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| M
E N S A J E S D E I S A S O
B R E N A R R A T I V A |
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| CONFLICTO
Y CONTRADICCIÓN |
miércoles,
21 de marzo de 2001 20:56 |
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Dice David:
Si
bien aquí, en este foro, Isa sí me comentó
que el guerrero de mi microcuento necesitaba un conflicto
íntimo para que el microcuento tuviera fuerza, en su
libro no veo que se mencione explícitamente la importancia
del conflicto en la creación del personaje.[...] Y,
a todo esto, la "acusada" sin abrir la boca :-)
Ya va,
ya vaaa... Que mi arritmia no me permite seguiros el ritmo
;-)
Ante todo, yo creo que habría que hacer una distinción
entre "conflicto" y "contradicción".
Cuando yo hablaba de conflicto ("humano", no "íntimo")
al referirme a tu microcuento, David, me refería a
lo que todo relato ha de tener en calidad narrativa, y que
lo diferencia de la anécdota, de la frase ingeniosa,
de la poesía o de la lista de la compra: un problema,
un nudo, un choque que supone el eje de giro de la narración.
Y decía "humano" para contraponerlo a "inanimado"
o "animal" (no vale que un frigorífico pase
de estar en funcionamiento a estar estropeado si eso no choca
con una o varias personas -personajes- para tomar trascendencia
humana). Es decir, al hablar de conflicto no me refería
a una cualidad intrínseca del personaje, sino a una
cualidad intrínseca de la narración. Por supuesto,
los que se van a encontrar y sufrir el conflicto, el problema,
son los personajes, pero de la misma forma que todo en una
narración pasa a través del filtro del personaje
(hasta si describimos un paisaje es porque un personaje lo
está contemplando). Una de las consecuencias de la
existencia del conflicto en una narración, y uno de
los síntomas en que se manifiesta, es que el personaje
no es el mismo al principio que al final del relato (aunque
finalmente se quede en la misma situación en la que
estaba, se habrá efectuado un cambio en él gracias
al conflicto). Pero, según yo lo veo, el conflicto
no pertenece a tu guerrero (no es intrínseco a él),
sino que éste se encuentra con él y reacciona
frente a él. Quiero decir, que eres tú, como
autor o, mejor dicho, como narrador, quien pones el conflicto
en la historia para que el personaje se tope con él.
En contrapartida, la contradicción sí que sería
una cualidad del personaje (de algunos personajes), y no de
la narración. Todos los seres humanos somos, en mayor
o menor grado, contradictorios, aunque no todos los personajes
lo son. Me estoy acordando, por ejemplo, del relato de Borges
"Emma Zunz". No hay una gota de contradicción
en ese personaje. De hecho, el tema del cuento es precisamente
la determinación terca y brutal de la muchacha para
llevar a cabo una venganza. El conflicto se plantea al principio
del relato (Emma recibe una carta que le informa de la muerte
de su padre) y se redondea para el lector al final (Emma deduce
quién es el asesino). Ahí está el conflicto
humano, que provoca en el personaje una reacción: la
decisión de vengar a su padre mediante un plan que
sigue a rajatabla. El síntoma del conflicto sería
que Emma no es la misma al principio (una jovencita ingenua,
limpia y casta) que al final de relato (ha llegado a prostituirse
para poder llevar a cabo su plan de venganza). Pero en ningún
momento se produce una contradicción en el personaje.
En cuanto a los personajes de novela (los protagonistas) sí
que serían contradictorios, en mayor o menor medida,
como cualquier persona. Algunos más que otros, los
buenos personajes de novela se desenvuelven como las personas,
con sus momentos de duda, sus emociones y sus sentimientos
(y cualquier sentimiento es contradictorio), con la diferencia
de que se circunscriben a un mundo ficticio menos complejo
que el real y adquieren coherencia dentro de ese mundo. Eso
quiere decir que las contradicciones de los personajes de
novela suelen tener una resolución.
Vale. Ahora vayamos con mi libro. Yo, cuando llevaba escritas
algunas páginas, me di cuenta por una parte de que
no podía hablar de TODO en el libro, y por otra de
que no podía dirigirlo a toda clase de público.
