ANOTACIONES DISPERSAS DE LA TARDE DE AYER

Hola:

Ayer estuve leyendo los mensajes atrasados, y se me quedó una extraña mezcla de emociones. Las intimidades, los recuerdos, la infancia, la soledad... Me acabé de releer, además, *El guardián entre el centeno*, y en el alma se me había quedado prendido el perpetuo "Jo" de Holden. Hoy me he dedicado a rastrear en eListas para encontrar los recuerdos que no me había leído: el de David, el de Nacho, la peseta de Héctor. Ahí los tengo todos, en un documento Word, incandescentes unos al lado de otros, como una gran tormenta eléctrica a la que resulta difícil acercarse sin electrocutarse. Jo. Algunos me ha sido difícil encontrarlos, como el de Amparo sobre su mejor amiga, que en realidad no era un regalo literario pero sí lo era. O aquello de Cris sobre el hombre que mereció perder el suelo bajo sus pies, que tampoco sé lo que era pero sí sé lo que ha sido para mí.

Y llevo una hora o así tendiendo la ropa (dentro, Berna; es que hace frío), ordenando el salón, desempolvando un antiguo compact de Rosana (ya, qué vergüenza; es que me trae recuerdos) y hasta cosiéndome un botón del abrigo (uno de esos botones que se suelen perder antes de ser cosidos). Y no sé, es que quería escribir algo sobre eso, sobre lo que he leído, pero no sé muy bien qué.

Siento que de cada una de las narraciones podría tirarme hablando dos horas. Cada una se puede sentir, palpar, paladear como un chicle de fresa, o uno de anís, o un chupito de absenta...

Me he enamorado de Arantxa Sánchez Vicario (quién me lo iba a decir, con la cara de caballo que tiene). Y me he acordado de cuando me enamoré de mi profesora de Lengua, una hippy escuálida y nerviosa que no paraba de fumar balanceando sus pantalones de campana por toda la clase. Me he ruborizado al recordarme oliendo y besando el libro de literatura mientras pensaba en ella, y dejando pasar los metros en el transbordo de Aluche, sólo para encontrármela y poder ir a su lado hasta el colegio, hablándole de que ese fin de semana había ido a ver -con mis padres, pero eso no se lo decía- una película checa al Alphaville.

He llorado por la Inés perdida y por su sonrisa irrecuperable, y he pensado en qué será de ella, si seguirá liada con un tío que cuenta todo el tiempo cómo se ligó a un negro lleno de piercings en Monterrey.

Yo, atea de nacimiento, he rezado el rosario más largo de mi vida sin poder aguantarme las ganas de mear. Y he recordado, en contrapartida, una de las noches más felices de mi vida, no debía de tener más de cinco años: noche de reyes; me despierto y me estoy meando; llamo a mis padres para que me lleven al baño; estoy nerviosa porque los Reyes deben de estar ya al venir, y yo meándome; aparece alguien (no me acuerdo si mi padre o mi madre) y me lleva al baño; mientras meo, medio dormida, saboreo la noche, la felicidad que se anticipa a la felicidad (que es la mejor de todas, porque está tejida por la fantasía), y la protección, y el alivio del líquido descargado; pienso que los Reyes a lo mejor ya están entrando con sus camellos por la ventana del salón (vivíamos en un quinto piso, pero para algo eran magos...), que es un poco de mal gusto estar meando en estas circunstancias; me devuelven a la cama y me duermo aliviada y feliz, sin saber que han sido los mismísimos Reyes quienes me han ayudado a orinar.

