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Equipo de la Escuela: Daniel Saavedra Aguirre
 
 
Comunicación. Cursos virtuales

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y posgraduado en Marketing, fue coordinador de la sección Internet del periódico La corriente alterna, y ha sido responsable de contenidos y programación en varios portales digitales.

Compaginó su labor de periodista con la de diseñador y promotor del Taller de Escritura de Madrid, en el que impartió los cursos de Periodismo creativo, Literatura de viajes, Lectura y redacción en español para extranjeros.

Ha publicado sus relatos en las antologías Nada normal, editada por el Taller de Escritura, y Baraka, editada por la Escuela de Escritores, y también en Balas perdidas, un volumen de relatos en el que participó con otros profesores de la Escuela.

Es el responsable de comunicación de la Escuela de Escritores, e imparte cursos de redacción periodística, literatura de viajes, escritura creativa y relato breve.

En la actualidad imparte clases de periodismo en español en la Universidad Católica de Eichstätt (Alemania).
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Entrevista a Daniel
Publicaciones de Daniel Saavedra Aguirre

Entrevista realizada a Daniel Saavedra Aguirre en julio, 2007
¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender -y enseñar- a escribir?
Si te gusta escribir y tienes el sueño de ser escritor algún día y trabajas para convertirte en ello, entonces eres escritor. ¿Escritor, de oficio escritor? Es difícil llegar a serlo, pero a poco que se trabaje, se estudie, se dediquen horas y horas a escribir y a leer, a leerlo todo..., pues es posible. Ser escritor es una de las pocas utopías que aún se pueden hacer realidad.

Y por supuesto se puede y se debe enseñar el oficio de escribir. Es la mejor manera de evitar ir al tuntún, de derrochar esfuerzos en descubrir de nuevo que el mundo es redondo. Es más, si no se hace, se pierde una ocasión preciosa de compartir ese camino con otros viajeros que son como uno, de descubrir rincones de la Literatura que sin una guía es difícil llegar a ver. Y dejo al lado el tema de mejorar en la redacción y el estilo: es sorprendente lo mal que redactan algunas personas que incluso ya se dedican de lleno a la escritura; no siempre por culpa de ellas, sino por una carente formación básica en su lenguaje escrito o porque están acostumbrados a que les corrijan. Pero el escritor debería tener un compromiso con su herramienta de trabajo, y cuidar su idioma.

Provengo del mundo de la música, y en ese arte a nadie se le ocurriría pensar convertirse en compositor sin haber pasado por un conservatorio. Y lo mismo te podría decir un pintor, un escultor o un arquitecto.

¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
Empecé a impartir talleres en esta propia escuela, cuando aún éramos la parte virtual del Taller de Escritura de Madrid. Desde entonces mi labor como profesor ha sido una auténtica adicción. Me la paso genial en los cursos, me cuesta muchísimo despedirme cuando acaban, porque dirigir un taller es algo más que subir a un estrado y soltar una charleta. Sobre todo en un taller por Internet, en los que creo que la relación maestro-pupilo no existe, y lo que hay es mucho más una relación de amistad que otra cosa. Solo me siento profesor cuando tengo que comentar o corregir un texto, pero el resto del tiempo, soy uno más, un tallerista más que participa en las discusiones, que comparte sus opiniones sobre el mundo, que se divierte con esa pasión que se derrocha en ese universo virtual formado por gentes tan distintas y tan lejanas.

Al principio comencé impartiendo los talleres de periodismo, luego los de redacción y estilo, literatura de viajes, escritura creativa, y ahora este último año, el de Relato breve. Poco a poco he ido acercándome cada vez más a la redacción literaria, que es lo que realmente siempre me ha gustado. El proceso me ha servido como formación personal también, porque enseñar es también la mejor manera de aprender.

¿Cuál es tu relación con el resto del equipo de la Escuela?
Para mí es casi mi manera de estar conectado a mi idioma, a mi lengua materna. Escribirme con ellos en el foro de profesores -el sustituto virtual de la clásica sala de profes, con su maquinita de café, charlas sobre fútbol, cine, etc.-, es como estar en contacto no solo con mis colegas de trabajo, sino con mi propia cultura. Desde hace cinco años vivo en Alemania, y conversar con los más de treinta profesores del claustro y compartir no solo las experiencias que nos va dando el trabajo, sino nuestras propias alegrías personales, pues es algo insustituible. Sobre todo este último año, que no hemos parado de celebrar nacimientos, premios ganados, libros publicados y algún que otro matrimonio.

