M E N S A J E S   D E   I S A   S O B R E  N A R R A T I V A
 
SOBRE LA INSPIRACIÓN
EL OFICIO DEL ESCRITOR
LA TÉCNICA COMO JUEGO
VENDERSE A LOS LECTORES
VOZ Y TONO
TÉCNICA E INTUICIÓN
MICROCUENTOS
GÉNEROS LITERARIOS
LA ESCRITURA COMO BÚSQUEDA
LAS PALABRAS I
LAS PALABRAS II
FORMAS DE ESCRIBIR
LOS PERSONAJES
EL RITMO
LECTURAS
SOBRE CHÉJOV Y LAS DOS HISTORIAS
CONFLICTO Y CONTRADICCIÓN
BREVE ENCICLOPEDIA DE PERSONAJES IMAGINARIOS
BLOQUEOS
SENTIMIENTOS
DECÁLOGO
CULTO AL AUTOR
PRINCIPIOS Y FINALES
LA VOZ DEL ESCRITOR
EL DESEO EN LITERATURA
LITERATURA Y PSICOANÁLISIS
LA RESIGNACIÓN DEL ESCRITOR
SOBRE BORGES
PRÓLOGO DEL LIBRO NADA NORMAL
DUELO (Sobre El vacío y el centro, de Ángel Zapata)
ESCRITORES Y PERIODISTAS
EL DESDE, SOBRE, PARA Y CÓMO DE LA LITERATURA

 

 

  CONFLICTO Y CONTRADICCIÓN
miércoles, 21 de marzo de 2001 20:56

    

Dice David:

Si bien aquí, en este foro, Isa sí me comentó que el guerrero de mi microcuento necesitaba un conflicto íntimo para que el microcuento tuviera fuerza, en su libro no veo que se mencione explícitamente la importancia del conflicto en la creación del personaje.[...] Y, a todo esto, la "acusada" sin abrir la boca :-)

Ya va, ya vaaa... Que mi arritmia no me permite seguiros el ritmo ;-)

Ante todo, yo creo que habría que hacer una distinción entre "conflicto" y "contradicción". Cuando yo hablaba de conflicto ("humano", no "íntimo") al referirme a tu microcuento, David, me refería a lo que todo relato ha de tener en calidad narrativa, y que lo diferencia de la anécdota, de la frase ingeniosa, de la poesía o de la lista de la compra: un problema, un nudo, un choque que supone el eje de giro de la narración. Y decía "humano" para contraponerlo a "inanimado" o "animal" (no vale que un frigorífico pase de estar en funcionamiento a estar estropeado si eso no choca con una o varias personas -personajes- para tomar trascendencia humana). Es decir, al hablar de conflicto no me refería a una cualidad intrínseca del personaje, sino a una cualidad intrínseca de la narración. Por supuesto, los que se van a encontrar y sufrir el conflicto, el problema, son los personajes, pero de la misma forma que todo en una narración pasa a través del filtro del personaje (hasta si describimos un paisaje es porque un personaje lo está contemplando). Una de las consecuencias de la existencia del conflicto en una narración, y uno de los síntomas en que se manifiesta, es que el personaje no es el mismo al principio que al final del relato (aunque finalmente se quede en la misma situación en la que estaba, se habrá efectuado un cambio en él gracias al conflicto). Pero, según yo lo veo, el conflicto no pertenece a tu guerrero (no es intrínseco a él), sino que éste se encuentra con él y reacciona frente a él. Quiero decir, que eres tú, como autor o, mejor dicho, como narrador, quien pones el conflicto en la historia para que el personaje se tope con él.

En contrapartida, la contradicción sí que sería una cualidad del personaje (de algunos personajes), y no de la narración. Todos los seres humanos somos, en mayor o menor grado, contradictorios, aunque no todos los personajes lo son. Me estoy acordando, por ejemplo, del relato de Borges "Emma Zunz". No hay una gota de contradicción en ese personaje. De hecho, el tema del cuento es precisamente la determinación terca y brutal de la muchacha para llevar a cabo una venganza. El conflicto se plantea al principio del relato (Emma recibe una carta que le informa de la muerte de su padre) y se redondea para el lector al final (Emma deduce quién es el asesino). Ahí está el conflicto humano, que provoca en el personaje una reacción: la decisión de vengar a su padre mediante un plan que sigue a rajatabla. El síntoma del conflicto sería que Emma no es la misma al principio (una jovencita ingenua, limpia y casta) que al final de relato (ha llegado a prostituirse para poder llevar a cabo su plan de venganza). Pero en ningún momento se produce una contradicción en el personaje. En cuanto a los personajes de novela (los protagonistas) sí que serían contradictorios, en mayor o menor medida, como cualquier persona. Algunos más que otros, los buenos personajes de novela se desenvuelven como las personas, con sus momentos de duda, sus emociones y sus sentimientos (y cualquier sentimiento es contradictorio), con la diferencia de que se circunscriben a un mundo ficticio menos complejo que el real y adquieren coherencia dentro de ese mundo. Eso quiere decir que las contradicciones de los personajes de novela suelen tener una resolución.