Basándome en mi experiencia en los talleres pensé:
¿Cuándo una persona estaría interesada
en -y preparada para- profundizar en la construcción
del personaje? Y me contesté: Cuando ya esté
familiarizada con la construcción del relato. Cuando
alguien con muy poquita experiencia (o mal aprovechada) llega
al taller, en el primer relato que escribe suele pasar lo
siguiente: no hay conflicto (o sea, no hay relato) o el conflicto
está muy difuso. Personaje hay siempre (bien o mal
construido). Pero lo más importante, en un principio,
es que el autor escriba relatos, es decir, que sepa el conflicto
que quiere reflejar y lo plantee con claridad. Entonces pasé
a un segundo nivel, y decidí que mi libro iba dirigido
a personas que ya estuvieran suficientemente familiarizadas
con la creación literaria como para escribir relatos
y novelas más o menos congruentes. Es decir, que en
mi libro doy por supuestas muchas cosas, entre otras el asunto
del conflicto, porque el mismo tema me lo exigía. Y
creo que te equivocas: el conflicto no es importante para
la construcción del personaje (aunque sí al
revés), sino ante todo para la construcción
de la historia. He leído textos con personajes maravillosos
integrados en una mala historia, o en una historia para la
que no sirven, o en algo que no llega a ser historia porque
no hay conflicto y que se queda en un buen retrato de personaje.
Como no era mi intención enseñar a hacer buenos
retratos de personajes, en mi libro doy por supuesta y por
sabida la necesidad de que el personaje se integre en una
historia. Analizo las fisuras que pueden existir entre historia
y personaje, los peligros de que el personaje se coma la historia
y los de que la historia maneje al personaje como una marioneta,
pero siempre partiendo de la base de que "existe"
historia y, por tanto, conflicto.
En cuanto a lo de las contradicciones, es posible que no lo
exprese explícitamente en muchas ocasiones, pero creo
que sí queda claro cuando hablo de la humanidad de
los personajes de novela, de sus dudas, de su lucha interna...
Y lo que decía antes, de la necesidad de que los personajes
superen las contradicciones (lo que les da coherencia). Pero
tampoco me parece algo como para dedicarle un capítulo
aparte. Es cierto que Ana Karenina, Ana Ozores y Emma Bovary
son personajes tremendamente contradictorios (esa cualidad
del ser humano en ellas está en un grado sumo), y esas
contradicciones las llevan a muy mal fin, pero no me parece
algo que se pueda generalizar. Kitty, por ejemplo, también
es un personaje como dios manda y, aunque tiene sus dudas,
sus miedos y sus luchas, no es esencialmente contradictoria;
no se puede decir que sea la contradicción lo que la
mueve. No digo yo que la contradicción no nos pueda
ayudar a crear un personaje y echarlo a andar (de hecho es
lo que digo en el libro), pero no es "necesariamente"
así.
Uf. No sé si me he explicado con esta charla. De todas
formas, David, no te tomes esto como una defensa a ultranza
de mi libro. Yo soy la primera que digo que el cliente -el
lector- siempre tiene la razón. De hecho, la mayoría
de las cosas que he dicho las he reflexionado a posteriori.
No lo tenía todo calculado al escribir el libro, y
supongo que puede hacer aguas por muchos lados. Y entiendo
también que eches de menos que se hable del conflicto,
o de las contradicciones de los personajes, porque seguramente
he dado pie a que se echen de menos bastantes asuntos. Por
ejemplo, una crítica que me hicieron fue que no me
extendí más en esa especie de recetas rápidas
que doy para construir personajes; mi única intención
al poner esa pequeña lista era decir que no era ese
el tipo de libro que iba a escribir... pero mi intención
no coincidió, en ese caso, con la percepción
de muchos lectores, así que lo asumo como crítica.
Asimismo, como extiendo el asunto a muchos aspectos literarios
que no son estrictamente el personaje (acción y trama,
focalización, discurso narrativo, enunciación,
etc.), entiendo que se eche de menos algo tan fundamental
como es, por ejemplo, el conflicto. Simplemente he intentado
explicar mis intenciones, algo que, por otro lado, tampoco
tiene mucho sentido (para contradictoria, yo).
Besos:
Isa.
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| BREVE
ENCICLOPEDIA DE PERSONAJES IMAGINARIOS |
domingo,
25 de marzo de 2001 11:20 |
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Hola a todos:
Veo que os habéis quedado mudos estos últimos
días. En parte es un descanso, porque me ha dado tiempo
a ponerme más o menos al día con los mensajes
pendientes. Supongo que estaréis todos trabajando como
locos o escribiendo como locos.