He saboreado el juego escatológico de María Marta con su madre y he recordado que yo, en el felpudo de doña Jesusa, la vecina del segundo, no lo llevé con tanta deportividad, después de haber corrido del colegio hasta mi casa y comprobar que mis padres no estaban y bajar volando, sin poder aguantarme hasta donde doña Jesusa, que tenía la llave, y minutos interminables hasta que abrió la puerta y cuando abrió zas, me relajé y puse el felpudo perdido. Lloré, lloré incansablemente durante horas de desdicha y humillación.
He caminado en la oscuridad, mojada y llena de barro, masticando el miedo y la pena por unos cerdos que no hay forma de vender; pero he regresado riendo en camión, seca y llena de barro, junto a un padre que entendió, que supo querer en el momento en que tenía que hacerlo.

Y así he ido abriendo, uno por uno, esos regalos insospechados. Hasta que me he dado cuenta de que eran ellos quienes me estaban abriendo a mí, como a una flor escondida en su capullo invernal. Cada línea alumbraba un estante de mi memoria, y lo teñía con su luz verde o dorada o malva. He tratado de encontrar lo que todos los textos tienen en común, y he descubierto que la coincidencia no está en ellos mismos, en sus argumentos o en sus imágenes, sino en las teclas que oprimen en la persona que los lee, quien, a su vez, se convierte en escritor. Es como una cadena deliciosa en la que cada eslabón alumbra la creación del siguiente.

Y todo esto se me ha mezclado con la relectura del "Cuento de Navidad" de Martín Garzo del que ya me había acordado, curiosamente, al leer la narración de Nuchi. Lo que contaba sobre el chantaje de Elvira me hizo recordar el texto de GMG, y no sabía por qué. Luego me di cuenta. Elvira era la contrafigura de Nuchi, y el castigo -exilio- de una supuso la liberación de la otra.

Y el abrazo del padre de Inés también me ha producido una gran impresión, el susto de reconocer en mí, como Berna, ese no-abrazo tan nítidamente trazado alrededor del suyo. Y entonces empiezo a bucear en los recuerdos.

Me veo de pequeña, muy pequeña, en los brazos mi padre. Me canta una nana inventada por él para mí ("La barquita paseaba en el mar azul, yum-yum, yum-yum / y las olas la movían en el mar azul, yum-yum, yum-yum..."). Pero a veces dice "La barquita paseaba en el mar verde...", y yo le interrumpo enfadada: "Que no, que era azul". Y él dice "La barquita paseaba en el mar amarillo". "Que no, que era azul". Y así pasan las horas. Y, por supuesto, no me duermo.

Más: mi padre cantando una canción popular tirolesa (Ole-duli, duli-duli, ole-duli, duli-daaaa...), con todos los hermanos, agarrados de la mano por la calle, ocupándola entera, y andando cada vez más rápido y cada vez cantando más alto y más deprisa, y así hasta terminar corriendo, a todo lo ancho de la acera, arrollando al y a lo que se pusiera por delante. Recuerdo la mano de mi padre cogiendo la mía. Inmensa mano. Huesuda. Querida mano.

Me recuerdo montando en la alfombra mágica del parque de atracciones, aterrorizada y feliz, la primera, entre las piernas de mi padre. Bajábamos a la velocidad de los aviones y yo gritaba de terror y felicidad.
Recuerdo los cuentos que nos contaba de pequeños: cuentos de ciencia ficción que me desasosegaban, y de miedo que me asustaban, y de la niña Peripecias, que se los inventaba. También nos llevaba a ver todas las películas de desastres (*Tiburón", *Aeropuerto 74, 75, etc.*, *Terremoto*, *Poseidón*, *El coloso en llamas*...). Mis hermanos eran más mayores. Yo era demasiado pequeña para tantas emociones, y por las noches me tapaba hasta la cabeza y temblaba de miedo.

Recuerdo que mientras viví con mis padres, mi padre entraba en mi habitación los domingos por la mañana, cuando dormía hasta más de las nueve, y subía la persiana enérgicamente: «Hale, a levantarse, Lilí».

