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| M
E N S A J E S D E I S A S O
B R E Y P A R A L A
L I S T A |
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| SOBRE
LOS REGALOS LITERARIOS |
martes,
08 de enero de 2002 18:04 |
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ANOTACIONES
DISPERSAS DE LA TARDE DE AYER
Hola:
Ayer estuve
leyendo los mensajes atrasados, y se me quedó una extraña
mezcla de emociones. Las intimidades, los recuerdos, la infancia,
la soledad... Me acabé de releer, además, *El
guardián entre el centeno*, y en el alma se me había
quedado prendido el perpetuo "Jo" de Holden. Hoy
me he dedicado a rastrear en eListas para encontrar los recuerdos
que no me había leído: el de David, el de Nacho,
la peseta de Héctor. Ahí los tengo todos, en
un documento Word, incandescentes unos al lado de otros, como
una gran tormenta eléctrica a la que resulta difícil
acercarse sin electrocutarse. Jo. Algunos me ha sido difícil
encontrarlos, como el de Amparo sobre su mejor amiga, que
en realidad no era un regalo literario pero sí lo era.
O aquello de Cris sobre el hombre que mereció perder
el suelo bajo sus pies, que tampoco sé lo que era pero
sí sé lo que ha sido para mí.
Y llevo una hora o así tendiendo la ropa (dentro, Berna;
es que hace frío), ordenando el salón, desempolvando
un antiguo compact de Rosana (ya, qué vergüenza;
es que me trae recuerdos) y hasta cosiéndome un botón
del abrigo (uno de esos botones que se suelen perder antes
de ser cosidos). Y no sé, es que quería escribir
algo sobre eso, sobre lo que he leído, pero no sé
muy bien qué.
Siento que de cada una de las narraciones podría tirarme
hablando dos horas. Cada una se puede sentir, palpar, paladear
como un chicle de fresa, o uno de anís, o un chupito
de absenta...
Me he enamorado de Arantxa Sánchez Vicario (quién
me lo iba a decir, con la cara de caballo que tiene). Y me
he acordado de cuando me enamoré de mi profesora de
Lengua, una hippy escuálida y nerviosa que no paraba
de fumar balanceando sus pantalones de campana por toda la
clase. Me he ruborizado al recordarme oliendo y besando el
libro de literatura mientras pensaba en ella, y dejando pasar
los metros en el transbordo de Aluche, sólo para encontrármela
y poder ir a su lado hasta el colegio, hablándole de
que ese fin de semana había ido a ver -con mis padres,
pero eso no se lo decía- una película checa
al Alphaville.
He llorado por la Inés perdida y por su sonrisa irrecuperable,
y he pensado en qué será de ella, si seguirá
liada con un tío que cuenta todo el tiempo cómo
se ligó a un negro lleno de piercings en Monterrey.
Yo, atea de nacimiento, he rezado el rosario más largo
de mi vida sin poder aguantarme las ganas de mear. Y he recordado,
en contrapartida, una de las noches más felices de
mi vida, no debía de tener más de cinco años:
noche de reyes; me despierto y me estoy meando; llamo a mis
padres para que me lleven al baño; estoy nerviosa porque
los Reyes deben de estar ya al venir, y yo meándome;
aparece alguien (no me acuerdo si mi padre o mi madre) y me
lleva al baño; mientras meo, medio dormida, saboreo
la noche, la felicidad que se anticipa a la felicidad (que
es la mejor de todas, porque está tejida por la fantasía),
y la protección, y el alivio del líquido descargado;
pienso que los Reyes a lo mejor ya están entrando con
sus camellos por la ventana del salón (vivíamos
en un quinto piso, pero para algo eran magos...), que es un
poco de mal gusto estar meando en estas circunstancias; me
devuelven a la cama y me duermo aliviada y feliz, sin saber
que han sido los mismísimos Reyes quienes me han ayudado
a orinar.
