Hola,
Berna:
Este es tu regalo de cumpleaños. Con retraso, claro.
Y lo mando a la lista porque yo creo que también puede
ser un regalo para ella.
Besos:
Isa
CARTA
DE BERNA PARA BERNA FILTRADA POR LOS OJOS DE ISA
1.
A Berna, castiza, le gusta:
-el
olor a aceite rancio de las verbenas,
-el olor de las carnicerías,
-el género chico,
-ese chotis que empieza: «Cuan-do ven-gas a Ma-drid,
chu-la-pa mí-a, voy aha-cer-teem-peratriz de La-va-piés»,
-oír a la Banda Municipal un domingo de sol en el
parque del Retiro, rodeada de viejecitos que se las saben
todas y las tararean por lo bajini moviendo la cabeza al
compás,
-las rumbitas de Los Manolos,
-las ferias de los pueblos,
-los coches de choque,
-cantar Soy minero a grito pelado con los amigos en un karaoke,
-los piropos,
-mis geranios,
-planchar,
-hacerme pis encima mientras me ducho,
-hacer punto de cruz,
-el fútbol,
-el Real Madrid,
-el metro de Madrid,
-el cocido madrileño,
-el chocolate en casi todas sus formas,
-ver cómo nieva.
2.
A Berna no le gusta (y es bueno saberlo):
-las
columnas de opinión de Muñoz Molina,
-los notarios,
-los registradores de la propiedad,
-las nueve sinfonías de Beethoven por Von Karajan,
-casi todas las colonias y perfumes de mujer,
-las cenas y las reuniones demasiado multitudinarias,
-esta nueva generación de cantautores,
-las personas que me tienen miedo,
-los cactus.
3.
Berna, su identidad:
me llamo
Berna. Como la capital de Suiza. Y no sólo eso, sino
que NO me llamo Berta; item más: me pone muy nerviosa
que me llamen Berta. Supongo que es un claro error estratégico
decirlo, porque ahora ya sabéis cómo putearme,
pero en fin...
Y segundo, que me apellido Wang. O sea, que de seudónimo
nada. Y, además, ni en Altavista ni en Google sale
ninguna otra Berna Wang. O sea, que si buscáis "Berna
Wang", la que sale soy yo misma. Mejor dicho, rastros
míos que he ido dejando por el ciberespacio en los
últimos cinco años (incluidas algunas fotos
de reuniones de la lista Apuntes). Ya sé que en realidad
eso no prueba nada, pero ahora mismo no se me ocurren más
argumentos para convencer a los incrédulos de que
me llamo Berna Wang, coño.
Y los que han ido a las dos quedadas de la lista a las que
he ido yo podrán dar fe de que tengo cara de china,
un mechero muy hortera y acento madrileño (claro
que, ahora que lo pienso, eso tampoco prueba nada, que hubo
una quedada a la que no fui y aparecí en todas las
crónicas y todo el mundo pensó que sí
había ido).
4.
Berna, su recorrido literario:
Yo dejé
de dar clases en el taller porque me pasaba lo que decía
Isa: tanto tener a mi lectora crítica mirando por
encima del hombro lo que yo leía, y tanto análisis
y comentario y raciocinio, que cuando me sentaba a escribir,
me costaba horrores cambiar de chip. Alguien me dijo una
vez que son los hemisferios cerebrales: uno (no recuerdo
cuál) lleva la parte lógica, y el otro, la
intuitiva. Sea como sea, no es tan fácil pasar de
uno a otro sin que, por el camino, algo se rompa.

No
aspiro a ganar medio millón de pelas al mes (una
vez hablaba de esto con unos amigos en un restaurante y
dije eso y se volvieron los de las mesas vecinas, mirándome
como si estuviera loca :-)). A lo que aspiro es a traducir
4-5 horas al día, tener lo suficiente para vivir
con decencia, y poder dedicar el resto del tiempo a seguir
aprendiendo a escribir (con lo que eso significa para mí,
dos puntos: leer, hacer el vago, leer, estar en Babia, leer,
planchar, leer, pasear, leer...). Y, por supuesto, estoy
hablando de escribir lo que a mí me dé la
gana, sin estar pendiente de publicar, de gustar, de modas...
ni de si me dará o no dinero. Ése es mi particular
viaje a Itaca y, claro, lo lindo es el viaje en sí.
No tengo ni idea de si llegaré, si escribiré
algo lo bastante bueno algún día, si publicaré...
ni me preocupa, ni lo pienso siquiera. Lo que me importa
es el viaje en sí, seguir aprendiendo día
a día. Quizá aprecio demasiado la literatura,
no sé...
[...]
de todos los cuentos [...] sólo se salvó uno
que me salió como sin querer y de un tirón,
sin ningún esfuerzo. El único que surgió
así. [...] Ese fue el primer hallazgo: «a veces
ocurre porque sí». Después, un día,
decidí escribir una novela infantil [...].Ese fue
el segundo hallazgo: «puedo escribir con tesón
sin bloquearme ni agobiarme». Y no era mala; se podía
*recuperar*. Pero finalmente decidí que escribirla
y corregirla había sido una experiencia maravillosa
y que no me merecía la pena dedicarle más
tiempo. Hace año y medio escribí un poema
[...]; descubrí de pronto que había estado
dando vueltas durante años sin darme cuenta de que
en realidad, sí, caramba, soy poeta. Ese es el tercer
hallazgo. También hago prosas, mmmmm, pero no sé
muy bien cómo calificarlas [...]. Este es el cuarto
y, de momento, el último hallazgo. Me gusta escribirlas.
[...]

Para
escribir poesía yo necesito un montón de tiempo
de estar en Babia y de hacer trabajos manuales o físicos
con los que no pienso en nada. En cambio, para las prosas,
casi mejor tener un plazo que me ayude a sacudirme la pereza
y que me obligue a ponerme las pilas.

cuando
estoy escribiendo algo concreto me asaltan todo tipo de
dudas: racionales, y también irracionales, y tremendos
ataques de inseguridad. [...] Pero al mismo tiempo, y de
algún modo, creo (irracionalmente) que si no me pongo
rígida, si pierdo el miedo y me relajo, si me dejo
llevar por la intuición y el sentido común,
si dejo que todo siga su curso natural (sea eso lo que sea),
si me fío de mí misma, todo saldrá
bien. Exactamente igual que me pasa con mi hijo.
a medida
que voy encontrando mi estilo [...] voy prescindiendo de
adjetivos. Y de metáforas.

Pronto
hará dos años que descubrí que quería
seguir escribiendo poesía y que era así como
me sentía más cómoda. Y desde entonces,
curiosamente, dejé de agobiarme cuando no escribo
o escribo poco. De algún modo, tengo el convencimiento
de que lo que tenga que decir, acabaré diciéndolo.
Y no tengo ninguna prisa.