Recuerdo a mi padre cuando yo ya tenía trece o catorce años, mientras paseábamos por el campo, por Asturias. Me solía poner la mano sobre el hombro, apoyándose como en un bastón; él bastante rígido y yo más rígida todavía. Esa era su mayor muestra de cariño y yo no la podía soportar, era demasiado. No la podía soportar y me ponía tensa como un palo, como el bastón por el que parecía haberme tomado.
Y ya está, y ya no recuerdo más muestras de cariño de mi padre.

Pienso en mi madre, y recuerdo que hasta que era bastante mayor me sentaba en su regazo después de cenar y me quedaba muchiiiísimo rato allí, adormecida, y ella me llamaba «mon amour» y otras cosas que sabían a los donuts de chocolate que nunca me dejaba comer.

Y recuerdo cuando me dejaron tirada, a los cinco años, en Cataluña, en casa de mi tía María, con mi hermana. Les encargaron que nos apuntaran a un cursillo de natación, y yo las pasé putas porque tenía cinco años y todo me daba miedo, y había un monitor terrible, delgado y con cara de sádico, y otro gordo encantador. Recuerdo muy bien los contrastes: con el gordo yo lograba nadar sin problemas, con el delgado no podía dar una brazada sin hundirme. Estaba aterrorizada y me escondía detrás de los demás niños para que no me viera; pero un día me pilló por banda y me dijo que subiera al trampolín de tres metros, y yo no quería y me eché a llorar, y él me subió a pulso mientras yo pataleaba, y llegó hasta el borde y me tiró como quien tira un balón hacia adelante, y no creo haber pasado más pavor en mi vida que mientras caía en el vacío, una pura maraña de brazos y piernas. Y quedaba el último día, en que había una competición y daban medallas, y yo estaba aterrorizada. Ese día llegaron mis padres por fin, y yo me abracé a mi madre. Me eché a llorar y lloré mares, y ella estaba morena, muy guapa, y olía bien. Y decidió que yo no participaría en el campeonato.

¿Y luego? El vacío, la negrura más absoluta, un pozo, el miedo, el mutismo. Las largas noches de soledad con el oído atento a los ruidos del ascensor que anunciaran la llegada de mis padres después de sus interminables reuniones políticas.

Y ahí, de repente, ese abrazo del padre de Inés, en el que reconozco mi no-abrazo pero que a la vez, por un extraño y paradójico pase de magia, hago mío. Ese abrazo que de pronto me arropa y me reconcilia con mi pasado, como unos brazos que me hubieran rodeado siempre y que no hubiese podido ver hasta hoy mismo.
Creo que ese abrazo no es otra cosa que la contrafigura de las carencias de muchos de nosotros, y a través de él, como de la literatura, somos capaces de abrazar al mundo sin rencor.

Eso es lo que han sido para mí vuestros regalos literarios. Jo. Muchas gracias.

Y seguid mandándolos, por favor.

Besos:

Isa

 

  BUENOS DÍAS, LISTA
domingo, 27 de enero de 2002 13:34


   

Hola, buenos días, lista:

Mola esto de darte los buenos días los domingos por la mañana. Me he levantado sin despertador a eso de las nueve y me he puesto a leerte un ratito mientras me tomaba el café. Los mensajes más livianos, los cortitos. Tenía señalado el de Pilar con la banderola roja, y he abanderolado también el cuento de Héctor, y la crítica de Berna-no-traduciendo (por cierto, ¿vamos a ver luego *En construcción* o seguirás no-traduciendo?).

Luego me he puesto a hacer mis deberes y me he escrito casi un folio del cuento, que ayer me parecía un bodrio y hoy ya sabía por dónde cogerlo. Luego, a eso de las once, he salido al recreo y te he abierto de nuevo. Me he leído tranquilamente lo de Pilar, esas cosas que escribe ella que uno no sabe cómo llamarlas pero que cada vez se van pareciendo más a ¿narraciones? Y he pensado que la gente que vive la música tiene una gran ayuda para escribir, porque no sólo las frases son rítmicas, sino también los sucesos y los recuerdos, que van y vienen y se contrapuntean y tienen hasta estribillo.