Pero bueno, yo voy a lanzar otra propuesta al aire. Se trata
de crear entre todos una "Breve enciclopedia de personajes
imaginarios", una galería de personajes al modo
de las enciclopedias, por medio de microbiografías en
las que se detallen sus pecualiaridades, los incidentes y los
actos más representativos de su vida. Os muestro un ejemplo
real (aunque muy narrativo), sacado de una enciclopedia:
BALTASAR,
regente de Babilonia, destronado en 539 a. de J. C. por orden
de Ciro, que se apoderó del país después
de haber desviado el curso del Éufrates. Durante el asedio
de Babilonia, habiendo profanado los vasos sagrados del templo
de Jerusalén, vio aparecer en la pared las enigmáticas
palabras mone, tecel, fares. El profeta Daniel las interpretó
como una predicción de su muerte, que en efecto sobrevino
esa misma noche. Llámase Festín de Baltasar a
un banquete copioso.
Los personajes
pueden haber sido famosos o no, dedicarse a la política
o al ejercicio del funcionariado, pueden ser dentistas o panaderos,
amos de casa o ejecutivos, pueden seguir vivos o haber fallecido
ya, estar inspirados en vuestros conocidos o ser completamente
imaginarios. Pero deben quedar dibujados y adquirir humanidad
en unas pocas líneas de la enciclopedia que vamos a crear
entre todos, señalándose su nombre y sus apellidos
(si se conocen), y las fechas de su nacimiento y de su muerte
(si es que ya no están entre nosotros). No os conforméis
con uno, escribid cinco o seis reseñas, y echadle imaginación.
Puede que estos personajes los podáis usar en relatos
futuros.
Pongo algunos ejemplos que salieron en las antologías
de relatos de los talleres:
Carla:
Pedí un cigarrillo y me morí. Esto no me había
pasado en mis veinte años de vida. ¡Y además
es mentolado! Yo siempre fui una buena chica, en Lleida, y ahora
tendré que arrastrar cadenas o algo por el estilo por
los pasillos de Pennbrooke. No sé, aquí nadie
le explica nada a una... Oiga, perdone...
(Miguel Ángel Carrera)
El tercero
de la cuarta fila empezando por la derecha: Ilustre miembro
de la familia Citrus Aurantium, más conocida por su nombre
vulgar, naranjo amargo. Tras pasar sus primeros meses de vida
en un invernadero, fue plantado en el término municipal
de Onda en 1966. Sufrió la amputación de su yema
principal y un injerto de clemenules sin grandes traumas. Resistió
heroicamente los ataques de cochinilla, mosca blanca y minador,
pero sucumbió a la tristeza en 1989. Sus restos fueron
incinerados en la estufa de su propietario.
(Marta Usó)
Fernández,
el cajero: "Falta una peseta", le oí decir
ciento y una vez a Fernández, el cajero, cuando cuadraba
la caja de la oficina.
Contadísimos cabellos, trescientos tres, peinaba de atrás
hacia delante separados por una raya en dos, como en un debe
y un haber. El saldo era su bigote lineal sin un pelo de más.
Una tarde, a días de jubilarse, cogió por la peseta
otro gran sofoco que le costó un infarto y le dejó
tieso sobre el libro diario. Al enterrarlo, la caja no cuadró
en el hoyo. Y en el arqueo del efectivo que legó en su
testamento faltó, como no, una peseta.
(Andrés Isern)
Nonato,
Eugenio (¿?): Eugenio Nonato no nació en Vallecas
en 1955. No fue hijo de un taxista ni el menor de tres hermanos.
No estudió el bachillerato, ni formación profesional.
No hizo la mili en Colmenar, ni se casó con Julia Rodríguez.
No tuvo dos hijos. No fue sindicalista, ni empleado de la telefónica.
No votó la Constitución ni hizo la declaración
de Hacienda. Nunca le robaron en el metro. Ninguna cruz recuerda
su fallecimiento en el Km 7 de la carretera Gondomar-Tuy, el
13 de agosto de 1992. No fue infeliz.
(Mercedes Herrero)
Pepe
(1936-1992): Frente huidiza, arcos superciliares prominentes,
orejas de implantación baja, nariz casi sin puente, ojos
vivos que simulan una inteligencia no demostrada, profusión
de ambos maxilares, más el inferior, labios gruesos,
pelo crespo y abundante, más en sus casi unidas cejas,
menos la vez que cogió un sifilón. Pero lo que
más lo definía era la serie de sonidos guturales
unidos a muecas y gestos que realizaba y aumentaban a medida
que el grado alcohólico subía. Hasta mandarlo
callar o echarlo del bar.
