M E N S A J E S   D E   I S A   S O B R E   Y   P A R A   L A   L I S T A
 
ANÉCDOTA DE MILKA LEY
REGALO A BERNA POR SU CUMPLEAÑOS
CHRISTMAS 2001
SOBRE LOS REGALOS LITERARIOS
BUENOS DÍAS, LISTA
PARA INÉS: SOBRE LA CULPABILIDAD
EMOTICÓN "ESTÁS COMO UNA CABRA"
MENSAJE DE LA DIRECCIÓN ADJUNTA
ERRATAS CURIOSAS DE LA LISTA
PRINCIPIO DE MOBY DICK, PARA MARIBEL
CANCIÓN DE LA ERRATA
MÁQUINA DE ESCRIBIR PARA MARIANITA
YOGURES DE SABORES
LA LISTA
ASUNTOS CURIOSOS
PROCESIONES ARITMÉTICAS
LISTA MODERADA
LA LISTA, ENSAYO GENERAL
PARA LOS DINOSAURIOS DE LA LISTA
MENSAJES INSULTANTES
QUÉ SE HACE EN LA LISTA
ANTICHRISTMAS 2003
CUMPLE BERNA 2002
TEXTO PARA MARIBEL
DÍA DE REYES

 

 

  ANÉDOTA DE MILKA LAY
viernes, 23 de noviembre de 2001 19:40

    

Completo la anécdota que contaba Alice de los comienzos de la lista:

Pregunta de Milka Lay: ¿Porqué PONEN mi nombre y mi e-mail en la fórmula de pedir contestación y subscribir???????? ¿¿¿¿¿¿Porqué?????? nacesito contestación y ACLARACIÓN , SALUDOS. ELENA soy de URUGUAY.

Milka Lay envió un segundo mensaje: ¿PORQUË mi nombre está en su programa de inscribirse y demás???? hace dias que lo veo ¿porqué mi nombre???? ¿qué pasa???? necesito contestación urgente!!! Tengo pòesias mias , las puedo mandar y la ponen e los envios?para que todos las lean. SALUDOS de ELENA URUGUAY. Quieren mis datos??

Respuesta de nuestro querido Luis: Lo siento Elena, pero veo que ya no podemos seguir ocultando nuestro secreto. Somos una secta religiosa afincada en numerosas partes del globo. Nos comunicamos con una serie de entes de la Milky Way y lo hacemos a través de tus poemas. Planeamos nuestro suicidio para este verano cuando nos vengan a buscar.

Atentamente,
Sr. Ohm.

Cuando vi el mensaje de Luis, me eché las manos a la cabeza, me apresuré a dar de baja a Milka Lay de la lista y a mandarle un privado diciéndole que por sus mensajes me daba la impresión de que no quería participar en la lista de escritura creativa. Que nadie estaba usando su nombre para nada y que no se preocupara. Que ya estaba fuera de todo peligro.

A los pocos días recibí un privado de Milka Lay. Ya ha pasado mucho tiempo y, aunque considero que hay que guardar la intimidad de los correos privados, creo que por esta vez se puede hacer una excepción y transcribir un fragmento. En primer lugar, porque el fragmento que os pego no contiene ningún dato ni información muy personal. En segundo lugar, porque si Elena estuviera entre nosotros, y llegara a entender lo que ocurrió, creo que se reiría con ganas del malentendido. El caso es que Elena decía:

>> Al recibir tu e-mail quedé sorprendida, por el asunto que haces referencia. Es cierto que mandé e-mail, no eran para tí, eran para un grupo de taller literatura creativa, que habian puesto mi e-mail como referencia para subscribir, darse de alta, baja y mensajes, sin mi permiso y yo quería saber porque lo hacían, me contestaron antes que tú y ellos pertenecen a una secta afincada en diversos lugares del globo así lo dicen, se comunican en serie con el nombre Milky Way, y les gustó mi e-mail y lo usaron sin permiso y además utilizaron mis poemas! para enviar mensajes, ellos planean suicidarse en verano cuando los vengan a buscar. firma un Sr. Ohm.

¿Qué me dices. en qué me metieron y esto yo lo venía viendo hace por lo menos un mes, el martes 13 me decidí a preguntarles y mandé e-mail y talvez me haya equivocado en la direccción y lo hice a tí , te pido mil perdones, todo esto es verdad, me he quedado muy preocupada por ello te envio mis explicaciones y mil disculpas , te cuento todo para que veas que personas hay... pertenezco a la Religión Cátolica Apostólica Romana, además doy clases de catequésis en dos Parroquias de mi ciudad,tengo amigos y parientes en España, en las Islas Canarias- Tenerife-y San Sebastían [...]
<<

Luego añadía algunos datos más personales. Quizá hice mal, pero no le contesté. Pensé que iba a ser imposible que entendiera lo que realmente había ocurrido, desenredar el nudo marinero que se había montado en un momento. Y que, de todas formas, estaba mejor y más tranquila fuera de la lista y, a ser posible, lejos de Internet.

Besos.

Isa.

 

  REGALO A BERNA POR SU CUMPLEAÑOS
lunes, 24 de diciembre de 2001 8:23

 

Hola, Berna:

Este es tu regalo de cumpleaños. Con retraso, claro. Y lo mando a la lista porque yo creo que también puede ser un regalo para ella.

Besos:

Isa

CARTA DE BERNA PARA BERNA FILTRADA POR LOS OJOS DE ISA

1. A Berna, castiza, le gusta:

-el olor a aceite rancio de las verbenas,
-el olor de las carnicerías,
-el género chico,
-ese chotis que empieza: «Cuan-do ven-gas a Ma-drid, chu-la-pa mí-a, voy aha-cer-teem-peratriz de La-va-piés»,
-oír a la Banda Municipal un domingo de sol en el parque del Retiro, rodeada de viejecitos que se las saben todas y las tararean por lo bajini moviendo la cabeza al compás,
-las rumbitas de Los Manolos,
-las ferias de los pueblos,
-los coches de choque,
-cantar Soy minero a grito pelado con los amigos en un karaoke,
-los piropos,
-mis geranios,
-planchar,
-hacerme pis encima mientras me ducho,
-hacer punto de cruz,
-el fútbol,
-el Real Madrid,
-el metro de Madrid,
-el cocido madrileño,
-el chocolate en casi todas sus formas,
-ver cómo nieva.