He saboreado el juego escatológico de María
Marta con su madre y he recordado que yo, en el felpudo de
doña Jesusa, la vecina del segundo, no lo llevé
con tanta deportividad, después de haber corrido del
colegio hasta mi casa y comprobar que mis padres no estaban
y bajar volando, sin poder aguantarme hasta donde doña
Jesusa, que tenía la llave, y minutos interminables
hasta que abrió la puerta y cuando abrió zas,
me relajé y puse el felpudo perdido. Lloré,
lloré incansablemente durante horas de desdicha y humillación.
He caminado en la oscuridad, mojada y llena de barro, masticando
el miedo y la pena por unos cerdos que no hay forma de vender;
pero he regresado riendo en camión, seca y llena de
barro, junto a un padre que entendió, que supo querer
en el momento en que tenía que hacerlo.
Y así
he ido abriendo, uno por uno, esos regalos insospechados.
Hasta que me he dado cuenta de que eran ellos quienes me estaban
abriendo a mí, como a una flor escondida en su capullo
invernal. Cada línea alumbraba un estante de mi memoria,
y lo teñía con su luz verde o dorada o malva.
He tratado de encontrar lo que todos los textos tienen en
común, y he descubierto que la coincidencia no está
en ellos mismos, en sus argumentos o en sus imágenes,
sino en las teclas que oprimen en la persona que los lee,
quien, a su vez, se convierte en escritor. Es como una cadena
deliciosa en la que cada eslabón alumbra la creación
del siguiente.
Y todo esto se me ha mezclado con la relectura del "Cuento
de Navidad" de Martín Garzo del que ya me había
acordado, curiosamente, al leer la narración de Nuchi.
Lo que contaba sobre el chantaje de Elvira me hizo recordar
el texto de GMG, y no sabía por qué. Luego me
di cuenta. Elvira era la contrafigura de Nuchi, y el castigo
-exilio- de una supuso la liberación de la otra.
Y el abrazo del padre de Inés también me ha
producido una gran impresión, el susto de reconocer
en mí, como Berna, ese no-abrazo tan nítidamente
trazado alrededor del suyo. Y entonces empiezo a bucear en
los recuerdos.
Me veo de pequeña, muy pequeña, en los brazos
mi padre. Me canta una nana inventada por él para mí
("La barquita paseaba en el mar azul, yum-yum, yum-yum
/ y las olas la movían en el mar azul, yum-yum, yum-yum...").
Pero a veces dice "La barquita paseaba en el mar verde...",
y yo le interrumpo enfadada: "Que no, que era azul".
Y él dice "La barquita paseaba en el mar amarillo".
"Que no, que era azul". Y así pasan las horas.
Y, por supuesto, no me duermo.
Más: mi padre cantando una canción popular tirolesa
(Ole-duli, duli-duli, ole-duli, duli-daaaa...), con todos
los hermanos, agarrados de la mano por la calle, ocupándola
entera, y andando cada vez más rápido y cada
vez cantando más alto y más deprisa, y así
hasta terminar corriendo, a todo lo ancho de la acera, arrollando
al y a lo que se pusiera por delante. Recuerdo la mano de
mi padre cogiendo la mía. Inmensa mano. Huesuda. Querida
mano.
Me recuerdo montando en la alfombra mágica del parque
de atracciones, aterrorizada y feliz, la primera, entre las
piernas de mi padre. Bajábamos a la velocidad de los
aviones y yo gritaba de terror y felicidad.
Recuerdo los cuentos que nos contaba de pequeños: cuentos
de ciencia ficción que me desasosegaban, y de miedo
que me asustaban, y de la niña Peripecias, que se los
inventaba. También nos llevaba a ver todas las películas
de desastres (*Tiburón", *Aeropuerto 74, 75, etc.*,
*Terremoto*, *Poseidón*, *El coloso en llamas*...).
Mis hermanos eran más mayores. Yo era demasiado pequeña
para tantas emociones, y por las noches me tapaba hasta la
cabeza y temblaba de miedo.
Recuerdo que mientras viví con mis padres, mi padre
entraba en mi habitación los domingos por la mañana,
cuando dormía hasta más de las nueve, y subía
la persiana enérgicamente: «Hale, a levantarse,
Lilí».
