Talleres de escritura Escuela de Escritores. Cursos de redacción y creación literaria
Bienvenido a Taller literario Escuela de Escritores - Comunicación escrita y escritura creativa
Talleres de escritura virtuales Talleres de escritura presenciales Cursos para empresas Servicio de corrección de textos

Cursos por Internet
Cursos a distancia de la Escuela de EscritoresAbierta la matrícula para los cursos de noviembre
Mapa de los cursos
Cursos presenciales
Cursos en Madrid de la Escuela de Escritores
Cursos en Madrid, horarios y grupos
Cursos en Burgos
Cursos en Zaragoza
Cursos para empresas
Cursos para empresas de la Escuela de EscritoresComunicación escrita, redacción comercial para empresas
Saber más
 
 
Secciones
 
 
 
 
 
  Cursos en Zaragoza  
   
 
EdE en la Red europea
EdE en la Red europea
Libros recomendados
Libros recomendados
Nuestras palabras
Nuestras palabras
Entrevistas
Entrevistas

 
  Boletín de noticias  
   
 
 
  Buzón de sugerencias  
   
 
Alumnos:
Gotas de vidrio, por Santiago Barcón
 
 
[ Enviar a un amigo | Versión para imprimir ]
Publicado el Jueves, 05 agosto a las 10:00:00
Leer más artículos en:Alumnos

El aire a las cuatro treinta de la mañana, aun en la ciudad de México, conserva su frescor. En noventa minutos desaparecerá engullido por los cuatro millones de vehículos en marcha. Indalecio aguarda el autobús que lo llevará de Tacuba a Tlalnepantla. Son tan sólo doce kilómetros y, dada la hora, un trayecto rápido.

Distingue en la lejanía los faros del transporte, pero lo que le permite identificarlo son las múltiples luces con las que Armando, el chofer, decora su unidad. "Parece árbol de navidad, pero en feo", medita Indalecio. El autobús vacío permite realizar el viaje sentado, arrullado por el bamboleo y los amortiguadores desgastados, pero en ocasiones interrumpido por la música de los Tucanes de Tijuana.

Entre cabeceos recuerda las actividades que tiene que realizar en el día. Como supervisor de la máquina 52 en la fábrica de envases de vidrio "Los Reyes", tiene la responsabilidad producir esa semana 1.411.200 botellas de Jarritos de 355 mililitros. "La gerencia me permite 10% de pérdidas, reciclaje y rechazos. Eso implica que tengo que ajustar la máquina a 78 cortes por minuto ya que usaré un sistema de dos gotas."

El grito grave de Armando lo interrumpe: "Ya llegamos. Despabílate." Indalecio salta del autobús, estampa su tarjeta de entrada y se habilla con el equipo de seguridad reglamentario. Mientras camina al área de producción cavila: "Mejor me voy a 79 cortes. No hace calor, así que enfriar los moldes no es problema." Ingresa al área de producción y el ruido, siempre ensordecedor ya que todo el proceso es con aire comprimido, obliga a Indalecio a colocarse los protectores auditivos.

Revisa la minuta del turno nocturno y no hay asuntos relevantes. Sonríe mientras reflexiona: "92,9% de eficiencia. Vamos muy bien. De todos modos, sí me voy a 79 cortes. Así obtengo un colchón."

Indalecio se coloca enfrente de la máquina. Más de 120 toneladas de acero, miles de poleas, tubos, engranes y válvulas más doce controles electrónicos. Observa los churros de vidrio brotar, rojos de atardecer, y cómo son cercenados por las cuchillas mecánicas para posteriormente ser mutados por alguna de las secciones de la formadora de botellas. Quince segundos más tarde, ya terminadas, brotan pero ahora de un rojo pálido, con trazos de amarillo y en ciertos puntos transparente, casi cristal. Sigue con la mirada un par de botellas que entran a las fauces del horno templador, de donde saldrán tres horas después para ser inspeccionadas y empacadas.