Vale. Ahora vayamos con mi libro. Yo, cuando llevaba escritas algunas páginas, me di cuenta por una parte de que no podía hablar de TODO en el libro, y por otra de que no podía dirigirlo a toda clase de público. Basándome en mi experiencia en los talleres pensé: ¿Cuándo una persona estaría interesada en -y preparada para- profundizar en la construcción del personaje? Y me contesté: Cuando ya esté familiarizada con la construcción del relato. Cuando alguien con muy poquita experiencia (o mal aprovechada) llega al taller, en el primer relato que escribe suele pasar lo siguiente: no hay conflicto (o sea, no hay relato) o el conflicto está muy difuso. Personaje hay siempre (bien o mal construido). Pero lo más importante, en un principio, es que el autor escriba relatos, es decir, que sepa el conflicto que quiere reflejar y lo plantee con claridad. Entonces pasé a un segundo nivel, y decidí que mi libro iba dirigido a personas que ya estuvieran suficientemente familiarizadas con la creación literaria como para escribir relatos y novelas más o menos congruentes. Es decir, que en mi libro doy por supuestas muchas cosas, entre otras el asunto del conflicto, porque el mismo tema me lo exigía. Y creo que te equivocas: el conflicto no es importante para la construcción del personaje (aunque sí al revés), sino ante todo para la construcción de la historia. He leído textos con personajes maravillosos integrados en una mala historia, o en una historia para la que no sirven, o en algo que no llega a ser historia porque no hay conflicto y que se queda en un buen retrato de personaje. Como no era mi intención enseñar a hacer buenos retratos de personajes, en mi libro doy por supuesta y por sabida la necesidad de que el personaje se integre en una historia. Analizo las fisuras que pueden existir entre historia y personaje, los peligros de que el personaje se coma la historia y los de que la historia maneje al personaje como una marioneta, pero siempre partiendo de la base de que "existe" historia y, por tanto, conflicto.

En cuanto a lo de las contradicciones, es posible que no lo exprese explícitamente en muchas ocasiones, pero creo que sí queda claro cuando hablo de la humanidad de los personajes de novela, de sus dudas, de su lucha interna... Y lo que decía antes, de la necesidad de que los personajes superen las contradicciones (lo que les da coherencia). Pero tampoco me parece algo como para dedicarle un capítulo aparte. Es cierto que Ana Karenina, Ana Ozores y Emma Bovary son personajes tremendamente contradictorios (esa cualidad del ser humano en ellas está en un grado sumo), y esas contradicciones las llevan a muy mal fin, pero no me parece algo que se pueda generalizar. Kitty, por ejemplo, también es un personaje como dios manda y, aunque tiene sus dudas, sus miedos y sus luchas, no es esencialmente contradictoria; no se puede decir que sea la contradicción lo que la mueve. No digo yo que la contradicción no nos pueda ayudar a crear un personaje y echarlo a andar (de hecho es lo que digo en el libro), pero no es "necesariamente" así.

Uf. No sé si me he explicado con esta charla. De todas formas, David, no te tomes esto como una defensa a ultranza de mi libro. Yo soy la primera que digo que el cliente -el lector- siempre tiene la razón. De hecho, la mayoría de las cosas que he dicho las he reflexionado a posteriori. No lo tenía todo calculado al escribir el libro, y supongo que puede hacer aguas por muchos lados. Y entiendo también que eches de menos que se hable del conflicto, o de las contradicciones de los personajes, porque seguramente he dado pie a que se echen de menos bastantes asuntos. Por ejemplo, una crítica que me hicieron fue que no me extendí más en esa especie de recetas rápidas que doy para construir personajes; mi única intención al poner esa pequeña lista era decir que no era ese el tipo de libro que iba a escribir... pero mi intención no coincidió, en ese caso, con la percepción de muchos lectores, así que lo asumo como crítica. Asimismo, como extiendo el asunto a muchos aspectos literarios que no son estrictamente el personaje (acción y trama, focalización, discurso narrativo, enunciación, etc.), entiendo que se eche de menos algo tan fundamental como es, por ejemplo, el conflicto. Simplemente he intentado explicar mis intenciones, algo que, por otro lado, tampoco tiene mucho sentido (para contradictoria, yo).