 

2. A Berna no le gusta (y es bueno saberlo):

-las columnas de opinión de Muñoz Molina,
-los notarios,
-los registradores de la propiedad,
-las nueve sinfonías de Beethoven por Von Karajan,
-casi todas las colonias y perfumes de mujer,
-las cenas y las reuniones demasiado multitudinarias,
-esta nueva generación de cantautores,
-las personas que me tienen miedo,
-los cactus.

3. Berna, su identidad:

me llamo Berna. Como la capital de Suiza. Y no sólo eso, sino que NO me llamo Berta; item más: me pone muy nerviosa que me llamen Berta. Supongo que es un claro error estratégico decirlo, porque ahora ya sabéis cómo putearme, pero en fin...
Y segundo, que me apellido Wang. O sea, que de seudónimo nada. Y, además, ni en Altavista ni en Google sale ninguna otra Berna Wang. O sea, que si buscáis "Berna Wang", la que sale soy yo misma. Mejor dicho, rastros míos que he ido dejando por el ciberespacio en los últimos cinco años (incluidas algunas fotos de reuniones de la lista Apuntes). Ya sé que en realidad eso no prueba nada, pero ahora mismo no se me ocurren más argumentos para convencer a los incrédulos de que me llamo Berna Wang, coño.
Y los que han ido a las dos quedadas de la lista a las que he ido yo podrán dar fe de que tengo cara de china, un mechero muy hortera y acento madrileño (claro que, ahora que lo pienso, eso tampoco prueba nada, que hubo una quedada a la que no fui y aparecí en todas las crónicas y todo el mundo pensó que sí había ido).

 

4. Berna, su recorrido literario:

Yo dejé de dar clases en el taller porque me pasaba lo que decía Isa: tanto tener a mi lectora crítica mirando por encima del hombro lo que yo leía, y tanto análisis y comentario y raciocinio, que cuando me sentaba a escribir, me costaba horrores cambiar de chip. Alguien me dijo una vez que son los hemisferios cerebrales: uno (no recuerdo cuál) lleva la parte lógica, y el otro, la intuitiva. Sea como sea, no es tan fácil pasar de uno a otro sin que, por el camino, algo se rompa.

   

No aspiro a ganar medio millón de pelas al mes (una vez hablaba de esto con unos amigos en un restaurante y dije eso y se volvieron los de las mesas vecinas, mirándome como si estuviera loca :-)). A lo que aspiro es a traducir 4-5 horas al día, tener lo suficiente para vivir con decencia, y poder dedicar el resto del tiempo a seguir aprendiendo a escribir (con lo que eso significa para mí, dos puntos: leer, hacer el vago, leer, estar en Babia, leer, planchar, leer, pasear, leer...). Y, por supuesto, estoy hablando de escribir lo que a mí me dé la gana, sin estar pendiente de publicar, de gustar, de modas... ni de si me dará o no dinero. Ése es mi particular viaje a Itaca y, claro, lo lindo es el viaje en sí. No tengo ni idea de si llegaré, si escribiré algo lo bastante bueno algún día, si publicaré... ni me preocupa, ni lo pienso siquiera. Lo que me importa es el viaje en sí, seguir aprendiendo día a día. Quizá aprecio demasiado la literatura, no sé...

   

[...] de todos los cuentos [...] sólo se salvó uno que me salió como sin querer y de un tirón, sin ningún esfuerzo. El único que surgió así. [...] Ese fue el primer hallazgo: «a veces ocurre porque sí». Después, un día, decidí escribir una novela infantil [...].Ese fue el segundo hallazgo: «puedo escribir con tesón sin bloquearme ni agobiarme». Y no era mala; se podía *recuperar*. Pero finalmente decidí que escribirla y corregirla había sido una experiencia maravillosa y que no me merecía la pena dedicarle más tiempo. Hace año y medio escribí un poema [...]; descubrí de pronto que había estado dando vueltas durante años sin darme cuenta de que en realidad, sí, caramba, soy poeta. Ese es el tercer hallazgo. También hago prosas, mmmmm, pero no sé muy bien cómo calificarlas [...]. Este es el cuarto y, de momento, el último hallazgo. Me gusta escribirlas. [...]

   

Para escribir poesía yo necesito un montón de tiempo de estar en Babia y de hacer trabajos manuales o físicos con los que no pienso en nada. En cambio, para las prosas, casi mejor tener un plazo que me ayude a sacudirme la pereza y que me obligue a ponerme las pilas.

   

cuando estoy escribiendo algo concreto me asaltan todo tipo de dudas: racionales, y también irracionales, y tremendos ataques de inseguridad. [...] Pero al mismo tiempo, y de algún modo, creo (irracionalmente) que si no me pongo rígida, si pierdo el miedo y me relajo, si me dejo llevar por la intuición y el sentido común, si dejo que todo siga su curso natural (sea eso lo que sea), si me fío de mí misma, todo saldrá bien. Exactamente igual que me pasa con mi hijo.

   

a medida que voy encontrando mi estilo [...] voy prescindiendo de adjetivos. Y de metáforas.

   

Pronto hará dos años que descubrí que quería seguir escribiendo poesía y que era así como me sentía más cómoda. Y desde entonces, curiosamente, dejé de agobiarme cuando no escribo o escribo poco. De algún modo, tengo el convencimiento de que lo que tenga que decir, acabaré diciéndolo. Y no tengo ninguna prisa.

   

En cuanto a la prosa, hace ya un mes que quedé en escribir un artículo (que yo misma propuse, es decir, que no hay imposición externa de ningún tipo) y me he quedado atrancada. Y en este caso sí me agobio un poco, pero no porque no lo haya terminado o porque cuando lo intento no consiga avanzar, sino porque estoy incumpliendo un compromiso, y eso me sabe mal. Y ahí sí que, en cuanto tengo un rato libre (no son muchos), me propongo intentarlo y abro el documento y lo releo y trato de seguir. Pero últimamente no encuentro el modo de continuarlo. Supongo que dicho en términos de bloqueo, debo de estar bloqueada :-)

   

Yo estoy abonada a b) (el miedo escénico) y, a ratos, a f) (el miedo creativo).