Del bolsillo izquierdo de su camisa de algodón azul marino, con logotipo gigantesco de la empresa, Indalecio extrae su credencial de empleado y lee en voz alta: "Fecha de ingreso: Mayo 19, 1961." Coloca sus manos sobre la cadera y medita sin apartar la vista de la máquina que se mueve con armonía implacable. "Cómo he aguantado tanto. Rechacé ofertas atractivas de empleo y eso que nunca busqué. Ahora a esperar el retiro dentro de seis meses."

Una alarma de prefalla lo distrae. La temperatura del vidrio ha salido de rango pero el técnico electrónico ya se aproxima al tablero de control. Retorna a sus cavilaciones y siente un calor hiriente en el esófago que sube lentamente hasta las sienes. "Quema peor que vidrio", piensa con rabia, y añade: "Nunca lo había sentido, seguro es grave." El dolor se torna tan intenso que trastabilla pero logra llegar a sentarse en su silla, llena de manchas de aceite.

Cede lentamente el calor pero se concentra en la parte central de su cerebro. Indalecio recuerda algunas oraciones incompletas que aprendió con los padres maristas, y piensa: "A ver si no me salen con que es un derrame cerebral." Al cabo de quince minutos la temperatura se torna tolerable, pero se encuentra más alerta y receptivo. La sensación es agradable. Cruza los brazos, extiende los pies y contempla la máquina. Su máquina. Es la misma pero la observa diferente. Retorna a sus reflexiones y súbitamente se percata: "Ahora comprendo la razón de estos 42 años. La máquina y yo somos iguales. Nos gustan las labores repetitivas. Llevo más de diez años produciendo Jarritos y ni los he probado. Sólo bebo Coca-Cola. Los moldes son mis gemelos. Hasta mi abuela me decía que no he cambiado nada desde niño. Para acabarla el vidrio es transparente y la gente me cataloga así."

Respira profundamente, en varias ocasiones, y su mente salta a la discusión del domingo con su esposa e hija, ya que se negaba asistir a misa. Concedió, pero el mal sabor de boca perduró hasta la noche: "Me faltó temple y eso que es mi especialidad en el proceso." Indalecio detiene sus cavilaciones y revisa el tablero de control "93,4% de eficiencia. Si se puede lograr lo que nos deseamos."

La bocina suena para anunciar el descanso de las 10 de la mañana. Camina hacia el merendero y observa la fila de más de treinta camiones cargados de pedacería de vidrio que esperan a ser pesados. Posteriormente depositarán los restos de botellas y ventanas, para ser fundidos de nuevo. Decide súbitamente no ordenar Coca-Cola y pide un Jarrito sabor tamarindo. Mientras lo bebe ve de reojo avanzar con parsimonia el desfile de camiones. El sol pega de canto en las áreas de carga que reflejan un mar de arco iris. Indalecio se coloca en cuclillas y disfruta en la pared los cientos de patrones de color. Se levanta y recibiendo de frente la lluvia de luz piensa: "Si el vidrio es reciclable, por qué yo no."

Descuelga el teléfono de su cinturón, llama al gerente y pide permiso para salir de inmediato. "Debe de encontrarse con su jefe, ni me preguntó la razón", piensa ensimismado.

Indalecio toma un baño lento, se acicala y detiene un taxi. En cuanto lo ingresa ordena: "Al centro de estudios hindúes, por favor. En la colonia Condesa."

En la tarde informará a su esposa e hija.
 
 
 
   

Taller literario de escritura creativa, redaccion, relato, periodismo, guion, novela, poesía, literatura infantil, literatura de viajes, etc.
Cursos para aprender a redactar cartas, cuentos, novelas...
Escuela de Escritores ® Mucho más que un taller literario
Ponte en contacto con nosotros al teléfono 917583187

Escuela de Escritores S. L. B84364181
Domicilio S. L. - Ventura Rodríguez 11 (28008) de Madrid

Sitio Web basado en PHP-Nuke