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| M
E N S A J E S D E I S A S O
B R E C R Í T I C A L I T E R A R I A |
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| ¿CRÍTICO
= ESCRITOR FRUSTRADO? I |
viernes,
26 de julio de 2002 11:38 |
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Dice Lali: Lo leí, Isa.
Me pareció muy fuerte eso de que el crítico
dijera que los escritores son los que menos saben de literatura.
A mí
me parece más fuerte que Vargas Llosa recurra al tópico
de que un crítico es un escritor frustrado. En cuanto
a lo de que los escritores son los que menos saben de literatura,
es otro topicazo.
Y el problema de los tópicos no es que no sean una
realidad, sino que aluden a lo obvio y plano de la vida y,
por tanto, por el mismo camino por el que entran en lo real,
se salen de lo verdadero. Si tu pasión es el estudio
de la literatura y dedicas tu vida a ello, serás un
magnífico literato. Si dedicas tu vida y tu talento
a escribir, serás un magnífico escritor. Lo
cual no quiere decir que no leas muchísimo y te intereses
por la literatura, sino que te interesas de otra manera, y
está claro que a literato te ganarán muchos
otros. Decía Ricardo Piglia en "Realidad y ficción"
que los escritores suelen leer de otra forma que los estudiosos
de la literatura. Sus lecturas son, por lo general, desordenadas,
impulsadas por su pasión de escritores, y no por un
sentido analítico y recopilatorio. Un escritor —o
un futuro escritor— se sorprende por la creación
de mundos y, muchas veces sin siquiera saberlo, busca los
engranajes e hilos que mueven todo aquello. Un crítico
es el lector perfecto. Un escritor es el ladrón perfecto.
A un crítico no le importa tanto el proceso de la creación
como el resultado. Un escritor, sin disfrutar menos de la
lectura, escarba en los mecanismos de la ficción para,
algún día, ser capaz de crear él mismo
mundos similares. A grandes rasgos. Con muchas excepciones.
Es verdad que, como dice el tópico, que la mayoría
de los escritores no son literatos. Lo que no dice el tópico
es que ni falta que les hace.
En cuanto a que los críticos son escritores frustrados,
pasa lo mismo. Es verdad que hay muchos críticos que
son escritores frustrados. Pero también lo es que hay
muchos camareros, funcionarios, mecánicos y cantantes
que son escritores frustrados. Yo soy una guitarrista frustrada;
y una pianista frustrada; y una bailarina frustrada. Qué
suerte tienen los críticos a los que les gustaría
escribir grandes ficciones (pero que por miedo, por pereza,
porque aceptan sus limitaciones o por lo que sea, no lo hacen)
de poder trabajar en algo cercano a su pasión. Hay
muchos que ni eso pueden hacer.
Me pregunto por qué muchos escritores se sienten tan
ofendidos ante los críticos (el que se pica, ajos come).
Igual es que muchos escritores son críticos frustrados.
O bailarines frustrados, o cantantes frustrados...
Y que conste que estoy de acuerdo con Vargas Llosa en que
el señor Reich-Ranicki es un antipático y un
soberbio (leí hace tiempo una entrevista que le hacían
y me entraron ganas de vomitar). Lo cual no quiere decir que
no pueda ser un buen crítico, sea o no sea un escritor
frustrado (que eso sólo lo sabe el señor Reich-Ranicki).
Besos
Isa
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| CRÍTICO
= ESCRITOR FRUSTRADO? II |
viernes,
26 de julio de 2002 16:30 |
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Dice Vaz: Pues yo sí estoy
de acuerdo, en general, con el tópico de que el crítico
es un escritor frustrado. A mí la inmensa mayoría
de las críticas que leo en la prensa, babelias y demás,
me despiden tufos muy similares. A saber: 1) El carácter
mercenario. Un escritor es un juntaletras avispado hasta que
su agente firma contrato con alguna editorial de la secta, sea
ésta la que sea. La propiedad es conmutativa: si cambias
de editor, de repente lo que escribes no vale nada.
Esto no
creo que tenga que ver con que un crítico sea un escritor
frustrado o no. Es decir, un mal crítico puede no haber
pensado en su vida en escribir una línea de ficción
o sí. Y eso nada tiene que ver con lo que dices. Una
cosa es independiente de la otra, y tú aquí estás
hablando de malos críticos, y no de críticos frustrados.
2)
La etereidad de los juicios. Aquí está, en mi
opinión, la parte fundamental de la frustración.
Porque, si eres taurino, no es lo mismo decir que un torero
deja la mano a media altura y no termina de estirar el brazo
y, además, dibuja el redondo con demasiada rapidez, con
lo que se sale de cacho y le tapa la salida al toro, que es
lo que dice un crítico; o decir que ese mismo torero
"no transmite", que es lo que suele decir el simple
y puro novillero frustrado. Hoy por hoy, es imposible tomar
decisiones de lectura leyendo a los críticos (que, al
menos los que escriben en la prensa, no se olvide que escriben
para eso).