En
cuanto a la prosa, hace ya un mes que quedé en escribir
un artículo (que yo misma propuse, es decir, que
no hay imposición externa de ningún tipo)
y me he quedado atrancada. Y en este caso sí me agobio
un poco, pero no porque no lo haya terminado o porque cuando
lo intento no consiga avanzar, sino porque estoy incumpliendo
un compromiso, y eso me sabe mal. Y ahí sí
que, en cuanto tengo un rato libre (no son muchos), me propongo
intentarlo y abro el documento y lo releo y trato de seguir.
Pero últimamente no encuentro el modo de continuarlo.
Supongo que dicho en términos de bloqueo, debo de
estar bloqueada :-)

Yo
estoy abonada a b) (el miedo escénico) y, a ratos,
a f) (el miedo creativo).

eso
que mandé no era literatura, sino un desahogo: algo
muy distinto. Tenía, sí, cierta "voluntad
literaria" (o "de estilo"), pero era más
carta a unos amigos que un artefacto literario.
[...]
Y si salió fue porque la carta de María me
dio pie emocionalmente. Esa carta (hermosísima y
honda), en la que compartía, con llaneza y sinceridad
enormísimas, cosas que le importan (probablemente
las cosas que más le importan en el mundo) me llevó
a entrar en esa misma onda emocional, agarrada a su estela.
Fue una carta-cometa que llegó, iluminó mi
cielo y a la que quise seguir por un trecho.
En realidad, si estoy inmersa en algo que vivo con intensidad,
si estoy viviendo fundamentalmente, no tengo ni tiempo ni
perspectiva suficiente para escribirlo al mismo tiempo que
lo vivo. "El poema nace de la emoción revivida
en tranquilidad", dijo Wordsworth.

A mí
me viene a la cabeza (cuando me viene) una frase, una imagen,
un par de versos, medio poema, un vómito que no sé
bien qué es y corro a apuntarlo antes de que se desvanezca,
y luego intento tirar del hilo. Y después corrijo
hasta que pienso que está bien y lo doy a leer. O
hasta que me harto y lo guardo en un cajón y lo vuelvo
a sacar meses después.

También
me entra cagalera cuando estoy escribiendo: pocas veces
me dura el estado de gracia y me sale lo que quiero de un
tirón (de hecho, esta tarde la he pasado entera ganduleando
por no ponerme a escribir cuatro poemas y un verso suelto
que tengo a medias: me aterroriza). Pero acabo haciéndolo
(ahora mismo me voy a poner, lo juro, en cuanto deje de
diluviar y saque a la perra, antes de cenar ;-)) [...] Lo
mejor que me puede pasar es que esté haciendo tareas
que no exigen pensar (planchar, fregar, hacer recados),
porque entonces se me organizan las cosas dentro de la cabeza
solas, sin más. Y entonces me siento y escribo y
sale.

[...]
en cuanto consigo sacar una versión decente, se me
pasa la cagalera.

Esta
tarde he escrito una mierda de poema (sé que es una
mierda) [...]

Pues
no señora, que yo para la narrativa soy negada totalmente.
[...] Bueno, un par de veces sonó la flauta, pero
estoy íntimamente convencida de que fue casualidad
[...] encontré mi voz. Para hablar de lo que veo.
Para convertir en texto mi mirada sobre lo que hay a mi
alrededor. Para captar y describir instantes, sin (apenas)
metáforas. Que sean las palabras cotidianas y los
objetos cotidianos los que transmitan esa mirada...

Y en
eso estoy. Escribo muy de vez en cuando, sin agobiarme demasiado
las temporadas en que no lo hago. Es lo que os contaba anoche:
me pasa lo que nunca me había ocurrido con la narrativa:
sé que es mi voz, confío en ella, en que está
ahí y que, bueno, es un poco guadiana y aparece y
desaparece, pero estar, está ahí. Ni idea
de a dónde me llevará. Al ritmo al que voy,
puede que tenga un libro (y no muy gordo) dentro de 10 años
o así. O de 20. Me importa un carajo. Me importa
un carajo publicar. Lo que de verdad me importa es que ahí
está mi voz. Eso es lo que me hace feliz. No aspiro
a nada más que a dejar que esa voz salga. Se lo debo.
Me lo debo. Y punto.
[...]
Como casi todos, vivo inmersa en un ritmo frenético
de trabajo, y no me importa: mi trabajo me gusta y me manejo
razonablemente bien bajo presión. Y, como casi todos,
necesito tiempo, sí (y de hecho, me organizo en lo
posible para comprarlo), pero no para sentarme materialmente
a escribir, sino para hacer las cosas que me gustan en general
(estar con los amigos, leer, ir al cine), a mi aire, despacito,
con muuuuucho tiempo por delante, sin que nadie me meta
prisa. O para hacer el vago, sin más. De algún
modo, eso atrae a mi voz.

a mí
me sirvieron para descubrir que NO soy buena narradora :-)
O, al menos, que no tengo facilidad para eso.

Así
que en ésas estoy: reelaborando literariamente una
carta de amor, escrita desde el sentimiento, sin ninguna
intención literaria. Y claro, aparte de verme obligada
a reorganizarla (para que se entienda la historia que hay
detrás, que mi destinatario y yo sobreentendíamos,
pero que es desconocida para el resto del mundo), tomo cada
expresión, la miro, doy vueltas alrededor, para saber
si es cursi. Para ver si expresa lo que yo quería
expresar. Está claro: no tiene que ver con la autenticidad
del sentimiento, sino con la forma de expresarlo.

O sea,
es evidente lo que ya dije hace unos días, que yo
no tengo ese don de saber mezclar lo vivido con lo soñado
con lo leído etcétera y contar una historia
que no tiene nada que ver con nada

no
sé si este ataque de verborragia en la lista, este
intentar escribir un relato por primera vez en no sé
cuántos años (y no cualquier relato, sino
*ese*), esta sensación rara de bienestar que tengo
últimamente es por la sencillísima razón
de que estoy enamorada. Y eso hace que saque lo mejor de
mí misma.

Nunca
he llegado a sentir dolor mientras escribía. [...]
Y no entendía a los escritores que dicen que sufren
enormemente cuando escriben. Yo tiendo a disfrutar enormemente
de lo que hago. De hecho, si no disfrutara traduciendo,
ya lo habría dejado hace tiempo y me habría
buscado otra profesión. Y cuando he tenido que hacer
trabajos que odiaba (porque me aburrían), me he puesto
literalmente enferma.
La verdad es que sigo sin entenderlo, o sea, me cuesta entender
que alguien se instale a vivir en el sufrimiento y el dolor.
Pero, a lo que iba, creo que anoche entendí de pronto
que, como en la vida, en la creación literaria una
cosa es ir en busca del dolor y otra aceptar que hay dolores
de parto. O sea, dolores fructíferos.

