extraño es la
parte polémica del asunto. Que no digo que no la hay,
pero que no creo que el objetivo de la convocatoria era la
de andar por la radio barriendo el "prestigio" de
aquellas "celebridades". Y de ahi a mirar al taller
de reojo para ver si tiene complejo de superioridad la distancia
no es tan larga.
Sí,
lo que pasa es que no se puede pretender que la gente entienda
todo de golpe; ni tampoco se puede uno estar cortando de decir
algo por si luego lo sacan de contexto y lo utilizan para
otros fines. No sé si me explico. Es como la gente
nueva que entra a la lista. Es obvio que al principio no se
entera de nada, y que puede sacarse cualquier idea extraña
(como por ejemplo María Marta, que como hablábamos
mucho de "currar" y para ella, que es argentina,
"currar" significa "robar", pensaba que
éramos una banda mafiosa que nos dedicábamos
a robar textos de otros autores; a pesar de todo se quedó,
finalmente preguntó qué era eso de "currar",
y ya se aclaró todo; aunque se lió otra, porque
Jenaro, que no participa mucho en la lista, leyó a
su vez aisladamente el mensaje de María Marta en que
preguntaba qué significaba la palabra "currar"
y pensó: "Joder, hay un Borbón en la lista,
que ni sabe lo que significa 'currar'"). Pero lo que
no podemos hacer es estar todo el rato con pies de plomo,
teniendo en cuenta los nuevos que entran cada día,
repitiendo todo ochenta veces por si acaso, etc.
Quiero decir, que lo que tampoco puedo eludir es la parte
polémica. Es verdad que al redactar las bases necesitaba
una especie de "hilo narrativo", algo que enganchara
al principio y con lo que cerrar (manías de escritora),
y entonces solté lo de los de los periódicos,
las editoriales y las librerías, y cerré con
lo de los ejemplos. Que es lo que pienso, por otra parte,
y lo que pensamos muchos de los que estamos aquí. Si
los mass media escogen eso para tirar del hilo, tampoco puedo
decir: yo no dije eso. Puedo decir: no surgió con esa
intención. Y si ellos -y la gente- se queda sólo
con esa parte, y piensa que soy una pretenciosa que me permito
ir juzgando a los demás... pues mira, que les den.
Como le decía a Berna el otro día, si me hacen
una encerrona y me ponen delante a alguno de los mencionados
en las bases, y me pide explicaciones, le diría: "Mira,
lo que puse yo en las bases fue una simple opinión
de lectora. Si quieres que te haga un análisis crítico
exhaustivo y mínimamente objetivo, me tendrás
que pagar, porque ese es mi trabajo".
Es decir, yo no voy a barrer el prestigio de nadie. Si acaso,
serán ellos mismos los que se barrerán su propio
prestigio. Que una mindundi -sin ninguna relevancia pública,
como decía Vaz- opine sobre algo no debería
importarles lo más mínimo. Si les importa, el
problema es suyo, no mío.
Así
que como admitir publicamente que tal o cual escribe espantoso
o que existen jurados con tendencia a apadrinar y -peor que
peor a premiar- es meterse en camisa de once varas, bueno,
no me extraña que nadie de ese gremio se arremangue
la camisa y diga "en el aire" lo que te dicen en
privado.
Sí,
la verdad es que denunciar algo -y muchas veces sólo
hablar libremente- siempre ha sido meterse en camisas de once
varas. Pero, como decía antes, no por eso uno va a
quedarse calladito y no decir lo que piensa cuando lo tiene
a güevo. Me refiero a que yo lo tenía a güevo
con lo del concurso: tenía que escribir las bases para
un concurso de relatos malos; ¿cómo no se me
iba a ocurrir compararlo con los concursos de relatos supuestamente
"buenos"?; ¿cómo no iba a sacar a
relucir la hipocresía de tanta gente?; es más,
es que creo que si no lo hubiera hecho me habría tenido
que morder la lengua, y a eso, a morderse la lengua al opinar
sobre algo, yo lo llamo cobardía. Como la gente que
mucho quejarse en el trabajo y mucho hablar de la necesidad
de una huelga, y luego, cuando viene la huelga, en la que
de forma legal pueden protestar, entonces se acojonan y no
hacen huelga.
Con lo que yo alucino, y alucino de verdad, es con que a una
mindundi le da por decir que Juan Manuel de Prada imita a
Borges o que Soledad Puértolas es una cursi, y la gente
se escandaliza. Vamos, por favor. ¿Qué pasa?