   

eso que mandé no era literatura, sino un desahogo: algo muy distinto. Tenía, sí, cierta "voluntad literaria" (o "de estilo"), pero era más carta a unos amigos que un artefacto literario.
[...]
Y si salió fue porque la carta de María me dio pie emocionalmente. Esa carta (hermosísima y honda), en la que compartía, con llaneza y sinceridad enormísimas, cosas que le importan (probablemente las cosas que más le importan en el mundo) me llevó a entrar en esa misma onda emocional, agarrada a su estela. Fue una carta-cometa que llegó, iluminó mi cielo y a la que quise seguir por un trecho.
En realidad, si estoy inmersa en algo que vivo con intensidad, si estoy viviendo fundamentalmente, no tengo ni tiempo ni perspectiva suficiente para escribirlo al mismo tiempo que lo vivo. "El poema nace de la emoción revivida en tranquilidad", dijo Wordsworth.

   

A mí me viene a la cabeza (cuando me viene) una frase, una imagen, un par de versos, medio poema, un vómito que no sé bien qué es y corro a apuntarlo antes de que se desvanezca, y luego intento tirar del hilo. Y después corrijo hasta que pienso que está bien y lo doy a leer. O hasta que me harto y lo guardo en un cajón y lo vuelvo a sacar meses después.

   

También me entra cagalera cuando estoy escribiendo: pocas veces me dura el estado de gracia y me sale lo que quiero de un tirón (de hecho, esta tarde la he pasado entera ganduleando por no ponerme a escribir cuatro poemas y un verso suelto que tengo a medias: me aterroriza). Pero acabo haciéndolo (ahora mismo me voy a poner, lo juro, en cuanto deje de diluviar y saque a la perra, antes de cenar ;-)) [...] Lo mejor que me puede pasar es que esté haciendo tareas que no exigen pensar (planchar, fregar, hacer recados), porque entonces se me organizan las cosas dentro de la cabeza solas, sin más. Y entonces me siento y escribo y sale.

   

[...] en cuanto consigo sacar una versión decente, se me pasa la cagalera.

   

Esta tarde he escrito una mierda de poema (sé que es una mierda) [...]

   

Pues no señora, que yo para la narrativa soy negada totalmente. [...] Bueno, un par de veces sonó la flauta, pero estoy íntimamente convencida de que fue casualidad
[...] encontré mi voz. Para hablar de lo que veo. Para convertir en texto mi mirada sobre lo que hay a mi alrededor. Para captar y describir instantes, sin (apenas) metáforas. Que sean las palabras cotidianas y los objetos cotidianos los que transmitan esa mirada...

   

Y en eso estoy. Escribo muy de vez en cuando, sin agobiarme demasiado las temporadas en que no lo hago. Es lo que os contaba anoche: me pasa lo que nunca me había ocurrido con la narrativa: sé que es mi voz, confío en ella, en que está ahí y que, bueno, es un poco guadiana y aparece y desaparece, pero estar, está ahí. Ni idea de a dónde me llevará. Al ritmo al que voy, puede que tenga un libro (y no muy gordo) dentro de 10 años o así. O de 20. Me importa un carajo. Me importa un carajo publicar. Lo que de verdad me importa es que ahí está mi voz. Eso es lo que me hace feliz. No aspiro a nada más que a dejar que esa voz salga. Se lo debo. Me lo debo. Y punto.
[...]
Como casi todos, vivo inmersa en un ritmo frenético de trabajo, y no me importa: mi trabajo me gusta y me manejo razonablemente bien bajo presión. Y, como casi todos, necesito tiempo, sí (y de hecho, me organizo en lo posible para comprarlo), pero no para sentarme materialmente a escribir, sino para hacer las cosas que me gustan en general (estar con los amigos, leer, ir al cine), a mi aire, despacito, con muuuuucho tiempo por delante, sin que nadie me meta prisa. O para hacer el vago, sin más. De algún modo, eso atrae a mi voz.

   

a mí me sirvieron para descubrir que NO soy buena narradora :-) O, al menos, que no tengo facilidad para eso.

   

Así que en ésas estoy: reelaborando literariamente una carta de amor, escrita desde el sentimiento, sin ninguna intención literaria. Y claro, aparte de verme obligada a reorganizarla (para que se entienda la historia que hay detrás, que mi destinatario y yo sobreentendíamos, pero que es desconocida para el resto del mundo), tomo cada expresión, la miro, doy vueltas alrededor, para saber si es cursi. Para ver si expresa lo que yo quería expresar. Está claro: no tiene que ver con la autenticidad del sentimiento, sino con la forma de expresarlo.

   

O sea, es evidente lo que ya dije hace unos días, que yo no tengo ese don de saber mezclar lo vivido con lo soñado con lo leído etcétera y contar una historia que no tiene nada que ver con nada

   

no sé si este ataque de verborragia en la lista, este intentar escribir un relato por primera vez en no sé cuántos años (y no cualquier relato, sino *ese*), esta sensación rara de bienestar que tengo últimamente es por la sencillísima razón de que estoy enamorada. Y eso hace que saque lo mejor de mí misma.

   

Nunca he llegado a sentir dolor mientras escribía. [...]
Y no entendía a los escritores que dicen que sufren enormemente cuando escriben. Yo tiendo a disfrutar enormemente de lo que hago. De hecho, si no disfrutara traduciendo, ya lo habría dejado hace tiempo y me habría buscado otra profesión. Y cuando he tenido que hacer trabajos que odiaba (porque me aburrían), me he puesto literalmente enferma.
La verdad es que sigo sin entenderlo, o sea, me cuesta entender que alguien se instale a vivir en el sufrimiento y el dolor. Pero, a lo que iba, creo que anoche entendí de pronto que, como en la vida, en la creación literaria una cosa es ir en busca del dolor y otra aceptar que hay dolores de parto. O sea, dolores fructíferos.