Besos:

Isa.

 

  BREVE ENCICLOPEDIA DE PERSONAJES IMAGINARIOS
domingo, 25 de marzo de 2001 11:20


   
Hola a todos:

Veo que os habéis quedado mudos estos últimos días. En parte es un descanso, porque me ha dado tiempo a ponerme más o menos al día con los mensajes pendientes. Supongo que estaréis todos trabajando como locos o escribiendo como locos.

Pero bueno, yo voy a lanzar otra propuesta al aire. Se trata de crear entre todos una "Breve enciclopedia de personajes imaginarios", una galería de personajes al modo de las enciclopedias, por medio de microbiografías en las que se detallen sus pecualiaridades, los incidentes y los actos más representativos de su vida. Os muestro un ejemplo real (aunque muy narrativo), sacado de una enciclopedia:

BALTASAR, regente de Babilonia, destronado en 539 a. de J. C. por orden de Ciro, que se apoderó del país después de haber desviado el curso del Éufrates. Durante el asedio de Babilonia, habiendo profanado los vasos sagrados del templo de Jerusalén, vio aparecer en la pared las enigmáticas palabras mone, tecel, fares. El profeta Daniel las interpretó como una predicción de su muerte, que en efecto sobrevino esa misma noche. Llámase Festín de Baltasar a un banquete copioso.

Los personajes pueden haber sido famosos o no, dedicarse a la política o al ejercicio del funcionariado, pueden ser dentistas o panaderos, amos de casa o ejecutivos, pueden seguir vivos o haber fallecido ya, estar inspirados en vuestros conocidos o ser completamente imaginarios. Pero deben quedar dibujados y adquirir humanidad en unas pocas líneas de la enciclopedia que vamos a crear entre todos, señalándose su nombre y sus apellidos (si se conocen), y las fechas de su nacimiento y de su muerte (si es que ya no están entre nosotros). No os conforméis con uno, escribid cinco o seis reseñas, y echadle imaginación. Puede que estos personajes los podáis usar en relatos futuros.

Pongo algunos ejemplos que salieron en las antologías de relatos de los talleres:

Carla: Pedí un cigarrillo y me morí. Esto no me había pasado en mis veinte años de vida. ¡Y además es mentolado! Yo siempre fui una buena chica, en Lleida, y ahora tendré que arrastrar cadenas o algo por el estilo por los pasillos de Pennbrooke. No sé, aquí nadie le explica nada a una... Oiga, perdone...
(Miguel Ángel Carrera)

El tercero de la cuarta fila empezando por la derecha: Ilustre miembro de la familia Citrus Aurantium, más conocida por su nombre vulgar, naranjo amargo. Tras pasar sus primeros meses de vida en un invernadero, fue plantado en el término municipal de Onda en 1966. Sufrió la amputación de su yema principal y un injerto de clemenules sin grandes traumas. Resistió heroicamente los ataques de cochinilla, mosca blanca y minador, pero sucumbió a la tristeza en 1989. Sus restos fueron incinerados en la estufa de su propietario.
(Marta Usó)

Fernández, el cajero: "Falta una peseta", le oí decir ciento y una vez a Fernández, el cajero, cuando cuadraba la caja de la oficina.

Contadísimos cabellos, trescientos tres, peinaba de atrás hacia delante separados por una raya en dos, como en un debe y un haber. El saldo era su bigote lineal sin un pelo de más.

Una tarde, a días de jubilarse, cogió por la peseta otro gran sofoco que le costó un infarto y le dejó tieso sobre el libro diario. Al enterrarlo, la caja no cuadró en el hoyo. Y en el arqueo del efectivo que legó en su testamento faltó, como no, una peseta.