Creo que
vuelves a confundir las cosas. El que dice "esto no me
transmite nada" no es el escritor frustrado o el novillero
frustrado, sino el que no tiene ni puta idea de crítica
literaria y es incapaz de expresar, argumentar y fundar una
opinión. Nada que ver con la frustración. Es verdad
que hoy por hoy es imposible tomar decisiones de lectura leyendo
a los críticos "de los periódicos",
añadiría yo (porque hay libros estupendos de crítica
literaria, algunos de ellos escritos, te lo aseguro, por escritores
frustrados), pero es en buena parte culpa de los intereses de
los periódicos, a cuyos popes les interesa tener pseudocríticos
manejables que digan lo que los intereses del periódico
les dicte (valgan las repeticiones). Y algunos de ellos ni siquiera
podrían ser nunca escritores frustrados, porque están
tan vacíos literariamente hablando que no les entra el
concepto de frustración en la mollera. Un frustrado es
alguien consciente de lo que le gustaría hacer, incluso
consciente de los pasos que hay que dar para hacerlo, y al que
le duele no poder llevarlo a cabo (por la razón que sea).
Hay que ser consciente de esto para estar frustrado, y muchos
de los que escriben en los periódicos ni siquiera alcanzan
a ese nivel de consciencia.
3)
El carácter categórico de esos mismos juicios.
El mundo se divide en escritores geniales y putomierdas. Y,
curioso, cada vez que el crítico considera genial a un
escritor resulta que este escritor o bien está reconocido
como tal por la crítica internacional (es lo que se llama
nadar a favor de corriente), o bien es un conocido suyo. Demasiados
escritores geniales, sorprendentemente, tienen veintidos años
y aprendieron el alfabeto antesdeayer, lo cual lo dice todo
de la solidez de la crítica de los críticos.
Volvemos
a lo mismo. Eso lo hacen los críticos vendidos al sistema
y los malos críticos, y no los escritores frustrados.
El crítico
elabora juicios tan poco basados en la verdad como que (tomado
de una crítica real), "José Saramago es uno
de los mejores conocedores del Evangelio que existen".
Supongo que hasta el propio Saramago reconocerá que el
Evangelio no es precisamente el libro que se sabe de memoria.
El crítico trata, pues, de que el lector, al que supongo
supone ignorante, comulgue feliz con ruedas de molino.
El mal
crítico, MAV, el mal crítico. El bueno argumenta
sus afirmaciones.
4) Su
falta absoluta de ética. En el mundo en que vivimos,
hasta los camareros que ni siquiera son escritores frustrados
saben que los grandes premios literararios son una farsa. Pero
no hay un solo crítico que lo denuncie y que cuente todo
lo que sabe, o que no lo haga en secreta defensa del premio
literario de su secta, tan manipulado o más como el que
ataca.
Sigues hablando
de los periódicos. Y de los críticos vendidos.
5) Sus grandes apuestas (literatura generación X,
literatura femenina, literatura de dueños de perros,
literatura de hijos de plomeros... etc.) coinciden sospechosamente
con los diagnósticos de Nielsen, multinacional americana
de la mercadotecnia.
Lo mismo.
Todas
estas son características del crítico escritor
frustrado.
Nop. Ninguna
de las características que has señalado indican
frustración. Indican incompetencia, ignorancia, debilidad
de carácter, avaricia, inercia y ambición. Ni
siquiera si me hubieras dado argumentos más cercanos
a la frustración del crítico, como pueda ser la
bilis soltada entrelíneas o la amargura de determinadas
afirmaciones de algunos críticos (que lo que tienen es
una frustración mal llevada), me hubieran hecho dar como
verdadero el tópico. Porque el problema del tópico
está no tanto en lo que dice (que puede ser cierto),
sino en la intención con la que se dice. Y, en este caso,
el problema es dar un sentido peyorativo a la palabra "frustración",
como si fuera algo terrible que nos impide hacer cosas buenas
en la vida.
Decía Ángel en no me acuerdo dónde que
un escritor tenía que aprender a convivir con su frustración.
A todos los escritores les gustaría escribir mucho mejor
de lo que lo hacen, y crear mundos mucho más completos
de los que crean, y expresar muchas más cosas de las
que expresan. Si dejas que la frustración te amargue,
serás un mal escritor amargado. Si convives con esa frustración,
la aceptas y la vuelves a tu favor, para que te ayude a avanzar,
entonces tendrás más posibilidades de ser un buen
escritor y sentirte a gusto contigo mismo. De igual forma, un
crítico al que le hubiera gustado crear obras de ficción
pero que (por las razones que sea, ya digo) decide no hacerlo
y dedicarse a la crítica, tiene dos opciones:
1) Amargarse y volcar su amargura en una tergiversación
de la obra de los escritores que critica.
