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Querida amada mía, de Gabriel Barrios
 
 
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Publicado el Viernes, 15 febrero a las 04:30:00
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Querida amada mía:
Ando inquieto como un chiquillo: Juraría que he dado con la solución definitiva al problema más importante de mi vida: Que vuelvas a quererme. El desarrollo del proceso no es complicado y se basa, en esencia, en el clásico borrón y cuenta nueva.

Verás como lo entiendes y das saltitos de alegría. Presta atención y sigue las instrucciones al pie de la letra.

El resultado vendrá por sí solo, estoy seguro. Nada de pajaritas en las cenas, fíjate qué entrada. Pero serénate: Empezaré por los casos menos llamativos, los de aquellas noches en que nos quedamos a tomar una copita de vino dulce cerca de la orilla del mar. En adelante, mi ropa será informal, como mucho media etiqueta, lo cual facilitará que, según tus sueños, me abalance sobre ti y, sin darte tiempo a reaccionar, tome tu mano. La luz de la Luna, reflejada en nuestras pupilas, deberá iluminar la escena sin estridencias. Me estremezco sólo de pensarlo. En medio, las tías Paca y Asunción harán la vista gorda, recordando que ellas también fueron jóvenes. (A saber si será verdad).

Por otro lado, y aunque me siento el mayor responsable de nuestra situación, querría plantearte el uso de una marca de ropa que se ajustara a tus encantos con menos intensidad. Te hago saber lo peligroso de esas cintas elásticas dobles alrededor de tu cintura y brazos para la más elemental circulación sanguínea; y quién sabe si esos episodios de parálisis cerebral tienen algo que ver con lo apretado de tus cuellos de encaje.

Se acabó el avisar con antelación a nuestros dos sobrinos, Jaime y Arturo, para que nos acuerden una cita. A partir de ahora, te haré llegar personalmente la invitación para ir juntos a cualquier acto cultural, consista en ópera o teatro (incluso un pícaro vodevil, ¿quién sabe?).

Después de mojar mis pulsos, ahondaré en el párrafo anterior: Voy a vínculos familiares en orden ascendente y escribiré a tus padres para solicitar formalmente su ausencia los sábados por la noche en nuestra habitación. A mi parecer, ninguna de los comentarios sobre nuestras últimas lecturas han gozado de la mínima privacidad con ellos acostados en el colchón hinchable que colocan entre nuestras camas. Para resolver esta situación, cuento con un escrito de tu parte, realizado con tu delicada caligrafía, que espero refuerce mi petición y logre su propósito.

Me late el corazón más que un tambor al imaginar que, como pasó hace cinco años, vuelvas a ser capaz de poner en sus vasos de leche caliente una ración doble de tila alpina, para verlos dormirse como un tronco. Siento que, al haber insistido en que bebieran todo el contenido, tuviera que acompañarles y me durmiera antes que ellos. Ahí, me temo, comenzó una leve sensación de estancamiento de nuestra pasión. No supe verlo, mi vida, pero estos seis meses de reflexión en el sótano, idea de tía Fabiola, me han aclarado las ideas.

Tenemos por delante un camino abierto, pleno de puertas cerradas en nuestras narices por quienes nos quieren y nos aconsejan, pero a quien debemos decir "basta", sin tener que llegar al "hasta aquí hemos llegado", pues nos declaramos dueños de nuestro destino como pareja.

Anímate, muchacha, y juntos nos enfrentaremos al mundo entero, con la excepción de tía Sonsoles, a quien deberemos combatir en una batalla aparte, dados su envergadura y su carácter. Debemos salir vencedores y llegar a, cuanto menos, vernos a solas dos veces al mes. Es una aspiración legítima a todas luces, cariño, y no debes temer a las represalias. Únete a mí en mis reivindicaciones, Manolita, y verás brillar de nuevo el fuego en tu alma.

Esta nota la recibirás dentro del collar de Sulfamida, nuestro adorado perro bulldog, confidente y guardián. Por si las moscas, no la contestes por escrito. Simplemente, hazme saber que estás decidida a todo cumpliendo la última de mis peticiones: Baja a cenar esta noche sin sombrero. Yo haré lo mismo. Estoy convencido de que la impresión que causemos los dejará asombrados. En ese momento, juntos, haremos nuestra petición de celebrar el próximo aniversario, el trigésimo primero, con la mínima representación familiar, la inefable tía Sonsoles. Pero, ¡puede haber una sorpresa!, pues ella es muy mayor y no me sorprendería que, por sus achaques, dentro de cinco o seis años no pudiera acudir.

Mientras sueño con nuestra revolución, termino de ajustarme sobre el frac una corbata sencilla, resuelta con nudo Wilson de única vuelta. Antes, he dado el primer paso: mi pelo no tendrá brillantina, puedes estar segura.

Hasta esta noche, amor.

Nota: Carta finalista del VII Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor
 
 
 
   

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