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2011-2013 Tercera promoción
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Concursos de la Escuela: Getafe negro 2011
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Getafe Negro, festival
de novela policiaca de Madrid, y Escuela de Escritores os
invitan a participar en la tercera edición de su concurso
de microrrelatos de género negro. Italia será la protagonista
de la cuarta edición del festival y también de este certamen
literario. La frase que hemos elegido como arranque de los
microrrelatos que se presenten al concurso es "El comandante
de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral". A partir
de aquí, dispones de un máximo de 150 palabras para completar
la historia.
El ganador disfrutará de un curso de Género Negro en Escuela
de Escritores y de un bono para dos personas y dos noches
en el hotel de cinco estrellas Parkhotel Delta de Ascona
(Suiza), por cortesía de la Embajada
de Suiza.
Lee con atención las bases del concurso, rellena los datos del
formulario que encontrarás aquí a partir del 15 de septiembre
y a continuación escribe en él tu microcuento.
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Sin fumata, de Ataúlfo Gamonal Coto
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Se lo impidió el camarlengo: «No es más que una indisposición, vuelva a dormir».
Se retiró pero no pudo descansar; recordaba el desasosiego en el rostro de la monja que salió de la cámara cuando él acudió, el gesto demasiado autoritario del camarlengo y, durante largo tiempo, sintió un inusual movimiento por los pasillos. No debo preocuparme, se decía, mis hombres me alertarán si es preciso.
Al amanecer, mucho más temprano que de costumbre, pasó por el cuerpo de guardia y examinó todas las incidencias de la noche: habían utilizado el Passetto di Borgo para traer un doctor. Después, como cada mañana, acudió a la misa papal. Su Santidad parecía totalmente recuperado y aquella voz que tanta bondad trasmitía fue calmando su corazón. Cuando se volvió y dijo «Ite missa est», sus ojos se cruzaron y el comandante no pudo evitar un escalofrío. |
Cuenta regresiva, de Carolina García
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Diez hombres lo sorprendieron en su noche de guardia, caminando sólo por el Palacio. Nueve de ellos lo inmovilizaron, despojándolo de las armas. Ocho escalones descendió rodando hasta estrellarse en el piso de una fría y húmeda habitación, oscura como las intenciones de esos desconocidos que lo golpeaban salvajemente. Siete horas lo torturaron, practicando los más atroces e inimaginables procedimientos. Seis alabarderos se percataron de la desaparición, dando aviso al resto del ejército. Cinco minutos implicó la organización de su búsqueda. Cuatro palabras pronunció, entre gemidos y vestigios de voz. Tres preguntas más, dos minutos de espera y un tiro entre las cejas, finalizaron el interrogatorio.
Siempre estuvo en el palacio. Nunca dijo dónde se encontraba el Pontífice. Más tarde encontraron su cuerpo destrozado. Cero.
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Habemus Papam, de José-Antonio Aguilar Becerra
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral.
Una gran humareda negra tiñó aún más el plomizo cielo romano, después de la tenue y progresiva fumata blanca que anunciaba que un nuevo Papa había sido elegido.
El humo oscuro fue tomando un considerable volumen, hasta que empezó a atisbarse algún resplandor proveniente del fuego que se extendía por las estancias de la curia vaticana.
No se divisaba a nadie, hasta que por la puerta de una balconada apareció una figura cárdena, que al grito de \"jamás seré vuestro Papa\" saltaba catapultado hacia el vacío.
Su cuerpo chocó sordamente contra el adoquinado del suelo. El vertido de sangre fue tiñendo las pocas partes blancas de su hábito cardenalicio.
El comandante de la Guardia Suiza, que nunca llegó a cruzar el umbral, cerró la gran puerta de la Capilla Sixtina. Un nuevo conclave debía empezar.
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Algo ha escapado, de Regino García Martínez
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral de la puerta. En el cuartel hacía días que circulaban rumores sobre la toma de una ciudad en Oriente por tropas cristianas, y su botín cargado de extrañas reliquias. El comandante intentó acallar las habladurías, claro; pero los hombres seguían murmurando sobre un libro antiguo que tenía absorto al Pontífice. Y aquella noche, tras el cambio de guardia, cuando la luna rayaba la madrugada, se había oído un grito estremecedor en el palacio, proveniente de los aposentos de su Santidad. Cuando el comandante llegó a la antesala, esta estaba en silencio, y los hombres que la custodiaban yacían en el suelo. Aunque la puerta estaba entreabierta y el dintel soportaba dos lámparas, los aposentos permanecían oscuros, y de ellos solo se filtraban frío y sombra…
Por la mañana encontraron al comandante postrado en un rincón con la mirada vacía, agarrando su imponente alabarda, como el más inútil de los escudos.
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El bastón, de Óscar Alcaide Ciudad
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. El teléfono le detuvo. Regresó a su escritorio, levantó el auricular y escuchó al Jefe del Servicio Vaticano de la Policía Italiana, con quien había trabajado durante los últimos 20 años. El informe de la escena del crimen era definitivo. Fue un bastón lo que provocó las manchas de sangre que se encontraron junto al cadáver de Su Santidad. Sin duda el asesino del Papá era cojo. Ambos permanecieron en silencio, asumiendo la gravedad del asunto. El comandante colgó. Se aproximó al balcón y abrió la ventana. Contempló el Palacio Apostólico Pontificio, como queriendo retener su belleza. Respiró y repasó mentalmente: una familia demasiado exigente; un sistema burocratizado que nunca supo valorar los años de sacrificio por el cuerpo; y una ambición… quizá desmedida… Ahora nada importaba. Sabía lo que debía hacer. El ruido de las sirenas se acercaba. Cerró los ojos, soltó su bastón y se precipitó al vacío. |
El espíritu santo vestía de negro, de Osvaldo Ernesto Mongelli
El comandante de la Guardia Suiza nunca
llegó a cruzar el umbral. Permaneció allí,
perplejo: dentro de la habitación voces
filosas se trenzaban en murmullos histéricos.