Después me he imprimido el cuento de Héctor y me lo he leído en el sofá. Me lo he devorado en el sofá, y me ha dejado un sabor amargo en la boca porque yo no quería que fuese así. La vida, digo. Después me he leído la crítica de Berna y tenía un montón de cosas que decir... Pero me he reprimido y me he puesto un ratito más con el relato, y he corregido lo que llevaba hasta el momento, como siempre que me siento frente a él, y he escrito un par de frases más. A lo mejor esta tarde, como premio, comento el cuento de Héctor o sigo con lo del subconsciente.

Luego me he duchado y he tendido la ropa y he vuelto para mirarte de nuevo. Y he encontrado un mensaje de Guido largo, largo... Y no sé lo que es pero me lo voy a imprimir y me lo leeré mientras voy donde mi madre a comer. ¡Vaya regalo!

Y bueno, que como tú nunca ves el sol, sólo venía un momento para contarte que aquí, en Madrid (no sé en Temuco o en La Coruña) baña la ciudad entre nubes blanquecinas, dándole una luz como de oasis o espjismo. Y que los domingos se sienten en el silencio abierto por los gritos de algún niño. Y en la guitarra apoyada perezosamente en la esquina de la mesa.

Buenos días, lista. No te pongas triste porque estemos algo ausentes, como a lo nuestro. Es que es domingo.

Isa

 

  PARA INÉS: SOBRE LA CULPABILIDAD
domingo, 17 de febrero de 2002 12:25

   

Hola, Inés:

Me he quedado con la boca abierta con lo que cuentas. La cosa es que yo llevaba un montón de días dándole largas al comentario de tu cuento... No sé, sentía que tenía que decirte algo y no sabía cómo. Tenía que decirte que no era un cuento, que no estaba ficcionalizado, independientemente de que fuera verdad o mentira; que por ahí no ibas a ningún lado. Al leer lo que dices me has sacado un peso de encima, no te creas, aunque también me he quedado jodida.

Hay algo ahí que ronda en todo lo que dices... el maldito sentimiento de culpa. No creo que las mentiras las creara el hecho de escribir el texto, sino que las estaba forjando tu culpabilidad. Creo que no hay sentimiento más dañino y poco fructífero que ese. Dices que no te puedes perdonar hacer daño a los demás, y no te das cuenta de que igual les has hecho daño precisamente por no ser capaz de perdonarte a ti misma y mirarte con mejores ojos. No sé, Inés, parece que cargas con las culpas de tu madre por su comportamiento, de tus hermanos por su odio, de Michi por venirse a España, y con las tuyas por existir... ¿No crees que es demasiado?

Igual si te pones a devolver los pedruscos que no te corresponden y te quedas a solas contigo y tus sentimientos, los miras y los aceptas, te sorprenderás al comprobar que desaparece toda culpabilidad. La culpabilidad es algo irreal y mentiroso pero que no te permite ver con claridad y, por tanto, andas a trompicones, dando palos de ciego a quien se pone por medio, incluida tú misma.

Hacer daño a los demás es algo natural, consustancial a la vida, al movimiento, como lo es aplastar hormigas al andar. Lo jodido es no querer aceptarlo, ni siquiera como un mal menor, porque entonces el mal será SIEMPRE mucho mayor.

Perdona la disertación, pero es que me ha traído muchos problemas en la vida el hecho de querer ser muy buena, ponerme en la piel de los demás y no hacerles nunca daño. Han sido bastantes las personas heridas por esa actitud, porque cuando uno se hiere a sí mismo actúa como cualquier animal herido, lanzando zarpazos a diestro y siniestro. Uno tiene que andar hacia adelante metido sólo en su propia piel, haciendo caso de sus sentimientos y convicciones (los demás ya se buscan la vida solitos, y así tiene que ser), queriendo a quien quiere y queriendo quererle (porque lo contrario es poco práctico).