¿Que son dioses, o qué? En el siglo pasado Clarín,
Pérez Galdós, Pardo Bazán... no hacían
más que escribir críticas -buenas y malas- unos
de otros en los periódicos. Y tan a gusto. Ahora parece
que vivimos en un régimen dictatorial en ese sentido.
Parece que está prohibido hablar. Vamos, por favor...
Bueno,
una cosa es maravillarse contigo opiparamente de las gracias
del niño y otra muy distinta es seguirlo haciendo cuando
te escudriñan la nevera, y por eso de "a ver que
hay" te quiebran los huevos contra el piso. Que decir
que hay libros que dan pena hasta por el papel gastado no
es ninguna minucia. Y menos "insinuar" que hay jurados
que "cuando fallan follan".
Si de
algo me puedo vanagloriar (y yo creo que nos podemos vanagloriar
en esta lista también), es de que no tengo nada que
esconder. Ni en la nevera ni en ningún lado. Y que
si alguien entra y rompe los huevos, en lugar de enfadarme
me reiré de su enfado, e intentaré hacerle ver
que está haciendo el tonto. Que si quiere hablar, hablamos;
pero que si quiere romper huevos, que los rompa él
solo, que mientras yo me bajo al bar con mis colegas. (Bueno,
al menos de eso me trato de convencer.)
Dices que no es ninguna minucia decir que hay libros que dan
pena o que hay jurados que están comprados. Joder,
pues a mí me parece una verdad como un camión
y que además todo el mundo -TODO EL MUNDO- sabe en
el fondo. Y decirlo me parece la cosa más natural del
mundo. Lo llevo diciendo toda la vida, joder. Y no sola. Con
amigos, con directores de periódico, con escritores,
con amigos de escritores, con profesores, con... Decirlo en
las bases del concurso ha sido algo de rebote. Y de pronto
se monta la de Dios. Hay que joderse. ¿Por qué
la gente tiene tanto miedo de hablar, de dar su opinión?
Bueno, que se me está yendo la olla y, como dice Berna,
mejor es mantener la calma y seguir jugando.
Besos
Isa
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| LÍO
ONÍRICO-MENTAL III |
domingo,
08 de septiembre de 2002 8:45 |
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Oye
Isabel, que no vendría nada mal mencionar que yo estoy
de tu parte y no al revés!
Vaya,
Nat. Que no me lo había tomado como una cuestión
de bandos. Igual me puse algo vehemente en mi mensaje, y pareció
que estaba discutiendo. Pero simplemente discutía conmigo
misma.
Aunque
quizás si me esfuerzo un poco más en "mostrar
objetivamente" el punto de vista del bando contrario
lo que logre es que ejercites un poco por si acaso el lio
se arma en serio con alguien de verdad-verdad. Que lo dudo,
(que se arme en serio).
Sí,
yo también lo dudo. Pero con lo obsesiva que soy, ante
algo que me ocurre fuera de lo normal, no puedo evitar ponerme
en todas las situaciones posibles dentro de mi cabeza. En
efecto, es un mecanismo de defensa, para poder reaccionar
en caso necesario.
Me
parece prácticamente imposible que alguien fuera de
la lista capte lo lúdico del asunto. O sera quizás
que por lo de ser tan "inflacionistas de noticias"
no les vea yo mucha capacidad para reírse de si mismos
a los periodistas. Y menos que menos capacidad de (pa)ludismo.
Yo creo
que no es así. Hay mucha gente (que no está
en la lista) que me ha escrito diciéndome lo divertido
que le parece el asunto del concurso, y que lo que más
captan es el aspecto lúdico. En cuanto a los periodistas,
los que conozco yo (y son unos cuantos, porque mi novio es
periodista), como están metidos en todo el meollo de
los medios de comunicación y la política, saben
mejor que nadie toda la mierda en la que estamos flotando
-y que los ciudadanos de a pie no queremos o no podemos ver
muchas veces-; y para ser consciente de eso y seguir viviendo,
hay que tener bastante sentido del humor -un poco ácido,
eso sí-. En fin, que yo creo que una cosa es cómo
se comportan los periodistas como personas, y otra cosa es
qué es lo que hacen como MEDIO de comunicación.
Como medio saben, en efecto, que lo que crea espectáculo
es la parte polémica del asunto. Como personas, te
aseguro que muchos de ellos se presentarán al concurso,
y se reirán de la leche escribiendo el relato, y si
alguno de ellos gana el concurso, sabrá salir airado
de la situación mucho mejor que cualquier otro, dando
un discursito con el que nos partiremos de risa todos.