Tengo
la sensación de que de pronto e inexplicablemente
he echado a andar por un sitio conocido en donde nunca me
había atrevido a meterme: un bosque que veo desde
hace años desde la ventana de casa y por donde se
han adentrado varios amigos que, en las noches de invierno,
me han contado sus paseos y me han enseñado lo que
han encontrado: una piña seca asombrosa en su perfección,
una piedra con forma de alma, un mechón de pelo de
ardilla enganchado a una rama espinosa. El caso es que incluso
tengo el mapa de ese bosque; que incluso, algunas tardes
de domingo, mientras veo por la ventana a mis amigos perderse
en la lejanía, lo despliego en la mesa del comedor
y trato de imaginar cómo es el bosque. Pero yo nunca
he sabido interpretar los mapas. Y tengo miedo a perderme
allí fuera, a pasar frío, a llorar y que no
haya nadie cerca para consolarme. Entonces salgo al jardín,
riego mis geranios, quito las hojas secas del jazminero,
miro el cielo, entro en la casa, pongo toallas limpias en
el baño (va a llover y van a volver empapados y muertos
de frío), hago un caldo, enciendo la chimenea. Y
espero en la mecedora el regreso de mis amigos, diciéndome
que se está muy bien en mi jardín, que mi
jardín contiene todos los bosques del mundo. ¿Y
si no sé encontrar el camino de vuelta a casa? ¿Y
si no hay nadie esperándome cuando regrese?

Joder,
y contenta, claro. Sí. Mucho. Pero también
un poco... extrañada. Coño, es que es un poco
fuerte levantarse y encontrase el bosque invadiéndote
el salón (sobre todo cuando el salón mide
2 m. x 2 m.).
5.
Berna, sus metáforas clarificadoras:
un pintor,
para poder dar rienda suelta a eso que lleva dentro, tiene
que saber manejar los pinceles, conocer los diferentes tipos
de pigmentos y de pinturas, saber mezclarlos sin hacer pegotes,
saber dibujar a mano alzada diversos tipos de objetos, conocer
el cuerpo humano de memoria a base de copiar cientos y cientos
de modelos del natural en todas las posturas, ver y estudiar
y analizar los grandes cuadros del pasado y del presente...
Y se podrá tener más o menos facilidad o torpeza,
pero eso es técnica, y se enseña y se aprende.
Lo que nadie puede enseñar ni aprender es a ser Van
Gogh, por poner un ejemplo algo manido. Pero hay quien olvida
o desconoce que Van Gogh, además de ser un genio,
aprendió el oficio e hizo multitud de bodegones y
paisajes y figuras de lo más clásico *antes*
de dedicarse a incendiar cielos, campos y cipreses. Y que,
por mucho que hubiera querido *expresarse*, si no hubiera
dominado las técnicas de su oficio, no habría
podido incendiar una m.
nunca
me han robado un anillo en la cueva de una araña
gigante, pero sí me han robado cosas que me importaban
mucho. Ni he robado a un dragón, pero sí he
peleado contra algo grande y feroz para hacerme con algo
que quería...

¿Hasta
qué punto actuamos como la zorra de la fábula
diciendo que las uvas "están verdes" sólo
porque son inalcanzables? ¿Dónde está
el límite que separa hacer un esfuerzo exigible de
darse de cabezazos contra una pared?

En
cuanto al otro tema, el de si "escribir sobre el amor,
literaturizar el amor es, siempre, artificioso precisamente
por eso mismo [porque se rompe esa comunicación implícita]",
yo creo que hacer literatura (hacer cualquier arte, en realidad)
es artificioso por definición. Tomar la realidad,
en su sentido más amplio, y reelaborarla para convertirla
en arte: ¿hay algo más artificioso que eso?
Por ejemplo, en una narración literaria (ya sea cuento
o novela), los diálogos no son una reproducción
de los diálogos que oímos normalmente (en
los que hay reiteraciones, muletillas, etc. que, de reproducirse,
harían la lectura insoportable). Y hay resúmenes
y escenas; se dosifica el tempo; y ese tempo no es igual
que el "tiempo real".
Me da a mí la impresión de que la representación
artística de la realidad es como caminar por la cuerda
floja con red, pero con la cuerda a muchos más metros
del suelo (y, por tanto, de la red). La red con la que contamos
todos normalmente, en nuestros actos cotidianos de comunicación
(toma ya) es esa comunicación implícita que
tú dices: si algo no se entiende porque el emisor
se expresó mal, siempre quedan los gestos o, en última
instancia, el conocimiento que se tiene del destinatario
del mensaje para evitar los malentendidos (para no estrellarse
en el suelo). En literatura también hay red, cierta
comunicación implícita, porque el autor y
los lectores comparten unos códigos culturales, o
la esencia de lo humano en última instancia, pero
esa red está mucho más lejos y el riesgo de
estrellarse es mayor. Hay que esmerarse mucho más
para caminar por esa cuerda floja. O, mejor: hay que caminar
de otra manera.

Lo
que nos sale del tirón es la semilla, pero si no
la riegas, si no la cuidas, si no podas el arbolito cuando
crece... ¿a quién le dará sombra?
6.
Berna, sus reflexiones
yo sigo
flipando con el invento del teléfono y mi cerebro
es incapaz de entender que, ahora, por esa misma línea
telefónica, estén saliendo y entrando estos
emilios, que en realidad son ceros y unos dentro de una
máquina que funciona gracias a algo parecido a un
trozo de arena endurecida (el silicio). Máxime cuando
la línea es de Telefónica, claro ;-))
hace
un rato estaba pelando una patata y... yo creía que,
más o menos, todos coincidimos en qué es cursi
y qué no lo es. Pero anoche descubrí que no.
Y le doy vueltas al asunto sin encontrar una salida. Y me
interesa, porque tiene mucho que ver con las cartas de amor
que están llegando a la lista estos días (y
con la que me estoy currando para presentar al concurso).