En fin, que tú vales mucho, nena, como para enredarte ahora en la tela de araña de las culpas. Apártala y sigue hacia adelante, que no te queda vida ni na.

Un abrazo fuerte:

Isa

  

 

  EMOTICÓN "ESTÁS COMO UNA CABRA"
martes, 16 de abril de 2002 8:27

   

Dice Emo:

Hooolaaa, Isa, que hace muchos mensajes que no te contaba mi vida.

Estás como una cabra, Remo.

    \    /
    @  @
       ]
      Ç

Besos

Isa

 

  MENSAJE DE LA DIRECCIÓN ADJUNTA
martes, 16 de abril de 2002 20:54

 

La dirección adjunta de esta lista advierte a sus abonados que éstos no serán amonestados por la publicación de cualquier tipo de contenido que incluya prácticas sexuales poco ortodoxas. En todo caso, también se hace saber que los adscritos a esta lista no están obligados a compartir los gustos, desviaciones u otros actos carnales de dudoso gusto (la dirección adjunta, como toda entidad subalterna de poder que se precie, también está "chapada a la antigua"*). Asimismo, no se requerirá comparecencia pública a los ofendidos por la publicación de este tipo de material, cuya sensibilidad herida deberá ser reparada como corresponde a la sustancia misma del asunto, esto es, en rigurosísima privacidad.

Madrid, a 16 de abril de 2002

* Se sugiere a los abonados que eviten este arcaísmo y lo sustituyan por la muy glamourosa expresión inglesa 'old fashioned' (al menos cuando aludan a esta muy respetable entidad)

 

 

 

  ERRATAS CURIOSAS DE LA LISTA
viernes, 10 de mayo de 2002 8:54


   

Ahí va una de risas para Berna. Son erratas que he ido recopilando de los mensajes de la lista:

«Gracias por la crónica. Yo todavía la estoy rumiando. Me perece que tardaré días.»
Antonio Villalba

«Sí creo en Dios, sí creo en Algo más y tengo mucha curiosidad, pero ahora sé que me suicidaré, como antes creía, mientras Santi y mamá vivan: causas demasiado daño...»
David Gallego

«...me siento feliz por pertenecer al vuestro taller, aunque con nostálgica porque yo conozco de la Existencia de Enrique»
Juana Galindo

«cualquier nostalgia se esfuma de mi alma cuando me encuentro con Ibabel...»
Juana Galindo

«esa injusticia de la que ella sintió el dolor antes de producirse la causa que la originó y que ahora a todos nos ha herizado...»
Juana Galindo

«Bienvenida, Ilma
Nacho Ayerbe

«Uno de ellos fue Edgar Allan Poe, que consiguió que su personaje imaginario (Sherlock Holmes) cobrara vida...»
José García Verdugo

«¿Nunca habeis sentido que hayá por donde pasais no dejais huella?»
Inés Arias de Reyna

«Me hago visible y apruebo la nocion
Inés Arias de Reyna

«otra voz mas se une, abra mas escrituracreativeros escondidos por este mar de la Internet?»
Inés Arias de Reyna

«No me acostumbro, ha recibir tan pocos mensajes.»
José María González Bocanegra

«¡Y qué ilusión! Llego a casa, echo polvo...»
Ignacio Ayerbe

«De echo, para algo están mis queridos libros...»
Mariana Torres

«Se me ha corrido una propuesta con esto de los mercados...»
Isabel Cañelles

«Y es cietro, lo que dudo doy debe convertirse en la certeza de mañana...»
Mariana Torres

«Asunto: Cacos mentales de los míos.»
Mariana Torres

«No sé, igual hoy me a tocao el día de "no-me-creo-nada".»
Alice Kekejian

«Se me ocurrió derepente, que a este Millás le podía gustar que se hablara de un tema de actualidad desde un punto más que absurdo.»
Inés Arias de Reyna