   

Tengo la sensación de que de pronto e inexplicablemente he echado a andar por un sitio conocido en donde nunca me había atrevido a meterme: un bosque que veo desde hace años desde la ventana de casa y por donde se han adentrado varios amigos que, en las noches de invierno, me han contado sus paseos y me han enseñado lo que han encontrado: una piña seca asombrosa en su perfección, una piedra con forma de alma, un mechón de pelo de ardilla enganchado a una rama espinosa. El caso es que incluso tengo el mapa de ese bosque; que incluso, algunas tardes de domingo, mientras veo por la ventana a mis amigos perderse en la lejanía, lo despliego en la mesa del comedor y trato de imaginar cómo es el bosque. Pero yo nunca he sabido interpretar los mapas. Y tengo miedo a perderme allí fuera, a pasar frío, a llorar y que no haya nadie cerca para consolarme. Entonces salgo al jardín, riego mis geranios, quito las hojas secas del jazminero, miro el cielo, entro en la casa, pongo toallas limpias en el baño (va a llover y van a volver empapados y muertos de frío), hago un caldo, enciendo la chimenea. Y espero en la mecedora el regreso de mis amigos, diciéndome que se está muy bien en mi jardín, que mi jardín contiene todos los bosques del mundo. ¿Y si no sé encontrar el camino de vuelta a casa? ¿Y si no hay nadie esperándome cuando regrese?

   

Joder, y contenta, claro. Sí. Mucho. Pero también un poco... extrañada. Coño, es que es un poco fuerte levantarse y encontrase el bosque invadiéndote el salón (sobre todo cuando el salón mide 2 m. x 2 m.).

 

5. Berna, sus metáforas clarificadoras:

un pintor, para poder dar rienda suelta a eso que lleva dentro, tiene que saber manejar los pinceles, conocer los diferentes tipos de pigmentos y de pinturas, saber mezclarlos sin hacer pegotes, saber dibujar a mano alzada diversos tipos de objetos, conocer el cuerpo humano de memoria a base de copiar cientos y cientos de modelos del natural en todas las posturas, ver y estudiar y analizar los grandes cuadros del pasado y del presente... Y se podrá tener más o menos facilidad o torpeza, pero eso es técnica, y se enseña y se aprende. Lo que nadie puede enseñar ni aprender es a ser Van Gogh, por poner un ejemplo algo manido. Pero hay quien olvida o desconoce que Van Gogh, además de ser un genio, aprendió el oficio e hizo multitud de bodegones y paisajes y figuras de lo más clásico *antes* de dedicarse a incendiar cielos, campos y cipreses. Y que, por mucho que hubiera querido *expresarse*, si no hubiera dominado las técnicas de su oficio, no habría podido incendiar una m.


   

nunca me han robado un anillo en la cueva de una araña gigante, pero sí me han robado cosas que me importaban mucho. Ni he robado a un dragón, pero sí he peleado contra algo grande y feroz para hacerme con algo que quería...

   

¿Hasta qué punto actuamos como la zorra de la fábula diciendo que las uvas "están verdes" sólo porque son inalcanzables? ¿Dónde está el límite que separa hacer un esfuerzo exigible de darse de cabezazos contra una pared?

   

En cuanto al otro tema, el de si "escribir sobre el amor, literaturizar el amor es, siempre, artificioso precisamente por eso mismo [porque se rompe esa comunicación implícita]", yo creo que hacer literatura (hacer cualquier arte, en realidad) es artificioso por definición. Tomar la realidad, en su sentido más amplio, y reelaborarla para convertirla en arte: ¿hay algo más artificioso que eso? Por ejemplo, en una narración literaria (ya sea cuento o novela), los diálogos no son una reproducción de los diálogos que oímos normalmente (en los que hay reiteraciones, muletillas, etc. que, de reproducirse, harían la lectura insoportable). Y hay resúmenes y escenas; se dosifica el tempo; y ese tempo no es igual que el "tiempo real".
Me da a mí la impresión de que la representación artística de la realidad es como caminar por la cuerda floja con red, pero con la cuerda a muchos más metros del suelo (y, por tanto, de la red). La red con la que contamos todos normalmente, en nuestros actos cotidianos de comunicación (toma ya) es esa comunicación implícita que tú dices: si algo no se entiende porque el emisor se expresó mal, siempre quedan los gestos o, en última instancia, el conocimiento que se tiene del destinatario del mensaje para evitar los malentendidos (para no estrellarse en el suelo). En literatura también hay red, cierta comunicación implícita, porque el autor y los lectores comparten unos códigos culturales, o la esencia de lo humano en última instancia, pero esa red está mucho más lejos y el riesgo de estrellarse es mayor. Hay que esmerarse mucho más para caminar por esa cuerda floja. O, mejor: hay que caminar de otra manera.

   

Lo que nos sale del tirón es la semilla, pero si no la riegas, si no la cuidas, si no podas el arbolito cuando crece... ¿a quién le dará sombra?

 

6. Berna, sus reflexiones

yo sigo flipando con el invento del teléfono y mi cerebro es incapaz de entender que, ahora, por esa misma línea telefónica, estén saliendo y entrando estos emilios, que en realidad son ceros y unos dentro de una máquina que funciona gracias a algo parecido a un trozo de arena endurecida (el silicio). Máxime cuando la línea es de Telefónica, claro ;-))

   

hace un rato estaba pelando una patata y... yo creía que, más o menos, todos coincidimos en qué es cursi y qué no lo es. Pero anoche descubrí que no. Y le doy vueltas al asunto sin encontrar una salida. Y me interesa, porque tiene mucho que ver con las cartas de amor que están llegando a la lista estos días (y con la que me estoy currando para presentar al concurso).

   

Yo nunca desespero (a veces creo que es un defecto más que una virtud, esta propensión a la risa y a disfrutar de lo que tengo; a veces creo que cuando llegue finalmente el invierno serán las hormigas las que, calentitas y bien alimentadas, se reirán de Berna la cigarra que se muere de frío en mitad de la nieve, a la intemperie...), pero he visto a personas muy próximas a mí muy, muy mal. Y también he visto que cuando se han relajao y han empezado a disfrutar del presente, zas... Y he visto más aún: que es una gran verdad eso de que nunca es tarde cuando la dicha es buena :-)
Lo cierto es que se nos pone una cara muy fea cuando estamos tensos y ansiosos, buscando. El ceño fruncido, los ojos convertidos en rendijas, los labios apretados...