Además, el claustro es la mejor manera de comprobar que la Escuela funciona y funciona muy bien: cada vez que le damos la bienvenida a un profe nuevo, hago la ola de puro contento... Ah, y sin hablar de las juergas que tenemos cada vez que nos juntamos en carne y hueso. Pero eso es top secret.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
Sentirme libre, es poco decir. Cada taller es distinto y aunque la dinámica de comentarios a los ejercicios -que yo llamo con mucho cariño "tandatundas"- es la misma siempre, procuro adaptarme a las peculiaridades del grupo. Tengo suerte, porque siempre me han tocado unos grupos estupendos, con muchísimas ganas de participar. El último es un caso de récord, para ponerles un monumento: en un solo curso se han intercambiado más de seis mil mensajes, y con la calidad de muchos de los relatos que han escrito a lo largo del taller, creo que se confirma mi hipótesis de que mientras más se participe en un taller, más rápido se avanza. A veces nos olvidamos de que escribir un correo electrónico también es escribir, así que con seis mil mensajes, los músculos creativos han terminado de lo más turgentes. Pero el mérito es solo de ellos, de esos doce héroes y heroínas.

Una de las metodologías que suelo recomendar es la misma que utilizamos los que tocamos en escuelas de samba y grupos de batucada: no intentes bailar o tocar como el que mejor lo hace, sino como el que lo hace un poquito mejor que tú. A los talleres solemos llegar con unas expectativas enormes, y como la escritura es algo tan íntimo, muchas veces llegamos a un taller sin siquiera haberle dejado leer los textos a tu madre, y claro, a la primera tandatunda, ufff, cuesta reponerse. Pero solo es la primera, luego ya se aprende rapidito a aceptar las críticas, y se comprende que es la manera de ir más rápido.

¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Que se comprometan con lo que hacen, que no se agobien con los plazos, que no piensen que se han equivocado de curso porque sus compañeros escriben infinitamente mejor, que le echen pasión a las discusiones, que se animen a decir lo que piensan, y que se apronten a terminar el curso habiendo hecho un montón de cosas que jamás habían hecho en su vida y con opiniones a las que jamás habían pensado que llegarían a tener.

Cuando acaba el curso intento hacerles ver que acaban de empezar, porque en esto de la escritura uno siempre está empezando. Intento que entiendan que la meta para un escritor está en el mismo camino que les lleva a llegar a escribir. Que hay mucho por hacer, mucho por leer, muchas cosas nuevas por experimentar.

Mi nivel de exigencia creo que es alto, pues aunque procuro encontrar siempre algo bueno en cualquier texto, suelo ser "cañero", suelo apretar el cinturón un pelín por encima del "límite del dolor". Es algo que siempre me han agradecido, porque en un taller no se viene a recibir solo palmaditas en la espalda.

¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
Cambiante, siempre cambiante, como el clima de Alemania :-). Me gusta que el ambiente sea siempre cálido, pero también me gustan esos momentos de silencio en los que se siente que la gente está trabajando, que están experimentando, vestidos con la bata blanca y con las gafas puestas en el microscopio. El clima ideal de un taller para mí, es como el que existe en los laboratorios de investigación, con sus momentos de asueto, de relajo, pero que no se pierda el gusto de ver continuamente el progreso de los demás, los nuevos logros.

Ya he dicho antes que tengo mucha suerte con los grupos, y que la comunicación siempre ha sido ideal, muy activa. Siempre con la vista puesta en el respeto, porque los talleres siempre tienen gentes con diferentes perspectivas del mundo, y eso enriquece muchísimo al grupo. Lo ideal es que a pesar de las diferencias, el grupo termine convirtiéndose en un equipo.

