
Yo, como muchos otros, llegué hasta aquí cayendo por un túnel. Uno pequeñito pequeñito. Uno que requiere que te “desintegres” en vocales y consonantes para recomponerte en otra pantalla. Así llegué a aquí. Y a la vez que yo aterrizaba en este mundo, mi pantalla se llenó de personajes que forzosamente tenían que ser de ficción. Pero no lo eran.
¿Quién iba a creerme cuando explicara que he conocido Gatos de Cheshire que dejan atrás grandes sonrisas flotantes y consejos como “seguro que llegas (a alguna parte) si escribes lo suficiente”? Los consejos aquí se valoran a peso de oro, aunque tal vez no sean los que tú esperabas. “Deberías escribir lo que piensas” “Bueno, al menos pienso lo que escribo que viene a ser lo mismo” “¿Lo mismo? ¿Lo mismo?” te responde el Sombrerero Loco “entonces también daría igual decir: respiro cuando escribo o escribo cuando respiro”. Y piensas que tiene razón aunque te preocupa empezar a encontrarle sentido a lo que dicen. “Todos estamos locos aquí. Yo lo estoy, tú también lo estás. De lo contrario no habrías venido” te dice el Gato de Cheshire, que como la conciencia, aparece en los momentos más insospechados.
Para el Sombrerero Loco Todo empieza con Te, pero acabar, acaba con cañas. Aquí siempre es la hora de las cañas. Siempre que no estés escribiendo, claro. Porque, eso sí, nadie te llevará de la mano. Tú eliges tu camino aunque siempre encontrarás a alguien que te indique cómo retomarlo o cómo inventar uno nuevo. ¿A que todos os habéis encontrado algún Conejo Blanco corriendo por aquí cuando estabais más perdidos? Al que yo sigo tiene los ojos azules y se frota las manos con los dedos entrelazados mientras dice: ¿Cómo lo veis?
Tienen los Conejos Blancos la manía de ir recomendando libros que te hacen sentir muy pequeñita, pero de pronto, a veces (y sólo a veces) mientras te alaban un cuento notas que no cabes en tu silla, ni en el aula y piensas que vas a tener que sacar los brazos por la ventana. No te acostumbres, también pedirá que te corten la cabeza. Es frustrante tanto cambio de tamaño, pero una vez tropiezas con el gusanillo no te queda más remedio que ir mordiendo de un lado y otro de la seta, alargando párrafos, cortando personajes secundarios, engordando tramas y encajando cada historia en el tamaño que mejor le ajusta.
Y es que somos tantos reventando las costuras que no cabíamos en dos aulas. Porque aunque las amenazas de decapitación se repiten con asiduidad, nos empeñamos en quedarnos. Por eso nos mudamos a una nueva madriguera. Una de techos altos para que los gatos de cheshire floten a sus anchas, los sombreros de copa pasen por las puertas y los juegos no tengan que seguir las normas y quedarse en el tablero.
Que si, que las reglas están para algo. Que hay que conocerlas, pero como dice Humpty Dumpty “Si tu cara es idéntica a la de los demás, con un par de ojos, la nariz en medio y la boca debajo, es todo siempre igual. En cambio, si tuvieras los dos ojos del mismo lado de la cara, por ejemplo… o la boca en la frente…, eso sí que sería distinto. ¿Crees que no quedaría bien? Pruébalo antes de juzgar."