(Andrés Isern)

Nonato, Eugenio (¿?): Eugenio Nonato no nació en Vallecas en 1955. No fue hijo de un taxista ni el menor de tres hermanos. No estudió el bachillerato, ni formación profesional. No hizo la mili en Colmenar, ni se casó con Julia Rodríguez. No tuvo dos hijos. No fue sindicalista, ni empleado de la telefónica. No votó la Constitución ni hizo la declaración de Hacienda. Nunca le robaron en el metro. Ninguna cruz recuerda su fallecimiento en el Km 7 de la carretera Gondomar-Tuy, el 13 de agosto de 1992. No fue infeliz.
(Mercedes Herrero)

Pepe (1936-1992): Frente huidiza, arcos superciliares prominentes, orejas de implantación baja, nariz casi sin puente, ojos vivos que simulan una inteligencia no demostrada, profusión de ambos maxilares, más el inferior, labios gruesos, pelo crespo y abundante, más en sus casi unidas cejas, menos la vez que cogió un sifilón. Pero lo que más lo definía era la serie de sonidos guturales unidos a muecas y gestos que realizaba y aumentaban a medida que el grado alcohólico subía. Hasta mandarlo callar o echarlo del bar.

Y entonces llegó el guiri. Lo oyó y lo miró atentamente un buen rato.
-Dice Pepe que está harto de la hipocresía de la Iglesia -dijo volviéndose.
Nos quedamos atónitos, nos miramos mudos hasta que alguien dijo:
-Coño, no era mudo; era inglés.

(Carlos Torrent)

Rafael P.Z.: Quiso ser un as del trapecio, pero tuvo que hacerse cargo de una fábrica de harina. Quiso casarse con una mujer y se casó con otra. Quiso morir en 1946 y murió en 1981.
(María Román)

Expósito Expósito, José: Hombre que se buscó siempre la vida y nunca tuvo nómina. Murió después de tararear la primera nana a su jiho. Este contó a los suyos que el abuelo era el que era. Entonces uno de ellos lo comparó con Dios, también de padres desconocidos.


Bueno, animaos. Cuantas más reseñas salgan, más completa será la enciclopedia.

Besos:

Isa.

 

  BLOQUEOS
viernes, 06 de abril de 2001 10:18

   

Dice Luce:

Yo, también me bloqueo. Aunque no sé si llamarlo bloqueo. Si, pensándolo bien debe de ser la mejor palabreja.

Fíjate que a mí me ha servido de mucho decir la maldita palabreja. En cuanto envié el mensaje a la lista, o sea, en cuanto dije -me admití- "Estoy bloqueada", se me quitó de encima un peso muy grande. Y abrí mi cuento, y me puse a escribir. Y ya llevo un par de folios. No hay como llamar a las cosas por su nombre. Hasta entonces hablaba de racha baja, me decía a mí misma que no importaba, que ya llegaría el momento, que al fin y al cabo... que si patatín, que si patatán...

En tus otras actividades diarias nunca hablas de "bloqueo".

Hombre, depende de en qué actividades. Yo tengo bloqueos en las actividades que me importan de verdad. Tengo bloqueos en la comunicación con mi pareja, en la escritura y en mis clases, y, a veces, con mis amigos. De la familia ni hablo (como decía ayer una amiga mía: "Familia, ¿qué familia? Yo no tengo familia"). Curiosamente, me bloqueo con las cosas más importantes de mi vida.

Para mí el bloqueo no tiene mucho que ver con la inspiración. A veces no estoy bloqueada, y tampoco demasiado inspirada. Y tampoco tiene que ver con la fuerza de voluntad, como decía Nacho (ojalá fuera así, porque de eso no me falta). Es un estado mental de tremenda tensión en el que choca el deseo -quizá desmedido- de hacer algo con la incapacidad y el rechazo –casi físico- para llevarlo a cabo. Cuando estoy bloqueada pienso en escribir (en hablar con mi pareja, en explicar una lección...) y siento ganas de vomitar. Las náuseas no se me pasan porque me ponga delante del papel y escriba unas frases, sino que aumentan. En esos casos la actividad que sea se convierte en una pesadilla, en algo que quiero y debo hacer, pero contra lo que todo mi ser se rebela.

Yo creo que esto de los bloqueos tiene que ver con los miedos de los que hablaba Pepe. Miedos absurdos, por otra parte, porque son los que te impiden dar lo mejor de ti mismo, los que te frenan, los que te bloquean. Miedo a que no te quieran, miedo a que te recriminen, miedo a que no te lean, miedo a la imperfección...

Y, por lo que estoy viendo en esta lista, uno de los mejores remedios contra ellos es admitir que existen.