Recuerdo a mi padre cuando yo ya tenía trece o catorce
años, mientras paseábamos por el campo, por
Asturias. Me solía poner la mano sobre el hombro, apoyándose
como en un bastón; él bastante rígido
y yo más rígida todavía. Esa era su mayor
muestra de cariño y yo no la podía soportar,
era demasiado. No la podía soportar y me ponía
tensa como un palo, como el bastón por el que parecía
haberme tomado.
Y ya está, y ya no recuerdo más muestras de
cariño de mi padre.
Pienso en mi madre, y recuerdo que hasta que era bastante
mayor me sentaba en su regazo después de cenar y me
quedaba muchiiiísimo rato allí, adormecida,
y ella me llamaba «mon amour» y otras cosas que
sabían a los donuts de chocolate que nunca me dejaba
comer.
Y recuerdo cuando me dejaron tirada, a los cinco años,
en Cataluña, en casa de mi tía María,
con mi hermana. Les encargaron que nos apuntaran a un cursillo
de natación, y yo las pasé putas porque tenía
cinco años y todo me daba miedo, y había un
monitor terrible, delgado y con cara de sádico, y otro
gordo encantador. Recuerdo muy bien los contrastes: con el
gordo yo lograba nadar sin problemas, con el delgado no podía
dar una brazada sin hundirme. Estaba aterrorizada y me escondía
detrás de los demás niños para que no
me viera; pero un día me pilló por banda y me
dijo que subiera al trampolín de tres metros, y yo
no quería y me eché a llorar, y él me
subió a pulso mientras yo pataleaba, y llegó
hasta el borde y me tiró como quien tira un balón
hacia adelante, y no creo haber pasado más pavor en
mi vida que mientras caía en el vacío, una pura
maraña de brazos y piernas. Y quedaba el último
día, en que había una competición y daban
medallas, y yo estaba aterrorizada. Ese día llegaron
mis padres por fin, y yo me abracé a mi madre. Me eché
a llorar y lloré mares, y ella estaba morena, muy guapa,
y olía bien. Y decidió que yo no participaría
en el campeonato.
¿Y luego? El vacío, la negrura más absoluta,
un pozo, el miedo, el mutismo. Las largas noches de soledad
con el oído atento a los ruidos del ascensor que anunciaran
la llegada de mis padres después de sus interminables
reuniones políticas.
Y ahí, de repente, ese abrazo del padre de Inés,
en el que reconozco mi no-abrazo pero que a la vez, por un
extraño y paradójico pase de magia, hago mío.
Ese abrazo que de pronto me arropa y me reconcilia con mi
pasado, como unos brazos que me hubieran rodeado siempre y
que no hubiese podido ver hasta hoy mismo.
Creo que ese abrazo no es otra cosa que la contrafigura de
las carencias de muchos de nosotros, y a través de
él, como de la literatura, somos capaces de abrazar
al mundo sin rencor.
Eso es lo que han sido para mí vuestros regalos literarios.
Jo. Muchas gracias.
Y seguid
mandándolos, por favor.
Besos:
Isa
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| BUENOS
DÍAS, LISTA |
domingo,
27 de enero de 2002 13:34 |
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Hola, buenos
días, lista:
Mola esto
de darte los buenos días los domingos por la mañana.
Me he levantado sin despertador a eso de las nueve y me he puesto
a leerte un ratito mientras me tomaba el café. Los mensajes
más livianos, los cortitos. Tenía señalado
el de Pilar con la banderola roja, y he abanderolado también
el cuento de Héctor, y la crítica de Berna-no-traduciendo
(por cierto, ¿vamos a ver luego *En construcción*
o seguirás no-traduciendo?).
Luego me he puesto a hacer mis deberes y me he escrito casi
un folio del cuento, que ayer me parecía un bodrio y
hoy ya sabía por dónde cogerlo. Luego, a eso de
las once, he salido al recreo y te he abierto de nuevo. Me he
leído tranquilamente lo de Pilar, esas cosas que escribe
ella que uno no sabe cómo llamarlas pero que cada vez
se van pareciendo más a ¿narraciones? Y he pensado
que la gente que vive la música tiene una gran ayuda
para escribir, porque no sólo las frases son rítmicas,
sino también los sucesos y los recuerdos, que van y vienen
y se contrapuntean y tienen hasta estribillo.