Yo
nunca desespero (a veces creo que es un defecto más
que una virtud, esta propensión a la risa y a disfrutar
de lo que tengo; a veces creo que cuando llegue finalmente
el invierno serán las hormigas las que, calentitas
y bien alimentadas, se reirán de Berna la cigarra
que se muere de frío en mitad de la nieve, a la intemperie...),
pero he visto a personas muy próximas a mí
muy, muy mal. Y también he visto que cuando se han
relajao y han empezado a disfrutar del presente, zas...
Y he visto más aún: que es una gran verdad
eso de que nunca es tarde cuando la dicha es buena :-)
Lo cierto es que se nos pone una cara muy fea cuando estamos
tensos y ansiosos, buscando. El ceño fruncido, los
ojos convertidos en rendijas, los labios apretados...

una
mañana, en el hotel de Pekín, a la hora del
desayuno, levanté la mirada de la mesa y vi una pareja
nórdica con una niña china. Luego miré
alrededor y conté hasta ocho. Se supone que debería
haberme alegrado: ya sabéis, esas niñas van
a tener un futuro millones de veces mejor que el que habrían
tenido en un orfanato chino. Pero en realidad tuve ganas
de llorar por ellas. Porque, a pesar de eso, les va a pasar
lo que a Xiao Gao: tendrán un futuro seguro, quizás
incluso hermoso (sólo la posibilidad de que lo sea
es hermoso en sí), pero no tendrán ni siquiera
el nombre que alguien les puso el día que nacieron.
[...]
a veces me he imaginado a mí misma (en plan melodramático,
lo reconozco), abrazando a una de esas niñas y hablándole
incoherentemente en chino.
[...]
En ese abrazo hipotético [...] lo que le diría,
en mi chino balbuceante y entre lágrimas, sería:
"Está bien, todo está bien, no te preocupes".
Ése sería el significado, la letra de la canción.
Y la lengua, es decir, la música, sería el
chino. Para darle un vínculo, un lazo con el lugar
de donde viene. Para que no salga volando en medio del vendaval
de preguntas que se hará algún día,
a un lugar que para ella ya no es su lugar. Para que acepte
sin reservas a quienes la están queriendo sin reservas.
[...] "no te preocupes, todo está bien, no pasa
nada" es "bie danxin, mei shi, mei guanxi".
Y pensar
que sentimos tan parecido alguien como yo (ningún
premio, poco publicado, con temporadas largas de sequía)
y alguien como tú, Guido, que lleva tantos años
en el oficio y que goza además del reconocimiento
de la crítica, de los demás escritores y de
los lectores...

Los
demás no sólo nos piensan, sino que también
nos sueñan

Todo
el que hace lo que sabe hacer, con honradez y gusto, trabaja
con inspiración.

Es
que tengo la ligera impresión de que Carver no es
eso. De que hay mucha imitación o copia (malas) de
Carver en ese plan: si la historia va de ruptura matrimonial,
y a ser posible uno de los dos es alcohólico (mejor
si lo son los dos) y además se rompe la nevera, ya
tenemos estilo Carver al canto. Mejor aún si lo que
se cuenta no tiene ni pies ni cabeza.
Y yo juraría que eso NO es Carver.
7.
¿Por qué escribimos?
Escribo
porque no sé no hacerlo. Creo que para ordenar y
explicarme el mundo. O, al menos, para hacerme las preguntas
en voz alta (¿no os pasa a vosotros que cuando conseguís
saber cuál es la pregunta, la respuesta parece mucho
más cercana?).

siempre
pensé que escribir (con voluntad literaria) es una
forma de entender el mundo, de explicarlo.

Yo
escribo para nombrar el mundo. Para explicar(me)lo
8.
Berna, sus críticas:
No sé,
Ángel: te prometo que lo único que he entendido
de tu emilio es que consideras que lavar es una tarea ingrata,
y tampoco estoy de acuerdo :-)

Nacho:
estoy agobiadísima de trabajo, pero no he podido
resistir la tentación :-) y he leído dos relatos
tuyos: "Sólo quiero convertirme en sábana",
que me ha hecho reír a gusto, y "Te regalé
el mundo", que me ha hecho llorar.

las
historias que funcionan, funcionan porque tocan aspectos
que afectan a todos los seres humanos, ¿no? O sea,
el amor, el miedo, los celos, la tristeza, la belleza, la
soledad... [...] No soy lectora asidua de ciencia ficción,
pero uno de mis escritores favoritos es Ray Bradbury [...].
Para mí es un tipo que sabe cómo somos las
personas y lo que sentimos, y las "Crónicas
de Marte" (creo que lo tradujeron así), con
toda la cosa técnica y fantástica y Marte
y las naves y tal y cual pascual, habla en realidad de nosotros,
las personas: de amor, miedo, celos, tristeza, belleza,
soledad.
A los aficionados a la ciencia ficción [...] les
gustan todos esos detallitos técnicos, [...] pero
si la historia no nos habla de cosas que conocemos, no funcionaría
por mucho musgo estelar y estación ídem que
le echaras. Por eso me gusta tu cuento, Ampa, porque hablas
de la soberbia (de quienes construyen la estación
sin preocuparse de etcétera), de la codicia (si hay
mano de obra barata, para qué gastarnos las pelas
en), de la sumisión y de la cobardía (de Ginebra),
de la solidaridad (de Giralda), de la valentía (y
de la temeridad) (de Giralda y Empairesteit, a ver si lo
escribo bien), de los celos (de Ginebra), del amor (de Giralda
y Empairesteit), de los sueños y anhelos (de Ginebra,
y de todas las currantes), de la envidia cochina (de Giralda)
y seguro que me dejo algo más en el tintero.

Hombre,
pues disperso no es, pero yo lo he tenido que leer tres
veces y aun así, no lo acabo de entender

Y,
no sé por qué, a pesar de que hay objetos
concretos, no acabo de sentir esa ausencia-que-en-realidad-no-es-ausencia.
O sea, puedo llegar a entender que ese es el tema (y, efectivamente,
te ciñes a él :-)), pero no me llega a las
digamos capas interiores. Me hace pensar, pero no me hace
sentir.