Besos:

Isa

 

  

 

  SENTIMIENTOS
viernes, 06 de abril de 2001 11:55

 

Dice David:

He hablado de sentimientos. Es mi materia prima cuando escribo poesía. Si escribo novela, mi materia prima ha venido siendo el qué quiero contar.

Esto de los sentimientos es curioso. Yo creo que la poesía es, en efecto, el modo más directo para la expresión de sentimientos. El autor transmite directamente los sentimientos, así, a bocajarro, valiéndose de imágenes y melodía, pero sin intermediarios.

En la novela y en el cuento la transmisión de sentimientos es mucho más indirecta, pero, según mi opinión, no menos importante. A mí Borges, por ejemplo, no me va mucho; aunque reconozco que muchos de sus cuentos son impecables, me resulta frío. Lo que creo que ocurre es que los cuentos de Borges bombardean en primer lugar la inteligencia del lector (y no el corazón, por decirlo a lo cursi); ese ataque armado a nuestra mente puede dejar tocados también nuestros sentimientos, pero siempre a través de un primer análisis intelectual. Entonces, Borges resultaría el extremo de la transmisión indirecta de sentimientos. Los personajes de Borges van, vienen, asesinan o mueren, pero ni sienten ni padecen; y sólo a través del análisis de sus actos el lector "sentirá" algo.

En una novela resulta mucho más difícil -por no decir imposible- sostener esa especie de inhumanidad afectiva. Pero no por eso deja de ser una forma de transmitir sentimientos más indirecta que la poesía, pues no se hace de autor a lector (y si se hace, malo), sino a través de un narrador y unos personajes. Serán el narrador y los personajes los que pongan la carga afectiva.

En este sentido, se pueden cometer dos errores bastante comunes, creo yo. Uno es intentar usar la ficción como la poesía, para la transmisión directa, lo que lleva a una escritura autobiográfica impúdica al modo de un diario personal. El otro consiste en todo lo contrario, en evitar a toda costa la expresión de sentimientos, en usar el formato de novela o cuento precisamente para no tener que pringarse afectivamente.

En una novela o en un cuento el que tiene que sentir es el personaje, claro. Pero como el autor ha de identificarse con su personaje, también ha de sentir lo mismo que él para poder expresarlo. Y eso jode, además de que resulta muy difícil llegar a captar el sentimiento concreto y, después, expresarlo con palabras, no para informar al lector sino para que el lector sienta lo mismo que ha sentido el personaje. No vale decir "Pedro sintió una mezcla de alegría y de tristeza con unas gotas de melancolía" o "Se sintió como la mierda"; con eso se informa al lector del sentimiento, pero no se logra una identificación. Así que muchas veces se puede ver cómo, cuando llega la hora de la verdad en que el personaje tiene que "sentir" algo provocado por sus actos o por los de los demás personajes, el narrador corre un tupido velo y se traslada al día siguiente, a la semana siguiente o al año siguiente, para contarnos las consecuencias de un sentimiento que se nos escamotea.

¿Cómo os las apañáis vosotros para expresar los sentimientos de vuestros personajes?

Besos:

Isa

 

  DECÁLOGO
domingo, 09 de junio de 2002 10:22

 


Ahí va mi decálogo, que más bien es un interrogatorio a los personajes de una novela recién terminada.

1. ¿Siguen los personajes principales sus propios impulsos, o da la impresión de que alguien los mueve desde el exterior como si fueran marionetas?

2. ¿Se mueven los personajes, o no hacen más que filosofar? ¿Se los describe por medio de sus actos concretos, o es el narrador el que emite juicios abstractos sobre ellos?

3. ¿Se puede seguir sin problemas una historia superficial, concreta, y otra profunda? ¿Marchan las dos al mismo ritmo? ¿No se pierde nunca el hilo de la acción ni el de la trama?

4. ¿Están colocados los hechos de la mejor forma posible? ¿Y graduada su importancia? ¿Hay tensión narrativa? ¿Apetece seguir leyendo la novela en cada momento?

5. ¿Aparece el personaje en los primeros párrafos? ¿Entran ganas de saber más cosas de él desde un primer momento? ¿Invita al lector a que se implique en la historia?

6. ¿Nos guían los personajes principales a lo largo de toda la novela? ¿No huyen en ningún momento, dejando desamparado al lector?

7. ¿Acabamos queriendo al protagonista, con todos sus defectos y debilidades? ¿Hay una aproximación afectiva del lector hacia la historia?

8. ¿Se exponen otras visiones del mundo que la del autor? ¿Se han explorado a fondo?