Después me he imprimido el cuento de Héctor y
me lo he leído en el sofá. Me lo he devorado en
el sofá, y me ha dejado un sabor amargo en la boca porque
yo no quería que fuese así. La vida, digo. Después
me he leído la crítica de Berna y tenía
un montón de cosas que decir... Pero me he reprimido
y me he puesto un ratito más con el relato, y he corregido
lo que llevaba hasta el momento, como siempre que me siento
frente a él, y he escrito un par de frases más.
A lo mejor esta tarde, como premio, comento el cuento de Héctor
o sigo con lo del subconsciente.
Luego me he duchado y he tendido la ropa y he vuelto para mirarte
de nuevo. Y he encontrado un mensaje de Guido largo, largo...
Y no sé lo que es pero me lo voy a imprimir y me lo leeré
mientras voy donde mi madre a comer. ¡Vaya regalo!
Y bueno, que como tú nunca ves el sol, sólo venía
un momento para contarte que aquí, en Madrid (no sé
en Temuco o en La Coruña) baña la ciudad entre
nubes blanquecinas, dándole una luz como de oasis o espjismo.
Y que los domingos se sienten en el silencio abierto por los
gritos de algún niño. Y en la guitarra apoyada
perezosamente en la esquina de la mesa.
Buenos días, lista. No te pongas triste porque estemos
algo ausentes, como a lo nuestro. Es que es domingo.
Isa
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| PARA
INÉS: SOBRE LA CULPABILIDAD |
domingo,
17 de febrero de 2002 12:25 |
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Hola, Inés:
Me he
quedado con la boca abierta con lo que cuentas. La cosa es
que yo llevaba un montón de días dándole
largas al comentario de tu cuento... No sé, sentía
que tenía que decirte algo y no sabía cómo.
Tenía que decirte que no era un cuento, que no estaba
ficcionalizado, independientemente de que fuera verdad o mentira;
que por ahí no ibas a ningún lado. Al leer lo
que dices me has sacado un peso de encima, no te creas, aunque
también me he quedado jodida.
Hay algo ahí que ronda en todo lo que dices... el maldito
sentimiento de culpa. No creo que las mentiras las creara
el hecho de escribir el texto, sino que las estaba forjando
tu culpabilidad. Creo que no hay sentimiento más dañino
y poco fructífero que ese. Dices que no te puedes perdonar
hacer daño a los demás, y no te das cuenta de
que igual les has hecho daño precisamente por no ser
capaz de perdonarte a ti misma y mirarte con mejores ojos.
No sé, Inés, parece que cargas con las culpas
de tu madre por su comportamiento, de tus hermanos por su
odio, de Michi por venirse a España, y con las tuyas
por existir... ¿No crees que es demasiado?
Igual si te pones a devolver los pedruscos que no te corresponden
y te quedas a solas contigo y tus sentimientos, los miras
y los aceptas, te sorprenderás al comprobar que desaparece
toda culpabilidad. La culpabilidad es algo irreal y mentiroso
pero que no te permite ver con claridad y, por tanto, andas
a trompicones, dando palos de ciego a quien se pone por medio,
incluida tú misma.
Hacer daño a los demás es algo natural, consustancial
a la vida, al movimiento, como lo es aplastar hormigas al
andar. Lo jodido es no querer aceptarlo, ni siquiera como
un mal menor, porque entonces el mal será SIEMPRE mucho
mayor.
Perdona la disertación, pero es que me ha traído
muchos problemas en la vida el hecho de querer ser muy buena,
ponerme en la piel de los demás y no hacerles nunca
daño. Han sido bastantes las personas heridas por esa
actitud, porque cuando uno se hiere a sí mismo actúa
como cualquier animal herido, lanzando zarpazos a diestro
y siniestro. Uno tiene que andar hacia adelante metido sólo
en su propia piel, haciendo caso de sus sentimientos y convicciones
(los demás ya se buscan la vida solitos, y así
tiene que ser), queriendo a quien quiere y queriendo quererle
(porque lo contrario es poco práctico).
