Talleres de escritura Escuela de Escritores. Cursos de redacción y creación literaria
Bienvenido a Taller literario Escuela de Escritores - Comunicación escrita y escritura creativa
Talleres de escritura virtuales Talleres de escritura presenciales Cursos para empresas Servicio de corrección de textos

Cursos por Internet
Cursos a distancia de la Escuela de EscritoresAbierta la matrícula para los cursos de noviembre
Mapa de los cursos
Cursos presenciales
Cursos en Madrid de la Escuela de Escritores
Cursos en Madrid, horarios y grupos
Cursos en Burgos
Cursos en Zaragoza
Cursos para empresas
Cursos para empresas de la Escuela de EscritoresComunicación escrita, redacción comercial para empresas
Saber más
 
 
Secciones
 
 
 
 
 
  Cursos en Zaragoza  
   
 
EdE en la Red europea
EdE en la Red europea
Libros recomendados
Libros recomendados
Nuestras palabras
Nuestras palabras
Entrevistas
Entrevistas

 
  Boletín de noticias  
   
 
 
  Buzón de sugerencias  
   
 
Alumnos:
El peregrino de la estrella, por Marisa Orellana
 
 
[ Enviar a un amigo | Versión para imprimir ]
Publicado el Jueves, 19 agosto a las 08:35:00
Leer más artículos en:Alumnos

Hace no mucho tiempo nació un bebé varón muy querido por sus padres. De complexión delgada y ojos color miel, pronto se convirtió en un chico inteligente y risueño pero muy sensible, lo que le ocasionó no pocos apuros en su adolescencia. Su nombre era José y vivía junto a sus padres y hermanos en una ciudad extremeña conocida como Cañaveral.

Y aunque era muy cariñoso y amable, cuando alguien le hacía un comentario ofensivo, le regañaba o le llevaba la contraria de un modo no demasiado cortés, el corazón de José sufría y una pequeña espina dejaba una mueca en su mullida superficie. Pero el sistema inmunológico de José sí se rebelaba y comenzó a construir una coraza alrededor del sangrante corazón para tapar las heridas que las cada vez más numerosas espinitas iban produciendo. Y así continuó viviendo José. Y así se casó con una muchacha linda y de ojos negros como el azabache. Y con el tiempo tuvieron un hijo, y luego otro y luego otro más.

Y aunque los tres hijos querían mucho a su padre, fue el tercer hijo el que más apreció su carácter, su sensibilidad e inteligencia. Cada vez que el genio de José salía a la luz, el pequeño, Luis, le escuchaba con atención y le calmaba con dulces palabras, pero al tiempo que se hacía necesario incrementar la longitud de las frases para calmar los ataques súbitos de cólera, el tiempo de Luis para dedicar a su padre disminuía. Por lo que los candados alrededor de su corazón se sucedían.

Y así pasó el tiempo y llegó su 66 cumpleaños. Y a pesar de que lo tenía todo para ser feliz: salud, dinero y el cariño de los suyos, para él no era suficiente y los ataques de ira se seguían sucediendo. Su hijo menor, harto de que su padre no supiera apreciar los pequeños detalles de la vida, decidió hacer algo para paliarlo y recordando su peregrinación a Santiago de Compostela en un verano de su juventud en el que aprendió a convivir con otros, decidió hacer que su padre siguiera sus pasos. Pero José no era tan fácil de convencer, por lo que ideó un plan y le compró el billete para ir a Galicia en autobús. Cuando José lo vio, se quedó perplejo. ¿Billete de ida para Galicia?, ¿qué pretendía su fantasioso hijo menor? Y Luis se lo explicó, le habló de una ruta de naturaleza maravillosa, de los grandes monumentos de la historia de España que podría ver y de la gente fascinante que podría conocer. Y a continuación le dejó una libro sobre el camino que podría realizar. Y José lo leyó. A la semana siguiente le compró un palo largo y delgado, pero flexible, para trepar por las laderas y apoyarse en él en las bajadas de las montañas y José lo probó. Luego vino el sombrero de ala ancha para evitar el calor, las zapatillas de deporte, cómodas y elásticas y con todas se quedó.

Y llegó el día en que se encontró con una capa encima del sillón. Y al probársela frente al espejo, creyó recordar a alguien que lo llevaba, alguien familiar, a quien quería mucho, que le sonreía cuando llegaba a casa, cansado, pero erguido, desde el supermercado en el que ejercía de jefe administrativo. Era su padre y lloró. Y así se lo encontró su hijo menor. Y entonces con suavidad, le animó a que hiciera el camino. Ya había hecho lo más difícil, le dijo, ya tenía el equipo y ya estaba acostumbrado a andar, ¿por qué no intentarlo? Y José mirando a su hijo pensó que tenía razón y se decidió.

A la mañana siguiente cogió el autobús con su pequeña mochila y su vestimenta de peregrino y llegó a un pequeño pueblo gallego llamado Piedrahita. Allí echo a andar, pero a pesar de llevar una pequeña guía, se sintió perdido y preguntó. Pero, con tan mala fortuna que le indicaron mal y se perdió. Y de nuevo la impotencia y el mal humor le hicieron una muesca en su interior. "¿Qué se habían pensado?", murmuró. "La gente era igual en todas partes, insensible, desconfiada", pensó... y mientras iba andando con rabia sin mirar a nadie, le dio un empujón a una peregrina que iba en dirección contraria y casi la tira. José apesadumbrado se dio la vuelta para pedir perdón, pero se encontró con una sorpresa, la mujer en vez de estar malhumorada, !le sonreía! José no daba crédito a lo que veía. Se despidió como pudo y siguió adelante.

Cada día, la risa de los peregrinos rebotaba en el cielo, ensanchando el pecho e inundando el alma y José comenzó a sentirse cada vez mejor y notó como si su corazón se liberara poco a poco de su cancela y poco a poco las buenas acciones le fueron liberando el ánimo, hasta que llegó el día, cuando le quedaban 50 kilómetros para llegar a Santiago de Compostela, en que ya no tenía ataduras. ¡Y cómo lo reflejaba su aspecto! Con barba, delgado y musculoso, la sonrisa permanente que mostraba su cara y la limpieza de su mirada desarmaba a todas las personas con las que se topaba.

Como de costumbre José se había incorporado temprano al camino para disfrutar del día y poder quedarse hablando con las demás personas, sin prisas, cuando sintió un dolor en el pecho, luego la falta de aire y finalmente una caída, que le dejó sin conciencia. A pesar de que le auxiliaron nada pudo hacerse y José, el hombre de la barba, el seguidor de Santiago, "el peregrino", murió aquel día.

Para recordar su bondad se decidió por unanimidad erigirle una estatua, y cogiendo sus zapatos y la vara delgada, se cubrieron de cobre y junto con una placa se instalaron donde José había dejado su espíritu. Y dicen que cuando un caminante anda desorientado y de mal humor, una estrella surge de los botines metálicos y una figura con forma de hombre se aparece ante el peregrino y dándole conversación, le acompaña hasta que se orienta y su corazón se libera.
 
 
 
   

Taller literario de escritura creativa, redaccion, relato, periodismo, guion, novela, poesía, literatura infantil, literatura de viajes, etc.
Cursos para aprender a redactar cartas, cuentos, novelas...
Escuela de Escritores ® Mucho más que un taller literario
Ponte en contacto con nosotros al teléfono 917583187

Escuela de Escritores S. L. B84364181
Domicilio S. L. - Ventura Rodríguez 11 (28008) de Madrid

Sitio Web basado en PHP-Nuke