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Carta de amor, por Rosario Barros
 
 
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Publicado el Martes, 17 agosto a las 15:40:00
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Querida Madre: Esta es mi primera carta para ti. Nunca te he escrito porque siempre te he tenido a mi lado y eso me hacía pensar que no hacían falta las palabras. Sin embargo, es ahora cuando me doy cuenta de que se nos quedaron muchas cosas por decir. Somos avaros de nuestras emociones porque entendemos que nos hacen vulnerables, por eso las guardamos en nuestro interior pensando que algún día las compartiremos, algún día, cuando ya no puedan volverse contra nosotros.

Pero, ¿y si de pronto la vida nos hace un quiebro y nos deja el regazo lleno de rosas cuando los ojos no pueden verlas y las manos no pueden tocarlas?

Cuando el cerebro se te llenó de sombras, ¿de qué valió mi amor para conseguir que dentro de tu hermosa cabeza las palabras cobrasen sentido? ¿De qué me valió quererte más que a nada cuando tus ojos perdieron el azul brillante de las olas para envolverse en nieblas que te hacían repetir una y otra vez "Enciéndeme la luz, por favor", cuando el sol inundaba tu cuarto?

Y no pude decirte cuánto admiré tu manera especial de llevar la casa, haciéndonos creer que quien mandaba era mi padre. Él, tan alto y tan fuerte, y tú tan menuda, cuando la verdad es que el timón de nuestras vidas siempre estuvo en tus manos. Nunca nos gritaste y solo una vez me pegaste, con razón, porque encontraste la sartén en llamas mientras yo leía a escondidas "Dulcamara". Te pusiste tan nerviosa que me juraste, tú que nunca tomabas el nombre de Dios en vano, que no entraría otro libro en la casa. Y no es que odiaras los libros, es que no había tiempo para leerlos y, además, eran tu frustración, la pena que nunca superaste. Me ponía nerviosa tu nerviosismo cuando alguien te daba un bolígrafo para echar una firma. Entonces tu mano temblaba y en tus ojos había un relámpago de ira pensando en aquella escuela que nunca pisaste porque tenías que cuidar a tus hermanos, todos hombres, que según iban alcanzando la edad marchaban a regañadientes por aquel camino que tú te morías por recorrer.

Por eso luchaste para que no ocurriera lo mismo conmigo, aunque reconocerás que nunca tuve tantos derechos como mi hermano y sí muchas más obligaciones.

Pero, estaba hablando de amor y mis recuerdos están llenos del tuyo, de tu mirada cómplice cuando mi padre me negaba algo, de tu alegría cuando una de mis ilusiones se hacía realidad, de tu confianza en que lograría todos mis sueños. Nunca te rendiste, ni siquiera cuando empezaron a faltarte las fuerzas. Nunca pensaste en ti. Cuando te fuiste me di cuenta de lo poco que tenías, de lo poco que era exclusivamente tuyo. En una mano me cupieron tus joyas, en una pequeña caja tus tesoros privados: algunas tarjetas de felicitación que hicimos para ti mi hermano y yo en los tiempos del colegio, alguna carta de mi hermano cuando estuvo haciendo el servicio militar. Ninguna carta de las que mi padre te escribió desde el frente, en aquella guerra que destruyó tu felicidad de recién casada, quizás porque tenían para ti recuerdos demasiado dolorosos. Y nada más. ¡Que pocas cosas para una vida tan larga! Pero, en cambio, ¡qué grande tu recuerdo en las personas que te conocimos!.

No sé cómo lo hiciste, pero fuiste capaz de dejarnos quedándote con nosotros. No podría explicártelo, pero sé que mi padre lo siente como yo. Ahora no estás. No nos pides que encendamos la luz, pero tú eres ahora la luz y nos llena a los dos y no nos sentimos huérfanos de ti, porque te tenemos. Tú me entiendes, ¿verdad?. Por eso te escribo esta carta de amor, para decirte algo que debería haberte dicho hace mucho tiempo cuando tú podías oírme, cuando, por mucho trabajo que tuvieras, me mirabas con el mar inmenso de tus ojos y la espuma brillante de tu sonrisa y decías "el tiempo lo regala Dios", y me escuchabas. Pero yo te hablaba siempre de mí, de mis ilusiones y proyectos y nunca te pregunté por los tuyos, ni te dije lo mucho que te quería, lo orgullosa que me sentía de ser tu hija. Pero, madre, quiero pensar que tú siempre lo supiste, que por eso no necesitabas tener cosas porque para ti era más importante tenernos a nosotros y te bastaba saber que la huella de tu amor perduraría mucho más allá del tiempo, de todos los tiempos.

Te quiero,

Charo

Nota: Carta finalista del I Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor.
 
 
 
   

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