En fin, que tú vales mucho, nena, como para enredarte
ahora en la tela de araña de las culpas. Apártala
y sigue hacia adelante, que no te queda vida ni na.
Un abrazo
fuerte:
Isa
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| EMOTICÓN
"ESTÁS COMO UNA CABRA" |
martes,
16 de abril de 2002 8:27 |
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Dice
Emo:
Hooolaaa,
Isa, que hace muchos mensajes que no te contaba mi vida.
Estás
como una cabra, Remo.
\ /
@ @
]
Ç
Besos
Isa
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| MENSAJE
DE LA DIRECCIÓN ADJUNTA |
martes,
16 de abril de 2002 20:54 |
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La dirección adjunta de esta
lista advierte a sus abonados que éstos no serán
amonestados por la publicación de cualquier tipo de
contenido que incluya prácticas sexuales poco ortodoxas.
En todo caso, también se hace saber que los adscritos
a esta lista no están obligados a compartir los gustos,
desviaciones u otros actos carnales de dudoso gusto (la dirección
adjunta, como toda entidad subalterna de poder que se precie,
también está "chapada a la antigua"*).
Asimismo, no se requerirá comparecencia pública
a los ofendidos por la publicación de este tipo de
material, cuya sensibilidad herida deberá ser reparada
como corresponde a la sustancia misma del asunto, esto es,
en rigurosísima privacidad.
Madrid,
a 16 de abril de 2002
* Se
sugiere a los abonados que eviten este arcaísmo y
lo sustituyan por la muy glamourosa expresión inglesa
'old fashioned' (al menos cuando aludan a esta muy respetable
entidad)
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| ERRATAS
CURIOSAS DE LA LISTA |
viernes,
10 de mayo de 2002 8:54 |
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Ahí
va una de risas para Berna. Son erratas que he ido recopilando
de los mensajes de la lista:
«Gracias
por la crónica. Yo todavía la estoy rumiando.
Me perece que tardaré días.»
Antonio Villalba
«Sí
creo en Dios, sí creo en Algo más y tengo mucha
curiosidad, pero ahora sé que me suicidaré,
como antes creía, mientras Santi y mamá vivan:
causas demasiado daño...»
David Gallego
«...me
siento feliz por pertenecer al vuestro taller,
aunque con nostálgica porque yo conozco
de la Existencia de Enrique»
Juana Galindo
«cualquier
nostalgia se esfuma de mi alma cuando me encuentro con Ibabel...»
Juana Galindo
«esa
injusticia de la que ella sintió el dolor antes de
producirse la causa que la originó y que ahora a todos
nos ha herizado...»
Juana Galindo
«Bienvenida,
Ilma!»
Nacho Ayerbe
«Uno
de ellos fue Edgar Allan Poe, que consiguió
que su personaje imaginario (Sherlock Holmes)
cobrara vida...»
José García Verdugo
«¿Nunca
habeis sentido que hayá por donde
pasais no dejais huella?»
Inés Arias de Reyna
«Me
hago visible y apruebo la nocion.»
Inés Arias de Reyna
«otra
voz mas se une, abra mas escrituracreativeros
escondidos por este mar de la Internet?»
Inés Arias de Reyna
«No
me acostumbro, ha recibir tan pocos mensajes.»
José María González Bocanegra
«¡Y qué ilusión! Llego a casa, echo
polvo...»
Ignacio Ayerbe
«De
echo, para algo están mis queridos libros...»
Mariana Torres
«Se
me ha corrido una propuesta con esto de los
mercados...»
Isabel Cañelles
«Y
es cietro, lo que dudo doy
debe convertirse en la certeza de mañana...»
Mariana Torres
«Asunto:
Cacos mentales de los míos.»
Mariana Torres
«No
sé, igual hoy me a tocao el día
de "no-me-creo-nada".»
Alice Kekejian
«Se
me ocurrió derepente, que a este Millás
le podía gustar que se hablara de un tema de actualidad
desde un punto más que absurdo.»