   

una mañana, en el hotel de Pekín, a la hora del desayuno, levanté la mirada de la mesa y vi una pareja nórdica con una niña china. Luego miré alrededor y conté hasta ocho. Se supone que debería haberme alegrado: ya sabéis, esas niñas van a tener un futuro millones de veces mejor que el que habrían tenido en un orfanato chino. Pero en realidad tuve ganas de llorar por ellas. Porque, a pesar de eso, les va a pasar lo que a Xiao Gao: tendrán un futuro seguro, quizás incluso hermoso (sólo la posibilidad de que lo sea es hermoso en sí), pero no tendrán ni siquiera el nombre que alguien les puso el día que nacieron.
[...]
a veces me he imaginado a mí misma (en plan melodramático, lo reconozco), abrazando a una de esas niñas y hablándole incoherentemente en chino.
[...]
En ese abrazo hipotético [...] lo que le diría, en mi chino balbuceante y entre lágrimas, sería: "Está bien, todo está bien, no te preocupes". Ése sería el significado, la letra de la canción. Y la lengua, es decir, la música, sería el chino. Para darle un vínculo, un lazo con el lugar de donde viene. Para que no salga volando en medio del vendaval de preguntas que se hará algún día, a un lugar que para ella ya no es su lugar. Para que acepte sin reservas a quienes la están queriendo sin reservas.
[...] "no te preocupes, todo está bien, no pasa nada" es "bie danxin, mei shi, mei guanxi".

   

Y pensar que sentimos tan parecido alguien como yo (ningún premio, poco publicado, con temporadas largas de sequía) y alguien como tú, Guido, que lleva tantos años en el oficio y que goza además del reconocimiento de la crítica, de los demás escritores y de los lectores...

   

Los demás no sólo nos piensan, sino que también nos sueñan

   

Todo el que hace lo que sabe hacer, con honradez y gusto, trabaja con inspiración.

   

Es que tengo la ligera impresión de que Carver no es eso. De que hay mucha imitación o copia (malas) de Carver en ese plan: si la historia va de ruptura matrimonial, y a ser posible uno de los dos es alcohólico (mejor si lo son los dos) y además se rompe la nevera, ya tenemos estilo Carver al canto. Mejor aún si lo que se cuenta no tiene ni pies ni cabeza.
Y yo juraría que eso NO es Carver.

 

7. ¿Por qué escribimos?

Escribo porque no sé no hacerlo. Creo que para ordenar y explicarme el mundo. O, al menos, para hacerme las preguntas en voz alta (¿no os pasa a vosotros que cuando conseguís saber cuál es la pregunta, la respuesta parece mucho más cercana?).

   

siempre pensé que escribir (con voluntad literaria) es una forma de entender el mundo, de explicarlo.

   

Yo escribo para nombrar el mundo. Para explicar(me)lo

 

8. Berna, sus críticas:

No sé, Ángel: te prometo que lo único que he entendido de tu emilio es que consideras que lavar es una tarea ingrata, y tampoco estoy de acuerdo :-)

   

Nacho: estoy agobiadísima de trabajo, pero no he podido resistir la tentación :-) y he leído dos relatos tuyos: "Sólo quiero convertirme en sábana", que me ha hecho reír a gusto, y "Te regalé el mundo", que me ha hecho llorar.

   

las historias que funcionan, funcionan porque tocan aspectos que afectan a todos los seres humanos, ¿no? O sea, el amor, el miedo, los celos, la tristeza, la belleza, la soledad... [...] No soy lectora asidua de ciencia ficción, pero uno de mis escritores favoritos es Ray Bradbury [...]. Para mí es un tipo que sabe cómo somos las personas y lo que sentimos, y las "Crónicas de Marte" (creo que lo tradujeron así), con toda la cosa técnica y fantástica y Marte y las naves y tal y cual pascual, habla en realidad de nosotros, las personas: de amor, miedo, celos, tristeza, belleza, soledad.
A los aficionados a la ciencia ficción [...] les gustan todos esos detallitos técnicos, [...] pero si la historia no nos habla de cosas que conocemos, no funcionaría por mucho musgo estelar y estación ídem que le echaras. Por eso me gusta tu cuento, Ampa, porque hablas de la soberbia (de quienes construyen la estación sin preocuparse de etcétera), de la codicia (si hay mano de obra barata, para qué gastarnos las pelas en), de la sumisión y de la cobardía (de Ginebra), de la solidaridad (de Giralda), de la valentía (y de la temeridad) (de Giralda y Empairesteit, a ver si lo escribo bien), de los celos (de Ginebra), del amor (de Giralda y Empairesteit), de los sueños y anhelos (de Ginebra, y de todas las currantes), de la envidia cochina (de Giralda) y seguro que me dejo algo más en el tintero.

   

Hombre, pues disperso no es, pero yo lo he tenido que leer tres veces y aun así, no lo acabo de entender

   

Y, no sé por qué, a pesar de que hay objetos concretos, no acabo de sentir esa ausencia-que-en-realidad-no-es-ausencia. O sea, puedo llegar a entender que ese es el tema (y, efectivamente, te ciñes a él :-)), pero no me llega a las digamos capas interiores. Me hace pensar, pero no me hace sentir.

   

Jo, David, si tienes tanto interés en contar una historia de una manera tan enrevesada (al menos, visto desde fuera, me lo parece), lo tienes muy fácil: sólo tienes que hacerlo. Por suerte, esto no es una clase de química y puedes hacer experimentos sin que el laboratorio salte por los aires :-). Sólo tienes que mirar las caras de tus oyentes el sábado, en el presencial (ya que allí leéis en voz alta: es un lugar excelente para probar tu teoría de la oralidad) y escuchar/leer lo que te digan, allí y aquí.