¿Consideras la enseñanza como un intercambio? ¿Qué te enseñan tus alumnos?
Creo que me he adelantado a todas las preguntas con las respuestas de antes, jejeje. Pues sí, es un intercambio con un montón de permutaciones y variaciones posibles. No solo un intercambio alumno-profesor, alumno-alumno, sino también un intercambio íntimo, con uno mismo: en un taller literario uno poco a poco va cambiando, poniendo en solfa lo que creía creer. Sobre las parcelas que cambian, muchas veces no solo cambian las parcelas literarias: ahí ya el límite lo pone uno.

Yo me tomo las creaciones de los alumnos con el mismo valor que las creaciones de los clásicos, de los autores ya publicados. Siempre disfruto de su lectura, así que aprendo de ellos, lo mismo que aprendo leyendo a los escritores consagrados: aprendo de la vida, aprendo de la literatura, aprendo incluso de mí mismo.

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de un taller?
Ser buen comunicador ayuda mucho, y ser buen lector es obligatorio. Tener algún que otro campo de especialización también ayuda, porque muchas veces ofrecer una buena comparación con el oficio de otros artistas aclara mucho más que una teoría entera sobre lo literario.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
Desde que empecé con los cursos de creación literaria, estoy cursando las carreras de Filología Hispánica y Literatura Comparada, en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich. Trato de profundizar en las nuevas corrientes de investigación de lo que en alemán se conoce como Ciencias de la Literatura, y que en español todavía nos suena un poco mal, porque nos cuesta relacionar la Literatura con la Ciencia: es como si le quitáramos la magia..., cuando para mí es justo lo contrario. Las teorías de los estudios de género, los estudios poscoloniales, la semántica espacial... Son muchos los campos abiertos, así que tengo para unos cuantos años de estudio, por suerte. Espero no dejar de estudiar y profundizar en esto nunca.

¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Son un acicate para los escritores noveles y un interesante negocio para los que se lo toman como tal. Creo haber leído en alguna parte que en total son 27 millones de euros los que se reparten en premios literarios, solo en España, por lo que me parece de lo más legal intentarlo. Peor es seguir con la esperanza de que te toque la Lotería. Yo he participado en dos concursos: uno de recetas que no gané, y uno de dedicatorias que organizó el diario El Mundo para la Feria del Libro de Madrid y que gané dos veces. Me encantan los certámenes que no lucen por la cantidad de dinero que otorgan, sino por lo original de sus propuestas. No participo más, porque de este género de concursos, casi siempre somos nosotros, la Escuela de Escritores, los que los organizamos :-).

El afán de publicar: me parece bien mientras no nos terminen devorando las ansias y el exceso de ambición. Es muy lindo regalarle a alguien un libro en el que eres tú el autor o uno de los autores. Siempre es lindo regalar un libro, y si va con tu propia firma, pues mejor que mejor, ¿no?

El exceso de ambición es malísimo: eso de querer que una editorial grande te publique una novela a la que ni siquiera le has pasado el corrector automático del Word... Pues aparte de quemar posibilidades, quemas esfuerzos y esperanzas. Y la esperanza, a pesar del dicho, es lo primero que se pierde.

¿Cómo compaginas la labor como profesor con tus propias creaciones?
Con mi creación literaria, pues más mal que bien, pero no me arrepiento un ápice, porque adoro mi trabajo. Además, considero que mi labor es de crítico, y como tal también la catalogo como creación. Por suerte para mí, tengo otros proyectos culturales que me hacen perder el "mono", quitarme de encima el síndrome de adicción, como lo es con la música.

¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?
Cualquiera de los grandes "cuenteros" de la Literatura Hispanoamericana: Julio Cortázar, Juan Rulfo, García Márquez, Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño. Y cualquiera de los grandes poetas de mi país de origen, Chile: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra...

Soy compulsivo en mis lecturas, cuando me gusta algo de alguien no puedo parar hasta leerlo todo de ese autor. Me pasó con Bolaño, con Auster... Así que siempre procuro leer lo que yo considero como clásico y a la par un libro de algún autor contemporáneo. Ahora estoy hincándole el diente a María Tena, Magdalena Tirado, Elena Belmonte y Ana Muñoz de la Torre, compañeras mías de la Escuela de Escritores que acaban de publicar novelas nuevas esta primavera. Por culpa de esta última, estoy también con una traducción al alemán de "Madame Bovary".