Por
cierto, cuéntame si sigues tan impasible cuando te
rompen los huevos (de la nevera, Dios) o demás barbaridades
oportuna y periódicamente. Que eres tú el que
tiene que limpiarlo siempre y encima consolar las lagrimas
del niño "que se me lompio el huevo, aaaahh!"
Y que no puedes irte al bar con los amigos dejándolo
eso así para siempre, eh.
La verdad
que la metáfora se me hace ya un poco inmanejable...
Pero vamos, no tengo mucha experiencia con los medios de comunicación,
nunca he salido en ninguno más de un minuto, y la verdad
es que les tengo pánico, sobre todo por su capacidad
de distorsionar la realidad hasta extremos increíbles.
Pero también es verdad que cuando te encuentras con
un perro salvaje, lo último que puedes hacer es mostrar
que tienes miedo. Por eso trataba de recordarme en el mensaje
-y sigo recordándomelo en mi cabeza una y otra vez-
que no he transgredido ninguna ley escribiendo las bases del
concurso (como algunos periodistas parecen insinuar con sus
aspavientos), sino que he hecho lo normal, lo natural y lo
lógico; y lo que no es normal, natural ni lógico
es lo otro, que la gente no se atreva -por razones interesadas
o por inercia- a decir lo que piensa. Y que si entran en mi
casa a romperme los huevos no me va a hacer nada de gracia,
pero lo que no voy a hacer es entrar en la pelea de huevos
para que luego parezca que la he empezado yo.
Sigo
creyendo que lo que a tí te parece una verdad como
un camión, no es poca cosa, Isabel. Prueba de ello
es el jolgorio (algo sediento de sangre, diria yo) con que
te han acogido.
Eso es
lo que nos quieren hacer creer. Pero no, el jolgorio no es
una prueba de que yo haya dicho algo novedoso, arriesgado,
sorprendente e inusitado. Sino de que yo he dicho algo que
está en el insconsciente colectivo, que todo el mundo
sabe, pero que nadie decía públicamente (unos
porque tenían algo que perder, otros porque se consideraban
ignorantes para juzgarlo, otros por simple cobardía,
otros por inercia, etc.). Y por un rato -precisamente por
todo el jolgorio que se montó- perdí la perspectiva
de ello, de que yo no había dicho nada del otro mundo;
y escribiendo el mensaje de ayer, la recuperé. Quízir,
que como decía Berna, aunque los medios me quieran
convertir en Espartaco, no por eso yo me voy a ver como Espartaco,
sino que sigo siendo Isa, que sigue la misma línea
-zigzagueante, eso sí ;-)-, cuya actitud, opiniones
y forma de actuar siguen siendo las mismas antes de escribir
las bases de ese concurso que después.
Bueno,
que creo que con quién realmente te calentaste (a ver
si en España esto se da para otra interpretación
y me salgo ganando otra matada) no fue conmigo, cierto?
Que no
te preocupes, que no fue contigo, sino que fue un careo entre
la gallina-Isa 1 y el gallito-Isa 2, por si las moscas...
digo los medios. Conclusión, la que proponía
Berna: "¿Quie's pelea, eh, qui'es pelea? Pues-cóm-pra-teun-ti-gre".
Besitos
Isa
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| ANIVERSARIOS |
jueves,
12 de septiembre de 2002 8:41 |
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Dice Vaz:
El
aniversario es un mirador que alguien construye con vistas
a lo recordado para decir: ya puedes observarlo. En
el mirador hay un aparatito telescópico de esos para
ver a distancia, uno que funciona con monedas. Pero, por
muchas monedas que le eches, sólo funciona un día
al año: en el aniversario.
Claro.
Pero es que yo creo que los aniversarios se inventaron porque
el ser humano es así. Tiene que organizar mínimamente
los recuerdos para acudir a mirarlos todos, por lo menos
un ratito. Cada año, al empezar julio, me siento
inquieta y tengo pesadillas. Tiene que ver con el aniversario
de la muerte de mi padre. No es premeditado. No "quiero"
acordarme más en esas fechas... sencillamente, me
acuerdo más. Lo observo, como tú dices, desde
el mirador inevitable de los años, pero lo miro.
Y me acuerdo en más ocasiones, pero ese momento,
una vez al año, está más cercano al
recuerdo, a revivirlo ("hace cinco años por
estas fechas...").