Y entonces llegó el guiri. Lo oyó y lo miró
atentamente un buen rato.
-Dice Pepe que está harto de la hipocresía de
la Iglesia -dijo volviéndose.
Nos quedamos atónitos, nos miramos mudos hasta que alguien
dijo:
-Coño, no era mudo; era inglés.
(Carlos Torrent)
Rafael
P.Z.: Quiso ser un as del trapecio, pero tuvo que hacerse cargo
de una fábrica de harina. Quiso casarse con una mujer
y se casó con otra. Quiso morir en 1946 y murió
en 1981.
(María Román)
Expósito
Expósito, José: Hombre que se buscó siempre
la vida y nunca tuvo nómina. Murió después
de tararear la primera nana a su jiho. Este contó a los
suyos que el abuelo era el que era. Entonces uno de ellos lo
comparó con Dios, también de padres desconocidos.
Bueno, animaos. Cuantas más reseñas salgan, más
completa será la enciclopedia.
Besos:
Isa.
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| BLOQUEOS |
viernes,
06 de abril de 2001 10:18 |
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Dice
Luce:
Yo,
también me bloqueo. Aunque no sé si llamarlo
bloqueo. Si, pensándolo bien debe de ser la mejor palabreja.
Fíjate
que a mí me ha servido de mucho decir la maldita palabreja.
En cuanto envié el mensaje a la lista, o sea, en cuanto
dije -me admití- "Estoy bloqueada", se me
quitó de encima un peso muy grande. Y abrí mi
cuento, y me puse a escribir. Y ya llevo un par de folios.
No hay como llamar a las cosas por su nombre. Hasta entonces
hablaba de racha baja, me decía a mí misma que
no importaba, que ya llegaría el momento, que al fin
y al cabo... que si patatín, que si patatán...
En
tus otras actividades diarias nunca hablas de "bloqueo".
Hombre,
depende de en qué actividades. Yo tengo bloqueos en
las actividades que me importan de verdad. Tengo bloqueos
en la comunicación con mi pareja, en la escritura y
en mis clases, y, a veces, con mis amigos. De la familia ni
hablo (como decía ayer una amiga mía: "Familia,
¿qué familia? Yo no tengo familia"). Curiosamente,
me bloqueo con las cosas más importantes de mi vida.
Para mí el bloqueo no tiene mucho que ver con la inspiración.
A veces no estoy bloqueada, y tampoco demasiado inspirada.
Y tampoco tiene que ver con la fuerza de voluntad, como decía
Nacho (ojalá fuera así, porque de eso no me
falta). Es un estado mental de tremenda tensión en
el que choca el deseo -quizá desmedido- de hacer algo
con la incapacidad y el rechazo –casi físico-
para llevarlo a cabo. Cuando estoy bloqueada pienso en escribir
(en hablar con mi pareja, en explicar una lección...)
y siento ganas de vomitar. Las náuseas no se me pasan
porque me ponga delante del papel y escriba unas frases, sino
que aumentan. En esos casos la actividad que sea se convierte
en una pesadilla, en algo que quiero y debo hacer, pero contra
lo que todo mi ser se rebela.
Yo creo que esto de los bloqueos tiene que ver con los miedos
de los que hablaba Pepe. Miedos absurdos, por otra parte,
porque son los que te impiden dar lo mejor de ti mismo, los
que te frenan, los que te bloquean. Miedo a que no te quieran,
miedo a que te recriminen, miedo a que no te lean, miedo a
la imperfección...
Y, por lo que estoy viendo en esta lista, uno de los mejores
remedios contra ellos es admitir que existen.
Besos:
Isa
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| SENTIMIENTOS |
viernes,
06 de abril de 2001 11:55 |
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Dice
David:
He
hablado de sentimientos. Es mi materia prima cuando escribo
poesía. Si escribo novela, mi materia prima ha venido
siendo el qué quiero contar.
Esto de
los sentimientos es curioso. Yo creo que la poesía
es, en efecto, el modo más directo para la expresión
de sentimientos. El autor transmite directamente los sentimientos,
así, a bocajarro, valiéndose de imágenes
y melodía, pero sin intermediarios.
