
Mamá le ha traído un pollito rosa a Aure, porque está siempre malo. Mamá dice que ahora come mejor. Pero ya me podía haber traído otro pollito a mí, y otros dos para Tere y Mari, aunque no estuvieran pintados, aunque fueran sólo unos pollitos amarillos, para que también nosotros comamos mejor los garbanzos que comemos un día sí y un día no.
Además el pollito siempre va ser de Aure y casi no nos deja jugar con él. Para una cosa suya que sí me gustaría tener...
Pero la culpa es de papá, que se le ocurrió traer kilos y kilos de garbanzos, lentejas y de otras cosas, en unos sacos gordos y en bidones de cartón. Ahora nuestro armario de dentro de la pared, está lleno de esas cosas. Y llevo casi todas las vacaciones las escaleras arriba y abajo, repartiendo kilo a kilo los garbanzos y las lentejas, como los negros esos de las películas de Tarzán con los paquetes. Vendemos los garbanzos y las lentejas a las vecinas del barrio, y un poco más lejos a los amigos de la fábrica de papá. Y mi hermano Aure va delante de mí, sólo con el pollito rosa entre sus manos, porque mamá no le deja llevar los paquetes, porque está malo, y las vecinas y los amigos de la fábrica de papá le preguntan a él cuánto es, y le dicen qué pollito tan bonito, y qué delgado estás, y se guarda el dinero en el bolsillo.
Ya me daba miedo por las noches el armario, cuando sólo tenía nuestra ropa, y le decía a mamá que dejase la puerta de la habitación un poco abierta para ver la luz del comedor. Cuando papá y mamá se van ya a la cama y yo no me he dormido aún, se queda todo oscuro, y se escuchan los ruidos de los bichos que están en el armario.
Pero como había que meter en algún sitio los sacos y los bidones de cartón con los garbanzos, mamá sacó toda nuestra ropa y la metió en el armario de mis hermanas, en la habitación de las chicas.
Desde entonces mamá no hace más que regañarme y decirme que estoy tonto, porque cuando salgo a la calle no me quiero llevar a Tere ni a Mari, y me huelo la ropa por si huele a chica. Pero la culpa es de ella; ya podía haber guardado nuestra ropa en su armario, no en el de mis hermanas, pero ella dice que en el suyo no cabe porque está la ropa de invierno.
Tantos sacos y bidones ha traído papá que ya hay unos cuantos fuera, cerca de mi cama. Así que, cuando viene el médico a ver a mi hermano Aure, mamá le acuesta en su habitación, y yo, mis hermanas y el pollito rosa salimos a la terraza para no dar guerra.
La verdad, da gusto tener al pollito rosa entre mis manos, sintiéndolo latir, tan quietito como se queda. Tiene los ojos negros, igual que el color de los bichos, aunque no huele bien, un poco como cuando Aure devuelve. Luego lo pongo sobre la barandilla y le doy con el dedo en las patitas para que ande, pero es muy listo y siempre cae dentro de la terraza, y mis hermanas gritan porque les asusta el revoloteo que hace.
Pero ahora el miedo por la noche es más grande, desde el día que mamá salió llorando de mi habitación, gritando que los garbanzos tienen bichos.
Casi he dejado de hacer como los negros de las películas de Tarzán, porque ya no podemos vender los garbanzos con agujeros a la gente. Pero tampoco tenemos más tiempo para jugar, porque mamá nos tiene horas en la mesa del comedor quitando bichitos a los garbanzos. Por eso ahora comemos garbanzos un día sí y un día no, tenemos que comernos todos los kilos nosotros.
Los bichos no me dan miedo de día, cuando se los quitamos a los garbanzos en la mesa y los matamos, y Aure se los da al pollito en su caja de cartón, pero el pollito sólo se come uno o dos. Los que sí se come, todos, son los que encontramos a veces en los platos de garbanzos, y por eso mamá dice que Aure come mejor, pero yo creo que busca bichos para dárselos al pollito rosa. Aunque es mejor que no encontremos muchos en el plato, porque si no mamá se enfada, y otro día nos tiene más rato separando los bichos de los garbanzos en la mesa.
Así que ahora, aunque a veces me duerma un rato antes, me despierto nada más irse papá y mamá a la cama, porque empiezan los ruidos dentro del armario, y aunque mamá me diga que los bichos no pueden salirse, encerrados en los bidones con los garbanzos, yo pienso que entre todos podrán empujar la tapa de plástico y venir a meterse en mi cama en cuanto me duerma, porque mi cama está más cerca que la de Aure.
Y como he escuchado al pollito rosa al lado de su cama, que hace de vez en cuando pío, muy bajito, se me ha ocurrido que podía meterlo dentro del bidón para que se coma los bichos y se acabe el ruido. Me he levantado con mucho miedo y el pollito también temblaba cuando lo he cogido, y sólo ha piado un poquito. Menos mal, porque no quiero que Aure se despierte y me atice por coger al pollito, que para eso sí que tiene fuerza. Lo he metido dentro de un bidón, he cerrado bien la tapa y me he ido corriendo a la cama. Ha estado revoloteando un poco, seguro que comiéndose los bichos, y al rato se ha callado.
Se habrá dormido, porque ya no escucho ningún ruido.