No digo que los aniversarios en plan masivo no tengan mucho
de hipocresía y falsedad. Pues sí. Como ocurre
con tantas cosas, no es malo el aniversario en sí,
sino el uso que se hace de él. Pero no sé.
A mí me parece que los aniversarios tienen su utilidad,
son el marcapasos de la memoria. A mí no me importa
que "alguien" no se acuerde de mi cumpleaños,
pero sí me importaría si "nadie"
se acordara; no por el cumpleaños en sí, porque
yo nací el día tal y hay que celebrarlo todos
los años, sino porque así, concentrado en
un día, uno siente la pulsación de su propio
eco a su alrededor, y piensa: esto es lo que tengo, estas
son las personas que me quieren. Alguna que otra sólo
se acuerda de mí una vez al año, y porque
le viene bien la fiesta para beber gratis. Pero en general,
es gente que está a mi lado todo el año, que
me regala mucho de su tiempo, de sus capacidades, que me
apoyan en lo que necesito y que encima, una vez al año
y todos a la vez, me ofrecen algo material para que luego,
cuando lo observe, me acuerde de que estaban ahí
siempre.
No sé. Y lo bien que nos lo pasamos el año
pasado en el cumpleaños de la lista... Ahí
estamos todos siempre, y sin embargo, nos ponemos de acuerdo
un día para ser conscientes -todos a la vez- de ello.
Y entonces salen fuegos artificiales. Y es bonito.
Con las muertes, con las vidas... a mí me parece
que los aniversarios tienen su utilidad. Que somos muy olvidadizos,
y si no existieran no nos podríamos acordar de todo
todo el tiempo; y menos, coincidir con los demás
en un instante de nuestra memoria.
Lo cual no quita para que me haya encantado lo que cuentas.
Besos
Isa
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| CRÓNICA
DE GUSANITOS I |
domingo,
27 de octubre de 2002 13:40 |
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Dice
Lola:
Isa, ¿tienes
algún paquete de harina o de legumbres, olvidado en
algún rincón?.
Es muy
posible que sí, Lola. Pero ¿cómo llegan
desde el paquete de legumbres hasta el techo?
Ahora a lo que no me atrevo es a abrir el armario de las legumbres
:-/
Besos
Isa
PD: Cuando
venga Germán nos pondremos un traje de buzo y abriremos
el armario, para indagar. Gracias por la idea.
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| CRÓNICAS
DE GUSANITOS II |
domingo,
27 de octubre de 2002 19:42 |
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Hola,
Maribel:
Acabamos
de hacer limpieza de comida en la cocina. No hemos encontrado
gusanitos ni en las legumbres ni en ningún lado...
lo único en una bolsa de harina había una
cosita rara parecida a una larva (lo siento, Berna). Hemos
tirado todo lo que estaba abierto. Y no he fumigado porque
ahora mismo no tengo fu-fú de ese. Pero mañana
compro e impregno todo el techo.
No tengo ni idea de dónde salen, los cabrones de
los gusanitos. Hoy me he ido a comer, y a la vuelta había
uno en todo el medio del techo. ¿? Me han dicho en
el chat si tendré un cadáver en el piso de
arriba, pero el piso de arriba es la boardillita donde dormimos.
A no ser que seamos nosotros los que estemos muertos...
como en "Los Otros".
Buf. El caso es que esto es lo peor para alguien aprensivo-obsesivo-neurótico-imaginativo-paranoico
como yo.
Seguiré informando.
Besos
Isa
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| CRÓNICAS
DE GUSANITOS III |
domingo,
27 de octubre de 2002 21:27 |
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Dice Guido:
¿Es
de madera ese techo?
¿Es de madera la bohardillita?
¿Es de madera el cadáver?
Clúster
(recordando cuando lo invadieron las termitas?
¿¿¿¿Termitas????
¿Pero las termitas son gusanitos? Yo pensé que
eran como hormigas, o algo así. El techo de la cocina
no es de madera (aparentemente; vamos, que igual encima de
la escayola hay madera; claro, porque si no no se sostendría,
¿no?). El techo de la boardillita sí, tiene
las vigas de madera. Y parte del salón (que está
al lado de la cocina) también tiene vigas vistas. Pero
en el techo del salón o hay ni un gusanito... Ni en
el baño. Sólo en la cocina.
A ver si Harry descubre algo...
Besos
Isa
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| CRÓNICAS
DE GUSANITOS IV |
domingo,
27 de octubre de 2002 22:08 |
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Dice Guido:
Tenía
yo en un mueble biblioteca una colección de diarios.