9. ¿Se juega limpio con los personajes principales, o se les fuerza a hacer trampas? ¿Está bien complementado el carácter de los personajes secundarios con sus respectivas funciones?

10. ¿Cómo está modulada la voz del narrador? ¿No se señala a sí misma? ¿Se ha elegido el mejor punto de vista posible para que los hechos resulten verosímiles?

11. ¿Están todos los elementos de la obra conectados? ¿Da ésta la impresión de totalidad? ¿Hay un avance continuo en la configuración de los personajes a la vez que permanece en ellos una esencia inalterable en cada momento?

12. ¿Hablan los personajes? ¿Se utiliza lo bastante el diálogo, o se elude en algún momento?

13. Tras cerrar el libro, ¿guardamos la sensación de haber convivido junto a unos personajes coherentes, humanos, imprevisibles, tan mortales como nosotros, y de los que se puede sacar lección universal?

Besos:

Isa

 

 

   CULTO AL AUTOR
martes, 31 de julio de 2001 15:52


Decía Carlos:

Recordé un artículo desmitificador de Alessandro Baricco sobre Carver que publicaron hace ya tiempo (1999).

Gracias por mandar el artículo, Carlos. Me habían contado todo el asunto de Carver y su editor en su momento, pero no había leído el artículo completo, y es interesantísimo.

Justo hace unos días discutía yo con unos amigos de la importancia de la autoría en el efecto de las obras sobre el lector, y el artículo ha venido a reafirmarme. Aunque sea realmente curioso que precisamente los rasgos que de alguna manera representan al realismo sucio sean fruto del editor de Carver y no del mismo Carver, no creo que eso haga desmerecer en absoluto la obra. Tampoco creo que reste mérito a Carver, porque una de las mayores virtudes que puede tener un escritor es dejarse aconsejar, y cuatro ojos ven más que dos. Por mi parte, muchos de los relatos que he escrito no tendrían nada que ver con lo que son de no haber estado rodeada de buenos ojos críticos.

Pero bueno, lo del mérito es otra cuestión. Sobre lo que yo reflexionaba tiene que ver con que creo que actualmente hay en nuestra sociedad un culto al autor (al autor como persona —y no como escritor o como marca de calidad—, con su D.N.I., sus manías, sus virtudes y sus defectos) que no me parece nada beneficioso para la observación de las obras y para que cumplan su función comunicativa y expresiva.
Si yo observo un cuadro o leo un libro, y me impresiona (por lo que sea, por los colores o por las metáforas, por los personajes o los relieves, mezclado con mi estado de ánimo y mi momento vital) es posible que yo sienta curiosidad por saber quién lo ha pintado o escrito, en qué momento de su vida lo hizo, etc. Pero saciar esa curiosidad no me va a servir para que el cuadro o el libro me digan más cosas de lo que me habían dicho ya; más bien servirá, si acaso, para enturbiar mi visión. Porque la obra es una cosa, y el autor otra, y saber por qué este último incluyó una escena y no otra nos puede servir para analizar el proceso creativo o para hacer una tesis sobre la historia de la pintura o de la literatura, pero no para disfrutar más del libro o del cuadro. Cómo diría, que me parece muy bien que la gente sienta curiosidad por la historia del arte o por las biografías de artistas famosos, pero eso nada tiene que ver con la recepción de determinado mensaje que venga de una obra de arte. Está bien que haya gente que se dedique a analizar el proceso que los autores usaron a la hora de crear sus obras, y otras a dar clases de historia del arte y todo eso. Pero mezclarlo con la lectura o el deleite que sentimos al ir a ver una exposición me parece un error.

Lo que yo quiero si me leen es que lo que escribo le aporte algo al lector; que se dé cuenta de algo en lo que antes no había reparado, que se divierta, que sufra, que sienta... Pero no quiero que repare en Isabel Cañelles como persona, ni que me pregunte con qué pasta me lavo los dientes ni por qué me dio por escribir tal historia. El "Lazarillo" es anónimo y no por eso es mejor ni peor. Los cuentos de Carver no son mejores ni peores porque descubramos que su editor ha aportado una parte importante.