Jo,
David, si tienes tanto interés en contar una historia
de una manera tan enrevesada (al menos, visto desde fuera,
me lo parece), lo tienes muy fácil: sólo tienes
que hacerlo. Por suerte, esto no es una clase de química
y puedes hacer experimentos sin que el laboratorio salte
por los aires :-). Sólo tienes que mirar las caras
de tus oyentes el sábado, en el presencial (ya que
allí leéis en voz alta: es un lugar excelente
para probar tu teoría de la oralidad) y escuchar/leer
lo que te digan, allí y aquí.
9.
Berna, corrigiendo al que yerra:
"El cuaderno rojo", coño. "El libro
rojo" es de Mao (creo).
David, ¿qué es "acopultura"?
No se puede ser maricón y tortillero, mujer :-DDDDD
10.
El compromiso literario o "Desde el jazmín a
las sábanas húmedas":
han
hecho falta estos meses para que floreciera por fin el jazmín
y pudiera perfumarme este atardecer, y para poder entrever
a las golondrinas cruzar veloces, puro griterío,
detrás de las clavellinas, de las rosas y de los
geranios, y para que de los tulipanes que sembré
en aquel entonces ya no queden más que unos pétalos
multicolores, secos y crujientes en un cuenco. Y, desde
luego, para que pudiera escribirte esta carta tomándome
un mojito hecho con la hierbabuena que también crece
en mi ventana y con el ron Havana Club que me regalaron
dos amigas que vinieron desde muy lejos sólo para
verme.
[...]
vivo una etapa en la que no deja de sorprenderme y alegrarme
todo lo que llega hasta mí, tanto desde fuera como
desde dentro. Estoy sentada, con una sonrisa cada vez más
grande, a veces riéndome a carcajadas, a la puerta
de mi casa, con los brazos abiertos. Y dejo entrar todo,
y luego dejo pasar el tiempo para que cada cosa encuentre
su espacio y su tiempo
[...]
Del mismo modo que, pongamos por caso, una sabe si alguien
es limpio o sólo le importan las apariencias levantando
la colcha y comprobando si estiró la sábana
de arriba en lugar de hacer la cama, se puede saber si un
manifiesto artístico vale o no es más que
una paja mental si podemos sustituir en el texto la palabra
escritor, poeta, pintor, escultor, cineasta o músico
por secretaria de dirección, albañil, informático
o panadero (y las relativas a la actividad artística
por la actividad profesional correspondiente), y sigue siendo
congruente.
[...]
Precisamente porque compartimos la humanidad, creo que,
al menos quienes vivimos ese compromiso con la realidad
exterior e interior, somos capaces de saber intuitivamente
cuándo nos encontramos ante una obra de arte y cuándo
no es más que un producto para el consumo o una moda
pasajera: toda obra de arte toca de algún modo nuestra
humanidad más profunda, algo universal, algo que
todos tenemos en común. El resto será sociología,
lo políticamente correcto, impostura al fin, pero
no literatura.
[...]
Por ejemplo, me parece evidente que no puede ser cierto
que "[...] la hondura y coherencia de una obra será
mayor cuanto más haya reflexionado el autor sobre
todo lo que la relaciona y compromete con los otros";
que la frase funcionaría en toda su carga ética
si dijera:
"la hondura y coherencia de una vida será mayor
cuanto más haya reflexionado el hombre sobre todo
lo que la relaciona y compromete con los otros".
[...]
estas líneas no son una "diatriba contra quienes
sólo estiran la colcha", ni un "elogio
de quienes se hacen la cama", sino un brindis por quienes
tienen el coraje de no estirar la colcha para ocultar las
sábanas arrugadas y húmedas después
de hacer el amor. Que es una de las formas más honradas
de vivir y de escribir que conozco.
11.
Técnica narrativa:
Primero
hay que acostumbrarse a dar rienda suelta a la intuición,
a la imaginación, al juego. Perderle el respeto a
la Literatura con "L" mayúscula, quitarnos
el corsé, y la ropa incluso, atrevernos a ser nosotros.
Olvidarnos de lo leído, de lo aprendido. Y cuanto
más has leído y aprendido, más miedo
tienes de quedar mal, de no estar a la altura. Y eso te
bloquea. Yo creo que en cierto modo hay que pasar por un
periodo de desaprendizaje.

El
autor debe crear un personaje de carne y hueso, no una caricatura.
Y para eso, lo tiene que querer, aunque sea un auténtico
hijo de puta. Si lo odia, lo va a cargar de aspectos negativos
y lo va a caricaturizar. Lo va a destruir como personaje.
[...]
creo que no es tan difícil. Al fin y al cabo, un
personaje es creación tuya, conoces sus motivos,
su pasado, además de sus actos más odiosos
y aberrantes. Lo difícil es no odiar en la vida real
:-)

Yo
creo que un poema debe tener unidad temática, una
gran condensación-concentración (por eso me
gusta: decir en dos versos algo que en un relato necesitaría
párrafo y medio). Y ritmo.
La diferencia entre un poema y una prosa poética,
me parece a mí que está, fundamentalmente,
en el ritmo. No es que la prosa poética no la tenga
(en realidad, todos los textos lo tienen), pero en la poesía
se trata (pienso yo) en una característica básica,
sin la cual no hay poesía.
Vamos, que, como escribió Umbral (con perdón),
escribir poesía no es escribir "en líneas
cortitas". Y como dice Eduardo García, escribir
en verso blanco (o libre) es muchísimo más
difícil que escribir versos medidos; y lo menos "libre"
que hay. Besos y sonrisas.
tengo
la impresión de que es algo que hacemos todos al
empezar a escribir, que es una enfermedad que nos aqueja
a todos los principiantes: asumir como "literario"
las voces ajenas, sin percatarnos de que eso es impostar
la voz, de que lo importante es encontrar la propia. Escuchando
las grandes voces, por supuesto (leyendo buena literatura).
Pero escuchándonos a nosotros mismos también,
al mismo tiempo.

Creo
que no es lo mismo "verdad" que "realidad".
La realidad (la histórica, por ejemplo) la investigas.
La Tierra Media la imaginas. Pero los personajes, los sentimientos
y pensamientos de esos personajes tienen que tener una verdad
que nace del autor. Esos personajes son imaginados, claro,
pero yo creo que la empatía (la capacidad de ponerse
en la piel de otro, y eso nace del autor-persona) nace de
la verdad.

La
misma historia (la interior, la auténtica, no la
aparente, la que recorre la superficie de una narración)
se cuenta infinidad de veces en infinidad de formas y, si
se cuenta bien, llega a los lectores. Vuelvo a un ejemplo
que ya puse: "El Quijote" y "El día
de la bestia" son la misma historia; sólo varía
el final. [...] Hay diferentes formas de contar las historias,
eso es todo. Ni más más, ni más menos...

tengo
la impresión de que a veces confundimos "hacer
literatura" ("hacer arte", en general) con
someternos a ciertos estereotipos supuestamente "literarios"
(o "artísticos"). Eso que dices de "hacer
frases bonitas". Para mí, eso no es literatura,
sino impostación.
Al mismo tiempo, pienso que la poesía y la pasión,
en sí mismas, las sentimos todos, y que necesitan
una elaboración para que sean arte. Que ese aire
de facilidad que percibe el lector o el "perceptor"
de una obra de arte es falso.

hace
unas semanas escribí un poema malísimo y reconocí
la voz que tenía en mi adolescencia. Y era una voz
impostada. Y no era eso, no era eso. Y, al menos en mi caso,
creo que tienen que ver forma y fondo: esa voz que no era
la mía, que era impostada (forma), estaba contando
mentiras (fondo).

tengo
la impresión de que ya cumples un requisito importante
para poder convertirlo en literatura y que no sea un mero
desahogo, que es tener cierta distancia con los hechos y
las emociones. Que ya no estás describiendo la emoción
en el momento de sentirla, sino que la estás reviviendo.
Eso es, precisamente, literatura. O sea, a ver si m'explico:
no digo que estés fría (al revés: eres
capaz de transmitir una calidez y una emoción intensas),
sino que esa emoción no te abruma tanto como para
no dar pie con bola, que es lo que sucede cuando lo tenemos
todo recién vivido.