«Llo yevo varias semanas [...] leyendo la página.»
Berna Wang

«Y tú arriba cantanto
Zedelka

«...debo pedirte que si vas a la Alahambra me mandes algún pensamiento desde allí.»
María Marta Guzzetti

«...son dos más bien tirando a bajitos, morenos y con cara de despestidados...»
Lolita haze

«...me dio mucha pena no verte el viernes, pero no te preocupes que va a ver muchas más oportunidades.»
Inés Arias de Reyna

«Me encantan todos los relatos pero el de Samuel Fontana es que me pone los bellos de punta.»
Sonia Aldama

«Un amigo es aquella persona a la que infringimos los castigos que quisiéramos, pero no podemos, infringir a nuestros enemigos.»
Héctor Otero

«Cometo errores, tales como acentuar "ti" o cosas así. Pero lo de inflingir no lo es. Es fruto de la dislexia.»
Héctor Otero

«...no pasa nada por que hallamos tenido un día horrible... »
Pablo Insua

«...te escribo con la ventana abierta y canta un mirlo a voz en cuello en el mirlo que tengo enfrente...»
Remo Fernández

«...tal y como ha destapado, recientemente y en entretenidísimo relato, el catedrático catalán Thomas, TODOS cuyos libros son muy recomendables.»
Héctor Otero

«Donde dice: "hago de constar" Debe decir: "hago contar".»
Inés Arias de Reyna

 

  PRINCIPIO DE MOBY DICK: PARA MARIBEL
miércoles, 12 de junio de 2002 18:45

 

Dice Maribel:

>> Llegué a Chile en pleno verano y a los pocos días mi filólogo me llevó a hacer la ruta de la costa que aparece en "Confieso que he vivido" (No por casualidad. Neruda tuvo mucho que ver en nuestro encuentro). Al llegar a Puerto Saavedra, y tras sentarme en las ruinas de la casa donde se rodó la película La Frontera, y retratarme con Don Pablo, bajamos a la playa. El sol pegaba fuerte y había mucha gente tomando el sol bien untados de bronceador. Yo, isleña de pro, me quedé rapidamente en bañador y, tras una carrera entusiasta, me lancé de cabeza y empecé a nadar mar adentro, sin que a Tino le diera tiempo de bloquearme. De pronto, algo falló. Un dolor agudo en el pecho me dejó sin respiración y comencé a perder el sentido. Me dió mucha rabia pensar que iba a morir nada más llegar a este país, sin tiempo para ver tantas cosas y además con mi filólogo recién estrenado. Con gran esfuerzo volví despacio, casi sin bracear a la orilla, donde sonaban los silbatos de alerta. Me sacaron como pudieron y me envolvieron en una manta, mientras me masajeaban los pies y me daban una taza de Nescafé.. Esta pobre canaria no se había percatado de que, aunque estábamos en verano y hacía calor, se encontraba muy cerquita del Polo Sur, además de estar prohibido bañarse en la zona por el peligroso oleaje. Estuve enferma casi dos semanas por culpa de la hipotermia y de una especie de neumonía. Pero como además de canaria soy terca como una mula (Guido lo sabe bien) he vuelto a bañarme allí, claro que entrando despacito y tras un buen rato de preparación física y mental. [...] <<

Principio de *Moby Dick* (con minúscula variación ;-)):

>> Llamadme Maribel. Hace años, no importa cuántos exactamente, hallándome con poco o ningún dinero en la bolsa y sin nada de especial interés que me retuviera en tierra, pensé que lo mejor sería darme a la mar por una temporada para ver la parte acuática del mundo. Es una manera mía de combatir la melancolía y de regular la circulación de la sangre. Siempre que siento que empiezo a hacer mohínes y a enfurruñarme, y noto las húmedas brumas de noviembre en mi espíritu; siempre que me sorprendo parándome ante las funerarias, o incorporándome al cortejo de cuantos funerales encuentro y, sobre todo, cuando mi hipocondría prevalece de tal manera sobre mí, que tengo que echar mano de todos mis principios morales para evitar salir a la calle deliberadamente, y a golpes y de modo metódico, quitarle a la gente los sombreros de la cabeza, entonces es cuando comprendo que ha llegado el tiempo de volver al mar con urgencia. Este es el sustituto que uso para el suicidio. [...] No hay nada sorprendente en ello. Si se pudieran dar cuenta, la mayoría de los hombres verían que, en diferente grado, en un momento u otro de sus vidas comparten conmigo estos sentimientos que experimento hacia el Océano. <<