2) Aceptar su frustración como escritor y aprovechar
buena parte de esa pasión por la literatura y la creación
para disfrutar de su oficio de crítico, y para hacer
una labor creativa que ayude a los demás a apreciar la
literatura, a escribir, o a lo que sea.
Hay malos críticos que ni siquiera llegan a ser escritores
frustrados (muchos de los escriben ahora en los periódicos),
hay críticos amargados y frustrados cuya amargura ensucia
sus críticas, hay críticos con vocación
de críticos, y hay críticos frustrados que vuelcan
y aprovechan su pasión de escritores para hacer buenísimas
críticas.
No sé. En la vida hay que elegir muchas veces. Y las
elecciones son difíciles, porque cuando eliges entre
dos cosas que te gustan, la que sale perdiendo siempre se quedará
amputada. El otro día comentaba con Ángel que
me rondaba en la cabeza escribir un libro sobre teoría-crítica
literaria, sobre un tema que no se ha tratado pero que creo
que sería muy útil para la gente que escribe.
Y que era un momento difícil porque me tocaba elegir.
El meterme en ese tema me separaría -de nuevo, y a lo
mejor definitivamente- de la escritura de ficción. A
la vez, es algo para lo que sé que valgo, y me gusta,
y puedo aportar bastante a los demás. En la escritura
de ficción me siento mucho más insegura, y pienso
que quizá, por mucho que lo intente, sólo llegaré
a ser una escritora correcta; pero me llena más que lo
otro. Tirarme por el primer camino sería aceptar que
me desenvuelvo mejor en ese campo que en el otro; pero, si lo
hiciera, ten por seguro que aprovecharía todo lo que
pudiera del otro campo y que, en la medida de lo posible, mi
obra sería creativa. ¿Sería una escritora
frustrada, con las alas cortadas? Pues sí, pero eso no
significaría que odiara a los escritores, ni que mis
críticas fueran infundadas, ni que se redujera ni un
ápice mi amor a la literatura y a la creación.
Y tendría la suerte de estar en un terreno en el que
podría dar salida a esa vocación de escritora,
en el que podría poner a mi favor esa vocación
para realizar mi tarea. Igual me sentía bastante más
realizada siendo una buena crítica literaria frustrada
que una mala escritora (menos frustrada, pero también,
por ser mala). Y si finalmente tiro por el otro lado, por el
de la ficción, pues igualmente trataré de poner
a mi favor todos mis conocimientos críticos.
Tengo amigos a los que les encantaría ser buenos músicos,
y a los que sus miedos o sus limitaciones les llevan a no tirar
por ahí, o sólo como aficionados. Pero, en su
defecto, se interesan por la música, la estudian, investigan
las tendencias (porque la aman), y todo eso les puede llevar
a ser unos excelentes críticos de música. Si además,
han practicado alguna vez en su vida algún instrumento,
y saben por experiencia las dificultades y algunos de los trucos
que la rigen, mejor que mejor. Es una forma, como otra cualquiera,
de convivir con la frustración. ¿Se podría
decir que casi todos los críticos musicales son músicos
frustrados? Pues sí, apostaría lo que fuera a
que la mayoría en su fuero interno sueñan que
dan un concierto y el público los aplaude. Pero eso no
sólo no es malo para su oficio de críticos, sino
que es lo que les hace poner pasión en lo que escriben;
por supuesto, si no se dejan arrastrar por la amargura o se
venden a los medios o...
Desde
mi punto de vista, el lector ávido que aprende literatura
leyendo y/o estudiándola acaba sabiendo dos cosas: Cosa
1: En la literatura no hay cosas buenas o malas. Hay cosas que
gustan más y cosas que gustan menos. Que ni siquiera
tienen por qué coincidir con las cosas que ME gustan
más y que ME gustan menos.
Bueno,
a esto ya te ha contestado Ángel. Hay literatura buena
y mala en la misma medida que hay buenos y malos críticos
o buenos y malos profesores o buenos y malos cantantes.
Cosa
2: La literatura obedece a unas reglas. Hay cosas que se llaman
estilo, estructura, coherencia interna del corpus de una obra
y todo eso. Pero estudiar esas cosas no es cuestión de
leerse un libro dos veces (y aquí estamos ya regalando
a los críticos la presunción de que se leen los
libros que critican dos veces, que me parece una norma fundamental
para criticarlos) y tomar cuatro notas. Esas cosas son cuestión
de estudios pormenorizados que normalmente llevan años.
Pero, curiosamente, los críticos literarios son a menudo
malos autores, o incluso no autores, de monografías literarias
analíticas. ¿Por qué será?
No te entiendo.
Creo que hay excelentes autores de crítica literaria,
como Barthes, Bajtin, Gardner y tantos otros. Ángel,
sin ir más lejos, que por cierto también escribe
reseñas literarias para alguna revista. No sé,
quizá te refieres de nuevo a muchos de los pseudocríticos
que escriben en los periódicos. Pero hay -y ha habido-
muchos otros, ¿no crees?