creo
que todos nos hemos encontrado con historias en [...] las
que el narrador dice continuamente "eh, miradme, aquí
estoy". Esos narradores invasivos que impregnan todo
y no dejan respirar, ser, existir, pensar ni sentir a los
personajes; esos autores que necesitan dejar claro (y alto)
lo que piensan y son incapaces de contar una historia sin
más (que no ven que con mostrar es suficiente, que
los lectores y espectadores no somos idiotas y no necesitamos
dedos que señalen bajo un foco que te deja ciego).

hay
un punto de no retorno en algunos personajes que te imposibilita
identificarte con ellos, y eso hace que incluso te identifiques
con su antagonista: ¿no os ha pasado que, viendo
alguna peli de ésas completamente idiotas, en la
que los buenos son tan inverosímilmente buenos y
tan ridículos que te estomagan y te pasas la peli
deseando que ganen los malos?
12.
Berna, sus lecturas dispersas:
Mis
lecturas infantiles eran como para haber creado un monstruo,
tanto en contenido como en forma (todavía me asombro
de saber escribir sin faltas, con las traducciones tan inmensamente
malas que me tragué): A los 9 me había leído
la colección de ocho años de Selecciones del
Reader's Digest (entre el 55 y el 63) que había en
casa (y, evidentemente, era anticomunista visceral; ¡ay,
aquellas descripciones de la invasión de Hungría!),
y varias novelas que supongo que no entendí, una
de ellas de Somerset Maugham (tampoco las recuerdo, salvo
"24 horas en la vida de una mujer", de Zweig,
y porque la releí de mayor precisamente porque recordaba
que me había gustado mucho). A los 10 me apuntaron
a la biblioteca pública porque cayeron en la cuenta
de que ya me había tragado lo tragable que había
en casa y más (empecé incluso a hojear "El
segundo sexo", de la Beauvoire; muchos años
después me enteré de que ese libro estaba
en casa debido a un error; ya decía yo, porque no
pega nada); y aunque sólo podía ir durante
las vacaciones escolares, leía a un ritmo de 2 libros
por día y a los 12 años me había leído
o casi todo, indiscriminadamente: desde Agatha Christie
hasta todas las colecciones de Enyd Blyton, pasando por
los 12 volúmenes (creo) de Tarzán (mis favoritos)
y ya ni recuerdo qué más. A los 14-15 redescubrí
la biblioteca de mi padre: García Lorca, Buero Vallejo,
Becket, Ionesco, Genet, Juan Ramón Jiménez...
A los 16, con una profesora de literatura maravillosa, a
Sénder, a Cortázar...
Echo mucho de menos una formación más sólida,
sigo leyendo de forma compulsiva (cuando leo: ahora leo
muchísimo menos; o va por rachas, y llevo 2 años
que leo más bien poco), y sé que no he leído
muchísimo de lo que debería leer, pero bueno:
cuando me tocó empezar a pensar por mi cuenta lo
intenté lo mejor que pude y al final, creo que tampoco
soy un monstruo :-)
13.
Cuatro retazos literarios:
Me reprochaste:
"tengo una herida y nunca has querido verla".
¿Cómo, si me devorabas con ella?

[...]
he oído el rodar desganado de un cubo de basura.
Ha pasado el autobús. Alguien ha bajado una persiana
anticipando la noche. Y supe que la gente seguirá
pasando por ese cruce de calles de Pekín, que la
pagoda de Anqing se mantendrá en pie y que en Mogarraz
empezará la vendimia, como todos los años,
el doce de octubre. Que pronto llegará el frío
y haremos el amor bajo el edredón. Y que el mundo
seguirá girando.

Escucha...
No pienses: sólo escucha.

Aquella
fue la última vez que fuimos juntos al cine mi marido
y yo. Dos meses después nos habíamos separado.
14.
Berna, marcando pautas sin saberlo:
Bueno,
por la experiencia que yo tengo, normalmente, en las listas,
la gente aprende (aunque a veces cuesta) que lo más
sensato es no responder a provocaciones ni a insultos, sencillamente
porque es una pérdida de tiempo. Así que se
obvian, sin más. Y eso no es una falta de respeto
a nadie, sino una salvaguardia de la convivencia. Además,
los moderadores/administradores ya se ocupan de llamar la
atención (en privado) a quien infringe las normas
de la lista, y de dar de baja a las personas que perturban
esa convivencia, según su criterio y discreción.
Evidentemente, una lista es una lista, no un Estado democrático
ni nada parecido, y todos conocemos las normas antes de
suscribirnos y somos libres de estar o no estar suscritos.

Ojo
con todos los rumores que corren por ahí y con esos
mensajes lacrimógenos que piden solidaridad y no
son más que mentiras (y que, si los enviáis,
producen más mal que bien).

O sea:
que ojito con los bulos y con los virus.
si
tengo tiempo, leo y comento. Otras veces leo y no sé
bien qué comentar que pueda servirle al autor del
texto, y entonces opto por callarme. Otras veces no tengo
tiempo ni para leer, o leo sólo lo que puedo y me
apetece... Creo que pensar y escribir un comentario meditado
exige dedicarle tiempo. Y creo que todos los textos que
mandamos aquí merecen un comentario meditado (que
sea certero o no, es otro cantar y ya está abierto
el debate al respective), así que me parece que es
mejor recibir pocos comentarios meditados, que muchos insustanciales
y escritos por "cubrir el expediente", por "decir
algo", por "no quedar mal" o algo así,
¿no? (que conste que no estoy diciendo que haya habido
comentarios de este tipo aquí, ¿vale?).

la
lista se abrió en febrero, y varios de nosotros estamos
aquí desde entonces, participando a veces un montón
(yo estoy en plena racha, y no es nada habitual en mí),
a veces poco y a veces nada. Hay temporadas en que la bandeja
de entrada se llena de mensajes de la lista y temporadas
en que sólo llegan un par de mensajes al día
(echo de menos últimamente a un montón de
gente). Y lo mismo hablamos de literatura que de Friends
y Operación triunfo, que de las cuitas particulares
de algún colistero agobiao, que estamos de coña
o hablamos muy en serio, que se envían relatos o
poemas para que los demás comenten y opinen, que
se organiza un concurso de cartas de amor a raíz
de una propuesta informal, que. En fin, un buen follón,
pero agradable. Yo cuando no tengo tiempo (y suele ser la
mayoría de las veces), leo pero no intervengo. Y
si tengo tiempo, ya ves, no digo más que chorradas
:-)

pido
opinión cuando estoy bastante segura (no me preguntéis
por qué ni cómo: no lo sé) de que el
texto es digno, de que merece la pena pedir a otras personas
que le dediquen tiempo y atención, y cuando estoy
dispuesta a seguir trabajando en él a partir de esas
opiniones, que valoro mucho.
15.
Berna, sus anécdotas:
Un día,
mi hijo (tenía 2 años) no quería comer
y empezó a apartar con la lengua y las manos las
cucharadas de puré y su padre, enfadado, dijo: «Pues
no le veo la gracia, la verdad. Vamos a ver, ¿se
puede saber dónde está la gracia?» Y
el niño, impresionado (su padre es de los que se
enfadan pocas veces), dijo: «Allí», señalando
el techo, por salir del paso.

