El Faro
El grito del impulso: La noche azabache.
El faro acaricia esta piedra preciosa con el llanto de las hadas en fila,
con su grito de polvo.
El grito del silencio. Y es un grito que gira.
La luz de un velo suave, de una seda blanquecina que viste
la oquedad de un cielo profundo como una garganta.
El grito sin estrellas.
Y el espejo en la orilla, que se mueve con tranquilidad de tela.
Escenario sin luna ni barcos.
Tres gaviotas sobrevuelan la orilla y narran el instante.
Praga
Podría escribir absurdeces en otro idioma como
"posta je vedla kino" -correos está cerca del cine-.
Pero también podría escribir que
"Ani di Franco zpíva a já myslím na tebe"
-Ani Di Franco canta y yo pienso en ti-.
Sin embargo,
me siento en las escaleras de la entrada de un pequeño teatro
y me pongo a tararear una canción de amor a las cinco de la madrugada.
Podría decir, aquí y ahora, las palabras
más bellas del mundo,
y enternecerte
y hacerte blando
como las teclas amarillas
de un piano viejo.
Pero no lo voy a hacer.
Simplemente voy a caminar
cogida de la mano de ese tobogán sin música,
de ese río descalzo y nacarado,
de ese columpio que chirría al atardecer.
Sólo te permitiría entonar para mí la palabra "láska*"
si lo hicieras con acento extranjero.
(*Significa "amor" en checo).
La Poesía
El amarillo limón del sol de la noche, se ha vuelto
naranja fluorescente en la mañana.
Estrepitosa la pálida luz ahora.
El sol se digna a respirar
y cobija a la mar en su despertar de plata
y de mercurio.
Yo posada en un pequeño muro
bajo el faro de este pequeño pueblo
con vuestros rostros, que siempre llamo,
los rostros de mis amad@s.
El muro toca las olas
y sus piedras cobijan el grito del mar.
Los ojos -los míos, los vuestros- se encierran
en vitrina
y concha de playa.
Me quedo dormida como sedimento de cualquier cala
en el respirar del horizonte y en las voces de l@s artistas.
Y mientras
el sol susurra líneas
como palabras
como hilos de algodón
que cualquier instrumento de viento produciría:
la tranquilidad y la calma de una música antigua
de un paisaje sin ruidos.
El cansancio más tierno
-tras los bailes durante la noche-.
El cansancio más tierno
el que rompe en el mar.
Y con su viento de polvo:
chispas de electricidad que picotean en los brazos
en las piernas
y en las mejillas.
Como salvaje depredador
sobre mi cadera y sus ojos:
la poesía.