Estos
dos conocimientos llevan al lector ávido, cuando se convierte
en crítico (por ejemplo, en esta misma lista) a ser tremendamente
respetuoso con aquello que critica.
No olvidemos
tampoco que no es lo mismo una crítica que sirva al autor
para mejorar un texto que una crítica enfocada a orientar
a un lector.
Si algo
falta en los suplementos literarios actualmente es respeto.
Respeto hacia el lector que los lee a la búsqueda de
orientaciones para comprar (y se va a gastar sus buenos euros)
porque habitualmente se le engaña, perdón Berna,
como a un chino para que esos euros no salgan de la cuenta de
resultados que está pagando ese mismo suplemento literario.
Y respeto hacia el creador crucificado, enviado al infierno
de lo que "no es efectista", "está torpemente
estructurado" o, directamente, "no debe perderse el
tiempo leyendo", así, sin más explicaciones.
Porque sólo una persona frustrada convierte el "a
mí no me gusta" en el "al que le guste esto
es que es gilipollas del culo".
De nuevo
confundes "frustrado" con ignorante, necio, incapaz,
vago o maleducado.
Que
además haya sexadores de pollos que son escritores frustrados
me parece, la verdad, un dato irrelevante.
Sólo
trataba de quitarle peso peyorativo al término "frustrado".
La frustración es algo natural, humano, inevitable y
-cuando se es consciente de ella y se sabe aprovechar- saludable
y motivador.
Besos
Isa
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| CRÍTICO
= ESCRITOR FRUSTRADO? III |
viernes,
26 de julio de 2002 17:45 |
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Dice Lali: Tal vez el escritor
no busca al lector perfecto que lo desenmascare como ladrón,
sino al cómplice de sus propias lecturas, las no analíticas.
Tal vez por eso jode la crítica.
Apuesto
a que los escritores que salgan de esta lista al mundanal
ruido no buscarán la crítica fácil y
halagüeña de una lectura ingenua y transitoria,
ni tampoco se picarán por las malas críticas
sin fundamento. Por supuesto, a todos los escritores les gustaría
tener lectores cómplices. Pero si apenas los tienen,
lo normal es que quieran saber por qué (puede ser porque
lo que escriben es una mierda, o puede ser porque son tan
innovadores que su público actual no está preparado
para esas lecturas), y no que se pongan orejeras y anteojeras
para salvaguardar su ego. Y un buen crítico puede aportarles
esa visión. Es una pena que muchos escritores se cierren
ante ello, y sólo se les ocurra insultar al crítico,
porque eso sólo va en perjuicio suyo (el crítico,
e incluso sus lectores, se reirán entre dientes). Me
estaba acordando de la reacción infantil de uno de
los escritores a los que criticó el señor Reich-Ranicki,
y que le mató en su siguiente novela. Cierto que este
crítico en particular tiene pinta de ser bastante maleducado,
lo que no es un plato de gusto para ningún escritor.
Aún así, y si es un buen crítico con
opiniones fundadas, si yo fuera uno los escritores a los que
critica, en vez de poner el grito en el cielo y tomar venganza,
tomaría buena nota de lo que dice de mí -pasando
por alto los improperios-, e incluso le agradecería
públicamente -de forma muy-muy educada, eso sí-
sus palabras.
Tal
vez el crítico no pueda evitar buscar al ladrón
perfecto, difícil (de encontrar), la piedra preciosa
que esconde, la recaudación que lleva consigo en la
mochila. Marisabidillos los dos y con objetivos opuestos,
imposible una buena relación.
Pero
es que yo creo que confundes la crítica que se hace
en la lista o en los talleres literarios con la crítica
de los periódicos. La primera va dirigida al autor
(lo cual no quiere decir que un lector también la pueda
aprovechar). La segunda, tiene como objetivo los lectores
potenciales de la obra (lo cual no quiere decir que al autor
le pueda venir estupendamente). En la primera el crítico,
además de intentar actuar como lector objetivo, ha
de buscar en los mecanismos de la creación aquello
que entorpece o permiten una lectura fluida y que no permite
que se vea o revela la piedra preciosa que esconde el texto.
En el segundo caso, el del crítico de periódico,
el proceso creativo y los mecanismos que mueven la narración
no importan, sino sólo el resultado final. Importa
saber si eso merece la pena ser leído o no, y razonarlo,
tomando siempre como punto de partida el texto ya construido.
Y creo que el escritor puede tener una relación estupenda
tanto con un tipo de críticos como con los otros. O,
si no le convencen sus críticas, decididamente no tener
ningún tipo de relación. En fin, que creo que
hay muchos prejuicios, tópicos y soberbia en la visión
de muchos críticos y de muchos escritores, que les
impiden mirarse frente a frente y colaborar, que sería
lo suyo.