Recuerdo
una comida, hace casi dos años, en la que nos reunimos
varias ex cuñadas, después del verano. Para
intercambiar noticias, risas, quejas de los maridos (las
que seguían casadas). Una de ellas tenía cáncer
de pulmón y, presionada por su suegro y su marido
(creyentes ambos), había estado en Lourdes. Nos lo
contó entre risas, y las demás reímos
también. Luego se puso seria y dijo: «Yo no
creo en Dios ni en los milagros, pero ¿sabéis
cuál es el milagro de Lourdes?» Callamos todas.
«He visto a gente que está muchísimo
peor que yo, no os podéis ni imaginar lo que he visto.
Y de pronto me encontré rezando por ellos. No por
mí: por ellos».
[...]
Por eso, aunque a ratos me parece que me han arrancado el
corazón, sigo cantando, y trabajando, y sonriendo.
Y esperando sin esperar, no sé muy bien el qué.
Todo lo suave y lo bueno de la vida, supongo. Y sé
que, en el fondo, lo suave y lo bueno están también
dentro de mí.

La
semana que viene me voy a Mogarraz, en la Sierra de Francia
(provincia de Salamanca; aclaro). Y me voy allí precisamente
porque no hay nada que visitar (bueno, creo que Pedro, mi
anfitrión, acaba de abrir un museo etnográfico).
Mi intención, además de dormir 10 horas diarias
y comer tres veces al día (algo que hace mucho que
no hago), es sentarme a escuchar a mis anfitriones, a su
vecina, Teonila, una señora de noventa y pico años,
y a los demás nativos del lugar.
Sentarme a escuchar...
A mi regreso de China me di cuenta de dos cosas: de que
en realidad los sitios no me interesan más que por
la gente que habita en ellos (por ejemplo, iría encantada
al lugar de origen de cualquiera de mis amigos o donde viven
ahora). Y de que, para viajar a y visitar un lugar donde
no vive ningún ser querido, hay que ir con alguien
con quien uno tenga mucha afinidad. Todo lo demás
carece de sentido para mí.

Recuerdo
una ocasión en que un amigo contó (estábamos
varias personas) una historieta que le había pasado
a otro amigo suyo y que me impresionó muchísimo
y le miré con una mirada tan especial que me pidió
por favor que no la escribiera, porque lo quería
hacer él. Se lo tuve que prometer, pero aún
no sé si algún día acabaré contándola,
porque me llegó a lo más hondo.

Una
vez un taxista me preguntó si era adoptada. Flipé.
Me explicó que estaban pensando, él y su mujer,
en adoptar a una niña china y que les preocupaba
la adaptación a Madrid. Le dije (como pude, porque
estaba a punto de echarme a llorar) (soy proclive a la risa,
pero también a la llorera, como habréis podido
deducir) que lo único que importaba era que él
y su mujer la quisieran. Y también le conté
cosas de mi hijo (mestizo) y de mi infancia y la de mis
hermanos (cuando no había en Madrid los chinos que
ahora hay)...

Hace
muchos, muchos años, conseguí el típico
trabajo a tiempo parcial de estudiante, como camarera del
turno de la cena en un colegio mayor de curas. Sin seguro,
y cobrando el día que iba a trabajar (o sea, que
el día que estaba enferma y había que sustituirme
no veía un duro). Bueno, el caso es que sabía
que en casa no sólo no sobraba el dinero, sino que
faltaba. La noche que me dieron la primera paga, llegué
contentísima a casa y se la di a mi padre. Creo que
eran 7.000 pesetas (estoy hablando del año 75). Mi
padre, furioso, tiró los billetes al suelo.
Ahora sé que no era (sólo) orgullo herido,
que es lo que yo, con mi mentalidad española, entendí.
Ahora sé, porque lo he vivido en China, que existe
un rígido sistema ancestral dentro del cual es absolutamente
inconcebible que yo llevara dinero a casa.

bueno,
yo una vez discutí con un vegetariano y le pregunté
por qué la vaca de mi filete tenía más
derecho a la vida que la vaca de sus zapatos y su cinturón.
No supo responder.
16.
Berna, su vida:
No sé
a los demás, pero a mí me pilla a media hora
por lo menos de casa (y cogiendo metro), y a David ni te
cuento, que la otra noche (creo que) lo llevamos a la suya
y (sólo recuerdo que) está más allá
del quinto pino (con decir que hubo que echar gasofa por
el camino y todo...).

que
yo cumplo 44 tacos dentro de un par de meses, tengo un chaval
de 16, y no es que salga todas las noches, pero salgo de
vez en cuando y que qué tendrá que ver la
edad y tener descendencia con salir, digo yo.

La
petición de fidelidad me pone, de por sí,
nerviosa. El hecho de que me lo pidan me ¿ofende?

La
otra noche caí sin querer en La2, a las 21:30, o
sea, cuando estaban con la susodicha operación. No
tengo ni idea de qué va, pero el caso es que me quedé
pegada al televisor hasta que terminó, media hora
después.

he
aprendido que el hombre de mi vida ha dependido de cómo
es mi vida en ese momento (voy por el tercero :-))

Antesdeayer
por la tarde esperaba el autobús en la plaza de Colón.
Estaba cansada y me senté al sol. Giré la
cabeza, distraída, y me vi en el cristal de la marquesina,
demacrada y seria. Tuve ganas de que me abrazara alguien
y volví a girar la cabeza. La levanté hacia
el sol y sonreí para que entrase.

