
"Y han de caer del todo sin duda alguna. Los tres miraban las ramas marchitas
y desnudas. El padre y su hijo mayor, abrazados sollozaban mientras el hijo
pequeño los miraba de soslayo". Así comienza el microcuento ganador de
nuestra edición especial del Día del Libro en el programa
Hoy por hoy de
la Cadena SER. El relato de
Germán Michoa fue el elegido por los
escritores Quim Monzó, José María Merino y Javier Rioyo. Haz clic en "Leer más" para
acceder al texto completo y a los microcuentos finalistas.
RELATO GANADOR
Autor: Germán Michoa
Y han de caer del todo, sin duda alguna. Los tres miraban las ramas marchitas
y desnudas. El padre y su hijo mayor, abrazados sollozaban mientras el hijo
pequeño los miraba de soslayo. El árbol del jardín se secaba poco a poco.
Lo había plantado cuando nació su primer hijo como símbolo de un nuevo proyecto.
Al caer la última hoja se dirigieron a casa completamente abatidos. El pequeño
se quedó en las escaleras del jardín observando aquella podredumbre enfermiza.
Se levantó y se acercó al árbol.
Las hojas crujían bajo sus pies. Se cercioró de que nadie lo observaba. Le e
chó una larga y tibia meada.
FINALISTAS
Autor: Pedro Peinado Galisteo
Y han de caer del todo, sin duda alguna, repetía mañana tras mañana el periódico
al informar de los últimos avistamientos. Los ciudadanos que podíamos
permitírnoslo conducíamos hasta esos lugares y nos apostábamos al cubierto
de algún accidente del terreno pertrechados de cualquier cosa que sirviera
como proyectil. De tarde en tarde veía pasar uno y le arrojaba con furia mi
munición esperando acertar de lleno, al menos una vez, loco por obtener ese
estúpido traje, con la esperanza de que no hubiera quedado demasiado dañado
por el golpe ni por la inevitable disputa con los otros cazadores y pudiera
usarlo, quién sabe, al menos por una temporada.
Autor: Francisco Taboada Pérez
─Y han de caer del todo, sin duda alguna, soltó mi padre grandilocuente
vaticinando lo obvio, como si no fuera evidente el derrumbe de la casa de
los abuelos y de toda la aldea.
Ansioso, tropezó con la cabeza al entrar en un espacio invadido por la maleza.
─Aquí se preparaban los banquetes... y los comíamos aquí, en el salón-comedor,
dijo señalando otro solar contiguo.
Me acordé del caballo famélico del abuelo.
Andando por el camino, ora reñía a las piedras del suelo y de las ruinas,
ora las acariciaba como a valiosos tesoros.
─Ya es hora de volver al psiquiátrico, papá.
Altivo, me contestó:
─Vale.
Autor: Agustín Lozano de la Cruz
Y han de caer del todo, sin duda alguna. Así termina la lectura colectiva
de
El Quijote en el Círculo de Bellas Artes. Como cada año, acudo a la
última
sesión con la esperanza de encontrar allí a mi caballero andante:
alguien que todavía crea en gigantes y esté dispuesto a rescatar a una dama
desesperada. A la salida consigo deslizarme entre el alboroto de la cafetería
y abordar a un atractivo candidato. Primero me observa halagado, calibrando
mi figura sin disimulo. Luego, al ver que mi mano se alarga tratando de
entregarle un manuscrito, responde con un triste ademán de rechazo. Como
cada año, sigo sin encontrar editor.