Besos
Isa
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| CRÍTICO
= ESCRITOR FRUSTRADO? IV |
sábado,
27 de julio de 2002 11:12 |
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Dice MAV: Querida Isabel, lo
que yo hablo o escribo lo hablo o lo escribo, por supuesto,
desde mi propia experiencia. Que ni es universal ni más
verdadera que cualquier otra, desde luego.
Nosajodío.
En eso estamos.
Desde
esa experiencia, no obstante, debo apostillarte que cuando
haces la distinción entre crítico frustrado
y crítico... bien, busquemos una palabra que lo resuma
todo: imbécil, estás operando como el químico
al que le dicen: agua; y responde: ojo, ojo. Que una cosa
es el hidrógeno y otra el oxígeno.
Bueno,
es que toda esta conversación empezó por la
utilización del tópico por el señor Vargas
Llosa (de una forma elegante y sutil, eso sí, diciendo
«Pero no hay duda de que ellos, y la gran mayoría
de sus colegas, llegaron a la crítica literaria dando
un rodeo por el que fue su primer amor, la creación,
de la que con razón o sin ella se sintieron desengañados,
un amor que sin embargo siguió llameando siempre, con
melancolía, detrás de los ensayos y artículos
que dedicaron a las obras ajenas»). Y Vargas Llosa sí
sabe lo que es la crítica literaria más allá
de lo que se escribe en los periódicos. Por eso me
jode que recurra al tópico (engañoso, como todos
los tópicos), y ponga una cruz a la crítica
como de "segundo orden" o de "consuelo para
fracasados". Me jode que lo haga él, precisamente,
que ha tenido que leer un montón de crítica
literaria y la practica él mismo. Como decía
JGV, en vez de desenmascarar, idiotiza, y a muchos de los
que lean el artículo les reforzará, como a ti,
esa idea de crítico literario = escritor fracasado
= imbécil, pobre hombre que no alcanzó lo que
quiso y se tuvo que "conformar" con lo que pudo.
Y, como para reforzar esa idea, te expone el "único"
ejemplo (mentira, hay un montón de gente que ha dedicado
su vida al estudio de la literatura y a la crítica
literaria -muchos filólogos- y que, al menos visiblemente,
no han escrito ficción -aunque no me cabe duda de que
les hubiera gustado, igual que a Reich-Ranicki-) de crítico
vocacional, al que alaba a lo largo de varios párrafos
para luego clavarle un cuchillo en la yugular y dejarlo como
un monigote.
Que esa igualdad de la que hablaba antes se esté dando
en los medios de comunicación (cosa que no pongo en
duda, aunque apenas leo críticas literarias en los
periódicos) no quiere decir que no sea una falsa igualdad.
Algo, como dices, provocado por la competencia salvaje entre
editoriales, intereses económicos, políticos,
etc. Pero no es lo mismo decir "esto es así"
y ya está, que "esto es así pero en otras
circunstancias sería de otra manera" o "en
otros ámbitos es de otra forma", lo cual desharía
la dependencia del término "frustrado" con
el término "imbécil".
Pero, joder, es que esa igualdad que aparentemente funciona
para los medios de comunicación también nos
permitiría decir escritor = imbécil, periodista
= imbécil. Los escritores que ahora mismo salen en
los medios están atados de pies y manos, y se puede
decir que "no les queda otro remedio" que escribir
mierda. A los periodistas les ocurre lo mismo. Muchos de los
críticos que están ahí, es cierto, no
están porque les guste especialmente la crítica
literaria, sino con miras a dar el salto a la fama en cuanto
puedan (y utilizarán todas sus armas para ello). Pues
claro que están emputecidos, joder, y que desparraman
bilis por doquier, como perros enjaulados, buscando el momento
de morder al guardián y comerse el trozo de carne,
para lo que a su vez tendrán que morder a todos los
que se lo quieren disputar. Lo que pasa es que yo no lo veo
como una relación de necesariedad. "Eso tira mucho",
dices. Pues sí, debe de tirar mucho, pero es que al
final vas de jaula en jaula. Según tu punto de vista
(el de los periódicos) ya da lo mismo que seas periodista,
crítico o escritor (profesionalmente hablando, claro),
porque lo que tienes que escribir es mierda en los tres casos.
Ayer estuve tomando una copa con un periodista mayor (llamémosle
Pepe), de cincuenta y muchos, muy culto y muy desengañado
de su profesión (por supuesto, escribe en la soledad
relatos, que nunca se ha atrevido a dar a ningún lector).
Me contaba que conoce a Luis Mateo Díez, y que le decía
que él ya se tomaba lo de escribir como una profesión
cualquiera. La editorial le decía: en tantos meses,
una novela. Y él hacía un refritro de relatos,
o tiraba de todas las anotaciones hechas en un tiempo y con
eso hacía lo que podía. Yo le dije que me había
leído *El lenguaje de las fuentes* y que, aunque me
gustó mucho cómo estaba escrita, y la historia
tenía su miga, me pareció desestructurada, caótica,
y nunca más me entraron ganas de leer a Mateo Díez.