Inés Arias de Reyna
«Llo
yevo varias semanas [...] leyendo la página.»
Berna Wang
«Y
tú arriba cantanto.»
Zedelka
«...debo
pedirte que si vas a la Alahambra me mandes
algún pensamiento desde allí.»
María Marta Guzzetti
«...son
dos más bien tirando a bajitos, morenos y con cara
de despestidados...»
Lolita haze
«...me
dio mucha pena no verte el viernes, pero no te preocupes que
va a ver muchas más oportunidades.»
Inés Arias de Reyna
«Me
encantan todos los relatos pero el de Samuel Fontana es que
me pone los bellos de punta.»
Sonia Aldama
«Un
amigo es aquella persona a la que infringimos
los castigos que quisiéramos, pero no podemos, infringir
a nuestros enemigos.»
Héctor Otero
«Cometo
errores, tales como acentuar "ti" o cosas así.
Pero lo de inflingir no lo es. Es fruto de
la dislexia.»
Héctor Otero
«...no
pasa nada por que hallamos tenido un día
horrible... »
Pablo Insua
«...te
escribo con la ventana abierta y canta un mirlo a voz en cuello
en el mirlo que tengo enfrente...»
Remo Fernández
«...tal
y como ha destapado, recientemente y en entretenidísimo
relato, el catedrático catalán Thomas, TODOS
cuyos libros son muy recomendables.»
Héctor Otero
«Donde
dice: "hago de constar" Debe decir:
"hago contar".»
Inés Arias de Reyna
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| PRINCIPIO
DE MOBY DICK: PARA MARIBEL |
miércoles,
12 de junio de 2002 18:45 |
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Dice Maribel:
>>
Llegué a Chile en pleno verano y a los pocos días
mi filólogo me llevó a hacer la ruta de
la costa que aparece en "Confieso que he vivido"
(No por casualidad. Neruda tuvo mucho que ver en nuestro
encuentro). Al llegar a Puerto Saavedra, y tras sentarme
en las ruinas de la casa donde se rodó la película
La Frontera, y retratarme con Don Pablo, bajamos a la
playa. El sol pegaba fuerte y había mucha gente
tomando el sol bien untados de bronceador. Yo, isleña
de pro, me quedé rapidamente en bañador
y, tras una carrera entusiasta, me lancé de cabeza
y empecé a nadar mar adentro, sin que a Tino le
diera tiempo de bloquearme. De pronto, algo falló.
Un dolor agudo en el pecho me dejó sin respiración
y comencé a perder el sentido. Me dió mucha
rabia pensar que iba a morir nada más llegar a
este país, sin tiempo para ver tantas cosas y además
con mi filólogo recién estrenado. Con gran
esfuerzo volví despacio, casi sin bracear a la
orilla, donde sonaban los silbatos de alerta. Me sacaron
como pudieron y me envolvieron en una manta, mientras
me masajeaban los pies y me daban una taza de Nescafé..
Esta pobre canaria no se había percatado de que,
aunque estábamos en verano y hacía calor,
se encontraba muy cerquita del Polo Sur, además
de estar prohibido bañarse en la zona por el peligroso
oleaje. Estuve enferma casi dos semanas por culpa de la
hipotermia y de una especie de neumonía. Pero como
además de canaria soy terca como una mula (Guido
lo sabe bien) he vuelto a bañarme allí,
claro que entrando despacito y tras un buen rato de preparación
física y mental. [...] <<
Principio
de *Moby Dick* (con minúscula variación
;-)):
>>
Llamadme Maribel. Hace años, no importa cuántos
exactamente, hallándome con poco o ningún
dinero en la bolsa y sin nada de especial interés
que me retuviera en tierra, pensé que lo mejor
sería darme a la mar por una temporada para ver
la parte acuática del mundo. Es una manera mía
de combatir la melancolía y de regular la circulación
de la sangre. Siempre que siento que empiezo a hacer mohínes
y a enfurruñarme, y noto las húmedas brumas
de noviembre en mi espíritu; siempre que me sorprendo
parándome ante las funerarias, o incorporándome
al cortejo de cuantos funerales encuentro y, sobre todo,
cuando mi hipocondría prevalece de tal manera sobre
mí, que tengo que echar mano de todos mis principios
morales para evitar salir a la calle deliberadamente,
y a golpes y de modo metódico, quitarle a la gente
los sombreros de la cabeza, entonces es cuando comprendo
que ha llegado el tiempo de volver al mar con urgencia.