En la novela y en el cuento la transmisión de sentimientos
es mucho más indirecta, pero, según mi opinión,
no menos importante. A mí Borges, por ejemplo, no me
va mucho; aunque reconozco que muchos de sus cuentos son impecables,
me resulta frío. Lo que creo que ocurre es que los
cuentos de Borges bombardean en primer lugar la inteligencia
del lector (y no el corazón, por decirlo a lo cursi);
ese ataque armado a nuestra mente puede dejar tocados también
nuestros sentimientos, pero siempre a través de un
primer análisis intelectual. Entonces, Borges resultaría
el extremo de la transmisión indirecta de sentimientos.
Los personajes de Borges van, vienen, asesinan o mueren, pero
ni sienten ni padecen; y sólo a través del análisis
de sus actos el lector "sentirá" algo.
En una novela resulta mucho más difícil -por
no decir imposible- sostener esa especie de inhumanidad afectiva.
Pero no por eso deja de ser una forma de transmitir sentimientos
más indirecta que la poesía, pues no se hace
de autor a lector (y si se hace, malo), sino a través
de un narrador y unos personajes. Serán el narrador
y los personajes los que pongan la carga afectiva.
En este sentido, se pueden cometer dos errores bastante comunes,
creo yo. Uno es intentar usar la ficción como la poesía,
para la transmisión directa, lo que lleva a una escritura
autobiográfica impúdica al modo de un diario
personal. El otro consiste en todo lo contrario, en evitar
a toda costa la expresión de sentimientos, en usar
el formato de novela o cuento precisamente para no tener que
pringarse afectivamente.
En una novela o en un cuento el que tiene que sentir es el
personaje, claro. Pero como el autor ha de identificarse con
su personaje, también ha de sentir lo mismo que él
para poder expresarlo. Y eso jode, además de que resulta
muy difícil llegar a captar el sentimiento concreto
y, después, expresarlo con palabras, no para informar
al lector sino para que el lector sienta lo mismo que ha sentido
el personaje. No vale decir "Pedro sintió una
mezcla de alegría y de tristeza con unas gotas de melancolía"
o "Se sintió como la mierda"; con eso se
informa al lector del sentimiento, pero no se logra una identificación.
Así que muchas veces se puede ver cómo, cuando
llega la hora de la verdad en que el personaje tiene que "sentir"
algo provocado por sus actos o por los de los demás
personajes, el narrador corre un tupido velo y se traslada
al día siguiente, a la semana siguiente o al año
siguiente, para contarnos las consecuencias de un sentimiento
que se nos escamotea.
¿Cómo os las apañáis vosotros
para expresar los sentimientos de vuestros personajes?
Besos:
Isa
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| DECÁLOGO |
domingo,
09 de junio de 2002 10:22 |
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Ahí
va mi decálogo, que más bien es un interrogatorio
a los personajes de una novela recién terminada.
1. ¿Siguen
los personajes principales sus propios impulsos, o da la
impresión de que alguien los mueve desde el exterior
como si fueran marionetas?
2. ¿Se
mueven los personajes, o no hacen más que filosofar?
¿Se los describe por medio de sus actos concretos,
o es el narrador el que emite juicios abstractos sobre ellos?
3. ¿Se
puede seguir sin problemas una historia superficial, concreta,
y otra profunda? ¿Marchan las dos al mismo ritmo?
¿No se pierde nunca el hilo de la acción ni
el de la trama?
4. ¿Están
colocados los hechos de la mejor forma posible? ¿Y
graduada su importancia? ¿Hay tensión narrativa?
¿Apetece seguir leyendo la novela en cada momento?
5. ¿Aparece
el personaje en los primeros párrafos? ¿Entran
ganas de saber más cosas de él desde un primer
momento? ¿Invita al lector a que se implique en la
historia?
6. ¿Nos
guían los personajes principales a lo largo de toda
la novela? ¿No huyen en ningún momento, dejando
desamparado al lector?
7. ¿Acabamos
queriendo al protagonista, con todos sus defectos y debilidades?
¿Hay una aproximación afectiva del lector
hacia la historia?
8. ¿Se exponen otras visiones del mundo que la del
autor? ¿Se han explorado a fondo?
9. ¿Se
juega limpio con los personajes principales, o se les fuerza
a hacer trampas? ¿Está bien complementado
el carácter de los personajes secundarios con sus
respectivas funciones?
10.
¿Cómo está modulada la voz del narrador?
¿No se señala a sí misma? ¿Se
ha elegido el mejor punto de vista posible para que los
hechos resulten verosímiles?
11.
¿Están todos los elementos de la obra conectados?
¿Da ésta la impresión de totalidad?
¿Hay un avance continuo en la configuración
de los personajes a la vez que permanece en ellos una esencia
inalterable en cada momento?