 

9. Berna, corrigiendo al que yerra:

"El cuaderno rojo", coño. "El libro rojo" es de Mao (creo).

David, ¿qué es "acopultura"?

No se puede ser maricón y tortillero, mujer :-DDDDD

 

10. El compromiso literario o "Desde el jazmín a las sábanas húmedas":

han hecho falta estos meses para que floreciera por fin el jazmín y pudiera perfumarme este atardecer, y para poder entrever a las golondrinas cruzar veloces, puro griterío, detrás de las clavellinas, de las rosas y de los geranios, y para que de los tulipanes que sembré en aquel entonces ya no queden más que unos pétalos multicolores, secos y crujientes en un cuenco. Y, desde luego, para que pudiera escribirte esta carta tomándome un mojito hecho con la hierbabuena que también crece en mi ventana y con el ron Havana Club que me regalaron dos amigas que vinieron desde muy lejos sólo para verme.
[...]
vivo una etapa en la que no deja de sorprenderme y alegrarme todo lo que llega hasta mí, tanto desde fuera como desde dentro. Estoy sentada, con una sonrisa cada vez más grande, a veces riéndome a carcajadas, a la puerta de mi casa, con los brazos abiertos. Y dejo entrar todo, y luego dejo pasar el tiempo para que cada cosa encuentre su espacio y su tiempo
[...]
Del mismo modo que, pongamos por caso, una sabe si alguien es limpio o sólo le importan las apariencias levantando la colcha y comprobando si estiró la sábana de arriba en lugar de hacer la cama, se puede saber si un manifiesto artístico vale o no es más que una paja mental si podemos sustituir en el texto la palabra escritor, poeta, pintor, escultor, cineasta o músico por secretaria de dirección, albañil, informático o panadero (y las relativas a la actividad artística por la actividad profesional correspondiente), y sigue siendo congruente.
[...]
Precisamente porque compartimos la humanidad, creo que, al menos quienes vivimos ese compromiso con la realidad exterior e interior, somos capaces de saber intuitivamente cuándo nos encontramos ante una obra de arte y cuándo no es más que un producto para el consumo o una moda pasajera: toda obra de arte toca de algún modo nuestra humanidad más profunda, algo universal, algo que todos tenemos en común. El resto será sociología, lo políticamente correcto, impostura al fin, pero no literatura.
[...]
Por ejemplo, me parece evidente que no puede ser cierto que "[...] la hondura y coherencia de una obra será mayor cuanto más haya reflexionado el autor sobre todo lo que la relaciona y compromete con los otros"; que la frase funcionaría en toda su carga ética si dijera:
"la hondura y coherencia de una vida será mayor cuanto más haya reflexionado el hombre sobre todo lo que la relaciona y compromete con los otros".
[...]
estas líneas no son una "diatriba contra quienes sólo estiran la colcha", ni un "elogio de quienes se hacen la cama", sino un brindis por quienes tienen el coraje de no estirar la colcha para ocultar las sábanas arrugadas y húmedas después de hacer el amor. Que es una de las formas más honradas de vivir y de escribir que conozco.

 

11. Técnica narrativa:

Primero hay que acostumbrarse a dar rienda suelta a la intuición, a la imaginación, al juego. Perderle el respeto a la Literatura con "L" mayúscula, quitarnos el corsé, y la ropa incluso, atrevernos a ser nosotros. Olvidarnos de lo leído, de lo aprendido. Y cuanto más has leído y aprendido, más miedo tienes de quedar mal, de no estar a la altura. Y eso te bloquea. Yo creo que en cierto modo hay que pasar por un periodo de desaprendizaje.

   

El autor debe crear un personaje de carne y hueso, no una caricatura. Y para eso, lo tiene que querer, aunque sea un auténtico hijo de puta. Si lo odia, lo va a cargar de aspectos negativos y lo va a caricaturizar. Lo va a destruir como personaje.
[...]
creo que no es tan difícil. Al fin y al cabo, un personaje es creación tuya, conoces sus motivos, su pasado, además de sus actos más odiosos y aberrantes. Lo difícil es no odiar en la vida real :-)

   

Yo creo que un poema debe tener unidad temática, una gran condensación-concentración (por eso me gusta: decir en dos versos algo que en un relato necesitaría párrafo y medio). Y ritmo.
La diferencia entre un poema y una prosa poética, me parece a mí que está, fundamentalmente, en el ritmo. No es que la prosa poética no la tenga (en realidad, todos los textos lo tienen), pero en la poesía se trata (pienso yo) en una característica básica, sin la cual no hay poesía.
Vamos, que, como escribió Umbral (con perdón), escribir poesía no es escribir "en líneas cortitas". Y como dice Eduardo García, escribir en verso blanco (o libre) es muchísimo más difícil que escribir versos medidos; y lo menos "libre" que hay. Besos y sonrisas.

   

tengo la impresión de que es algo que hacemos todos al empezar a escribir, que es una enfermedad que nos aqueja a todos los principiantes: asumir como "literario" las voces ajenas, sin percatarnos de que eso es impostar la voz, de que lo importante es encontrar la propia. Escuchando las grandes voces, por supuesto (leyendo buena literatura). Pero escuchándonos a nosotros mismos también, al mismo tiempo.

   

Creo que no es lo mismo "verdad" que "realidad". La realidad (la histórica, por ejemplo) la investigas. La Tierra Media la imaginas. Pero los personajes, los sentimientos y pensamientos de esos personajes tienen que tener una verdad que nace del autor. Esos personajes son imaginados, claro, pero yo creo que la empatía (la capacidad de ponerse en la piel de otro, y eso nace del autor-persona) nace de la verdad.

   

La misma historia (la interior, la auténtica, no la aparente, la que recorre la superficie de una narración) se cuenta infinidad de veces en infinidad de formas y, si se cuenta bien, llega a los lectores. Vuelvo a un ejemplo que ya puse: "El Quijote" y "El día de la bestia" son la misma historia; sólo varía el final. [...] Hay diferentes formas de contar las historias, eso es todo. Ni más más, ni más menos...

