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Raymond Carver, gran escritor de cuentos norteamericano y admirador acérrimo de Chejov a quien considera su maestro y con quien, además, le unen elementos comunes como: una estética similar; de lo mínimo sacan lo máximo: una joya de pocas páginas pero llenas y vibrantes de contenido; con pocas palabras y argumento sencillo dicen muchas cosas; los dos tuvieron muertes muy similares y a edades parecidas...
En este libro de relatos (cuya traducción debería de haber sido "El encargo", o "El recado"), precisamente en este cuento narra las últimas horas de Chejov en las habitaciones de un balneario alemán. Carver es capaz de aunar en unas pocas páginas la fuerza de la escena de la muerte de tan gran escritor con la importancia que el autor americano daba a las naderías, en este caso un tapón de botella de champán tirado por el suelo y un jarrón con tres rosas amarillas que no sabe dónde colocar el joven camarero al que Olga, esposa de Chejov, le habla de la muerte de su marido y le pide que vaya a la funeraria y encargue todo para el sepelio pero que lo haga con muchísima cautela pues no desea llamar la atención. El camarero, más preocupado por el corcho, o las rosas, no es capaz de entender la naturaleza del recado ni la importancia ni la grandeza del hombre que yace muerto en el cuarto contiguo.
Es una belleza de relato.
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