Con la mano enguantada asió el pomo de la
puerta y, cauto al extremo, empujó. Un
silencio largo y delator precedió al ruido del
aleteo. Provisto de espada, no de coraje,
sólo atinó a retroceder frente a la imagen
del pájaro negro posado sobre los rígidos
dedos entrelazados, picoteando las cuentas
del rosario. |
Mayo Cuatro, de Stella Inés Gómez López
El comandante de la guardia suiza nunca
llegó a cruzar el umbral, entrar a su
alojamiento, descansar tranquilo, conciliar
el sueño y adormecerse imaginando
sutilmente la eufórica marcha por la Xetafe
Vaticana, con el retumbante murmullo del
ajetreo militar durante su polémico pero al
fin merecido ascenso, solo oyó repicar
seguidamente tres descomunales
campanadas, perdió el equilibrio,
desmadejándose sobre la Mesa, aferrándose
al cabo para no dejarse caer, pero fue
inútil, la mesa estaba vencida , el cabo
impregnado de sangre, logró precipitarlo
aun mas rápido contra el piso, una vez allí,
escuchó la ultima campanada .
Ni mas ni menos, tal como lo escucha, fui su
vecina mas cercana señor detective,
créame, si hubieran instalado una cámara,
seguro mostraría lo mismo que le estoy
diciendo, créame.
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La muerte del papa sonriente, de Enrique Mochón Romera
El comandante de la Guardia Suiza nunca
llegó a cruzar el umbral. En compañía del
cardenal Villot, Secretario del Estado
Vaticano, permaneció observando desde
fuera al doctor Buzzonati en su tarea de
averiguar la hora y las causas de la muerte
del papa Juan Pablo I, cuyo cuerpo aún
caliente yacía muerto sobre su lecho.
Quizá las trágicas circunstancias hicieron
que ambos mantuvieran una profunda charla
sobre asuntos tales como la vida, a la que
calificaron de fiel, y la muerte, celosa,
según ellos, y siempre acechante hasta que
tarde o temprano terminaba expulsando a la
primera, bien colándose callada por las
rendijas o bien entrando impetuosa tras
derribar la puerta.
En esas reflexiones estaban cuando el
doctor llamó al cardenal y el coronel se
quedó solo en el vestíbulo desde donde fue
testigo de una conversación de la que
nunca nadie supo y que solamente el papa,
de haber estado vivo, o él, de haber cruzado
el umbral, habrían podido escuchar.
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Condicional, de Miguel Ángel Gómez Ortega
El comandante de la Guardia Suiza nunca
llegó a cruzar el umbral porque yo se lo
impedí. Tenía que hacerlo, tú me lo pediste.
Y yo siempre cumplo tus deseos. Me dijiste
claramente: no lo permitas, si lo haces lo
descubrirá todo. Yo tampoco quiero que lo
descubra, me separarían de ti. Él siempre
quiso saber demasiado, desde que era un
crío se pasaba las horas muertas husmeando
por los ojos de las cerraduras, analizando
qué era aquello que le impedía abrir la
puerta. Tú lo sabes, a fin de cuentas tú lo
sabes todo. Recuerdo cuando recibimos la
comunión, incluso en aquel momento tuvo la
osadía de preguntar al sacerdote por los
ingredientes de la carne de Cristo. Espero,
Dios, que le perdones, mi hermano nunca
fue un infiel pese a dudar de la
transubstanciación. |
Finalizado el plazo de recepción de los trabajos enviados al Concurso de Microrrelatos "Getafe Negro", se habían recibido un total de 1.228 microcuentos que cumplían los requisitos de las bases. Estos textos fueron objeto de una primera lectura por parte del claustro de profesores de Escuela de Escritores, en la que se seleccionaron diez microrrelatos finalistas.
El Jurado de la tercera edición del Concurso de Microrrelatos ?Getafe Negro?, formado por el director del festival, Lorenzo Silva, y el director de Escuela de Escritores, Javier Sagarna, actuando Germán Solís como secretario sin voz ni voto seleccionó como ganador del certamen:
- Al microrrelato presentado a concurso con el título Sin fumata, número de entrada 630 y cuyo autor es Ataúlfo Gamonal Coto, de Madrid.
El autor del microrrelato ganador recibirá como premio un curso de Género negro en Escuela de Escritores y un bono para dos personas y dos noches (cama doble estándar con desayuno) en el hotel de cinco estrellas Parkhotel Delta de Ascona (Suiza), por cortesía de la Embajada de Suiza.
El microrrelato ganador será publicado en la página web de la Escuela de Escritores (www.escueladeescritores.com) y en la página web del Festival de Novela Policiaca "Getafe Negro".
El Jurado quiere felicitar a los ganadores y a los finalistas, así como a los 1.228 autores participantes, por el trabajo realizado y agradecerles su participación.
Madrid a 22 de octubre de 2011 |
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