12.
¿Hablan los personajes? ¿Se utiliza lo bastante
el diálogo, o se elude en algún momento?
13.
Tras cerrar el libro, ¿guardamos la sensación
de haber convivido junto a unos personajes coherentes, humanos,
imprevisibles, tan mortales como nosotros, y de los que
se puede sacar lección universal?
Besos:
Isa
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| CULTO
AL AUTOR |
martes,
31 de julio de 2001 15:52 |
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Decía
Carlos:
Recordé
un artículo desmitificador de Alessandro Baricco sobre
Carver que publicaron hace ya tiempo (1999).
Gracias
por mandar el artículo, Carlos. Me habían contado
todo el asunto de Carver y su editor en su momento, pero no
había leído el artículo completo, y es
interesantísimo.
Justo hace unos días discutía yo con unos amigos
de la importancia de la autoría en el efecto de las
obras sobre el lector, y el artículo ha venido a reafirmarme.
Aunque sea realmente curioso que precisamente los rasgos que
de alguna manera representan al realismo sucio sean fruto
del editor de Carver y no del mismo Carver, no creo que eso
haga desmerecer en absoluto la obra. Tampoco creo que reste
mérito a Carver, porque una de las mayores virtudes
que puede tener un escritor es dejarse aconsejar, y cuatro
ojos ven más que dos. Por mi parte, muchos de los relatos
que he escrito no tendrían nada que ver con lo que
son de no haber estado rodeada de buenos ojos críticos.
Pero bueno, lo del mérito es otra cuestión.
Sobre lo que yo reflexionaba tiene que ver con que creo que
actualmente hay en nuestra sociedad un culto al autor (al
autor como persona —y no como escritor o como marca
de calidad—, con su D.N.I., sus manías, sus virtudes
y sus defectos) que no me parece nada beneficioso para la
observación de las obras y para que cumplan su función
comunicativa y expresiva.
Si yo observo un cuadro o leo un libro, y me impresiona (por
lo que sea, por los colores o por las metáforas, por
los personajes o los relieves, mezclado con mi estado de ánimo
y mi momento vital) es posible que yo sienta curiosidad por
saber quién lo ha pintado o escrito, en qué
momento de su vida lo hizo, etc. Pero saciar esa curiosidad
no me va a servir para que el cuadro o el libro me digan más
cosas de lo que me habían dicho ya; más bien
servirá, si acaso, para enturbiar mi visión.
Porque la obra es una cosa, y el autor otra, y saber por qué
este último incluyó una escena y no otra nos
puede servir para analizar el proceso creativo o para hacer
una tesis sobre la historia de la pintura o de la literatura,
pero no para disfrutar más del libro o del cuadro.
Cómo diría, que me parece muy bien que la gente
sienta curiosidad por la historia del arte o por las biografías
de artistas famosos, pero eso nada tiene que ver con la recepción
de determinado mensaje que venga de una obra de arte. Está
bien que haya gente que se dedique a analizar el proceso que
los autores usaron a la hora de crear sus obras, y otras a
dar clases de historia del arte y todo eso. Pero mezclarlo
con la lectura o el deleite que sentimos al ir a ver una exposición
me parece un error.
Lo que yo quiero si me leen es que lo que escribo le aporte
algo al lector; que se dé cuenta de algo en lo que
antes no había reparado, que se divierta, que sufra,
que sienta... Pero no quiero que repare en Isabel Cañelles
como persona, ni que me pregunte con qué pasta me lavo
los dientes ni por qué me dio por escribir tal historia.
El "Lazarillo" es anónimo y no por eso es
mejor ni peor. Los cuentos de Carver no son mejores ni peores
porque descubramos que su editor ha aportado una parte importante.
Quizá en la portada de los libros no debería
aparecer el nombre del escritor (o deberíamos tomárnoslo
más como una simple referencia, sabiendo que es posible
que si ese libro nos gusta, nos gusten otros con ese nombre
en la portada). En las creaciones influyen muchísimas
cosas, desde si al lado tienes una persona que te apoye, hasta
si está soleado o nublado cuando te pones a escribir,
desde las personas con las que charlas hasta el primer amigo
que lee el borrador de tu obra; o el editor en el caso de
Carver... Cualquier cosa que puede parecer una tontería
puede virar la obra hacia un lado u otro. El escritor es un
transcriptor que se realiza a sí mismo comunicando
a los lectores determinadas historias. Tiene mucho de artesano,
y no vamos preguntando quién ha hecho la mesa de nuestro
salón.