Naces en Chile, te licencias de periodista en Madrid, vives un tiempo en Barcelona, estás ampliando tu formación en Literatura Comparada y Filología Hispánica en Munich, ¿en la era de internet la literatura ya no tiene fronteras?
Bueno, sí, soy casi un inmigrante reincidente :-). Lo que pasa es que soy un viajero lento y tardo mucho en absorber todo lo que da de sí la cultura de un país. Creo que tuve la suerte o la mala pata de nacer en ese país de patiperros como es Chile, así que también tengo las venas en plan Carreterar Panamericana. Y bueno, creo que en el fondo lo que más me ha marcado el futuro ha sido esas dos cosas: Internet y la Literatura. Llevo trabajando en la Red casi desde que comenzó a hablarse de Internet en España, y si no fuera por ella, no podría estar trabajando en este proyecto tan maravilloso. La culpa de todo la tiene Isabel Cañelles, la fundadora de la Escuela de Escritores: ella confió en mí para el primer diseño del portal del Taller de Escritura, y luego como responsable de comunicación y profesor, a pesar de que entonces era difícil creer en el teletrabajo: pero ahí está el resultado, a pesar de los 2000 kilómetros de distancia, sigo levantándome por la mañana y viajando a Madrid virtualmente. Le debo mucho a Isabel.

Eres un tipo divertido -y no hay más que ver esa foto tuya vestido de pollo que por ahí circula para comprenderlo-, ¿de verdad que la literatura puede estar llena de alegría, que se puede aprender a escribir disfrutando?
Ah, pero no estoy disfrazado de pollo, sino de dinosaurio, aunque no se nos daba muy bien la costura a los del grupo de samba. Es una foto del carnaval de Múnich, en donde he tocado batucada desde hace dos años. Si puede haber una escuela de samba tocando y bailando en un carnaval a diez bajo cero, puede haber entonces cualquier cosa en el mundo: por eso soy tan optimista. Allá donde uno va, se puede encontrar lo que uno busca. Desde hace mucho tiempo he googlelizado mi vida :-).

Eres periodista, das clases de Redacción periodística, Escritura creativa, Relato breve y Literatura de Viajes, escribes y publicas relatos, sabes casi más que nadie de cómo funciona internet, ¿ha vuelto el hombre del Renacimiento?
Bueno, no sé, sí es verdad que me gusta probar de todo, sobre todo en el arte. Y eso que no has dicho que además soy crítico gastronómico y catador de vinos :-). Aunque más que renacentista... cada vez me interesa más el Barroco: Ahí está el Siglo de Oro español. Daría lo que fuera por tener una milésima de Quevedo o de Góngora.


Publicaciones en papel de Daniel Saavedra Aguirre
Balas perdidas
Ocho profesores de escritura creativa de la Escuela nos muestran, transformados en cuentos, sus proyectos personales como escritores. El prólogo es de María Tena, y la fotografía de Rafa Turnes.
Título: Balas perdidas (Antología de nuevos narradores)
Autores: Ignacio Ayerbe, Alfredo Caminos, Isabel Cañelles, Ángeles Lorenzo, Jesús Pérez, Daniel Saavedra, Javier Sagarna y Mariana Torres.
ISBN: 84-934056-8-X
Características: 248 pág. 21x14 cm
Precio de venta: 15 €
Editado por: Adamar Ediciones
Fecha: junio, 2005
Sinopsis
Daniel Saavedra convierte una calle de Madrid en el tema de su relato. Con su plima, que bebe del costumbrismo madrileño más multicultural, consigue que podamos pasear por ese espacio y casi ver a Malicia, a las chinitas de nombre francés, a Manuel, ese forzudo enamorado de una Inés asturiana, a Mohamed...

Resulta curioso en ese texto cómo una persona llegada de fuera es capaz de observar el aroma y los detalles de nuestra ciudad mejor que los que hemos nacido aquí.

Publicaciones electrónicas de Daniel
¡Alla salute!
Las barcarolas
La mirada de Ikhram

 
 
 
   

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