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Aunque ya no sea asunto mío, por Beatriz Porras
 
 
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Publicado el Lunes, 14 febrero a las 08:00:00
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Hola Edu, te dejo la gata aquí en el hotel, como me dijiste. Acuérdate de preguntarle al veterinario lo de la desparasitación. Pobre, sigue teniendo esos bichitos que, aunque no parecen molestarle, sin duda son síntoma de que algo dentro de su cuerpecito no va del todo bien. Tiene gracia; es exactamente igual que lo que nos pasó a nosotros.

Sólo que nuestros "bichitos" solían ir maquillados y tenían las piernas largas; además de que aparecían sólo cuando yo me iba.

Te dije que te dejaría aquí también la cartilla de sus vacunas, pero la verdad es que no la encuentro. De todas formas no creo que tengas problemas para hacerle una nueva. Por lo demás, noto que "Gildita" está bastante sana y feliz, tan ajena a todo cuanto ocurrió entre nosotros. Mejor, quien hubiera podido ser gato en aquel momento en el que te vi en la calle Arco Agüero con esa chica. La recuerdo, aunque su nombre se me ha olvidado, o quizá nunca le presté atención. Se llamaba Marta o algo parecido. Cuando tu y yo aun estábamos juntos coincidimos un par de veces con ella en casa de tu hermano, y le preguntamos sobre aquella obra de teatro que íbamos a ver. Quien me iba a decir a mi que la tía no sólo se me había adelantado en comprar las entradas para "Medea", sino también en sacar sus armas para que perdieras la cabeza por ella y robarme mi vida. Fue lista, discreta y paciente, y lo suficientemente astuta como para empezar consiguiendo que cada miércoles te escaparas con ella poniéndome la excusa de que veías poco a tu hermano. Ahora ella duerme en la cama que elegimos para el cuarto, come en los platos cuadrados que te regalé por tu santo y huele la pintura amarilla con la que se me echaron a perder dos camisetas cuando pintábamos la casa. No me dio tiempo a estrenar nada de aquello. Esa chica, como los parásitos de la gata , sólo se hizo notar cuando ya había ocupado todo el organismo ajeno. No la culpo por ello, yo también habría tenido la tentación de robar y ocupar algo así, toda una vida por estrenar: la casa de mis sueños, el hombre de mi vida y mi querida "Gildita", nuestra pequeña familia.

Acuérdate también de poner en el salón ese cacharro para que la gata se afile las uñas, o si no acabará estropeándote los sillones nuevos. En el mes que ha estado conmigo he sido incapaz de acostumbrarla a que no beba de los vasos que dejamos por ahí, pero tu sigue intentándolo porque, aunque a ti y a mi no nos daba asco, es posible que a esta chica no le resulte demasiado higiénico. Ah!, y si por un casual tu novia es también aficionada a los puzzles de 1000 piezas, adviértele de lo asidua que es "Gildita" a comérselas y perderlas. Dile que mejor los haga en aquel cuarto al lado de la cocina que yo tenía elegido para mi, aquel del que no paraba de hacer bocetos en servilletas de papel para decidir cómo pondría los muebles y los cuadros.

Por lo demás, estoy segura de que poco a poco se adaptarán la una a la otra perfectamente. Es una pena que los gatos no puedan hablar, porque se que también "Gildita" estaría encantada de echarle una mano a su nueva dueña para que no volvieran a colarse parásitos en esa vida que me tomó prestada con tu permiso. Me la imagino así, diciéndole lo importante que es para ti que se deje abrazar durante toda la noche, que nunca te ponga más de dos cucharadas de Cola Cao en la leche, o lo poco que te gustaba encontrar mis macetas de girasoles y zanahorias mezcladas con tus plantas de marihuana. Supongo que esas y muchas otras cosas las ira aprendiendo por si misma.

Dile también a ella que, si no es mucho pedir, deje un hueco junto a su almohada por la noche para que la gata duerma con vosotros. Ya sabes como le gustaba acurrucarse en la cama entre los dos..., quizá tu Marta también lo sabe desde hace más tiempo del que yo imagino.

Nada más Edu. La verdad es que sólo quería recordarte lo del veterinario. No pretendía meterme en lo que ya no es asunto mío, por mucho que lo fuera antes. Cuida de la gata. Os deseo a los tres toda la felicidad del mundo, la que me correspondía a mi.

Nota: Carta finalista (tercera clasificada) en el IV Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor de la Escuela de Escritores.
 
 
 
   

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