Besos

Isa

 

 

  CANCIÓN DE LA ERRATA
jueves, 11 de julio de 2002 9:43



CANCIÓN DE LA ERRATA

Con diez tachones por banda,
viento en popa a toda mecha,
no cortan el mar, sino vuelan,
cien colísteros con moral:
bajel pirata que llaman,
por su inconstancia el Dowsnbrrrrtsetse,
en todo la red conocido
por su incontinencia verbal.

La luna en el mar tiembla,
en Internet gime el viento,
y alza en perpetuo movimiento
olas de tinta y papel;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Berna a un lado; al otro, Guido;
y allá a su frente, Maribel.

Navega, velero nuestro,
sin temor;
que ni enemigo mastuerzo,
ni torpeza, ni abstracción,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu fragor.

Mil erratas
hemos hecho
a despecho
del español,
y han llegado
cien relatos
cada día
sin control.

Que es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.

Allá muevan feroz guerra
ciegos escritorzuelos
por una vil publicación;
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
donde somos los primeros.

Y no hay radio
sea cualquiera,
ni primavero
de ocasión
que no se sienta
perdido
al son del
Surbitón.

Que es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.

A la voz de ¡Texto viene!
es de ver
cómo vira y se previene
todo el mundo a escapar;
que somos el rey del mar,
y nuestra pluma, perspicaz.

En la bandeja
dividimos
lo cogido
por asuntos;
sólo damos
por bueno
lo que viene
del barrunto.

Que es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.

¡Sentenciados estamos a muerte!
Nos reímos;
no nos abandone la suerte
y al mismo que nos condena
colgaremos de la antena,
quizá en su propia vivienda.

Y si caemos,
¿qué es la radio?
Por ganada
ya la dimos,
cuando la lavadora
metimos
en forma de Oreva
Prim.

Que es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.

Son música las
correcciones;
el estrépito y temblor
del servidor sacudido,
de la Lista los bramidos
y los simpáticos emoticones.

Y del cuento
al son violento
y del poema
al rimar
nos dormimos
sosegados,
arrullados
por el mar.

Que es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.



  MÁQUINA DE ESCRIBIR PARA MARIANITA
martes, 23 de julio de 2002 13:25

   

Dice Mariana:

Yo aqui tengo un problema con la escritura. No tengo ordenador propio y no puedo escribir todo y como me gustaría. Lo que estoy haciendo lo hago a mano, y no puedo manejarlo bien.

Y digo yo:

(______________________)= )
  \                                   / \\
     (º (1 (2 (3 (4 (5 (6 (7 (8 (9 (0 (' (¡    ||
      (a (s (d (f (g (h (j (k (l (ñ (´ (ç       //
       (z (x (c (v (b (n (m ( , ( . (-

          ===== :-) =====
      -----------------------

 

  YOGURES DE SABORES
miércoles, 31 de julio de 2002 11:12


   

Dice JGV:

¿POR QUÉ YA NO HAY YOGURES EN MADRID QUE NO LLEVEN FRUTA? O sea, lo que antiguamente se llamó siempre "yogur de sabor", que es un yogur mondo y lirondo con esencia de equis. Y no me digáis que hay, porque no hay. Que me he pasao un mes buscándolos. La cosa es POR QUÉ.