Y Pepe me contestaba que claro, que no tienen tiempo para
corregir. También conocía a Marcela Serrano,
la finalista del Premio Planeta. Pepe se leyó la novela,
y le pareció una mierda pinchada en un palo, claro.
Se lo dijo a Marcela, y ésta le contestó algo
así: Claro, es que me avisaron de Planeta de que me
tocaba ser finalista y no me quedó más remedio
que escribir a toda hostia la novela. Pero a esta novela le
hacía mucho más tiempo de maduración.
A mí me hace gracia ese "no me quedó otro
remedio", el mismo que pones tú ante la evolución
de las personas en sus profesiones y el mismo que el tópico
nos quiere meter en la cabeza. Las cosas son así, qué
le vamos a hacer. Lo mejor es unirse, ser uno más que
confirmen el tópico, porque es inevitable.
Y no, joder. No hay que ser un gilipollas o un hijoputa para
ser crítico literario. Ni hay que escribir mierda para
ser escritor. Los medios es lo que más se ve, lo que
más dinero da, una tentación difícil
de aguantar, pero no lo es todo. Marcela Serrano, según
mi punto de vista, la cagó con ese "no me quedó
otro remedio", y tiene todas las papeletas para convertirse
en una escritora, además de frustrada, amargada. Tendrá
muchos compradores y pocos lectores (y, seguramente, no los
que le gustaría tener). Pero el de Marcela Serrano
no es un camino que tengamos que seguir todos como hormiguitas.
Te metes porque te da la gana, por las pelas, por la brillantina,
por lo que sea.
En el caso de los periodistas, es verdad que es prácticamente
imposible salirse del camino. Hay pocos senderos, y todos
llevan al mismo sitio. Aun así, pienso que para estar
amargado toda tu vida, mejor meterte a camarero. Pero en el
caso de los críticos hay otras salidas. La crítica
literaria no se circunscribe a los periódicos. Hay
revistas en papel y virtuales, hay talleres, hay terreno para
la investigación... En fin, es un oficio que te puedes
tomar en serio, y en el que, por mucho que lo que te hubiera
gustado en el fondo hubiera sido ser escritor de éxito,
no tienes por qué sentirte amargado o decir gilipolleces.
Y por supuesto que cada uno habla de lo que conoce. Precisamente
por eso digo que yo, que conozco algo del tema, he leído
estupendísimos libros de análisis y crítica
literaria que rezuman amor por la literatura, y no ese amor
melancólico y avergonzado del que habla Vargas Llosa,
sino un amor lleno de vida y de creatividad, y que contagian
al lector hasta llevarle a determinadas lecturas. Creo que
es un grupo de gente lo suficientemente amplio, quizás
más numeroso (por ser intemporal) que el de los críticos
que actualmente pululan por los periódicos, como para
que el tópico (aunque resultón) no tenga verdadera
validez.
Besos
Isa
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| CRÍTICO
= ESCRITOR FRUSTRADO? V |
domingo,
28 de julio de 2002 12:54 |
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Dice MAV: Hay algo que aprendes
muy deprisa en una redacción y es que veinte segundos
en Antena 3 pesan más que treinta años de trabajo
de siete personas en un departamento universitario.
Pesan
más, ¿en qué sentido? ¿En el
sentido de que toman existencia, por la temporada primavera-verano,
para la opinión pública? Porque luego, lo
que va a quedar para la posteridad va a ser, lo más
posible, el trabajo que se ha fraguado en treinta años,
y no el que se ha construido sin ningún criterio
en seis meses.
Lucía
Extebarría arrasó en las librerías
exactamente 48 horas después de sacarse los ojos
con el padre Apeles en un programa-debate de Sardá
en la Tele 5. Por qué cojones miles (repito: MILES)
de personas deciden leer una novela porque su autora sale
en la caja tonta vestida de morado y llamando a un cura
facha cabrón, no me lo preguntes, porque no lo sé.
Pero es así.
Sí,
y tendrá que seguir haciendo stripteases y apariciones
estelares cada cierto tiempo para ganarse a sus compradores
(más que a sus lectores). Hasta que la gente se canse
de su cara bonita o sus escándalos empiecen a ser
repetitivos, o hasta que se muera. Y luego el mundo la olvidará
y sus libros se irán apolillando en las estanterías.
Eres
tú la que habla en términos absolutos.
No,
perdona, es el tópico el que habla en términos
absolutos cuando dice "Los críticos son escritores
frustrados". Y tú dices estar de acuerdo con
él.
Yo
hablo en términos, si lo quieres ver así,
estadísticos. Otrosí: dónde está
la mayoría, la parte mollar del fenómeno,
la más numerosa, la más influyente.