Quizá en la portada de los libros no debería aparecer el nombre del escritor (o deberíamos tomárnoslo más como una simple referencia, sabiendo que es posible que si ese libro nos gusta, nos gusten otros con ese nombre en la portada). En las creaciones influyen muchísimas cosas, desde si al lado tienes una persona que te apoye, hasta si está soleado o nublado cuando te pones a escribir, desde las personas con las que charlas hasta el primer amigo que lee el borrador de tu obra; o el editor en el caso de Carver... Cualquier cosa que puede parecer una tontería puede virar la obra hacia un lado u otro. El escritor es un transcriptor que se realiza a sí mismo comunicando a los lectores determinadas historias. Tiene mucho de artesano, y no vamos preguntando quién ha hecho la mesa de nuestro salón.

Quizá me estoy poniendo un poco radical, porque los escritores y los pintores también tienen derecho a que se les alabe por el trabajo bien hecho. Pero yo creo que debería ser suficiente con que se les alabe la obra en sí. No es necesario que se rinda culto a su persona. Es más, lo considero perjudicial, tanto para los autores como para los lectores, que una vez que conocen hasta el color de los calcetines del autor, no pueden volver a leerlo sin percibir el olor a pies en la habitación. Yo no leo a Umbral porque vive aquí y ahora y me parece que es un cabrón exhibicionista y si lo leyera no podría sacarme de encima el cabreo y disfrutar de la lectura. Pero si no tuviéramos a Umbral hasta en la sopa y no le hubiera tenido que ver la jeta varias veces, me leería tranquilamente sus libros y disfrutaría de ellos como lo tendría que hacer cualquier lector: como una obra de arte independiente del señor que se levanta por las mañanas y se frota los ojos, como todo quisque; que es, por otra parte, como quiere —o debería querer— ese señor que me lea su obra. Y quien quiera estudiar historia de la literatura, que la estudie, que todo es cultura.

Así que el hecho de que Carver y su editor escribieran los cuentos a medias me parece estupendo. Me gustan más los finales del editor que los de Carver, a juzgar por lo que he leído en el artículo. Pero aunque no fuera así, todos hemos de admitir que el proceso desde que al escritor le surge una idea hasta que el libro sale de imprenta es peliagudo, y siempre podríamos considerar que aquella palabra que decidió tachar era mejor que la que al final salió en letras de molde. No son estos derroteros azarosos de las creaciones los que me preocupan. Me preocupa la figura de culto en que se ha convertido Carver como persona, con su alcoholismo y sus problemas monetarios, con sus relaciones más o menos problemáticas con las mujeres. Me preocupa que Baricco le dé tanta importancia a la intromisión del editor, y acabe salvando a la persona de Carver —y no al escritor, que consintió en que las obras se editaran con los cambios— diciendo que lo que había salido en la primera escritura era mucho más humano (al fin y al cabo, la mayor aportación del realismo sucio a la narrativa actual es la de la inhumanización o la cosificación de las personas en la sociedad actual). Me preocupa que ese criterio no esté basado en razones puramente literarias, sino en ese culto a la persona individual que escribió la obra.

He dicho.

Besos:

Isa

 

  PRINCIPIOS Y FINALES
jueves, 15 de noviembre de 2001 21:36

   

Dos cosas sobre esto de los principios y finales:

1. A mí me ponen bastante nerviosa los finales caja-de-sorpresas, donde parece que la historia es sólo un pretexto para el desenlace. Por ejemplo, hace poco vi *Nueve reinas*, una película maravillosa a la que han jodido bien -según mi parecer, claro- con un final de esos de fuegos artificiales, que le quita la profundidad en favor de la brillantez fugacísima del truco ingenioso. Peor con *Los otros*, claro, que encima ese final ya lo había visto en otra peli... O sea que sí, para pasar el rato bueno, pero si una narración sólo se sostiene por el final... mala cosa. Estoy recordando ahora *La casa de Asterión*, de Borges, en que al final te enteras de que aquel pobre ser del que te ha estado hablando todo el relato, encerrado en esa casa indescifrable, más solo que la una y medio loco por falta de cariño, que juega consigo mismo a falta de compañía, no es otro que el Minotauro, y la casa el laberinto. Un final para mí sorpresivo y a la vez imprescindible. La diferencia es que el relato no tiene como único objetivo llevarnos a un final-sorpresa (con este mismo argumento se podría haber hecho un relato simplemente efectista), sino que nos está hablando de un punto de vista nuevo para acercarnos al tantas veces repetido mito. Sí, sí, mucho Teseo y mucha Ariadna y mucho hilo... pero ¿nadie se ha parado a pensar en el otro implicado en la historia? Y es que la Historia la escriben los vencedores, pero en la Literatura hay hueco para todos. Bueno, a lo que iba, que yo ese relato me lo puedo leer las veces que haga falta, e incluso sorprenderme con el final las veces que haga falta, y ni siquiera me importa contaros el final a aquellos que no os lo hayáis leído, igual que me da igual decir que Madame Bovary al final se suicida. Porque la sorpresa sólo importa cuando uno está metido en la historia, absorbido por ella. Y entonces, cuando un libro ha conseguido engancharnos, nuestra mente deja a un lado las informaciones previas que tuviéramos sobre él, y nos limitamos a revivir, a vivir, cada uno de los pasajes. Y llega el final, y nos sorprende. Porque, y paso al punto 2