Un día fui a revisar y estaba todo lleno de gusanos.
Quemé y quemé.
El piso, de madera, estaba también lleno de gusanos.
Lllamé a la Municipalidad para que algún experto
fuera a revisar. Miró un gusano, lo mascó
y dictaminó: termitas, larvas de termitas. Adiós,
colección de diarios.
Adiós, piso de madera.
Harry Clúster
:-OOOOOOOOO
¿Alguien
quiere un piso a buen precio?
¡Ay, madre mía! ¿Y mis libros? La cocina
me da igual, como si se viene abajo, pero ¿los libros?
¿Se comen también los libros?
Bueno. Gracias, Guid... digo Harry. Mañana mismo
llamo al arquitecto.
Besos
Isa
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| CRÓNICAS
DE GUSANITOS V |
domingo,
03 de noviembre de 2002 13:09 |
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GUSANITOS
Con
todos los bichos asquerosos que se describieron en la lista
en los hilos "Crónica de gusanitos" y "Mensaje
asqueroso" tenía una paranoia que no te digo
ná. El lunes por la mañana vi un bicho con
alas en el techo de la cocina, y me subí a una silla
con un frasco de cristal, y ahí que lo encerré.
El frasco estaba un poco grasiento, y el bicho se quedó
en el fondo pegado, muriéndose por la falta de oxígeno.
Era pequeñito, parecido a una mosca, pero con rayas
amarillas y negras en el abdomen. Puaj. Cabía la
posibilidad de que los gusanitos se transformaran en bichos
alados.
Por la tarde me di cuenta de que los gusanitos habían
pasado la frontera de la cocina, y que empezaban a salir
en el techo del salón. Ya está. No podían
ser más que larvas de termitas, que se iban aproximando
a la madera. Pensé en una invasión, en "Casa
tomada", de Cortázar, en que cuando llegaran
arriba, a la bohardilla, nos tendríamos que ir a
un hotel... Además, los bichejos eran resistentes,
por mucho que los aplastara en el papel de cocina, me di
cuenta de que al cabo de un rato salían arrastrándose
del cubo de la basura, siempre en dirección al techo
(qué perra con el techo).
Encima, quedé el lunes con María Marta, David
y Berna, y Berna no quiso ni subir a mi casa del asco que
le daba. María Marta y David sí subieron,
y entre venta de camiseta y contabilidad de ingresos, les
enseñé un lindo gusanito. David lo miró
de lejos, con discreción, y se subió las gafas
con gesto científico. María Marta se acercó
más, a unos centímetros. Dijo que podíamos
meterlo también en el tarro, para que el arquitecto
tuviera dos muestras. Ella se prestó a realizar el
trasvase pared-frasco. La larva persistía en su pegajosidad,
y no era fácil inducirla a entrar en el frasco. María
Marta actuaba con calma y le decía palabras cariñosas
y maternales para instarle a entrar en la trampa, como una
experta comadrona. Finalmente entró en el tarro,
y ahí teníamos ya dos muestras: el bebé
y el presunto adulto resultante.
Nos bajamos a tomar unas cañas a la terraza de las
Comendadores. El tema de conversación predominante:
los gusanitos. De modo que cuando llegó la hora de
marcharnos, yo no me atrevía a subir a casa sola
a pelearme con los invasores. Llamé a Germán,
pero todavía le quedaba media hora para llegar, así
que fui valiente, y subí. Había tres o cuatro
ultracuerpos más. Los maté sin contemplaciones,
asegurándome de que quedaran bien aplastados contra
el techo.
Mientras esperaba a Germán, estuve mirando la página
Web sobre termitas que mandó Guido (¿o fue
JGV?). Salían todo tipo de bichos repugnantes, pero
mis larvas no estaban allí. Además, por lo
que allí se decía las termitas criaban en
la madera, y no en los techos de las cocinas. Eso sí,
había alguna variedad con alas, aunque no con rayas
amarillas en el abdomen. Estaba tan entretenida tratando
de identificar mis larvas cuando me llamó mi amiga
Bea. De lo primero que hablamos fue, claro, de gusanitos.
Y ella me dijo que no me preocupara, que eso debían
de ser larvas de algún insecto, de polillas o moscas,
que seguro que no tenía importancia. Por alguna razón,
eso me relajó. No sé, me lo dijo tan convencida...
Y de pronto fui consciente de mi propia paranoia, que me
hacía tratar a esos bichitos como si fueran aliens.