Quizá me estoy poniendo un poco radical, porque los
escritores y los pintores también tienen derecho a
que se les alabe por el trabajo bien hecho. Pero yo creo que
debería ser suficiente con que se les alabe la obra
en sí. No es necesario que se rinda culto a su persona.
Es más, lo considero perjudicial, tanto para los autores
como para los lectores, que una vez que conocen hasta el color
de los calcetines del autor, no pueden volver a leerlo sin
percibir el olor a pies en la habitación. Yo no leo
a Umbral porque vive aquí y ahora y me parece que es
un cabrón exhibicionista y si lo leyera no podría
sacarme de encima el cabreo y disfrutar de la lectura. Pero
si no tuviéramos a Umbral hasta en la sopa y no le
hubiera tenido que ver la jeta varias veces, me leería
tranquilamente sus libros y disfrutaría de ellos como
lo tendría que hacer cualquier lector: como una obra
de arte independiente del señor que se levanta por
las mañanas y se frota los ojos, como todo quisque;
que es, por otra parte, como quiere —o debería
querer— ese señor que me lea su obra. Y quien
quiera estudiar historia de la literatura, que la estudie,
que todo es cultura.
Así que el hecho de que Carver y su editor escribieran
los cuentos a medias me parece estupendo. Me gustan más
los finales del editor que los de Carver, a juzgar por lo
que he leído en el artículo. Pero aunque no
fuera así, todos hemos de admitir que el proceso desde
que al escritor le surge una idea hasta que el libro sale
de imprenta es peliagudo, y siempre podríamos considerar
que aquella palabra que decidió tachar era mejor que
la que al final salió en letras de molde. No son estos
derroteros azarosos de las creaciones los que me preocupan.
Me preocupa la figura de culto en que se ha convertido Carver
como persona, con su alcoholismo y sus problemas monetarios,
con sus relaciones más o menos problemáticas
con las mujeres. Me preocupa que Baricco le dé tanta
importancia a la intromisión del editor, y acabe salvando
a la persona de Carver —y no al escritor, que consintió
en que las obras se editaran con los cambios— diciendo
que lo que había salido en la primera escritura era
mucho más humano (al fin y al cabo, la mayor aportación
del realismo sucio a la narrativa actual es la de la inhumanización
o la cosificación de las personas en la sociedad actual).
Me preocupa que ese criterio no esté basado en razones
puramente literarias, sino en ese culto a la persona individual
que escribió la obra.
He dicho.
Besos:
Isa
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| PRINCIPIOS
Y FINALES |
jueves,
15 de noviembre de 2001 21:36 |
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Dos cosas sobre esto de los principios
y finales:
1. A
mí me ponen bastante nerviosa los finales caja-de-sorpresas,
donde parece que la historia es sólo un pretexto
para el desenlace. Por ejemplo, hace poco vi *Nueve reinas*,
una película maravillosa a la que han jodido bien
-según mi parecer, claro- con un final de esos de
fuegos artificiales, que le quita la profundidad en favor
de la brillantez fugacísima del truco ingenioso.
Peor con *Los otros*, claro, que encima ese final ya lo
había visto en otra peli... O sea que sí,
para pasar el rato bueno, pero si una narración sólo
se sostiene por el final... mala cosa. Estoy recordando
ahora *La casa de Asterión*, de Borges, en que al
final te enteras de que aquel pobre ser del que te ha estado
hablando todo el relato, encerrado en esa casa indescifrable,
más solo que la una y medio loco por falta de cariño,
que juega consigo mismo a falta de compañía,
no es otro que el Minotauro, y la casa el laberinto. Un
final para mí sorpresivo y a la vez imprescindible.
La diferencia es que el relato no tiene como único
objetivo llevarnos a un final-sorpresa (con este mismo argumento
se podría haber hecho un relato simplemente efectista),
sino que nos está hablando de un punto de vista nuevo
para acercarnos al tantas veces repetido mito. Sí,
sí, mucho Teseo y mucha Ariadna y mucho hilo... pero
¿nadie se ha parado a pensar en el otro implicado
en la historia? Y es que la Historia la escriben los vencedores,
pero en la Literatura hay hueco para todos. Bueno, a lo
que iba, que yo ese relato me lo puedo leer las veces que
haga falta, e incluso sorprenderme con el final las veces
que haga falta, y ni siquiera me importa contaros el final
a aquellos que no os lo hayáis leído, igual
que me da igual decir que Madame Bovary al final se suicida.
