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Por favor, respóndeme, por M.José Blanco
 
 
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Publicado el Sábado, 07 agosto a las 06:00:00
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He llegado hasta aquí para buscar respuestas a mis preguntas. Estoy en el cerro desde el que se ve nuestra casita, sentada en la roca en la que descansábamos de la subida y donde nos quedábamos como tontos mirando hacia abajo horas y horas, haciendo planes para cuando pudiéramos vivir aquí para siempre.

Seguro que hasta de ella te has olvidado. ¡Con qué ilusión y con cuánto sacrificio la compramos para poder pasar nuestra vejez, lejos del ruido y el ajetreo de la ciudad! !Y ya ves! Tú no estás, te marchaste. Tu manzano está lleno de flores, pero se ve descuidado. Este año no lo has podado y tiene demasiada fronda. Al fondo veo mis lilos cuajados de flores, que este año tampoco yo voy a cortar, ni ningún otro. He dado un rodeo para que no me viera nadie. No tengo ganas de hablar, ni de explicar las cosas una y otra vez con palabras vacías, porque no puedo contestar a tantas preguntas que me hacen y para las que ni yo tengo argumentos !Qué distinto se ve todo! No sé por qué pensaba que estarías aquí. Era tu lugar preferido. Pero me he vuelto a equivocar. Quería hablar contigo; decirte que ha vuelto la tristeza. Pensaba que había superado tu marcha, que podría mirar a la vida de frente, pero ella sigue ahí, agazapada en el fondo del alma, y puede aparecer cuando quiere. Si estuvieras a mi lado, que es donde deberías estar, estoy segura de que me dirías: "Deja de pensar, no le des tantas vueltas a la cabeza." Pero saber lo que me dirías, ahora no me sirve de nada. No tengo tu mano acariciando mi cabello, ni el sonido de tu voz, siempre tranquila y reposada. A cambio de eso tengo el silencio. Mis pensamientos giran y giran obsesivos, pero no emiten ningún sonido. A veces puedo escuchar mi voz que pregunta al silencio: "¿Por qué?" Pero nadie responde.

No encuentro explicación a la forma en que te fuiste. Lo pienso una y mil veces y no lo entiendo. Creía conocerte bien y no era así. Si alguien se hubiera atrevido a decirme que un día me dejarías sin decirme nada, sin una palabra, me hubiera reído. Ya sé que yo era la más habladora de los dos, pero de eso a marcharte de la forma en que lo hiciste, hay un abismo. Lo tenías pensado y bien pensado. Vinieron los chicos y a ellos sí les comunicaste lo que ibas a hacer. Vi salir llorando a José Luis, le pregunté qué pasaba, y respondió con una evasiva. Hoy sé que aquellas lágrimas eran porque le habías dicho que te ibas. Cuando se marcharon todos quise saber de qué habíais hablado y tu respuesta fue: "Estoy cansado, ?por qué no te acuestas y dormimos?" Nunca me he ido a dormir tan pronto y tú lo sabías bien. Me quedé sentada leyendo, cuidando que la luz no te molestara. Te miraba de vez en cuando y parecías dormir tranquilo.

-¿Estás dormido? -No, no estoy dormido. Me acerqué a tu lado y cogí tu mano. La noté un poco fría y te arropé. Abriste los ojos y me miraste.

-¿Quieres algo? -Sí, que te acuestes. Me senté de nuevo y seguí leyendo. Pero siempre he sido una pesada y enseguida me acerqué para observarte otra vez. Entonces sí que dormías; o te hacías el dormido. Me quedé un rato mirándote y respirabas de forma acompasada y tranquila. Pensé que podía intentar dormir un poco yo también; ya era la una y media de la madrugada. Me recosté en la cama, cerré los ojos y procuré no hacer ruido para no despertarte. No había pasado media hora, cuando me di cuenta de que no se escuchaba tu respiración. Miré hacia tu cama y ya no estabas. Te llamé, te busqué, grité tu nombre, pero ya te habías ido.

Si hubieras hablado conmigo, si me hubieses dicho que te ibas a ir, el golpe no habría sido tan duro. Posiblemente te habría rogado que no lo hicieras, que no me dejaras. Al final, como tantas otras veces, habría comprendido el porqué de tu decisión.

Y tengo que saberlo. ¿No te das cuenta de que yo necesito enterarme de por qué a todos les dijiste que me ibas a dejar, y a mí no? No puedo admitir que después de tantos años a mi lado te marcharas sin decirme adiós, sin una palabra, sin ninguna explicación. Por eso estoy aquí, José, para que me contestes, para que me expliques qué es lo que hice mal y por qué no confiaste en mí. A lo mejor, si lo haces, lograré entenderte y volverá la esperanza de que un día te arrepientas y regreses a mi lado, porque yo te sigo esperando y te quiero como siempre.
 
 
 
   

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