Este es el sustituto que uso para el suicidio. [...] No
hay nada sorprendente en ello. Si se pudieran dar cuenta,
la mayoría de los hombres verían que, en
diferente grado, en un momento u otro de sus vidas comparten
conmigo estos sentimientos que experimento hacia el Océano.
<<
Besos
Isa
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| CANCIÓN
DE LA ERRATA |
jueves,
11 de julio de 2002 9:43 |
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CANCIÓN
DE LA ERRATA
Con
diez tachones por banda,
viento en popa a toda mecha,
no cortan el mar, sino vuelan,
cien colísteros con moral:
bajel pirata que llaman,
por su inconstancia el Dowsnbrrrrtsetse,
en todo la red conocido
por su incontinencia verbal.
La luna
en el mar tiembla,
en Internet gime el viento,
y alza en perpetuo movimiento
olas de tinta y papel;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Berna a un lado; al otro, Guido;
y allá a su frente, Maribel.
Navega,
velero nuestro,
sin temor;
que ni enemigo mastuerzo,
ni torpeza, ni abstracción,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu fragor.
Mil
erratas
hemos hecho
a despecho
del español,
y han llegado
cien relatos
cada día
sin control.
Que
es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.
Allá
muevan feroz guerra
ciegos escritorzuelos
por una vil publicación;
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
donde somos los primeros.
Y no
hay radio
sea cualquiera,
ni primavero
de ocasión
que no se sienta
perdido
al son del
Surbitón.
Que
es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.
A la
voz de ¡Texto viene!
es de ver
cómo vira y se previene
todo el mundo a escapar;
que somos el rey del mar,
y nuestra pluma, perspicaz.
En la
bandeja
dividimos
lo cogido
por asuntos;
sólo damos
por bueno
lo que viene
del barrunto.
Que
es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.
¡Sentenciados
estamos a muerte!
Nos reímos;
no nos abandone la suerte
y al mismo que nos condena
colgaremos de la antena,
quizá en su propia vivienda.
Y si
caemos,
¿qué es la radio?
Por ganada
ya la dimos,
cuando la lavadora
metimos
en forma de Oreva
Prim.
Que
es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.
Son
música las
correcciones;
el estrépito y temblor
del servidor sacudido,
de la Lista los bramidos
y los simpáticos emoticones.
Y del
cuento
al son violento
y del poema
al rimar
nos dormimos
sosegados,
arrullados
por el mar.
Que
es la Lista nuestro tesoro,
que es nuestro Dios el narrador,
nuestra ley el predicado del verbo,
nuestra única patria el borrador.
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| MÁQUINA
DE ESCRIBIR PARA MARIANITA |
martes,
23 de julio de 2002 13:25 |
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Dice
Mariana:
Yo
aqui tengo un problema con la escritura. No tengo ordenador
propio y no puedo escribir todo y como me gustaría.
Lo que estoy haciendo lo hago a mano, y no puedo manejarlo
bien.
Y digo
yo:
(______________________)=
)
\
/ \\
(º (1 (2 (3
(4 (5 (6 (7 (8 (9 (0 (' (¡
||
(a (s (d (f
(g (h (j (k (l (ñ (´ (ç
//
(z (x (c (v (b (n (m
( , ( . (-
=====
:-) =====
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| YOGURES
DE SABORES |
miércoles,
31 de julio de 2002 11:12 |
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Dice JGV:
¿POR
QUÉ YA NO HAY YOGURES EN MADRID QUE NO LLEVEN FRUTA?
O sea, lo que antiguamente se llamó siempre "yogur
de sabor", que es un yogur mondo y lirondo con esencia
de equis. Y no me digáis que hay, porque no hay. Que
me he pasao un mes buscándolos. La cosa es POR QUÉ.