Pues
eso es lo que me parece a mí pura apariencia. Lo
que decía Ángel, tú estás hablando
de poder, y no de crítica literaria. Porque la crítica
literaria, la verdadera crítica literaria que va
a perdurar y va a marcar caminos, se está fraguando
en otros sitios, no en los periódicos. Y no me parece
que la labor de la gente que se dedica a la crítica
seria se pueda ventilar de un plumazo con un tópico
como la copa de un pino. Por más que la mayoría
de la gente, actualmente y en todos los tiempos, consuma
basura.
¿Dónde
he defendido yo la identificación de que el escritor
es imbécil? No conservo mensajes atrasados, pero
creo haber opinado recientemente que, en primer lugar, esta
lista está llena de escritores, porque para mí
las motivaciones que aquí se ven son suficiente cosa
como para merecer dicho sustantivo. Y posteriormente he
dicho, por supuesto, que el escritor comercial hace lo que
hace y tal y tal, que es lo que yo creo ídentificas
tú con un imbécil. Pero será, en ese
caso, la identificación del escritor comercial, no
del escritor.
Ah,
o sea que consideras que a los escritores que salen en los
medios y que llenan las librerías hay que ponerles
el adjetivo "comerciales", pero que los críticos
que avalan a esos escritores son "críticos"
sin más, y que no hay que tener en cuenta a todos
los que se dedican a la crítica seria porque no sale
en los medios. Pues no lo entiendo, la verdad.
Supongo
que convendrás conmigo en que eso es un mal periodista.
¿Qué pasa, entonces, con el crítico
que responde a motivaciones parecidas?
Pues
ya lo dije, que es un mal crítico. Y que lo es por
cuestiones de poder y manipulación, y no porque sea
un frustrado o deje de serlo.
En
este punto debo decirte que, a todas mis luces, has malinterpretado
no sé bien qué palabras mías. Lo que
yo, cuando menos, he pretendido decir desde el principio
es que el tópico existe por algo, y ese algo es que
tiene una sólida base de realidad. El salto de la
sólida base de realidad al fatalismo de que las cosas
han de ser así inevitablemente tendrás que
darlo tú sola. Lo que yo he descrito pasa porque
yo lo he visto. Y mis datos son que pasa mucho. Que sea
lo que tiene que pasar, no lo opino. Y, desde luego, si
has visto en mis palabras una invitación a "unirse"
a esa barbacoa, me has tenido que leer en diagonal.
Pues
yo vi el fatalismo en estas palabras: «Yo no elegí
entre dos cosas que me gustaban, sino entre lo inevitable
y otra cosa que entonces me parecía imposible (y
probablemente lo era). Lo queramos o no, el mundo es así
de cabrón, porque esto, Isa, es lo más normal.
La frustración nacida de decisiones como la tuya
no es lo común. Y entre los críticos literarios
también es así en bastante medida.»
Si no era eso lo que querías decir, perdona por la
malinterpretación. Y más que en tus palabras,
donde sí veo una invitación a unirse a esa
barbacoa es en las de Vargas Llosa. Y la frustración
nacida de decisiones como la mía es la misma que
la de un número -si no apreciable, al menos no despreciable-
de gente que no tira por el camino del poder y del dinero,
sino del trabajo serio. Que sean hormiguitas a las que no
les enfoca la linterna no quiere decir que no existan, ni
que su trabajo no valga para nada, ni que no hayan de ser
tomadas en cuenta a la hora de hacer una generalización,
más si el que la hace conoce perfectamente el trabajo
de esas hormiguitas y se ha alimentado de lo que han recolectado.
Periodistas
hay muchos, muchísimos, que se han marchado de sus
medios porque no soportaban lo que estaban viviendo. Luego
se han ido a otros sitios donde la historia a lo peor ha
terminado por ser parecida. Pero por lo menos han jugado
sus cartas. Y no, no todos los senderos llevan al mismo
sitio. Lo que pasa es que no pocos de los proyectos de senderos
diferentes, qué curioso, no suelen conseguir lectores
suficientes para sobrevivir. Demasiadas veces, el que no
tiene criterio es el lector.
Bueno,
ahí no me meto, que tú conoces mucho mejor
esa profesión que yo. Simplemente, los periodistas
que he conocido a lo largo de mi vida, o han dejado el oficio,
quemadísimos, precisamente por la dificultad de tomar
otros caminos que el marcado por la manipulación,
o siguen quemadísimos, o han intentado meterse en
otros proyectos y lo han tenido que dejar (en la causa no
me meto) y volver a lo mismo, y ahí están,
quemadísimos. Lo que yo veo del mundo del periodismo
está indisolublemente unido al mundo de la política,
que a su vez está indisolublemente unido al mundo
de la economía, y las personas que he conocido que
se meten en esos mundos tienen poco margen de maniobra para
ejercer su libertad.