2. Una cosa es "saber" algo, "estar informado" de algo, "tener conocimiento" de algo, y otra cosa muy distinta es presenciarlo y vivirlo (aunque sea con la imaginación). Ese es el juego serio que nos propone la literatura. La buena literatura. Haya adquirido el estatus de clásica o no -creo yo-. García Márquez no le quita un ápice de intriga a *Crónica de una muerte anunciada* por avisarnos ya desde el título de que Santiago Nasar (¿era así?) la palma. Sí, nos dice que se muere. Pero es que el lector suele aplicar eso de "si no lo veo, no lo creo". Y yo hasta que no lo veo entrar en el patio con los intestinos en la mano no me creo nada. Ahora bien, si me pusiera esa escena -no la información, sino la escena de la muerte- al principio ya sería otro cantar; ahí sí que hubiera tenido problemas para mantenerme enganchada a un personaje al que he visto con las vísceras en la mano. En ese sentido, sí que me parece importante graduar las acciones y ocultar (a la vista, o a la vista y al intelecto, depende) aquellas que vayan a cubrir la mayor expectativa del lector.

Besos:

Isa

 

   LA VOZ DEL ESCRITOR
jueves, 15 de noviembre de 2001 22:57


Dice David:

Digamos que el sentimiento es "ausencia de amor". Ese sentimiento lo he  expresado en esta lista con la misma voz tanto en la carta que va al concurso, la de Daphne, como en algún poema de amor que he mandado. Pero ese mismo sentimiento lo expresé con otra voz cuando lo del arrebato reciente... [...] Sigo concediéndole más importancia a la forma que al contenido.

???????????????? ;-)

Y es que, en un momento dado, puedo sentirme satisfecho de un poema, darme a la autocomplacencia; pero también me sucede que, además, pienso: otra vez la misma voz, quizá diciendo otras cosas, pero otra vez yo sin nada nuevo de mí.

Hombre, no sé, yo creo que lo que quiere decir Berna con eso de encontrar su voz como escritora (que, obviamente, no tiene nada que ver con la voz del narrador) es una suerte de madurez, un pacto o arreglo al que algunas personas llegan consigo mismas -con sus limitaciones- y con el lenguaje, de forma que encuentran un modo más o menos constante (en cuanto a estilo y formato) de expresarse en el que se sienten cómodas, en que sienten que pueden dar lo mejor de sí mismas, y por eso lo dan.

Borges encontró su voz en el tipo de cuento por el que se le conoce, después de muchas vueltas. Y Tolstoi en los novelones donde se multiplicaba y camuflaba a la vez. Y Kafka en lo que ahora se llama kafkiano. Sin embargo, Cortázar nunca encontró su voz. Tampoco creo que la buscara. Su atractivo proviene en parte de esa versatilidad, de esa inmadurez a prueba de bombas que le impedía aguantar cauce alguno y admitir que hasta el genio tiene sus límites.

Yo no digo que sea mejor una cosa ni otra. Pero sí me parece que encontrar tu voz como escritor es como encontrar tu lugar en el mundo, ese lugar donde pararte (¡por fin!) un rato a mirar cómo el mundo gira ante tus ojos. Ya no tienes que estar esquivando zanjas y saltando obstáculos, por lo que te puedes deleitar en los matices mínimos de lo que observas. La voz, entonces, sería como una especie de papel pautado sobre el que escribir. Si a la voz se la tiene bien pillada, ya no hay que preocuparse tanto por la forma, por el cómo, y uno puede ir a lo que de verdad le interesa, el qué y, sobre todo, el por qué... ¡Ay, quién pillara a esa voz! ¡Pero cómo corre la muy jodía!

Ahora, que si a ti sólo te interesa la forma (cosa que no creo en absoluto), entonces olvídate de la voz, a no ser que quieras escribir relatos, poesías o novelas en serie.

Besos:

Isa