
Sé que vuelvo a vivir, porque despertar cada mañana ya no es un sacrificio; porque desde que abro los ojos respiro y siento cómo llega el aire a mi cuerpo desnudo tendido en la cama. Sé que desvariaba y que dormir para siempre hubiera sido la mejor y más rápida solución.
Sé que cualquier loca parecía estar más cuerda que yo y que el negro se instaló en mi cuerpo como inquilino permanente.
Sé que lloré hasta vaciarme y que en algún momento morí, pero también sé que una luz me iluminó en aquel hoyo profundo al que caí y me dio la fuerza que había olvidado arriba. Sé que me apropié de ella y con muchos esfuerzos y un ligero soplo de vida que me abofeteó la cara sin piedad, escalé hasta llegar mucho más arriba de lo que algún día creí y llene cada partícula de mi cuerpo de la magia de la vida, del placer de existir. Hoy sé que he vuelto de las tinieblas con la oportunidad de volver a vivir.