¡Pues
claro que no hay! Primero relájese, que le voy a explicar
el porqué, mientras le pongo esta camisa tan bonita,
blanca como un yogur natural, de los de esencia de yogur natural.
Así, tranquilo. (Luis H, pásame la jeringuilla
y sujétale la mandíbula, que no para de castañear.)
Verá, es que cuando usted se marchó del país
las empresas de lácteos comprobaron que los yogures
de esencias ya no eran rentables, porque habían perdido
a su único cliente, que agotaba las existencias diarias.
Lo intentaron, no crea que no... (Muy bieeen. Ahora tumbémosle
en la cama. Ya está más tranquilo. Cal.los,
ahora las correas.) Día a día veían pudrirse
aquellas tersas texturas, que se iban granulando y supurando
líquido rosa, amarillo, naranja... (Vale. Ya se está
durmiendo.) Con gran frustración, decidieron retirar
tan baratos y suculentos productos del mercado. (Está
volviendo a ponerse nervioso. Ajusta bien la correa del cuello,
Berna.) No, no, pero sólo hasta que usted vuelva. Se
lo aseguro; ayer comí con el presidente de Danone,
la directora financiera de Yoplait y el gerente de Clesa,
y así me lo dijeron: «Sólo nos quedaremos
tranquilos cuando Jorge Verdugo vuelva a figurar en nuestra
cartera de clientes». (Pobre, cómo suda.) Así
que, con las mismas que los retiraron, están dispuestos
a sacarlos al mercado en cuanto usted salga de aquí...
digo... regrese a España. (Ya está dormido.
Maldito Síndrome de la Esencia de Frutas... Hale, volvamos
a lo nuestro.)
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| LA
LISTA |
domingo,
08 de septiembre de 2002 9:10 |
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Dice Nat:
Guido, que aunque no te conozco, esa tecnica tuya, llamemosla
minimalista o lo que sea, me tiene pendiente de tus mensajes.
Por
aquí le decimos Guido el Lacónico.
Que
mas de una vez he estado tentada de hacer participe a la
lista de mis cuitas y una mano salvadora siempre me lo ha
impedido a ultimo momento.
Si bucearas
en los archivos de la lista, te quedarías sorprendida
de lo que a veces ha ocurrido por aquí. Ha habido
semanas en que la lista lloraba a moco tendido (y entonces,
los que escribían desde sus trabajos se tenían
que ocultar de sus jefes no por las risas soltadas delante
del ordenador, sino por las lágrimas); por aquí
se ha hablado de muertes, de desamores, de soledades, de
suicidios, de despedidas, de despidos, de desesperación,
de incomunicación, de situaciones límite...
Lo que sí que ocurre, es que cualquier piedra que
tiras a esto que empezó siendo un charco, luego se
transformó en estanque, ahora es un lago y como siga
así la cosa va a ser un mar... cualquier piedra que
tiras, decía, deja una onda expansiva y una huella
en la memoria colectiva. A veces es apenas imperceptible,
como cuando nadie contesta a un mensaje; pero eso no quiere
decir que no se sepa de su existencia (por ejemplo, lo que
ocurre con los mensajes de Fernando Luis). Y esa onda, en
muchas ocasiones es tan fuerte que todos nos empezamos a
contagiar. Eso es lo que tiene esto de las listas. Que todo
es terriblemente contagioso: la risa, el llanto, el entusiasmo,
el éxito o el fracaso. Le ocurre a uno y lo vivimos
todos. Como en la literatura, ahora que lo pienso. Sólo
que aquí uno puede participar en la novela, e incluso
variar el transcurso de los hechos. De pronto alguien le
quita peso a una tragedia con un golpe de humor, o le añade
profundidad a una simple anécdota, o convierte en
un concurso de cartas de amor una simple mención
a las parejitas de la lista, o se pone a repartir camisetas
por un chiste, o... Uno lanza la piedra... y nunca sabe
qué es lo que va a pasar, en qué playas acabará,
con qué aborígenes terminará compartiendo
la cena. Sí, es un poco como estar viviendo dentro
de una novela...
Besos
Isa,
digresiva y parlanchina
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