¡Pues claro que no hay! Primero relájese, que le voy a explicar el porqué, mientras le pongo esta camisa tan bonita, blanca como un yogur natural, de los de esencia de yogur natural. Así, tranquilo. (Luis H, pásame la jeringuilla y sujétale la mandíbula, que no para de castañear.) Verá, es que cuando usted se marchó del país las empresas de lácteos comprobaron que los yogures de esencias ya no eran rentables, porque habían perdido a su único cliente, que agotaba las existencias diarias. Lo intentaron, no crea que no... (Muy bieeen. Ahora tumbémosle en la cama. Ya está más tranquilo. Cal.los, ahora las correas.) Día a día veían pudrirse aquellas tersas texturas, que se iban granulando y supurando líquido rosa, amarillo, naranja... (Vale. Ya se está durmiendo.) Con gran frustración, decidieron retirar tan baratos y suculentos productos del mercado. (Está volviendo a ponerse nervioso. Ajusta bien la correa del cuello, Berna.) No, no, pero sólo hasta que usted vuelva. Se lo aseguro; ayer comí con el presidente de Danone, la directora financiera de Yoplait y el gerente de Clesa, y así me lo dijeron: «Sólo nos quedaremos tranquilos cuando Jorge Verdugo vuelva a figurar en nuestra cartera de clientes». (Pobre, cómo suda.) Así que, con las mismas que los retiraron, están dispuestos a sacarlos al mercado en cuanto usted salga de aquí... digo... regrese a España. (Ya está dormido. Maldito Síndrome de la Esencia de Frutas... Hale, volvamos a lo nuestro.)

 

 

  LA LISTA
domingo, 08 de septiembre de 2002 9:10

   

Dice Nat:

Guido, que aunque no te conozco, esa tecnica tuya, llamemosla minimalista o lo que sea, me tiene pendiente de tus mensajes.

Por aquí le decimos Guido el Lacónico.

Que mas de una vez he estado tentada de hacer participe a la lista de mis cuitas y una mano salvadora siempre me lo ha impedido a ultimo momento.

Si bucearas en los archivos de la lista, te quedarías sorprendida de lo que a veces ha ocurrido por aquí. Ha habido semanas en que la lista lloraba a moco tendido (y entonces, los que escribían desde sus trabajos se tenían que ocultar de sus jefes no por las risas soltadas delante del ordenador, sino por las lágrimas); por aquí se ha hablado de muertes, de desamores, de soledades, de suicidios, de despedidas, de despidos, de desesperación, de incomunicación, de situaciones límite... Lo que sí que ocurre, es que cualquier piedra que tiras a esto que empezó siendo un charco, luego se transformó en estanque, ahora es un lago y como siga así la cosa va a ser un mar... cualquier piedra que tiras, decía, deja una onda expansiva y una huella en la memoria colectiva. A veces es apenas imperceptible, como cuando nadie contesta a un mensaje; pero eso no quiere decir que no se sepa de su existencia (por ejemplo, lo que ocurre con los mensajes de Fernando Luis). Y esa onda, en muchas ocasiones es tan fuerte que todos nos empezamos a contagiar. Eso es lo que tiene esto de las listas. Que todo es terriblemente contagioso: la risa, el llanto, el entusiasmo, el éxito o el fracaso. Le ocurre a uno y lo vivimos todos. Como en la literatura, ahora que lo pienso. Sólo que aquí uno puede participar en la novela, e incluso variar el transcurso de los hechos. De pronto alguien le quita peso a una tragedia con un golpe de humor, o le añade profundidad a una simple anécdota, o convierte en un concurso de cartas de amor una simple mención a las parejitas de la lista, o se pone a repartir camisetas por un chiste, o... Uno lanza la piedra... y nunca sabe qué es lo que va a pasar, en qué playas acabará, con qué aborígenes terminará compartiendo la cena. Sí, es un poco como estar viviendo dentro de una novela...

Besos

Isa, digresiva y parlanchina