A mí
la que se me ha desbocao es la hormona (me tocaba, qué
le vamos a hacer), así que, además de descolocarme
la tensión, me da por llorar y puedo estar llorando
una hora sin parar, como si se me hubiera muerto alguien.
Así que ni pastillicas ni carajillo: un abrazo, unas
palmaditas en el omóplato y, en su defecto, pues
a dormir, que mañana será otro día
y estará todo en su sitio (yo incluida) ;-)

Que
os juro que la llantina es hormonal, que me pasa de vez
en cuando, cuando estoy con la regla (y no siempre) y que
no es porque me esté pasando nada horroroso; es un
desahogo, una hipersensibilidad, una salida a todas las
tensiones que una acumula desde que se levanta hasta que
se acuesta y sobre todo en el último mes y entonces
lloro hasta dejarme los pulmones y la garganta y los ojos
e incluso agradezco vivir sola porque supongo que no debe
de ser, bueno, muy agradable encontarse a alguien así
y tener que consolarme, y al mismo tiempo, pues sé
que me pasa precisamente porque vivo sola, qué coño,
que si tuviera unos brazos a mi alrededor, y a alguien a
mi lao, bué, y en cualquier caso, aparte de que al
día siguiente tengo los ojos hechos polvo, en fin,
después de estas llantinas la verdad es que me siento
como nueva. En fin, las chicas ya me entendéis, y
los chicos me temo que también os hacéis una
idea, y que habréis salido corriendo en dirección
contraria en más de alguna ocasión parecida...

yo
soy muy rara, e igual lloro a gritos las noches de luna
llena añorando un abrazo, que necesito que me convenzan
de las cosas con argumentos lógicos

no
estoy sustituyendo el tabaco con nada (porque no hace falta):
ni comida, ni alcohol, ni chicles, ni té... Sigo
haciendo lo mío, y si las ganas de fumar son muy
fuertes, respiro hondo, me imagino al monstruo que, al tiempo
que ruge suplicante, va arrugándose por falta de
nicotina... y me río porque es él el que sufre
la falta de nicotina (y no yo) y soy yo la que lo está
matando a él (y no él a mí). Porque
soy su verdugo y no su víctima. Un cambio de enfoque
muy importante, creo yo.Y, bueno, si de pronto tengo ganas
de llorar, pues lloro :-) Ventajas de vivir sola: no me
tiene que aguantar nadie. Ni tengo que andar justificándome
:-)

Es
que me está molando cantidad esta sensación,
tan nueva, de sentirme dueña de mis actos, protagonista,
ejecutora. En lugar de víctima pasiva de una adicción.
Después de casi 30 años de esclavitud, joer,
que se dice pronto. Me veo a mí misma como las estampas
ésas de la Inmaculada pisando, descalza, la cabeza
de la serpiente, del Maligno :-DDDDD Os aseguro que esto
es lo mejor que he podido hacer por mi autoestima en toda
mi vida, de verdad.

Ahora
mismo (acabo de comer) tengo al monstruo gritando, a voces,
totalmente indignao (e indigno: no tiene dignidad). Se me
pone fatal a estas horas, el pobre. No sé si lo oís
vosotros también :-) Yo lo noto en el aleteo de la
garganta que baja hasta la boca del estómago y se
extiende a los lados, hacia las axilas y los codos, y en
un temblor especial en las corvas (como si de pronto tuviera
las rodillas de gomaespuma). Y es porque estoy haciéndome
un café, y eso le hace bramar de angustia. Porque
lo que más le jode, ya lo he descubierto después
de cuatro días de verlo sufrir, de verlo mendigar
y arrastrarse suplicándome su dosis, es que ahora,
después de cada acto que antes iba automáticamente
asociado a un cigarrillo (terminar el café de por
la mañana, coger el teléfono para hablar con
un cliente o con mi madre, entrar en la cocina a hacer la
comida, subir de comprar el periódico, tomarme el
café cortado de después de comer mientras
hojeo la prensa), ahora no hay nada. Sólo olvido.
Desprecio. Nada. Después de casi 30 años de
darle todo lo que quiso, de sometimiento total, de esclavitud...
ahora no le doy nada de nada. Na-da.

Por
supuesto, ni se me ha pasado por la imaginación engañarlo
con alcohol, sólo faltaba :-D Así que, en
fin, esta noche me tomaré mis cervecitas de costumbre:
una a mi salud recién rescatada del tabaco, y la
otra a la vuestra, por estar ahí y por esos ánimos
y esos abrazos :-)
17.
Berna, sus frustraciones:
Sí:
me habría gustado ser Sarah Vaughan, ¿qué
passsa? :-D
Y toda esta charla sobre Operación triunfo y música
me está agudizando la frustración de no tener
voz... Igual te pido en serio que me des unas clases, Pilar.
Aunque sea para que me digas, tú que sabes, que efectivamente
lo mío no tiene arreglo y deje de torturar a la familia
y de soñar imposibles. Que ya estoy en una edad en
la que, o hago algo por acercarme a los sueños, o
ya no me da tiempo... Fíjate que desde anoche fantaseo
con pagarme unas clases de voz contigo como autorregalo
de cumpleaños... por darme el (dis)gusto nomás
:-)
18.
Berna enamorada:
Qué
miedo da que el amor pase junto a uno y no verlo...

Seré
sincera: lo que mejor recuerdo de esa noche (que, además,
para mí fue breve, porque me marché a la una
y media) es que de pronto, mientras estábamos en
el Barbieri, mi chico me llamó inesperadamente al
móvil, que salí a la calle con el corazón
palpitándome a toda velocidad para hablar con él
y que en ese momento me sentí la mujer más
feliz sobre la tierra. No sé; yo creo que me quedé
con cara de alelada ya para el resto de la velada.
En fin. El amor es lo que tiene, pese a lo que diga el cenizo
de Flaubert, Alice, corazón. Y por momentos así,
todo vale la pena (o, bueno, casi todo, que me parece que
hoy tengo un poco perdido el sentido de la proporción).
Ya sabéis: el mundo gira y tal ;-)

el
amor entra en nuestra vida por los huecos que abre la risa.
19. Berna, cuando aún era fumadora:
Y que te sea leve el síndrome de abstinencia, Isa
:-)
20.
Berna, su sentido del humor:
Yo me considero poeta por la gracia de las musas. Y agnóstica
por la gracia de Dios ;-)
¿Ese
director de cine tan genial? ¿El de "La soga",
"La ventana indiscreta", "Psicosis",
"Vértigo"? Es que he intentado escribirlo
pero no sé dónde van las haches y las kas...
yo
no recuerdo haber visto ese emilio, Enrique (¿o es
"yo no recuerdo haber visto ese enrique, Emilio"?).
¿Y
no habría en esta lista algún voluntario que
quiera sacar a pasear a mi perra en las heladas noches de
invierno?
Oye,
David, que coñas aparte, que espero que salga bien
todo mañana. Y que te cojan. [...]
Y si te lo dan, lo celebramos por todo lo alto en casa de
Isa, cenando pizzas del servicio a domicilio ése
que dijo Lara y quemando libros de Roberto Arlt y BSO de
Yordi Chaval en la salamandra, y a mi perra que la saque
Antonio y me la lleve a la biblioteca de su pueblo, que
está en Ferraz 5.
:-)
¿Cuál será el careto para el abrazo?
Por
si te sirve de consuelo, en Madrid, a las 17:04 del lunes
10 de diciembre del 2001 el atardecer se arma y se desarma
a brochazos grises y azules.
¿Quieres
casarte conmigo, Pu?
Lu, rendida