
Y la chica cara triste, porque me sale del coño, de la puntita del coño, rubia pintada, cejas negras, ojos caídos, sube la senda en penumbra por el hayedo, hojas caídas y todavía colgantes, parduzcas, llorosas de la humedad retenida,
profe esto cansa, profe cuánto falta, profe se puede fumar, chaleco blanco reversible y pantalones campana barriendo el suelo, tripita al aire, bragas marcadas enseñando el elástico, corazoncito tatuado en el comienzo de la ranura trasera, picudas calizas ahuecadas, perforadas, peladas, grises como el cielo, ora pro novis, chorreando agua, escurriendo negros y rojos, manando, surgiendo, enlodazando, barro y más barro pringoso, que se pega a las suelas y se hace costra en el pantalón acampanado, marrón y pesado, como chicle, como babosas, si lo sé me quedo en casa, no sé para qué he venido, con lo bien que se está en la cama, profe se puede fumar, pues esos dos follan todos los días, y sus padres lo saben, y llevan así un año por lo menos, asco de barro, yo los conozco porque viven al lado de mi casa, iban al colegio conmigo, ahora que ella no me gusta cómo va vestida, gorda, culo gordo, y él es un poco tonto, buen chico pero un poco tonto, ha repetido más de un curso, el otro día me saludó y se me quedó mirando mucho, tiene una vespino roja, profe esto cansa, profe se puede fumar, anda enróllate, si no nos ven, cara envejecida, sonrisa seca, cerebro grumoso, marchitado, muchacha que no tuvo flor, Jennifer sueña en el motero de chupa negra que la transportará en un brum, brrumm, de metal rojo brillante, seducida por el resplandor y el estruendo, agarrada en un solo cuerpo que se cimbrea en las curvas, se endereza y triunfa, el agua le sube hasta las corvas capilarizada por las fibras de algodón del vaquero arrastrado, profe ya no puedo más sin fumar, cuándo podemos echar un pito, cuánto falta, sentada a horcajadas encima de los muslos del novio, beso pegado en bocas apretadas, vaivén excitado simulando el coito, los pantalones mojándose en la plaza lluviosa, el mejor recuerdo que tengo, oye, yo cuando me case, si me caso, quiero ir toda de blanco, oye, a lo grande, que un día es un día, como se casan ahora todas mis conocidas, nada de ir de trapillo, eso se queda para las antiguas, eh profe, por qué va a castigar a mis amigos, si sólo estaban jugando, se puede fumar, es que ya no aguanto más, mis amigos sólo jugaban al jockey con los paraguas en el pasillo del bus cuando veníamos a esta pocilga embarrada, la pelota era de papel, no le podía hacer ningún daño a nadie, por no haber no hubo ni jari; mi novio, pero qué guapo es y cómo mola, pantalones guay de camuflaje, deportivas muelle con cordones sueltos y un buruño de calcetines en el empeine, cómo caga por mí, le quiero más, pero más; ahora me vendría bien un porrito pa entonarme, coletilla de matador de toros saliendo del agujero de la gorra de visera, pantalones caídos formando un par de fuelles; orejas, nariz, labios, párpados y lengua perforados por remaches; tía buena grabada para siempre en el antebrazo; pulseras, collares y sortijas de brillo gris, pulidas, qué gracioso cuando se tira rutios, meada hirviente, profe cuánto falta, anda enrróllate que el profesor de plástica nos deja fumar sé bueno, Sandra cogida de su brazo, jo tía deja de darle patadas y puñetazos a ese pelma, no ves que te provoca, caga para ti, o es que te gusta, menudo salido, una hostia bien dada por pasarse es lo que se merece, llueve hasta hartar, estos ya no son surcos ni canalillos ya son cataratas, y este monitor, dos aros en la orejas, pelo crespo naranja, vara telescópica de colores, es un borde diciendo que está harto de llevar colegios, al que no se calle lo pongo allí lejos, vosotros dos, si tú y tú, os quiero ver allí ahora mismo, vamos.
Seis mastines grises ladran sin descanso y sin pastor, el pastor llenándose de orujo en la taberna, los petirrojos gorjean, uno de los perrazos conduce al rebaño interminable de ovejas asustadizas con una cabra suelta, individualista, hacia la aldea remozada con las subvenciones de la Unión Europea; un almacén cerrado anuncia quesos para los turistas; las casas de la aldea relucientes y humeantes, con balcones de madera, calles bruñidas por el agua y por el poco sol que sale, solitarias, campo minado de tortas defecadas por las vacas, el humo indica vida invisible, aparece una mamá llevando a un niño que nos observa curioso, apúrate que llegas tarde al cole, profe ahora que ya hemos llegado al pueblo podremos fumar, mire, mire, una colilla en el suelo, si pueden fumar los del pueblo por qué no podemos nosotros.
Un ratonero permanece apostado en un cable, espera su ración de bicho diaria, un joven jabalí aparece despanzurrado en el arcén, agua y más agua, luz negra entre nubarrones, temor y tristeza, el conductor se queja, oiga han desatornillado seis ceniceros de su sitio, de aquí no sale nadie mientras no quede arreglado el desperfecto, rodales de enhiestos eucaliptos y una viña rojiza.