Ese día no aparecieron más gusanitos en el
techo. 
A la mañana siguiente había una larvita solitaria
en el techo. Yo la miré casi con ternura. Sería
un pobre bebé de polillita. Ni siquiera la maté.
A las diez apareció el arquitecto, que tenía
una reunión por aquí cerca y nos había
dicho que se iba a pasar a ver los bichines. Pero yo ya
estaba tranquila, pensando que eran vulgares polillas o
moscas. Miró la que había en el techo y los
dos bichos del tarro del tarro. Dijo que termitas seguro
que no eran, pero que de todas formas se iba a llevar el
tarro para ver si identificaba a los bichos. "Quizá
tendríamos que haber llamado mejor a un biólogo",
le dijo Germán. Y él asintió.
Y poco más. A lo largo de la semana ha aparecido
algún bichín más, de forma aislada
e inofensiva, y no le hemos hecho ni caso.
Moraleja: las paranoias engendran gusanitos en los techos
de las cocinas, y el equilibrio mental es el insecticida
que se los carga.
Besos
Isa
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| SOBRE
MADRID |
domingo,
08 de diciembre de 2002 12:54 |
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Cuando era pequeña, me
metía debajo de la mesa camilla y hacía mi
nido allí. Quizá mis padres pensaban que me
escondía, pero no era así. Metía mis
objetos más queridos, una muñeca, un libro,
tres cacharritos de cocina, un coche... y los colocaba para
darle ambiente de hogar. También lo podía
hacer en una esquina de la habitación, o en el sofá.
De adolescente, mi hogar estaba en las escaleras de San
Bruno, frente al parque de Aluche, con la pandilla, las
litronas y una guitarra. O en la tapia del instituto, al
sol del mediodía. O en el bar El Cairo, con el billar
y un botellín. Más tarde, en el coche de mi
novio, donde disponía sobre la guantera el tabaco,
el mapa y un paquete de chicles.
Dentro de una ciudad hay muchos barrios, dentro de los barrios
hay muchos hogares, dentro de los hogares hay muchas personas;
dentro de las personas hay muchos hogares, muchos barrios,
muchas ciudades.
Decía María Marta un día (hablo por
ella porque estoy segura de que habría intervenido
en este hilo) que prefería las ciudades grandes porque
en ellas podías encontrar tu rinconcito, tu hogar.
Que las ciudades pequeñas se le hacían grandes
e inhóspitas. Supongo que es cuestión de hábito,
y de etapas, pero a mí me ocurre lo mismo. Una ciudad
grande está dividida, para mí, en millones
de parcelitas que puedes hacer tuyas en el momento que quieras,
combinarlas como en un calidoscopio y elegir tu figura.
Lugares pequeños o medianos acordes con tu estado
de ánimo en cada momento. Eso es Madrid, para mí.
La posibilidad de maniobra, de construir mi hogar en la
esquina que yo elija.
Madrid es múltiple, versátil, se desdobla,
se divide, se comprime o aumenta como un gigante, en un
constante juego de magia de nuestra mente. Por eso también
estoy de acuerdo con Inés en que es engañosa:
lo que hoy supone nuestro deleite, mañana lo vemos
gris y opaco; lo que nos entretenía como a niños,
se nos vuelve tedioso al cabo de un tiempo. Cuando uno sale
de Madrid lo nota enseguida: se acaba la versatilidad y
todo se vuelve como más real. A veces duele ese salirse
de la mente y percibir el cuerpo. Pero alivia no tener que
decidir, por un rato, en qué parcela te quieres instalar.
Y cuando uno vuelve, y entra en Madrid, la sensación
es vertiginosa, de ciencia ficción. Sobre todo si
es de noche. La luminosidad a cien kilómetros. Las
primeras luces de las ciudades dormitorio, como tentáculos
que te van abrazando, el animal que te engulle en tantas
dimensiones... Y ves la ciudad, la ves en un golpe de vista;
pero de pronto no la ves, estás ya dentro de la ballena,
aspirando su aliento. La ciudad es ya un enorme conglomerado
de objetos mínimos. Tú has de volver a elegir
el encuadre en que te vas a instalar, te diriges a un barrio
entre cientos de barrios, a una manzana entre miles de manzanas,
a un portal entre millones de portales. Y abres la puerta
mareado, sin asimilar aún las proporciones. Hasta
que vuelves a la irrealidad de inventarte tu espacio, tu
territorio, tu guarida.
Besos
Isa
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