   

tengo la impresión de que a veces confundimos "hacer literatura" ("hacer arte", en general) con someternos a ciertos estereotipos supuestamente "literarios" (o "artísticos"). Eso que dices de "hacer frases bonitas". Para mí, eso no es literatura, sino impostación.
Al mismo tiempo, pienso que la poesía y la pasión, en sí mismas, las sentimos todos, y que necesitan una elaboración para que sean arte. Que ese aire de facilidad que percibe el lector o el "perceptor" de una obra de arte es falso.

   

hace unas semanas escribí un poema malísimo y reconocí la voz que tenía en mi adolescencia. Y era una voz impostada. Y no era eso, no era eso. Y, al menos en mi caso, creo que tienen que ver forma y fondo: esa voz que no era la mía, que era impostada (forma), estaba contando mentiras (fondo).

   

tengo la impresión de que ya cumples un requisito importante para poder convertirlo en literatura y que no sea un mero desahogo, que es tener cierta distancia con los hechos y las emociones. Que ya no estás describiendo la emoción en el momento de sentirla, sino que la estás reviviendo. Eso es, precisamente, literatura. O sea, a ver si m'explico: no digo que estés fría (al revés: eres capaz de transmitir una calidez y una emoción intensas), sino que esa emoción no te abruma tanto como para no dar pie con bola, que es lo que sucede cuando lo tenemos todo recién vivido.

   

creo que todos nos hemos encontrado con historias en [...] las que el narrador dice continuamente "eh, miradme, aquí estoy". Esos narradores invasivos que impregnan todo y no dejan respirar, ser, existir, pensar ni sentir a los personajes; esos autores que necesitan dejar claro (y alto) lo que piensan y son incapaces de contar una historia sin más (que no ven que con mostrar es suficiente, que los lectores y espectadores no somos idiotas y no necesitamos dedos que señalen bajo un foco que te deja ciego).

   

hay un punto de no retorno en algunos personajes que te imposibilita identificarte con ellos, y eso hace que incluso te identifiques con su antagonista: ¿no os ha pasado que, viendo alguna peli de ésas completamente idiotas, en la que los buenos son tan inverosímilmente buenos y tan ridículos que te estomagan y te pasas la peli deseando que ganen los malos?

 

12. Berna, sus lecturas dispersas:

Mis lecturas infantiles eran como para haber creado un monstruo, tanto en contenido como en forma (todavía me asombro de saber escribir sin faltas, con las traducciones tan inmensamente malas que me tragué): A los 9 me había leído la colección de ocho años de Selecciones del Reader's Digest (entre el 55 y el 63) que había en casa (y, evidentemente, era anticomunista visceral; ¡ay, aquellas descripciones de la invasión de Hungría!), y varias novelas que supongo que no entendí, una de ellas de Somerset Maugham (tampoco las recuerdo, salvo "24 horas en la vida de una mujer", de Zweig, y porque la releí de mayor precisamente porque recordaba que me había gustado mucho). A los 10 me apuntaron a la biblioteca pública porque cayeron en la cuenta de que ya me había tragado lo tragable que había en casa y más (empecé incluso a hojear "El segundo sexo", de la Beauvoire; muchos años después me enteré de que ese libro estaba en casa debido a un error; ya decía yo, porque no pega nada); y aunque sólo podía ir durante las vacaciones escolares, leía a un ritmo de 2 libros por día y a los 12 años me había leído o casi todo, indiscriminadamente: desde Agatha Christie hasta todas las colecciones de Enyd Blyton, pasando por los 12 volúmenes (creo) de Tarzán (mis favoritos) y ya ni recuerdo qué más. A los 14-15 redescubrí la biblioteca de mi padre: García Lorca, Buero Vallejo, Becket, Ionesco, Genet, Juan Ramón Jiménez... A los 16, con una profesora de literatura maravillosa, a Sénder, a Cortázar...
Echo mucho de menos una formación más sólida, sigo leyendo de forma compulsiva (cuando leo: ahora leo muchísimo menos; o va por rachas, y llevo 2 años que leo más bien poco), y sé que no he leído muchísimo de lo que debería leer, pero bueno: cuando me tocó empezar a pensar por mi cuenta lo intenté lo mejor que pude y al final, creo que tampoco soy un monstruo :-)

 

13. Cuatro retazos literarios:

Me reprochaste: "tengo una herida y nunca has querido verla".
¿Cómo, si me devorabas con ella?

   

[...] he oído el rodar desganado de un cubo de basura. Ha pasado el autobús. Alguien ha bajado una persiana anticipando la noche. Y supe que la gente seguirá pasando por ese cruce de calles de Pekín, que la pagoda de Anqing se mantendrá en pie y que en Mogarraz empezará la vendimia, como todos los años, el doce de octubre. Que pronto llegará el frío y haremos el amor bajo el edredón. Y que el mundo seguirá girando.

   

Escucha... No pienses: sólo escucha.

   

Aquella fue la última vez que fuimos juntos al cine mi marido y yo. Dos meses después nos habíamos separado.

 

14. Berna, marcando pautas sin saberlo:

Bueno, por la experiencia que yo tengo, normalmente, en las listas, la gente aprende (aunque a veces cuesta) que lo más sensato es no responder a provocaciones ni a insultos, sencillamente porque es una pérdida de tiempo. Así que se obvian, sin más. Y eso no es una falta de respeto a nadie, sino una salvaguardia de la convivencia. Además, los moderadores/administradores ya se ocupan de llamar la atención (en privado) a quien infringe las normas de la lista, y de dar de baja a las personas que perturban esa convivencia, según su criterio y discreción. Evidentemente, una lista es una lista, no un Estado democrático ni nada parecido, y todos conocemos las normas antes de suscribirnos y somos libres de estar o no estar suscritos.

   

Ojo con todos los rumores que corren por ahí y con esos mensajes lacrimógenos que piden solidaridad y no son más que mentiras (y que, si los enviáis, producen más mal que bien).

   

O sea: que ojito con los bulos y con los virus.