Porque la sorpresa sólo importa cuando uno está
metido en la historia, absorbido por ella. Y entonces, cuando
un libro ha conseguido engancharnos, nuestra mente deja
a un lado las informaciones previas que tuviéramos
sobre él, y nos limitamos a revivir, a vivir, cada
uno de los pasajes. Y llega el final, y nos sorprende. Porque,
y paso al punto 2
2. Una
cosa es "saber" algo, "estar informado"
de algo, "tener conocimiento" de algo, y otra
cosa muy distinta es presenciarlo y vivirlo (aunque sea
con la imaginación). Ese es el juego serio que nos
propone la literatura. La buena literatura. Haya adquirido
el estatus de clásica o no -creo yo-. García
Márquez no le quita un ápice de intriga a
*Crónica de una muerte anunciada* por avisarnos ya
desde el título de que Santiago Nasar (¿era
así?) la palma. Sí, nos dice que se muere.
Pero es que el lector suele aplicar eso de "si no lo
veo, no lo creo". Y yo hasta que no lo veo entrar en
el patio con los intestinos en la mano no me creo nada.
Ahora bien, si me pusiera esa escena -no la información,
sino la escena de la muerte- al principio ya sería
otro cantar; ahí sí que hubiera tenido problemas
para mantenerme enganchada a un personaje al que he visto
con las vísceras en la mano. En ese sentido, sí
que me parece importante graduar las acciones y ocultar
(a la vista, o a la vista y al intelecto, depende) aquellas
que vayan a cubrir la mayor expectativa del lector.
Besos:
Isa
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| LA
VOZ DEL ESCRITOR |
jueves,
15 de noviembre de 2001 22:57 |
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Dice
David:
Digamos
que el sentimiento es "ausencia de amor". Ese
sentimiento lo he expresado en esta lista con la misma
voz tanto en la carta que va al concurso, la de Daphne,
como en algún poema de amor que he mandado. Pero
ese mismo sentimiento lo expresé con otra voz cuando
lo del arrebato reciente... [...] Sigo concediéndole
más importancia a la forma que al contenido.
????????????????
;-)
Y
es que, en un momento dado, puedo sentirme satisfecho de
un poema, darme a la autocomplacencia; pero también
me sucede que, además, pienso: otra vez la misma
voz, quizá diciendo otras cosas, pero otra vez yo
sin nada nuevo de mí.
Hombre,
no sé, yo creo que lo que quiere decir Berna con
eso de encontrar su voz como escritora (que, obviamente,
no tiene nada que ver con la voz del narrador) es una suerte
de madurez, un pacto o arreglo al que algunas personas llegan
consigo mismas -con sus limitaciones- y con el lenguaje,
de forma que encuentran un modo más o menos constante
(en cuanto a estilo y formato) de expresarse en el que se
sienten cómodas, en que sienten que pueden dar lo
mejor de sí mismas, y por eso lo dan.
Borges encontró su voz en el tipo de cuento por el
que se le conoce, después de muchas vueltas. Y Tolstoi
en los novelones donde se multiplicaba y camuflaba a la
vez. Y Kafka en lo que ahora se llama kafkiano. Sin embargo,
Cortázar nunca encontró su voz. Tampoco creo
que la buscara. Su atractivo proviene en parte de esa versatilidad,
de esa inmadurez a prueba de bombas que le impedía
aguantar cauce alguno y admitir que hasta el genio tiene
sus límites.
Yo no digo que sea mejor una cosa ni otra. Pero sí
me parece que encontrar tu voz como escritor es como encontrar
tu lugar en el mundo, ese lugar donde pararte (¡por
fin!) un rato a mirar cómo el mundo gira ante tus
ojos. Ya no tienes que estar esquivando zanjas y saltando
obstáculos, por lo que te puedes deleitar en los
matices mínimos de lo que observas. La voz, entonces,
sería como una especie de papel pautado sobre el
que escribir. Si a la voz se la tiene bien pillada, ya no
hay que preocuparse tanto por la forma, por el cómo,
y uno puede ir a lo que de verdad le interesa, el qué
y, sobre todo, el por qué... ¡Ay, quién
pillara a esa voz! ¡Pero cómo corre la muy
jodía!
Ahora, que si a ti sólo te interesa la forma (cosa
que no creo en absoluto), entonces olvídate de la
voz, a no ser que quieras escribir relatos, poesías
o novelas en serie.
Besos:
Isa
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