Y
de que haya poca sensación de poder en alabar a alguien
y sí en joderle la vida no tengo yo la culpa. Vuelvo
a decir lo mismo: las cosas son como son. Podemos no verlas,
claro. Pero no por eso el dinosaurio va a dejar de estar
allí.
No se
trata de no verlas, sino de no potenciarlas (y no digo que
tú las potencies, ¿eh?); que es, volviendo
al principio de toda esta conversación, lo que hacen
los tópicos, más si los que los sueltan son
intelectuales de renombre que están perfectamente
preparados e informados para desmontarlos. Por supuesto
que los tópicos tienen una base muy fuerte de realidad,
precisamente porque se forman entre muchísima gente
-la inmensa mayoría- que coincide en un mismo punto.
Eso ya lo dije al principio de todo. Pero también
creo que son engañosos, y que, igual que a una bacteria
le ataca el antibiótico, a un tópico lo desarmas
al profundizar.
Por ejemplo, pongamos el tópico de que los psicólogos
son unos sacacuartos. Hay una base real, claro que sí,
y tomado literalmente, hasta se puede decir que es cierto
(es lo malo -y también lo bueno- de los tópicos,
que están construidos con las palabras exactas para
resultar obvios, irrebatibles). Nadie, teóricamente,
puede rebatir ese tópico, porque es verdad que los
psicólogos te sacan los cuartos (y muchos). Pero
en cuanto uno profundiza un poquito, ¿qué
ve? Que lo que se quiere decir con esa frase aparentemente
inocente es que los psicólogos son unos estafadores
(pero, cuidado, un tópico nunca diría "Los
psicólogos son unos estafadores", porque eso
ya se puede rebatir mucho más fácilmente).
Y ahí ya se está haciendo una generalización
que mancilla la labor de un montón de buenos profesionales
(y aunque fueran pocos). ¿Hay psicólogos estafadores?
Sí, los hay. ¿Hay otros que no lo son? Sí,
los hay. Hombre, no te digo yo que si sólo hubiera
un psicólogo honrado en el mundo no se pudiera hacer
la generalización. Pero, joder, hay mucha gente que
estudia la carrera de psicología, se hacen cuatro
masters y se tiran toda su vida investigando para solucionar
los problemas psicológicos de la gente. Algunos serán
unos psicólogos mediocres, otros se dejarán
envolver en la telaraña del estancamiento y del dinero
fácil, y otros serán unos magníficos
psicólogos. Posiblemente los que más se vean
en los periódicos y en la tele serán no los
mejores, sino los que se manejen mejor en el mundo del márketing
y de los negocios. Pero el hecho de que los otros no existan
para la mayoría de la gente (porque para la mayoría
de la gente sólo existe lo que sale en la tele),
no quiere decir que no estén haciendo una buena tarea,
y una tarea importante. E imagínate como les sentará
una generalización de ese tipo. Por otro lado, ¿quién
ha creado el tópico? Una mayoría, por supuesto,
toda esa gente que nunca ha ido al psicólogo (o ha
ido a uno y le ha salido rana), que no tiene ni idea de
psicología, que no acepta que existan los problemas
psicológicos (mucho menos que ellos los tengan) y
que en su puñetera vida piensan acercarse ni de lejos
a un gabinete psicológico ni profundizar un ápice
en ese campo. Pues ahora pongamos que alguien cercano a
ese mundo, que lo conoce perfectamente y que se ha nutrido
de él viene a decir en El País (envuelto en
bellas palabras) que los psicólogos son unos sacacuartos.
Ahora pongamos que tú eres un psicólogo serio,
que ha estudiado su carrera y cuatro másters, que
se ha leído todo lo que se ha publicado sobre el
tema, que trabaja en su consulta y que tiene datos objetivos
de lo que la psicología puede ayudar a las personas.
¿Qué te parecería lo que dice ese señor
en su artículo?
Pues lo mismo con el tópico de que los críticos
son escritores frustrados. Comprenderás que a todas
las hormiguitas que nos dejamos el pellejo en la crítica
literaria, con una labor que no sale en los medios, pero
no por eso deja de existir, que ayudamos a un grupo de gente
(que esperemos que cada vez sea mayor, y que me parece -quizá
porque me dedico a ello- si no relevante, al menos importante)
a encarrilar sus lecturas, a escribir o a lo que sea, nos
joda leer de la pluma de Vargas Llosa o de Muñoz
Molina (me estoy acordando del artículo donde muy
sutilmente ponía a parir los talleres literario)
palabras que perpetúan el topicazo, precisamente
porque son unos señores bien preparados que podrían
profundizar y desarticular en su medida la inopia y el borreguismo
en el que vive la mayoría. Lo que están haciendo
estas personas es dar de comer a la gente su propia mierda.
Y es una pena.
Pos eso. Y que en todo lo que no he matizado, estoy absolutamente
de acuerdo contigo.
Besos
Isa
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