   

si tengo tiempo, leo y comento. Otras veces leo y no sé bien qué comentar que pueda servirle al autor del texto, y entonces opto por callarme. Otras veces no tengo tiempo ni para leer, o leo sólo lo que puedo y me apetece... Creo que pensar y escribir un comentario meditado exige dedicarle tiempo. Y creo que todos los textos que mandamos aquí merecen un comentario meditado (que sea certero o no, es otro cantar y ya está abierto el debate al respective), así que me parece que es mejor recibir pocos comentarios meditados, que muchos insustanciales y escritos por "cubrir el expediente", por "decir algo", por "no quedar mal" o algo así, ¿no? (que conste que no estoy diciendo que haya habido comentarios de este tipo aquí, ¿vale?).

   

la lista se abrió en febrero, y varios de nosotros estamos aquí desde entonces, participando a veces un montón (yo estoy en plena racha, y no es nada habitual en mí), a veces poco y a veces nada. Hay temporadas en que la bandeja de entrada se llena de mensajes de la lista y temporadas en que sólo llegan un par de mensajes al día (echo de menos últimamente a un montón de gente). Y lo mismo hablamos de literatura que de Friends y Operación triunfo, que de las cuitas particulares de algún colistero agobiao, que estamos de coña o hablamos muy en serio, que se envían relatos o poemas para que los demás comenten y opinen, que se organiza un concurso de cartas de amor a raíz de una propuesta informal, que. En fin, un buen follón, pero agradable. Yo cuando no tengo tiempo (y suele ser la mayoría de las veces), leo pero no intervengo. Y si tengo tiempo, ya ves, no digo más que chorradas :-)

   

pido opinión cuando estoy bastante segura (no me preguntéis por qué ni cómo: no lo sé) de que el texto es digno, de que merece la pena pedir a otras personas que le dediquen tiempo y atención, y cuando estoy dispuesta a seguir trabajando en él a partir de esas opiniones, que valoro mucho.

 

15. Berna, sus anécdotas:

Un día, mi hijo (tenía 2 años) no quería comer y empezó a apartar con la lengua y las manos las cucharadas de puré y su padre, enfadado, dijo: «Pues no le veo la gracia, la verdad. Vamos a ver, ¿se puede saber dónde está la gracia?» Y el niño, impresionado (su padre es de los que se enfadan pocas veces), dijo: «Allí», señalando el techo, por salir del paso.

   

Recuerdo una comida, hace casi dos años, en la que nos reunimos varias ex cuñadas, después del verano. Para intercambiar noticias, risas, quejas de los maridos (las que seguían casadas). Una de ellas tenía cáncer de pulmón y, presionada por su suegro y su marido (creyentes ambos), había estado en Lourdes. Nos lo contó entre risas, y las demás reímos también. Luego se puso seria y dijo: «Yo no creo en Dios ni en los milagros, pero ¿sabéis cuál es el milagro de Lourdes?» Callamos todas. «He visto a gente que está muchísimo peor que yo, no os podéis ni imaginar lo que he visto. Y de pronto me encontré rezando por ellos. No por mí: por ellos».
[...]
Por eso, aunque a ratos me parece que me han arrancado el corazón, sigo cantando, y trabajando, y sonriendo. Y esperando sin esperar, no sé muy bien el qué. Todo lo suave y lo bueno de la vida, supongo. Y sé que, en el fondo, lo suave y lo bueno están también dentro de mí.

   

La semana que viene me voy a Mogarraz, en la Sierra de Francia (provincia de Salamanca; aclaro). Y me voy allí precisamente porque no hay nada que visitar (bueno, creo que Pedro, mi anfitrión, acaba de abrir un museo etnográfico). Mi intención, además de dormir 10 horas diarias y comer tres veces al día (algo que hace mucho que no hago), es sentarme a escuchar a mis anfitriones, a su vecina, Teonila, una señora de noventa y pico años, y a los demás nativos del lugar.
Sentarme a escuchar...
A mi regreso de China me di cuenta de dos cosas: de que en realidad los sitios no me interesan más que por la gente que habita en ellos (por ejemplo, iría encantada al lugar de origen de cualquiera de mis amigos o donde viven ahora). Y de que, para viajar a y visitar un lugar donde no vive ningún ser querido, hay que ir con alguien con quien uno tenga mucha afinidad. Todo lo demás carece de sentido para mí.

   

Recuerdo una ocasión en que un amigo contó (estábamos varias personas) una historieta que le había pasado a otro amigo suyo y que me impresionó muchísimo y le miré con una mirada tan especial que me pidió por favor que no la escribiera, porque lo quería hacer él. Se lo tuve que prometer, pero aún no sé si algún día acabaré contándola, porque me llegó a lo más hondo.

   

Una vez un taxista me preguntó si era adoptada. Flipé. Me explicó que estaban pensando, él y su mujer, en adoptar a una niña china y que les preocupaba la adaptación a Madrid. Le dije (como pude, porque estaba a punto de echarme a llorar) (soy proclive a la risa, pero también a la llorera, como habréis podido deducir) que lo único que importaba era que él y su mujer la quisieran. Y también le conté cosas de mi hijo (mestizo) y de mi infancia y la de mis hermanos (cuando no había en Madrid los chinos que ahora hay)...

   

Hace muchos, muchos años, conseguí el típico trabajo a tiempo parcial de estudiante, como camarera del turno de la cena en un colegio mayor de curas. Sin seguro, y cobrando el día que iba a trabajar (o sea, que el día que estaba enferma y había que sustituirme no veía un duro). Bueno, el caso es que sabía que en casa no sólo no sobraba el dinero, sino que faltaba. La noche que me dieron la primera paga, llegué contentísima a casa y se la di a mi padre. Creo que eran 7.000 pesetas (estoy hablando del año 75). Mi padre, furioso, tiró los billetes al suelo.
Ahora sé que no era (sólo) orgullo herido, que es lo que yo, con mi mentalidad española, entendí. Ahora sé, porque lo he vivido en China, que existe un rígido sistema ancestral dentro del cual es absolutamente inconcebible que yo llevara dinero a casa.

   

bueno, yo una vez discutí con un vegetariano y le pregunté por qué la vaca de mi filete tenía más derecho a la vida que la vaca de sus zapatos y su cinturón. No supo responder.